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El director Huang se ríe.
—¡Oh! No esperaba… —dice—. No esperaba que el profesor Tang fuera tan cercano con nuestro Xiao Li. ¡Esto debe ser el destino!
Tang Heng asiente, pero no sonríe.
—En efecto.
Los camareros no tardan en servir la comida. No sabe qué les ha dicho Sun Jihao, pero todos los platos son caseros. El alcohol también son latas de cerveza Tsingtao.
—Xiao Li, ve a brindar por el profesor Tang —anima el director Huang—. Ja, ja, viejos compañeros de clase, ¿verdad? —Luego se levanta también y abre una lata de cerveza. Se dirige hacia Sun Jihao—: Yo también brindaré por el profesor Sun…
Tang Heng se queda perplejo.
—No hace falta… —comienza, sin embargo, Li Yuechi ya se está acercando cerveza en mano. Aunque lleva una sonrisa cortés en el rostro, su mirada permanece impasible, transmitiendo una sensación ni cálida ni fría, solo vagamente distante. De repente, Tang Heng piensa que Li Yuechi fue una vez el brillante estudiante que salió de estas montañas, el fénix dorado que alzó el vuelo, seguramente había sido muy conocido en la zona, pero después apuñaló a alguien y fue a prisión. ¿Cuántas miradas frías y burlas habría tenido que soportar todos esos años?
En un impulso quiso defender la dignidad de Li Yuechi, pero quizá para él no fue más que una ridícula obra de teatro.
No es hasta que Li Yuechi llega frente a él que se da cuenta de que tiene las manos vacías. Agarra una lata de cerveza, pero en el instante en que su dedo se engancha en la lengüeta, escucha la voz de Li Yuechi.
—Profesor Tang, mejor no beba —dice en voz baja.
¿No era «xuedi» hace apenas unos minutos?
—La cerveza no es problema —responde Tang Heng.
Sin previo aviso, Li Yuechi choca su lata contra la de Tang Heng –aún sin abrir–, produciendo un sonido sordo y apagado de aluminio contra aluminio.
Luego, con un volumen que todos pueden oír, dice:
—Yo beberé lo mío, mi xuedi que haga lo que quiera. —Tras decir esto, echa la cabeza hacia atrás para dar unos tragos a su cerveza y se da la vuelta para alejarse.
Hasta el final de la comida, Tang Heng no prueba ni una gota de alcohol.
Los demás brindaron animadamente, entre risas y copas alzadas. Sun Jihao ya está borracho cuando el grupo sale del restaurante. El director Huang incluso balbucea. Tang Heng mira a Li Yuechi y ve que su expresión parece normal. Al segundo siguiente, Li Yuechi le devuelve la mirada, imperturbable; sus pupilas negras son como un lago sin fondo. Tang Heng siente como si sus propios ojos fueran guijarros, arrojados allí sin hacer ruido.
—Profesor Sun, profesor Tang, el coche que viene a recogerlos ya llegó… —El director Huang suelta un hipo por el alcohol—. La calle es muy estrecha para que entre, vengan conmigo.
Todos se despiden con fingida cortesía. Tang Heng estrecha la mano del director Huang, la del director Zheng, la del secretario Zhu, la de Xiao Mo, y finalmente llega frente a Li Yuechi. Este está a contraluz de la farola, con los brazos descansando a los lado; Tang Heng entrecierra los ojos y ve la forma en que la luz blanca y brillante corre como lágrimas a lo largo de sus brazos, centímetro a centímetro, hasta condensarse como una gota en la punta de sus dedos…
—¡Li Yuechi! —Una voz femenina y clara suena desde atrás.
Tang Heng se da la vuelta y ve a una chica de cabello largo acercándose en una moto eléctrica, la misma que Li Yuechi condujo la noche anterior. Al acercarse, se baja y empuja la moto mientras camina.
—Ah, usted es… —La chica le sonríe a Tang Heng, pareciendo algo apenada.
—Su xuedi.
—Es un oficial.
Tang Heng y Li Yuechi intercambian miradas. Esta vez, Tang Heng ve por fin cierta incomodidad en sus ojos. El viento nocturno sopla. Las montañas son frescas a principios de abril.
—Eh, señor… Hola, hola. —Ella ha escuchado a Li Yuechi y parece asustada; se recoge con torpeza unos mechones sueltos detrás de las orejas.
Tang Heng no puede hacer más que sonreír y decir:
—Hola.
La muchacha tiene rasgos delicados. No es guapa, pero está bien arreglada. También viste con sencillez: chaqueta rosa a cuadros, vaqueros y tenis de lona blancos.
