Capítulo 6

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A-Chong pidió un Americano. Ning Yu originalmente quería pedir un latte de caramelo, pero A-Chong le dijo: —¿Por qué no pruebas el jugo de coco de aquí?

Ning Yu pensó que A-Chong diría algo como “es mejor no tomar café cuando estás enfermo ”. Después de pensarlo, se distrajo preguntándose si, en realidad, se podía o no tomar café con un resfriado.

Pero A-Chong solo dijo: —El jugo de coco de aquí es delicioso.

Pagaron por separado con cortesía, sin que ninguno de los dos mencionará siquiera una vez “yo te invito”. Ning Yu porque sentía que proponerlo quizás sería abrupto y A-Chong… no se sabía qué pensaba A-Chong.

Dentro, el aire acondicionado era muy fuerte y Ning Yu, después de sentarse, comenzó a sentir frío de nuevo. El aire acondicionado le estaba dando dolor de cabeza. A-Chong hojeaba casualmente las revistas sobre la mesa de manera, y miraba su teléfono de vez en cuando.

—¿Cuándo empezaste a trabajar como guía turístico?—. Ning Yu comenzó a buscar conversación.

—Aproximadamente hace dos años—. A-Chong cerró la revista. El iPhone negro daba vueltas en su mano, cuando de repente señaló la mochila abierta de Ning Yu: —¿Sales y todavía llevas una computadora?

—Mmm—. Ning Yu movió la mochila hacia adentro. —Estoy trabajando en un proyecto con un equipo. Aunque salí de viaje, todavía temo que surja alguna situación donde necesite la computadora y los materiales.

—¿Proyecto? —repitió A-Chong. —¿A qué te dedicas? ¿No acabas de graduarte?.

Ning Yu nunca se había sentido tan torpe al hablar, incluso tartamudeando un poco al explicárselo a A-Chong. Pero, ¿había algo de qué avergonzarse? Tenia una especialidad de disciplina nacional de primera línea en el país, también buenas notas, había ganado premios en competiciones nacionales de modelado y de robótica… ¿De verdad era algo tan difícil de contar?

¿Quizás era porque A-Chong lo estaba mirando con mucha atención? Esos ojos eran oscuros, de una forma hermosa, y se fijaban en ti con total concentración. Definitivamente era porque esos ojos eran demasiado especiales, que Ning Yu sintió que los latidos de su corazón se aceleraban.

—Suena impresionante—. A-Chong sonreía mientras daba su evaluación. —A mi en cambio, no me gusta mucho estudiar. Probablemente puedo hacer muy bien cualquier cosa excepto estudiar.

El empleado llevó las bebidas a la mesa. Ning Yu se tocó la piel de gallina del brazo y pensó que, después de terminar este vaso de jugo de coco, su resfriado probablemente empeoraría un poco.

Pero entonces A-Chong dijo de repente: —Adentro hace mucho calor, mejor sentémonos afuera.

Al decir esto, tomó los dos vasos de la mesa y salió directamente.

Ning Yu se quedó quieto por dos segundos antes de agarrar su mochila y seguirlo.

Al abrir la puerta, una húmeda y caliente ráfaga de aire llegó de frente. En este momento, el calor le resultaba reconfortante, otorgándole sin razón una ilusión de comodidad y tranquilidad.

A-Chong estaba sentado con despreocupación. Lentamente añadió un terrón de azúcar a su taza, revolviéndolo con una cuchara. Los ojos de Ning Yu no tenían dónde posarse, así que se quedaron mirando las manos de A-Chong. No tenía tema de conversación, quería decir algo, pero no sabía por dónde empezar.

—Cierra bien la cremallera de tu mochila—. A-Chong señaló la mochila de Ning Yu con la cuchara. —Vigila bien tus objetos de valor, no vaya a ser que pierdas algo y no puedas regresar a tu país.

Ning Yu no tuvo más remedio que voltear y ordenar esa mochila atiborrada de manera desordenada. Todo tipo de cosas estaban metidas dentro, y la cremallera de la mochila no respondía bien. Se sintió un poco molesto, así que simplemente sacó todo y lo reorganizó. A-Chong vio que sacaba un libro y preguntó: —¿También llevas un libro contigo? ¿Me dejas ver?

