Al llegar a la isla, los demás se cambiaron a trajes de baño y salieron al mar a disfrutar de sus respectivas actividades. A-Chong se quedó en la zona de comidas para vigilar las mochilas de todos. Aparte de él, de todo el grupo solo quedaban una chica que tenía el periodo por lo que no podía meterse al agua, y Ning Yu, quien debido al mareo, no quería ir a divertirse.
La chica se llamaba Yueyue, aún estaba en la universidad y había venido de tour en grupo junto a su compañera de cuarto. Era bastante animada, sentía curiosidad por todo lo que veía, con un rostro que mostraba la torpeza de quien no ha profundizado en el mundo. Parecía una niña bien educada. Estaban sentados charlando cuando un hombre tailandés que llevaba un folleto de propaganda en la mano, al verla mirar a un lado y al otro, se acercó y le preguntó: —¿Quieres un dibujo? Tatuaje de henna, no permanente, 1000 baht.
Ning Yu notó que los pequeños vendedores ambulantes locales de Tailandia hablaban bastante bien chino, especialmente este tipo de frases relacionadas con ganar dinero.
Yueyue conversó un rato en chino con ese vendedor, luego volvió la cabeza para preguntarle a A-Chong: —Guía, ¿cuánto tiempo dura esto si me lo hago? Él dice que puede durar un mes, ¿es verdad?
A-Chong intercambió una mirada con el vendedor antes de responder: —Siempre que al bañarte no te frotes con demasiada fuerza, quizás sí pueda durar un mes. Los tatuajes de henna tienen bastante carácter, a las jovencitas les gustan mucho. Mira que lo blanca que tienes las manos, si te lo pintan seguro se verá bien, pero debes asegurarte de que no eres alérgica…
—¡Ay, 1000 baht equivalen a más de 200 yuanes, qué caro! ¡Y ni siquiera me deja regatear!— Yueyue se quejó riendo. —Pero este atrapasueños es realmente precioso, tengo muchas ganas de hacérmelo, pero es demasiado caro, así que mejor no me lo hago.
—Ey, estás de viaje, gasta un poco de dinero para comprarte tu propia alegría. Llevarte algo de 200 yuanes para mostrar a tus amigos, o fotografiarlo y publicarlo en tus redes sociales, también está bien. No hay problema en comprar un momento de felicidad—. A-Chong lo decía con toda seriedad, y además sabía muy bien cómo convencer a las chicas. —Si no, yo te ayudo a negociar por 800 baht con él, ¿Qué te parece?
Poder ahorrar doscientos baht puso muy feliz a Yueyue: —¡Genial, gracias guía!
Ning Yu, al lado de A-Chong, al ver esta escena, solo pensó que en verdad era fácil estafar el dinero de sus compatriotas, y que esta jovencita era demasiado propensa a las compras impulsivas… Además, era difícil saber si A-Chong conocía o no a ese hombre tailandés del tatuaje a mano.
Cuando A-Chong habló un par de frases con ese hombre en tailandés, el precio efectivamente bajó a 800 baht. Yueyue, muy contenta, sacó su dinero y fue a que le pintaran el tatuaje, con una cara de haber conseguido una ganga. Sin embargo, pagar 800 baht por esa porquería, por más que lo calculaba, a Ning Yu le parecía muy irrazonable.
Bebió un sorbo de agua y luego le dijo a la persona a su lado: —¿Solo dibujarte eso en la mano, vale 800 baht?
A-Chong, a su lado, alzó la cabeza.
Ning Yu jugueteaba con la tapa de la botella en su mano: —Qué caro.
—Es más o menos aceptable —dijo A-Chong. —Los precios aquí en Tailandia, en comparación con Japón, Corea, Europa o América, ya son bastante asequibles.
Ning Yu asintió: —Cierto. Oye, digo, ustedes los guías, ¿acaso conocen a cada persona que hace negocios aquí?
Ning Yu no lo dijo directamente, pero entre líneas su tono era de burla, ¿cómo no iba a notarlo A-Chong?
A-Chong pareció sonreír, cambió de postura y se sentó más erguido: —¿Acaso nunca antes habías contratado un tour?
Ning Yu se encogió de hombros: —No, esta es la primera vez.
A-Chong negó con la cabeza: —¿Nunca has trabajado? ¿Ni has tenido empleos temporales, ni has hecho trabajos de medio tiempo?
Ning Yu sonrió: —He colaborado con compañeros en algunos pequeños proyectos de programación, del tipo que no requiere tratar mucho con la gente, ¿eso cuenta Al ver su trabajo pienso que, aunque lo nuestro en tecnología es un poco monótono, sigue siendo bastante bueno.
Desde pequeño había hecho las cosas siguiendo las reglas al pie de la letra, con mucha meticulosidad y seriedad. En el fondo no le agradaba la gente tramposa y astuta, y este tipo de pequeñas artimañas vergonzosas le resultaban un tanto ridículas.