A Tang Heng le hace pensar en las chicas que esperan fuera del aula a que las clases de sus novios terminen.
—Shidi, vamos —dice Sun Jihao—. El gerente Qi envió un mensaje de texto diciendo que su coche está esperando en el frente.
—Oh, de acuerdo —responde Tang Heng. Se da la vuelta y camina hacia Sun Jihao. Sólo cuando sube al coche se da cuenta de que no se despidió de Li Yuechi.
Tras regresar al hotel, el director Xu celebra una breve reunión para asignar tareas. Mañana visitarán las aldeas cercanas. El director Xu da un sorbo a su té y golpea la mesa con el dedo.
—¡Mañana por la mañana, desayunen! ¡Coman más! Las aldeas están cerca, pero son dos horas de viaje. No será tan agradable como hoy… También, déjenme decirles por última vez: niños, no importa lo que vean u oigan, ¡no lo publiquen en las redes sociales! ¡Y menos en páginas extranjeras!
—Nuestros estudiantes no tienen ni idea de lo pobres que son esas aldeas —le susurra Sun Jihao a Tang Heng—. No queremos que publiquen cosas al azar. Firmamos un acuerdo de confidencialidad, ya sabes.
Tang Heng asiente en señal de comprensión. En realidad, él tampoco ha estado nunca en aldeas pobres. Antes de conocer a Li Yuechi, ni siquiera tenía una imagen clara de lo que significaba la «pobreza». Solo sabía que, en este vasto país, había gente que pasaba hambre y no podía permitirse ropa de abrigo en invierno. Después de conocer a Li Yuechi, su comprensión de la «pobreza» se volvió más concreta. Pero, con el tiempo, esos recuerdos se fueron desdibujando, y la «pobreza» volvió a ser, para él, un concepto sociológico.
Son más de las diez cuando vuelve a su habitación. En su Wechat se han acumulado un montón de mensajes nuevos. Tang Heng los pasa de largo hasta que ve aquella foto de perfil azul oscuro. Li Yuechi aparece en silencio en su lista de contactos, como un invasor borroso.
Tang Heng hace clic en sus Momentos[1]. No tiene activada la opción de «solo mostrar publicaciones de los últimos tres días». Se sorprende a sí mismo soltando, sin querer, un suspiro de alivio, y al mismo tiempo siente una pizca de suerte. Va abriendo cada uno de los post y los lee palabra por palabra en voz baja. Li Yuechi publica de cuatro a cinco veces al mes, en promedio. El contenido es el mismo: «Ya está aquí la cecina especial de Shijiang (sabor original, sabor mala), se puede vender al por menor o al por mayor, barata pero de alta calidad, descuento para pedidos grandes, envíe un mensaje para más detalles…». Se desplaza hasta el final, octubre del año pasado, pero todo es sobre cecina. Tang Heng se queda mirando la pantalla un momento antes de volver al chat.
Y también se queda mirando el chat vacío. ¿Sería demasiado falso preguntarle a Li Yuechi por el coste de la cecina? Vuelve a pensar en aquella chica; tiene una bonita sonrisa en los ojos que la hacía parecer inocente y pura a la vez… Tal vez, todo lo que él ha hecho no es más que una payasada a los ojos de Li Yuechi.
Pero ¿por qué Li Yuechi le ha seguido el juego? Quizá porque son antiguos compañeros de escuela, o porque Tang Heng está aquí para aliviar la pobreza. Sí, su evaluación afectará directamente la ayuda que Macao les concederá. Él representa el poder ahora mismo, mientras que Li Yuechi no tiene nada. Él representa el poder, así que Li Yuechi fue llamado para acompañarlo. Él representa el poder, así que Li Yuechi bebió por él. Él representa el poder, así que después de decir impulsivamente «xuezhang», Li Yuechi ha tenido que responder con «xuedi» aunque quisiera vomitar de asco.
La pantalla parpadea. Tang Heng piensa que es una alucinación, pero sus ojos se abren de par en par al instante siguiente. Hay una nueva palabra después de «Li Yuechi» en la parte superior: «Escribiendo…». A Tang Heng le da un vuelco el corazón y casi se le cae el teléfono.
Li Yuechi:
[Te mentí anoche]
[No tengo novia, ella no es mi novia]
Aturdido, Tang Heng pregunta:
[¿De verdad?]
Li Yuechi:
[De verdad]
Tang Heng:
[¿Por qué me dices esto?]