Su mano, que originalmente iba a guardarlo, se detuvo. Ning Yu dudó un momento antes de pasarle el libro, diciendo: —Antes de venir, agarré uno al azar, solo planeaba leerlo en el autobús para pasar el tiempo.

A-Chong arqueó una ceja y leyó el título: —“El filo de la navaja”. ¿De qué trata?— Hojeo las páginas al azar, mirando las pequeñas anotaciones que Ning Yu había hecho en el libro con lápiz.

—Bueno… trata sobre un piloto estadounidense que, cuando estaba en el ejército, conoció a un compañero de armas. Pero más tarde, el compañero murió en la guerra, y él comenzó a sentirse perdido acerca de la vida. Después de ser desmovilizado, no continuó sus estudios, ni quiso trabajar, solo quería encontrar la respuesta a su existencia y fue a París—. Ning Yu hablaba muy despacio. —Solo he leído hasta aquí, pero no tengo muchas ganas de seguir leyendo.

—¿Qué pasa, está mal escrito?

—No, está muy bien escrito, es solo que…— Ning Yu intentaba expresar cómo se sentía. —Aunque no se puede juzgar una obra literaria por si tiene un final bueno o malo, yo siempre siento que la dirección final de esta historia es algo que, por ahora, aún no puedo aceptar. Es como si… estuviera leyendo sobre cosas que aún no pertenecen a mi propia experiencia de vida, y temo que después de leerlo pueda influenciarme demasiado.

A-Chong se rió brevemente y negó con la cabeza: —Leer un libro y tener que pensar tanto.

Ning Yu tomó el libro de vuelta y dijo: —¿Lo hago?

—Supongo, ¿no? Cuando hablo con gente como tú que ha leído mucho, siempre siento cierta distancia. Me da la impresión de que a ustedes les gusta pensar demasiado.

Ning Yu guardó silencio un momento. Cuando acto seguido, sonó su teléfono. Era una llamada de su padre. Le respondió con algunas cuantas palabras evasivas, mientras al otro lado no paraban de preguntarle sobre su trabajo, para luego soltarle a Ning Yu frases llenas de sarcasmo. La idea general era: para qué ir a Tailandia, un país pequeño, subdesarrollado y sin nada interesante, y además acompañado de esa mujer Zhou Jiaxin, que siempre tiene un montón de problemas, sin avisarle con antelación, y solo contárselo una vez allí.

El tema se desviaba cada vez más, y la paciencia de Ning Yu estaba a punto de agotarse. Hablaba con su padre en shanghainés, y pensó que, como A-Chong probablemente no entendería, no se apartó a un lado para responder. Pero, mientras más hablaba, Ning Yu, como de costumbre, comenzó a subir el volumen de su voz, volviéndose un poco incontrolablemente irritable.

Solo después de colgar la llamada, Ning Yu se dio cuenta de que quizás acababa de perder un poco los estribos.

Pero A-Chong no parecía preocuparse mucho por ello. Bebía su café a pequeños sorbos, sonrió levemente a Ning Yu y dijo: —Sales de viaje y todavía tienes que llamar para pelear con alguien.

Ning Yu, inconscientemente, dijo: —… Lo siento.

Solo después de decirlo sintió que no era necesario disculparse, pero ya se le había escapado.

A-Chong se sintió divertido por su reacción: —¿Por qué disculparte conmigo? Lo que pienso es que, si sales de viaje, mejor no pienses en cosas desagradables. Sal a divertirte y relájate.

Después de hablar, apoyó el brazo en la mesa, se acercó un poco y miró el cabello de Ning Yu. Solo cuando logró que Ning Yu se sintiera un poco inquieto, dijo: —Oye, tienes algo en el cabello.

Ning Yu alzó la vista para tocarse el cabello, pero A-Chong ya había levantado la mano. La mirada de Ning Yu solo podía posarse en el rostro de A-Chong, pero lo extraño era que A-Chong también lo estaba mirando a él.

Se miraron fijamente.

En sus ojos, la sonrisa de A-Chong se volvió un poco más astuta.