Pero el entorno de vida de cada persona es diferente. Esta artimaña que Ning Yu no podía comprender era, precisamente, la forma en que otros se ganaban la vida. Con ángulos distintos, se ve un mundo distinto. Mientras no dañe tus intereses, nadie debe menospreciar a nadie. Esta verdad en realidad es muy simple, pero en ese entonces Ning Yu no la entendía.
Parecía sentir un vago arrepentimiento e incomprensión, con la sensación de que A-Chong no debería ser ese tipo de persona.
¿Y qué tipo de persona debería ser A-Chong? Ning Yu no lo tenía claro, ¿cómo podía resumirse correctamente a una persona en dos o tres palabras? Pero sentía que A-Chong no sería esa clase de buena persona en el sentido tradicional.
Parecía estar parado en un punto límite entre el blanco y el negro.
A-Chong pareció suspirar: —Eres tan joven. De verdad te envidio, seguro no has sufrido dificultades. Pero este mundo no es tan blanco o negro como ustedes, la gente culta, lo imaginan. Abundan las zonas grises, abundan los negocios que tú desprecias. Para ver las cosas, no puedes hacerlo solo desde tu propia perspectiva.
Estas palabras dejaron a Ning Yu paralizado un instante. Justo cuando iba a decir algo, A-Chong alzó la cabeza y llamó en tailandés al hombre que hacía los tatuajes a mano. Hablaron algunas frases separados por dos mesas, que Ning Yu no pudo entender.
Al terminar, A-Chong bajó de nuevo la cabeza y, sonriendo, le preguntó a Ning Yu: —Ya que estamos aquí sin hacer nada, ¿no quieres hacerte un tatuaje de henna para divertirte.
Ning Yu, pensado que era muy racional, dijo: —Yo no pagaría 800 baht por esta cosa, ni siquiera pagaría 100 baht.
—¿Ni aunque te lo haga yo?— A-Chong apoyó el codo en el respaldo de su silla. —No hace falta que me des 100 baht, solo te cobraré 50 baht por el servicio, con que me compres un coco helado para beber basta.
Ning Yu se sorprendió de nuevo: —… ¿También sabes dibujar?
—Sí, cuando era pequeño ya ayudaba a la gente en la isla pintando a mano, y se me daba bastante bien—. El tono de A-Chong era despreocupado. —Además, no es difícil.
—¿Qué más sabes hacer?— Ning Yu descubrió que no dudaba de la veracidad de sus palabras. —Masajes, guía de turismo, pintar tatuajes a mano…
—¿Te lo vas a hacer o no?— Lo interrumpió A-Chong. —Si no, me voy a nadar.
Ning Yu y A-Chong se miraron fijamente un momento, y entonces dijo: —… Sí.
A-Chong se levantó, fue hasta donde el hombre tailandés que le había pintado el tatuaje a Yueyue, dijo algunas palabras y volvió sonriente con las herramientas y la pintura. Mientras se limpiaba las manos con una toallita húmeda, le dijo a Ning Yu: —Quítate la camisa.
Ning Yu: —… ¿Para qué debería quitármela?
—Te lo dibujare sobre ambos hombros, y aquí en el cuello…— A-Chong presionó su nuca, —Aquí haré otro diseño, quedará muy bien.
—Mejor no, dibújalo en…— Sin motivo, recordó de repente la situación incómoda de la primera vez que se vieron, cuando lo tocaron y se puso duro. Ning Yu lo rechazó de inmediato: —Dibujarlo en el brazo está bien.
—Si es en el brazo, solo te podré pintar flores y plantas, es muy afeminado —dijo A-Chong. —¿Al final te lo vas a hacer o no? Ahora rara vez se lo hago a otros, así que no pierdas el tiempo.
Al oírlo, Ning Yu, sin decir palabra, se quitó la camisa.
A-Chong pintaba los tatuajes de henna de forma diferente a los demás. Ning Yu había visto que la persona que se lo hizo a Yueyue usaba una plantilla con el diseño, la presionaba sobre la piel y pintaba siguiendo el contorno. Después de delinear el patrón, rellenaba el color sin ninguna habilidad. Pero A-Chong no usó plantilla para copiar el diseño, con la mano izquierda sostuvo uno de los hombros de Ning Yu y comenzó a trabajar directamente con las manos desnudas.
Al pintar, estaba bastante cerca de la piel de Ning Yu. La superficie de contacto entre el pincel y la piel era muy pequeña, y al caer sobre el cuerpo producía un cosquilleo, mezclado con un poco del aliento que exhalaba A-Chong al respirar. Él iba trazando líneas y dibujos a lo largo de la línea del hombro de Ning Yu, y de vez en cuando le pedía que cambiara de postura para facilitar el trabajo. Con el cuerpo tenso, en poco tiempo a Ning Yu se le durmió medio lado y no se atrevió a moverse.
