Yu Cheng acompañó a Qin He hasta bien entrada la noche. Al día siguiente, Yu Cheng continuó siguiéndolo en silencio, solo comprando comida durante las comidas y observándolo comer.
Respecto a lo ocurrido esa noche, ambos guardaron silencio. Yu Cheng seguía rondando a Qin He, pero este no le decía mucho. Sin embargo, esa promesa se convirtió en la meta de Yu Cheng, profundamente grabada en su corazón…
El funeral se celebró con sencillez. Qin Wanqing, abrumada por el dolor, enfermó y tuvo que tomar medicación. Al ver a Qin He trabajando día y noche, Yu Cheng temió que se desmayara de agotamiento, así que se ofreció a cuidarla.
«Si te pretendo, al menos debería demostrártelo con hechos, no solo con palabras» Yu Cheng habló con franqueza y sus razones eran sólidas.
Los incansables esfuerzos de Yu Cheng fueron notados y apreciados por Qin He, quien se apoyó en la puerta y miró hacia afuera las ramas en ciernes.
«Yu Cheng, estoy de acuerdo», dijo Qin He.
Los dos se quedaron sin palabras por un momento. Yu Cheng los miró con los ojos muy abiertos, y las palabras juguetonas que tenía en la punta de la lengua se detuvieron. «¿De acuerdo?»
Qin He nunca había sido un niño problemático, nunca había hecho nada escandaloso. Pero siempre era por culpa de Yu Cheng. En una época en la que su relación no podía ser reconocida abiertamente, Qin He decidió seguir su propio corazón ante la oposición.
«No oíste mal, Yu Cheng; estamos juntos». En una tarde de sol apacible, contemplando el crecimiento de las ramas, sentí el deseo de aferrarme a ti.
Qin He le dio una palmadita firme en la cabeza a Yu Cheng. «Qué espinoso.» Le sonrió al aturdido Yu Cheng y se alejó. Había encontrado su esperanza y su sonrisa era excepcionalmente radiante.
«Entonces, cuando me crezca el pelo, podrás acariciarlo unas cuantas veces más, ¿verdad?» Si Yu Cheng tuviera cola, probablemente la movería con entusiasmo, como un perro que quiere que su dueño lo acaricie unas cuántas veces más.
Los dos eran inseparables. Cuando Lu Ran fue a despedirse de Qin He, vio a Yu Cheng de pie, orgulloso, junto a él. Algo había cambiado, algo que Lu Ran no notó…
Tras el inicio de las clases, gracias al “atajo1” que era Qin He, el rendimiento de Yu Cheng avanzó a pasos agigantados; después de todo, se trataba de su novio. Yu Cheng dejó de tener esa expresión feroz en el rostro y ahora iba a todas partes con una sonrisa, lo que dejó asombrados incluso a los miembros de su familia. Cuando le preguntaban si estaba enamorado, Yu Cheng solo respondía con una sonrisa que no. Al fin y al cabo, esta relación todavía no se podía hacer pública.
«Qin He, Qin He, ¿puedes cambiar tu forma de llamarme?» dijo Yu Cheng en el dormitorio mientras se frotaba cariñosamente contra Qin He. Su cabello, que había ido creciendo, se sentía esponjoso «Todas las parejas jóvenes se llaman así.»
Qin He empujó la cabeza de Yu Cheng hacia un lado y Yu Cheng emitió un gemido: «Cámbialo, cámbialo, a ‘novio’».
«Está bien, está bien, ¿qué tal “pequeño erizo”? Aunque aún se siente un poco picudo al tocarlo.» bromeó Qin He con una leve sonrisa. A diferencia de otros chicos, que a medida que crecen se vuelven más rudos y de facciones marcadas, Qin He se volvía cada vez más suave.
«Cámbialo, cámbialo por algo mas bonito.», dijo Yu Cheng, mordiendo el dedo de Qin He y murmurando ininteligiblemente.
«¿Cómo quieres que te llame entonces?» preguntó Qin He. Cuando Yu Cheng lo lamió mientras lo llamaba por su nombre, intentó retirar la mano con las mejillas completamente sonrojadas.