Ning Yu tuvo la ilusión de estar derritiéndose bajo esa mirada. ¿Hacía demasiado calor? ¿Estaría febril? Por qué hacía tanto calor. Sintió que una bola de fuego se acercaba a su cerebro, y cuanto más se acercaba, más incómodo se sentía.

Esa mano acarició una vez el cabello junto a su oreja derecha. Cuando Ning Yu parpadeó, vio que esa mano se detenía frente a sus ojos.

Los dedos de A-Chong, finos y de nudillos bien definidos, sostenían una flor hecha de papel.

Al ver la expresión de asombro de Ning Yu, A-Chong volvió a reír. Movió ligeramente la flor de papel y dijo: —Te mostré un truco de magia, no te sientas infeliz.

Ning Yu tardó un buen rato en recuperar la voz: —… ¿Cuándo la doblaste?

A-Chong seguía meciendo suavemente la flor de papel.

En la sonrisa de A-Chong, Ning Yu encontró algunas palabras sueltas para describir su apariencia: cuando sonreía, era como abrir una soda, con burbujas saliendo a la superficie. Su rostro tenía un aire salvaje, libre y despreocupado.

—Cuando estabas al teléfono, la doblé con una servilleta de papel. Nadie me hacía compañía para hablar, estaba muy aburrido.

A-Chong, apoyando la cabeza en su mano, lo miró e hizo un gesto para que Ning Yu tomara la flor. —Te regalo una flor, espero que cada día que pases en Tailandia sea alegre y feliz, y que al final del viaje me des una buena evaluación.

—También sabes hacer magia…

—Es divertido. Así que aprendí un poco cuando me aburría. ¿No la quieres?—. A-Chong movió la flor de papel. —Si no la quieres, la tiraré entonces.

Solo dudó un segundo antes de aceptar la flor de papel. Quizás no se llamaba siquiera dudar. Ning Yu solo sentía que pausar ese segundo podía demostrar que lo había pensado un poco.

Pero, después de sacar esa flor, la mano de A-Chong se dirigió rápidamente hacia el cabello junto a la oreja izquierda de Ning Yu.

Le tocó ligeramente el cabello, y al hacerlo, rozó la piel de su oreja, para luego retirar la mano en un instante. Sus movimientos eran muy rápidos. Ning Yu, confundido y desorientado, no se atrevió a moverse.

Cuando esa mano volvió frente a los ojos de Ning Yu, esta vez, en la palma de A-Chong, descansaba una moneda.

—El segundo pequeño regalo mágico de tu guía de Bangkok, una moneda de la suerte—. A-Chong cerró la mano sobre la moneda, sonriendo radiantemente. —Es una moneda de un yuan chino, me la regaló un turista anterior, es de mi colección, hoy te la regalaré a ti. Pero primero adivina, ¿lo que queda hacia arriba en mi palma es el número o el emblema?

Ning Yu se rió, divertido por la expresión de A-Chong, y se relajó un poco: —Entonces, ¿qué pasa si adivino el número, y qué si adivino el emblema?

—Si adivinas el emblema… entonces tendrás suerte financiera—. A-Chong lo dijo con mucha seriedad. —Si adivinas el número, tendrás suerte en el amor, ¿qué te parece?

El truco de magia no era muy ingenioso, pero apareció en el momento justo. El juego no era muy divertido, solo que cuando A-Chong hacía estas cosas, tenía un encanto indescriptible. Parecía entender lo que pensabas y también podía darte la mejor reacción, haciéndote sentir cómodo.

Lo más valioso era que, aunque sus palabras y gestos siempre tenían cierto grado de ambigüedad, en esencia no eran frívolos; incluso podías sentir que estabas siendo atendido por él con seriedad.

Adivinar la moneda no tenía nada de interesante. La persona que sostenía la moneda era la interesante.

Ning Yu, fingiendo serenidad, bebió un sorbo de jugo de coco, echó un vistazo a la flor de papel a su lado y entonces dijo: —… Entonces, voy a adivinar que es el número.

A-Chong arqueó una ceja para mirarlo: —Oh, ¿tienes muchas ganas de tener suerte en el amor?

Ning Yu se esforzó por adoptar un tono muy casual: —Sí, lo espero. En China no conocí a la persona adecuada, quizás aquí pueda encontrarla.

A-Chong se rio: —Jaja, qué despreocupado.