Solo después de terminar de dibujar ambas líneas en sus hombros, A-Chong habló: —Lo que tienes pintado en ambos hombros es el Yantra de Diamante de los Cinco Sutras. Tailandia es un país donde predomina la fe budista, y los tatuajes a menudo también contienen significados religiosos. Los diseños de tatuajes tailandeses antiguos básicamente solo incluían imágenes de Buda y sutras. El sak yant tradicional es muy riguroso, no cualquiera puede tatuarlo o marcarlo. Generalmente, para tatuarse permanentemente sutras o imágenes de Buda en el cuerpo, primero hay que ir al templo a invocar a Buda y venerar al maestro fundador. Este yantra1 que te hice en los hombros tiene cinco sutras entrelazados, conectados en forma de red en lugar de paralelos, complementándose mutuamente. Representa la familia, la carrera, las relaciones, la fortuna y la salud entrecruzadas, compensándose, estabilidad y paz, y evitando ser fácilmente afectado por fuerzas externas.
Ning Yu lo escuchaba quedándose atónito una y otra vez, pero notó algo extraño en lo que A-Chong decía: —… Un momento, dices que es muy riguroso, que hay que invocar primero a Buda y todo eso, ¿entonces por qué a mí me lo hiciste simplemente así… tan a la ligera?
Pero A-Chong no respondió a esa pregunta. Enderezó la cabeza movediza de Ning Yu y su tono se volvió un poco autoritario: —Junta las palmas, no pienses en nada, y calma tu mente.
El tono serio de A-Chong lo dejó un poco confundido. Y sin saber cuándo, había aparecido gente alrededor formando un círculo: turistas mirando el espectáculo, vendedores de cocos y durianes de los puestos cercanos, e incluso el dueño de un restaurante con un reloj de oro en la muñeca.
Ning Yu vio a un hombre tailandés de mediana edad hablarle a A-Chong con tono cauteloso. A-Chong ni siquiera alzó la cabeza, seguía inclinado dibujando el cuello de Ning Yu. Al responder, su tono era indiferente, no se percibía emoción. Pero Ning Yu vio que la expresión del hombre cambió, y este, juntando las palmas, inclinó la cabeza ante A-Chong en una reverencia.
Ning Yu, obligado a recibir también una reverencia, sintió una vergüenza inexplicable. Con tanta gente mirándolos, se sentía muy incómodo y solo pudo preguntarle a A-Chong: —… ¿Por qué nos miran?
—Por verme pintarte el tatuaje de henna—. El tono de A-Chong era muy casual. —Estos dos que tienes en los hombros, muy poca gente los hace.
—… Entonces, ¿cómo puedes hacerlos tú?— Esta vez, el tono de Ning Yu era extremadamente cauteloso. —¿Acaso eres… de la nobleza de la familia real tailandesa que ha salido a experimentar la vida, o algo así …?
A-Chong soltó una risa y lo interrumpió: —Qué atrevido eres para adivinar, pequeño guapo.
—… Entonces… ¿por qué esa persona te hizo una reverencia?
—Es un creyente budista muy devoto, es seguidor del Gran Maestro XX —dijo A-Chong. —Yo podría considerarme su discípulo laico.2 Cuando seguía a mi maestro, a menudo ayudaba a la gente con el sak yant, soy un maestro de tatuajes sagrados. Si fuera un tatuaje permanente, no estaría calificado para hacértelo, tendrías que invocar primero a Buda. Pero este tipo que se cae en medio mes, aún puedo hacértelo. Veo que eres una persona de corazón bondadoso y con bendición, así que te regalo dos yantra.
Ning Yu ya había oído a A-Chong explicando esto en el autobús turístico. Como en Tailandia todo el pueblo cree en Buda, más del 95% de la población profesa el budismo, que es la religión oficial del estado. Los monjes son muy respetados, los templos son las principales instituciones de caridad, todos los aspectos de la sociedad toman el budismo como norma, y además se estipula que los hombres deben ordenarse como monjes antes de casarse.
Pero… maestro de tatuajes sagrados… masajista… guía turístico… esta sensación era…
Ning Yu se sentía como entre nubes y niebla: —¿Cuántos años tienes…? Tu vida es demasiado variada y colorida, ¿de dónde sacas tiempo para aprender tantas cosas y hacer tantas cosas?
A-Chong parecía que le habían preguntado eso muchas veces y respondió rápido: —Cuando me canso de hacer esto, paso a lo siguiente. Mientras se vive, hay que probar de todo. Yo no quiero hacer solo una cosa en toda la vida.
Ning Yu no alcanzó a responder cuando A-Chong, detrás de él, comenzó de repente a hablar en tailandés.
Esta vez el tailandés sonaba confuso e indistinto, a veces rápido, a veces lento. Ning Yu creyó que A-Chong debía estar recitando sutras.
Al ver las miradas de envidia en los ojos de la gente que los rodeaba, en el corazón de Ning Yu simplemente…
Ning Yu notó que su voz empezaba a volverse cautelosa: —En mi cuello… ¿qué está pintado?
A-Chong acababa de terminar el último trazo y, al mismo tiempo, cesó la voz que recitaba los sutras.
Quizás fuera una ilusión, o quizás por estar demasiado cerca, pero Ning Yu sintió que la voz de A-Chong en sus oídos tenía eco, como el retumbar de una campana.
A-Chong dijo: —El Rey Mariposa.