No disponible.
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Esa noche, a las diez en punto. Tang Heng apaga la laptop y marca un número.
—Profesor Wang —saluda al otro—. ¿Se encuentra mejor?
—Gracias por tu preocupación. Ayer me dieron el alta. Nada importante.
—Eso es bueno.
—Xiao Tang, realmente estoy agradecido contigo esta vez. —Wang Shan suena un poco apenado—. No esperaba ser hospitalizado en este momento crítico. No tuvimos más remedio que llamarte con tan poca antelación… ¿Cómo van las cosas? Bastante bien, ¿verdad?
—Sí, todo va bien. Son sobre todo el director Xu y Sun Jihao los que hacen el trabajo agotador.
—Ja, ja, tienen experiencia, puedes aprender de ellos.
—Pero hay una cosa.
—¿Oh?
—¿Por qué los funcionarios de aquí no me dan dinero? —Tang Heng suena extremadamente ofendido—. El director Xu, mi shixiong y shijie recibieron sobres rojos, pero yo no.
Wang Shan deja de hablar como si un gato le hubiera comido la lengua. Tang Heng continua:
—Todos venimos de Macao. No creo que deba de ser así. Por favor, ayúdeme. ¿He hecho algo para ofenderlos? ¿O creen que no soy de suficiente nivel?
—Oh, esto, bueno… —tartamudea Wang Shan. Tiene problemas para articular sus palabras—. Xiao Tang, no le des muchas vueltas. Tal vez piensan que eres el nuevo. No están seguros de tu actitud. ¿Y si rechazas el dinero y pierdes los estribos?
Tang Heng se queda sin habla por un momento antes de reírse entre dientes.
—No me lo esperaba.
«No me esperaba que esto fuera tan “rentable”».
—Así son las cosas. No lo pienses demasiado, ¿de acuerdo? El director Xu ve el esfuerzo que haces —lo consuela Wang Shan—. Además, ese lugar es muy pobre. ¿Cuánto dinero pueden desembolsar? ¡Como mucho, unos miles!
—Pero es injusto.
Wang Shan chasquea la lengua y dice con aire contemplativo:
—Eres joven. Habrá más oportunidades en el futuro.
Tang Heng termina la llamada y guarda la grabación de audio sin expresión en el rostro.
Agarra una silla y la coloca junto a la puerta. Sentado, apoya la cabeza contra la puerta de madera. La habitación está en silencio. Afuera también hay silencio. Todo está sereno, como si fuera realmente una noche agotadora después del trabajo y todos estuvieran profundamente dormidos. Mañana se vestirán y empezarán a trabajar de nuevo. Seguirán siendo los poderosos oficiales de Macao, seguirán siendo los profesores respetados por los alumnos, seguirán siendo la esperanza de los desamparados aldeanos, los que pueden resolver cualquier problema que se les comunique.
Tang Heng aún recuerda cómo Sun Jihao dijo una vez que su hogar era una aldea rural cerca de Shandong, en la zona de la montaña Yimeng. Pobre como un ratón de iglesia. Dijo que había estudiado cuatro años en la Universidad de Nanjing, pero que la primera vez que comió en los puestos de comida dai pai dong[1] de Nanjing fue después de graduarse. Estaba delicioso, realmente delicioso, y fue entonces cuando decidió que uno de los objetivos de su vida sería comer mucha, mucha cocina gourmet.
Tang Heng pega la oreja a la rendija de la puerta. Su mente está hecha un lío y piensa en muchas cosas. En algún momento, su teléfono zumba una vez. Es un mensaje de Guiyang.
A medianoche. Tang Heng oye pasos. El pasillo no está enmoquetado, así que puede oír el sonido. La persona se acerca a un ritmo cómodo y se detiene en algún punto.
Una puerta se abre y luego se cierra.
Tang Heng se levanta y se dirige a la puerta de cristal, que divide el salón y el balcón. Tang Heng levanta las pesadas cortinas y mira a través de la rendija de cristal. El balcón contiguo sigue a oscuras. Había luz hacia las nueve de la noche –la luz del salón había atravesado la ventana que daba al balcón–, pero el balcón se oscureció unos cuarenta minutos después y ha seguido así.