—Cuando hay consentimiento mutuo, no se puede hablar de ser o no despreocupado. Además, si pudiera tener una aventura, sería mucho más interesante que ir a ver el Gran Palacio—. Ning Yu señaló la mano cerrada de A-Chong. —Ábrela ya.

A-Chong hizo un sonido de “oh”, su mano aún estaba firmemente cerrada, como si estuviera presionando con fuerza la caja de Pandora, sin permitir que algo extraño y peculiar saliera volando hacia el cerebro de Ning Yu.

Sin razón alguna, Ning Yu sintió que estaba sudando, la mirada fija de A-Chong lo tenía…

—Ábrela ya—. No pudo evitar susurrar una palabra de prisa. —No crees más suspenso.

A-Chong miró a Ning Yu un rato más con una sonrisa a medias, y luego, muy lentamente, abrió la palma de su mano.

La palma de su mano estaba vacía, la moneda había desaparecido.

Ning Yu se quedó pasmado un momento y soltó una risa de incredulidad: —El truco de magia aún no termina… Deja de ser guía y dedícate a ser mago, a las chicas seguro les encantan estas cosas tuyas.

A-Chong dijo: —¿Solo a las chicas les gusta? ¿Acaso a los hombres no? Qué triste.

Ning Yu se sorprendió: —… Tampoco es eso… Depende de la situación.

A-Chong continuó la conversación con naturalidad: —Ah, ya veo. Entonces, ¿a ti te gustan o no estas cosas mías?

Esta frase no tenía un tono interrogativo, se parecía más a una oración enunciativa. ¿Cómo podía una oración enunciativa ser también tan ambigua?

El viento, húmedo, traía el olor del café y de A-Chong. Ning Yu se sentía mareado y con la vista nublada. ¿Estaría haciendo efecto la medicina para el resfriado que tomó por la mañana? ¿Qué casualidad que hiciera efecto justo ahora? Su cabeza daba vueltas.

En momentos de incomodidad, bebía agua. Ning Yu alzó la taza y bebió un sorbo de jugo de coco, y solo entonces dijo de manera ambigua: —El truco de magia fue genial.

A-Chong sonrió ligeramente y bebió de un trago el café de su taza. Cuando echó la cabeza hacia atrás, Ning Yu vio su nuez de Adán moverse y su mandíbula de líneas angulosas y definidas. Antes de que A-Chong bajara la taza, Ning Yu apartó la mirada para observar a una pareja de turistas blancos que pasaba cerca.

Esa pareja vestía ropa ligera, con los brazos entrelazados. El chico sostenía un coco y se lo daba de beber a su novia. Mientras la chica se ponía de puntillas para beber, el chico se inclinó para besar su frente. Dentro del local sonaba una canción tailandesa incomprensible, con una melodía bastante agradable, creando una atmósfera somnolienta.

Después de un momento de silencio, Ning Yu preguntó: —Te deshiciste de la moneda con magia, entonces, ¿ya no tendré suerte financiera ni suerte en el amor?

A-Chong se rió. —Levanta tu vaso y mira.

Ning Yu reaccionó y alzó su vaso.

Bajo el vaso de vidrio, sin saber cuándo, había aparecido una moneda de un yuan. La cara que miraba hacia Ning Yu era el número arábigo, 1.

Esta vez, Ning Yu estaba genuinamente impresionado. Dijo: —¡Realmente eres increíble, ¿cuándo la pusiste aquí!

—Si te lo digo, ya no se llamaría magia. ¿Por qué deberías de saberlo?

Ning Yu no fue tacaño en elogios: —¡Increíble! ¡Parece que realmente voy a tener suerte en el amor!

Pero A-Chong, con una expresión de lástima, le dijo a Ning Yu: —Ay, ¿cómo es que querías el 1? Yo, en tu lugar, hubiera querido el lado del crisantemo, para hacerme rico.

Quién lo dijo quizás no tuvo intención, o quizás sí la tuvo. Pero, independientemente de cuál fuera la intención original de A-Chong, en resumen, esas palabras sonaron extremadamente extrañas en los oídos de Ning Yu.

Miró fijamente por un momento el número 1 en la moneda frente a él, y su rostro se sonrojó lentamente.

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