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La segunda aldea que deben visitar está a sólo una hora de distancia en coche desde la ciudad. Además, la carretera es mucho más llana. Su todoterreno aparca frente a la cancha de baloncesto recién construida. Al lado está la biblioteca de la aldea.
—No está mal. —Sun Jihao mira a su alrededor—. La señal telefónica es buena también aquí.
—Me pregunto cómo será la aldea de shijie.
—La están pasando horrible. —Sun Jihao sacude la cabeza y le muestra a Tang Heng su teléfono—. Todavía están en camino. Probablemente tardarán más de dos horas.
La pantalla del teléfono muestra su historial de chats con Lu Yue. Ella le ha enviado una foto del río azul entre las montañas y un mensaje: «Todavía queda mucho camino por recorrer». Tang Heng ve que Sun Jihao ha cambiado el nombre de contacto de Lu Yue por el de «Jefa» y ha añadido un emoji de luna al final.
—Podemos volver temprano hoy, ¿verdad? —pregunta Tang Heng—. Cargaré los datos contigo esta noche.
—Debería poderse. Esta aldea tiene muy buena pinta. —Sun Jihao le palmea el hombro y suelta una risita—. Si me ayudas a hacerlo, puedo llevar a tu shijie a pasear por la ciudad.
Como ha dicho, el estado de esta aldea es mucho mejor que el de la aldea Banxi. Después de hacer la ronda, Tang Heng ve que en bastantes casas hay coches aparcados en los patios. Terminan a las tres de la tarde y regresan al hotel.
—Shidi, tómate tu tiempo. No podemos cambiar los datos después de subirlos, así que ten cuidado. —Sun Jihao se levanta y se va después de hablar. Parece que confía plenamente en él.
Cerca del anochecer, Tang Heng recibe una llamada telefónica. El prefijo es de Estados Unidos.
—Ya lo tengo arreglado. Es un estudiante de posgrado de la Universidad de Guizhou. Se reunirá contigo mañana por la mañana. —Cuando la voz de Jiang Ya sale del teléfono, Tang Heng siente como si hubiera viajado en el tiempo.
—Bien, entiendo. —Tang Heng hace una pausa—. Gracias.
—¿Por qué estás siendo tan educado conmigo?
—No te he visto en mucho tiempo.
—Ja, no es fácil oírte decir cosas así. —Jiang Ya se ríe—. No te mimé por nada.
—Vete a la mierda.
—Pero en serio, ¿alguien te envenenó?
—No es veneno, creo que son… somníferos.
—¡Carajo, no me asustes!
—No te preocupes. —Tang Heng se queda mirando la botella de leche sin terminar—. Puedo manejarlo.
Jiang Ya se queda callado al otro lado del teléfono. Tang Heng le pregunta:
—¿Qué pasa?
—Nada. Sólo estaba pensando… —Jiang Ya vuelve a reír—. Si esto fuera antes, ya le estarías dando una paliza a ese tipo, pero ahora, quieres verificarlo primero. Has mejorado.
—¿De verdad era tan violento antes?
—Sí, hombre. ¿Todavía recuerdas el bajo de An Yun? Lo partiste por la mitad.
—… ¿Bajo?
—El plateado.
—Ya.
—Tang Heng. —De repente baja la voz, poniéndose serio—. Voy a volver a China el próximo mes. Voy a visitar Hunan.
Tang Heng se queda callado.
—Es casi el aniversario de la muerte de Xiaoqin. Quiero visitarla. Si tienes tiempo…, ¿podemos vernos?
Tang Heng frunce el ceño.
—Ya veremos —responde en voz baja.
Jiang se ríe.
—Claro.
Es tan extraño. Jiang Ya está realmente dispuesto a volver. Según recordaba Tang Heng, lleva ya seis años en el extranjero y sólo había vuelto una vez, para un proyecto en Hong Kong. No había pisado el continente[1] en absoluto. Tang Heng llegó a pensar que nunca volvería a verlo, al menos no en China. En cuanto a An Yun, perdió el contacto de forma aún más tajante. Ella debería estar en Estados Unidos con Jiang Ya, pero uno estaba en la costa este y el otro en la oeste. Deberían seguir teniendo oportunidades de encontrarse, pero Jiang Ya le dijo que realmente no las tenían. Desconocía por completo en qué estaba ocupada An Yun.
Los tres tienen un chat grupal, pero nadie envía nada. Sin importar si es el Festival del Bote del Dragón, el Festival del Medio Otoño, el Año Nuevo o el Festival de Primavera, nadie dice nada. Ni siquiera un saludo festivo. Tang Heng sabe que es un acuerdo tácito. Ya no pueden ser amigos. No importa dónde estén o cuánto tiempo haya pasado, saben bien que están vivos en este mundo y eso es suficiente. Si no fuera por la emergencia de esta vez, tampoco le habría pedido ayuda a Jiang Ya.