Hay dos posibilidades. Una es que Sun Jihao haya apagado la luz. La otra que Sun Jihao haya corrido las cortinas y bloqueado todas las fuentes de luz. No importa qué, no puede explicar por qué el gerente Qi fue a la habitación de Sun Jihao dos noches seguidas. Arreglar el aire acondicionado es una excusa. ¿Qué hotel pone a su gerente a arreglar el aire acondicionado personalmente? ¿Es para darle dinero de soborno? Pero no tenía que pagarle a plazos.
Tang Heng abre un cajón y saca la llave inglesa que compró anoche en el supermercado de la ciudad. La mete en su riñonera y se la ajusta firmemente al cuerpo. Con una mano carga una silla, con la otra empuja lentamente la puerta de vidrio. En silencio, entra al balcón.
Justo cuando está a punto de subirse a la silla para trepar la barandilla, el teléfono suena de pronto en la habitación.
Quizá porque la noche es demasiado silenciosa, el tono de llamada retumba como un trueno. El corazón de Tang Heng se estremece y las palmas de las manos se le humedecen de sudor frío. Da media vuelta, regresa al cuarto y contesta la llamada.
—¿Profesor Tang? —Es una chica. Habla rápido.
—Sí, ¿quién es usted?
—¡So-soy Wang Di, la amiga de Li Yuechi!
—… ¿La que lo recogió ese día después de cenar?
—¡Sí, esa! —Wang Di está tan ansiosa que casi grita—. ¿Todavía está en Shijiang? ¿Puede ayudar a Li Yuechi?
—¿Qué pasa?
—¡Gente de la aldea se lo llevó! Después de que usted lo visitara, a la mañana siguiente vinieron a llevárselo. Su mamá y yo no podemos contactarlo. Han pasado dos días y… no sabemos qué hacer.
—Se lo llevaron. —Tang Heng se deja caer en la cama—. No te preocupes. Contéstame, ¿se fue con esa gente por voluntad propia o se lo llevaron a la fuerza?
—Su mamá dijo que el jefe de la aldea y el secretario trajeron gente y lo llamaron para hablar. Luego él entró a empacar ropa y se fue con ellos.
—¿Dijo algo?
—Nos dijo que no nos preocupáramos. Que volvería en unos días.
Tang Heng se queda en silencio.
—Profesor Tang, por favor, ayúdenos —dice Wang Di, cada vez más cerca de las lágrimas—. Yuechi estuvo antes en la cárcel, pero estos dos últimos años solo ha estado manejando su tienda… Su hermano todavía necesita que lo cuiden y la salud de su mamá es mala. Su familia se desmoronará sin él. Por favor…
Tang Heng aprieta el teléfono. Su voz es anormalmente tranquila.
—No te preocupes, lo traeré de vuelta. —Después de dos segundos, añade con firmeza—: Mañana.
Los balcones de las dos suites están muy cerca, pero la barandilla le llega al pecho y es difícil de escalar. Tang Heng utiliza la silla para pasar por encima de la barandilla. Se inclina hacia delante y se agarra a la barandilla del otro balcón. En ese momento, la parte superior de su cuerpo queda boca abajo. Su cabeza apunta al pasto de abajo. Ya lo ha calculado: si cae desde el tercer piso al pasto, probablemente no morirá.
Pero no se cae. Pronto aterriza con firmeza en el balcón de al lado. Dobla las piernas y toca el suelo sin hacer ruido, como un gato ágil. Tang Heng se inclina y pega la oreja al cristal, en completo silencio. Puede oír algunos susurros y algunos sonidos parecidos a siseos de dolor, tal y como esperaba.
Por supuesto, es la primera vez que hace algo así. Si no fuera por la llamada de hace unos minutos, todavía estaría indeciso y nervioso. Su relación con Sun Jihao terminaría después de usar la llave inglesa, sin importar lo que viera. Por supuesto, no sólo la de él y Sun Jihao. Su relación con Lu Yue y el director Xu también terminaría. Él destruiría este viaje de observación y muchas cosas más. Pero esa llamada realmente lo ha calmado. Todos los pensamientos caóticos desaparecen de su mente. Todo lo que queda es:
Tiene que destruirlos a todos, por Li Yuechi.
Aunque él no lo ame, no importa.
Tang Heng abre un poco su mochila para sacar la llave inglesa y la sostiene con firmeza en su mano. Dos minutos después, cuando los jadeos en la habitación se volvían cada vez más acelerados, como si estuvieran alcanzando el clímax…
¡Crash! Tang Heng rompe el cristal con un seco y nítido.