«Puedes llamarme ‘Cheng Cheng’, otros tienen sílabas repetidas en sus nombres, así que te llamaré ‘He He’», dijo Yu Cheng, volviéndose más pegajoso últimamente y siempre queriendo estar cerca de él cuando no había nadie.
Qin He se quedó atónito. «Solo ‘Erizo’, nada más.»
Yu Cheng guardó silencio, con la mirada baja.
«¿Entonces puedo llamarte ‘gege’? Solo en privado, claro. ‘Cheng Cheng’ suena muy raro; ya que suelo llamarte Yu Cheng», dijo Qin He, sintiendo algo de miedo. Cada vez que expresaba su insatisfacción, Yu Cheng bajaba la mirada, lo que le dificultaba resistirse.
«Claro, ¿entonces cómo debería llamarte? Novio, Maestro Qin, Baobei, Cariño», Yu Cheng enumeró un apodo tras otro, observando cómo el rostro de Qin He se sonrojaba cada vez más. Se inclinó y lo besó. Qin He se quedó momentáneamente confundido, luego apartó la mirada y dejó de mirarlo.
«Eres tan dulce.» dijo Yu Cheng mientras lo abrazaba, con el rostro lleno de satisfacción. Sentía el subir y bajar del pecho de Qin He, el cual se iba calmando poco a poco entre sus brazos. De repente, Yu Cheng sintió una inmensa paz. «Baobei, esta semana vayamos a la montaña Changlian a pedir una pulsera2; dicen que allí es muy eficaz. Dicen que si dos personas van juntas a pedirla, podrán estar juntas por siempre, sin separarse tampoco en la próxima vida, ¿de acuerdo?»
«Aún no hemos terminado esta vida y ya estás pensando en la siguiente», rió Qin He con suavidad, sintiéndose como si hubiera comido un dulce. Su voz tenía un tono perezoso. Esta persona lo hacía sentir cómodo y a gusto con solo apoyarse en él, como un gato recién despertado.
«¡Claro que sí! Es que quiero estar contigo para siempre. Eres tan increíble y tantas veces más sobresaliente que yo, por supuesto quiero que sigas atado a mí3», dijo Yu Cheng mientras lo abrazaba y enredaba sus dedos en el cabello de Qin He, con un orgullo que no podía ocultar en sus palabras. «¿Qué te gusta de mí?» Qin He había reflexionado sobre esta pregunta durante mucho tiempo sin encontrar respuesta. Era frío y poco interesante; no entendía qué veía aquel hombre en él.
«Todo en ti es maravilloso. Eres guapo, gentil, atento, inteligente y amable; aunque parezcas frío, eres suave por dentro, como un caramelo, increíblemente dulce.» Yu Cheng enumeró todas las buenas cualidades de Qin He; parecía que, a sus ojos, todo en Qin He era bueno. Era alguien que alimentaba gatos y también alguien que, a pesar de ser distante, extendía una mano amiga. Yu Cheng lo apreciaba profundamente.
«Ayúdame a ponérmelo», dijo Yu Cheng, extendiendo la mano a Qin He en cuanto recibió los brazaletes. Sus dedos juguetearon con los cascabeles4, produciendo un sonido claro y resonante. «No puedes separarte de mí ahora; aunque algún día peleemos, vayas donde vayas, podré encontrarte. Pero estoy seguro de que no me enojaré contigo».
Caminaban de la mano, y el tintineo de los cascabeles al agitarse y chocar entre sí resultaba de lo más alegre, tal como si estuvieran cantando para ellos una melodía hacia la eternidad.
Las personas que están apasionadamente enamoradas siempre creen en muchas cosas, anhelando una relación duradera e inseparable.
La palabra “para siempre” ejercía una atracción fatal sobre ellos; parecía ser su único deseo en esta vida.
El amor sincero de los jóvenes es intenso y comienzan a pensar en el para siempre desde el principio…
La felicidad ha cegado sus mentes; están inmersos en un tarro de miel, olvidando la malicia que los rodeaba…
Xian Nan Zhi:
Hoy Yu Cheng está completamente sumergido en un frasco de miel; solo quiere mimos y besos~
Impresiones sobre el capítulo completo.
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