¿Pero Jiang Ya va a volver? Tang Heng se queda mirando la foto de perfil de Li Yuechi en su pantalla, un poco aturdido. Es como si todos hubieran hecho un trato. Personas y recuerdos del pasado se agolpan ante sus ojos, inquietándolo.
A las cinco y media de la mañana siguiente, Tang Heng ve a aquel estudiante de posgrado de la Universidad de Guizhou en la entrada del hotel. Condució toda la noche y parece agotado.
—Gracias por tu duro trabajo. —Tang Heng le entrega una bolsa negra de plástico—. Es esta cosa… Por favor, échale un vistazo cuando puedas.
—¿Sospecha que la leche está drogada con somníferos?
—No estoy seguro de que sean somníferos, pero el efecto hace que uno se duerma.
—Entendido. Volveré a la escuela y lo analizaré ahora. Los resultados saldrán a más tardar esta noche.
—Gracias. Avísame en cuanto salgan los resultados. Además, mantén esto en secreto.
—De acuerdo.
El chico regresa a su coche con la bolsa de plástico. Pronto, desaparece de la vista de Tang Heng. El alba colorea ya el cielo, y unos pocos rayos de sol asoman por el lejano horizonte. Otro día despejado, piensa Tang Heng. Es su cuarto día en Shijiang. Si todo transcurre con normalidad, estará aquí siete días más.
Vuelve a encontrarse con el gerente Qi de camino a su habitación. El hombre está de pie junto a la fuente, fumando solo. Se sorprende cuando ve a Tang Heng.
—¡Profesor Tang, se ha levantado tan temprano!
—No podía dormir, así que fui a dar un paseo.
—Eh, usted es tan joven. ¿Cómo no puede dormir? —dice el gerente Qi, riendo—. Cuando llegue a mi edad no será capaz de dormir.
—¿En serio? —Tang Heng también sonríe—. No puedes ser mucho mayor que yo, ¿verdad?
—Tengo treinta y seis.
—Más o menos igual que mi shixiong.
—Siento que, ah, mi energía bajó drásticamente en cuanto cumplí treinta y cinco.
—Tu trabajo es demasiado agotador.
—No hay remedio. Necesito ganar dinero. —El gerente Qi apaga su cigarrillo y ríe con resignación—. Necesito mantener a mi mujer y a mi hijo.
La tercera aldea está aún más lejos que Banxi y la carretera de montaña se retuerce como si fuera intestinos. Esta vez, Tang Heng y el conductor son las únicas dos personas en el coche. Tang Heng se balancea por el movimiento cuando giran y se da cuenta de que el todoterreno se siente realmente vacío sin Li Yuechi aquí. Sin embargo, Li Yuechi es tan delgado que no puede explicarse por qué se siente así.
—¿Está Xiao Li ocupado estos días? —le pregunta al conductor casualmente.
—Oí que fue a transportar productos a Chongqing.
—Oh.
—¿Creo que se fue ayer? —El conductor suena envidioso—. Piense, oficial. Fue personalmente a enviar los productos. Debe haber ganado mucho esta vez.
Tang Heng fuerza una sonrisa y guarda silencio. ¿Li Yuechi le tiene tanto miedo a que se aferre a él? Se ha esforzado tanto por escapar que incluso se fue de la ciudad. En realidad, no era necesario. Ya no es tan temerario como antes, cuando estaba dispuesto a conseguir a las personas o cosas que le interesaban a toda costa.
No terminan su trabajo sino hasta las cinco de la tarde. Esta aldea es demasiado remota. La mayoría de los aldeanos ya se había marchado y no pudieron localizarlos, así que sólo les quedó llamarlos uno por uno para averiguar su situación. Además, las carreteras de montaña son empinadas y en la mayoría de los tramos no se puede conducir. Todo es a pie. Cuando llegan al hotel, ya son cerca de las ocho de la noche. Los estudiantes están agotados y se apoyan unos en otros. Incluso Sun Jihao se mareó tanto que vomitó por el camino. Parece marchito mientras le dice a Tang Heng:
—Shidi, carguemos los datos mañana… Me voy a dormir…
—¿No cenas?
—Después de que me despierte… Ayúdame a avisarle a Lu Yue. Ella puede videollamar a Keke… Realmente no tengo energía.
Keke es su hija.
Tang Heng está de acuerdo y ve a Sun Jihao entrar en su habitación.
[1] China continental.