Como era de esperar, no han apagado la luz. La lámpara de pared, de un cálido tono amarillo, lo ilumina todo con claridad: dos cuerpos entrelazados, ni siquiera han tenido tiempo de separarse.
Tang Heng toma una foto con calma y vuelve a guardar el teléfono en la mochila. El gerente Qi, que se ha llevado un susto de muerte, reacciona por fin. Rueda del sofá con un ruido seco y agarra una camiseta para cubrirse la entrepierna. Su rostro está mortalmente pálido, y tiembla mientras balbucea:
—Usted, ¿cómo ha…?
—Shidi. —Sun Jihao se pone los pantalones y se frota la cara—. ¿Por qué has hecho todo esto? ¿No podías simplemente haber preguntado?
—Shijie está en el mismo edificio. En el mismo piso.
—¿Ella? —Sun Jihao se echa a reír—. ¿Crees que no lo sabe?
—Entonces la llamaré.
—Suficiente, es medianoche. —Sun Jihao mira al gerente Qi—. Deberías irte.
El gerente Qi sale corriendo. Sun Jihao dice con suspiro:
—Siéntate donde quieras.
Tang Heng permanece de pie, mirando al otro hombre en un aturdimiento, confundido. ¿Es este el Sun Jihao que ha conocido durante dos años? Se había preparado mentalmente, pero cuando realmente ve esta escena, la conmoción es todavía inefable.
Sun Jihao enciende un cigarrillo y lo mantiene entre las yemas de sus dedos. Inhala lentamente. Es alto y de hombros anchos, como la mayoría de los hombres del norte. Pero su expresión al inclinarse hacia delante para fumar resulta afeminada. A Tang Heng la diferencia le resulta desconocida e incluso inquietante.
—Oh, ¿de verdad no lo notaste? Supongo que mi actuación fue buena. —Sun Jihao se ríe—. Me di cuenta en cuanto llegaste a la escuela. Somos del mismo tipo. Incluso me preocupaba que te dieras cuenta.
—La engañaste para que se casara contigo —dice Tang Heng.
—¿Que la engañé? —La sonrisa de Sun Jihao se hace aún más exagerada—. Tang Heng, ¿cómo puedes decir eso? ¿Todos los miembros de tu familia Tang tienen este… talento para ser desvergonzados? ¿Yo, engañar a Lu Yue? Ella es alumna de tu tío y fue tu tío quien nos juntó, ¿y dices que yo la engañé?
Tang Heng se queda helado. ¿Por qué menciona a su tío?
—Deja de fingir.
—¿Qué tiene esto que ver con mi tío?
—No puede ser. ¿De verdad no lo sabes?
—¿Saber qué?
Sun Jihao se carcajea.
—¡Tu tío se cogió a Lu Yue! ¡Ella estudió con tu tío durante tres años y él se la cogió durante tres años! Está bien si otros no lo saben, ¿pero cómo es que ni siquiera tú lo sabes? ¡Vaya, el secretismo de Lao Tang es perfecto!
A Tang Heng ese instante le parece una eternidad. Las palabras de Sun Jihao entran en su canal auditivo, su cerebro interpreta el significado y entonces… Para cuando finalmente lo procesa, ya está estrangulando a Sun Jihao y clavándole la rodilla en el pecho.
—Repite eso.
—No estoy mintiendo. —La voz de Sun Jihao es áspera pero muy calmada—. Al principio, tu tío la obligó a hacerlo, pero después de que lo hicieran tantas veces, ella se acostumbró. En realidad, así fue como tu tía se casó con tu tío, pero eso fue incluso antes.
Tang Heng lo mira fijamente, sus ojos clavados en él. La mano ya empieza a temblarle.
—No es que yo sea precisamente una buena persona —dice—, pero cuando me casé con ella, de verdad pensaba enderezarme. ¿Y qué pasó? Resulta que solo estaba para limpiar el desastre. Tu tío sí que es generoso: se ocupa de sus matrimonios después de saciarse.
Tang Heng se pone de pie de golpe, tambaleándose unos pasos hasta chocar de espaldas contra la pared.
—¿No fue hace unos años que murió una estudiante? Escuché que Lu Yue lo mencionó… Se llamaba Tian… ¿Tian Xiaojuan o Tian Xiaoqin? —Sun Jihao sacude la cabeza—. ¿De verdad no lo sabías?
[1] Se refiere a establecimientos de comida callejera o puestos informales donde se pueden encontrar una variedad de platos locales a precios económicos.