Li Yuechi:
[Nada más]
Tang Heng se queda sin habla. Permanece inmóvil durante medio minuto y, de repente, siente que debe encontrar un motivo para continuar la conversación.
Así que transfiere 15,5 yuanes.
Li Yuechi:
[?]
Tang Heng:
[Los parches contra el mareo y el agua.]
Li Yuechi:
[No es necesario]
Tang Heng:
[¿Por qué?]
Li Yuechi:
[Zhonghua]
Tang Heng:
[Oh.]
Entonces pregunta:
[¿Recuerdas el dinero que me debes?]
Li Yuechi:
[Qué?]
Tang Heng:
[El 7 de mayo de 2012, tomaste 52,80 de mi bolsillo mientras dormía.]
Li Yuechi deja de responder.
Espera cinco minutos, pero sigue sin recibir respuesta.
Tang Heng piensa con frustración, ¿por qué tenía que sacar ese tema? Después de encontrarse con Li Yuechi, no ha parado de decir estupideces, de hacer preguntas estúpidas. Tan fuera de lugar.
Tang Heng deja el teléfono y enciende su laptop. Revisa las tareas de los cuatro grupos y escribe un informe sobre las observaciones de la mañana. A las once y media, apaga la laptop para irse a dormir. La pantalla de su teléfono no se ilumina. No hay mensajes nuevos.
Tang Heng no tiene la costumbre de mirar el celular antes de dormir. Se limita a apagar la luz y meterse en la cama, mientras su teléfono sigue sobre la mesa. Se siente muy mareado, pero no ha bebido alcohol.
Mientras está sumido en sus pensamientos, su teléfono zumba sobre la mesa de madera. Hay una claridad anormal en la profunda noche. Tang Heng se levanta de un salto. Por alguna razón, siente que es el mensaje de Li Yuechi.
Una nota de voz. Duración: dos segundos.
Su voz, enviada por las corrientes eléctricas, es un poco ronca, a la vez que teñida por el cansancio después de beber alcohol. La voz grave de Li Yuechi dice:
—Ve a dormir.
A la mañana siguiente es otro día despejado. Tang Heng sale del restaurante del hotel con su mochila. Aún no es hora de reunirse, así que hay chicos ruidosos por todas partes. Quiere encontrar un lugar tranquilo donde sentarse a solas.
Pero antes de que pueda alejarse, ve a Sun Jihao rodeado por un grupo de jóvenes. Sólo se le ve la parte superior de la cabeza. En realidad, si no fuera por el mandarín pronunciado con claridad de Sun Jihao, Tang Heng probablemente no podría decir que es él.
—¡Hao-ge! —grita un chico—. ¿Puedes ponerme en un grupo con A-Ning[2]? ¡Por favor, por favor, por favor!
—Eh, ¿qué pasa con ustedes dos? —pregunta Sun Jihao.
—Hao-ge, ¿no te das cuenta? —exclaman los otros alumnos—. A-Ning le acaba de dar protector solar. ¡Tenemos que hacer que nos inviten a cenar cuando volvamos a Macao!
—Cállense… —dice el chico con vergüenza.
—Sí, sí, cállense. —Tang Heng no puede ver la expresión de Sun Jihao. Solo le escucha suspirar—. Niños, necesito decirles algo. Guárdenselo para ustedes y no se lo digan a nadie…
—¿Eh?
—Su profesor Tang… —continúa Sun Jihao con tono lastimero—. Él tenía una novia antes, de Guizhou. Lamentablemente falleció, y cuando el profesor Tang viene a Guizhou siempre la recuerda y se pone muy triste… Por favor, eviten mencionar temas del amor frente al profesor Tang, ¿de acuerdo?
—¡Oh, dios mío!
—¡Mierda, no lo mencionaremos! ¡Entendido!
—Ah, así que era eso, con razón el profesor Tang ha estado tan melancólico estos días…
Tang Heng se queda perplejo.
Decide que cuanto más lejos pueda llegar antes de ser descubierto, mejor.
Sin embargo, al darse la vuelta, su mirada se encuentra directamente con un par de ojos
Li Yuechi, con los brazos cruzados y una mirada burlona, articula en silencio hacia Tang Heng:
«¿Quién-mu-rió?».
[1] 朋友圈 se refiere al “círculo de amigos”, una función de WeChat. Es un espacio privado donde los usuarios pueden compartir publicaciones de texto, fotos, vídeos y enlaces con sus amigos.
[2] A- (阿): Prefijo afectuoso para mostrar cercanía, usado antes de un nombre o apodo.