Cap. 50.- La punta del iceberg

Arco | Volúmen:

Volumen V.- La isla de la diosa Luna

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Capítulo 50 – La punta del iceberg

 

Hasta que le colocaron las esposas de aleación asegurando sus muñecas detrás de la espalda, Rob todavía no podía creer que finalmente hubieran capturado a ese asesino en serie impredecible. Su cabeza estaba un poco aturdida.

—¡Hey, qué trabajo! —dijo, apoyando el brazo sobre el hombro de Sha Qing como si fueran hermanos, con un dejo de emoción—. ¿Sabes que en el año que llevamos persiguiéndote he perdido casi cinco kilos? Y Leo… al menos seis de sus citas se arruinaron por tu culpa. Menos mal que caíste hoy; de lo contrario, quién sabe cuánto tiempo más habría soportado su obsesión por ti.

—Me siento honrado de ser tu entrenador personal… y —Sha Qing lanzó una mirada cargada de significado al agente de cabellos negros, cuya expresión aún estaba nublada—, y también de ser la tercera persona en medio de él y su futura esposa. Por cierto, ¿podrían aflojarme un poco las esposas? Me aprietan las muñecas.

—Ponle grilletes en los pies —dijo Leo con frialdad—. No quiero darle una segunda oportunidad para romperse los huesos de los dedos y escapar.

—¡Ja! Eso es venganza personal, Leo —bromeó Rob—. No seas tan cruel con nuestro super asesino. ¿Sabías que en la oficina le pusieron un apodo? “Agente especial extraoficial”.

Leo mostró una expresión de “qué absurdo, esto no tiene sentido”.

—Y todavía tengo muchas dudas que quiero que él responda —Rob palmeó el hombro de Sha Qing, con toda sinceridad—. Honestamente, en los casos anteriores hay cosas que no entiendo. ¿Nos podrías contar cómo lograste que las cuatro imágenes simuladas no se parecieran entre sí? ¿Usaste máscara? ¿O es cierto eso de las antiguas técnicas de camuflaje de Oriente? —Curioso, empezó a tocar suavemente la mejilla de Sha Qing, intentando desentrañar un misterio que lo había inquietado durante mucho tiempo.

Luego, como si hubiera descubierto un tesoro, gritó:

—¡Hey, hay una herida aquí! ¡Y ni una gota de sangre!

Señalaba una pequeña cortadura, de menos de dos centímetros, en el lateral de la mandíbula de Sha Qing. Probablemente se había hecho durante la lucha con agentes y soldados; la piel estaba rota como un hilo fino, pero sin rastro de sangre. Al moverla con el dedo, apenas se distinguía el color de la carne.

—¿Una máscara de alta fidelidad? —exclamó Rob, casi pegando la nariz a la cara de Sha Qing—. ¡Es tan perfecta que a esta distancia es imposible notarlo! El tono de piel, los poros, las pequeñas imperfecciones, hasta los capilares visibles debajo de la piel… ¡Increíble! ¿Resina de cloruro de vinilo? ¿Qué compañía de alta tecnología hizo esto? ¡Esto supera incluso a “Misión Imposible 4”!

Sha Qing se reclinó hacia atrás, manteniendo la distancia entre ellos:

—Edición limitada, no a la venta. Mirar pero no tocar.

Incluso en ese momento, todavía tenía humor para bromear. Leo contuvo su ira y avanzó, apartando a Rob, cuyo cerebro parecía haberse desconectado, y dijo al asesino finalmente capturado:

—Es hora de quitar la máscara. Quiero ver tu verdadero rostro, Sha Qing.

—No lo recomiendo —respondió Sha Qing con expresión impasible—. Y si vas a hacerlo, no seas tú quien la retire, Leo. Hablo en serio.

—Lamento no aceptar tu sugerencia —dijo Leo con voz firme—. Soy la persona más indicada para hacerlo. ¿Recuerdas lo que te dije? “Sha Qing, me ocultas demasiado, siempre pareces escondido tras la niebla”… Esta niebla, debo despejarla con mis propias manos. No importa lo que haya detrás, incluso si es insoportable; quiero la verdad que he estado persiguiendo todo este tiempo.

Sha Qing permaneció en silencio unos segundos, hasta que su mano se extendió y, en voz baja, dijo:

—Que los demás salgan primero. Si vas a insistir, solo tengo una petición: que los demás salgan primero.

La mano de Leo se detuvo a mitad de camino. “Petición”. Era la primera vez que Sha Qing usaba esa palabra y ese tono, tan humilde, con él.

Para un asesino que nunca mostraba su rostro real, revelar su verdadera apariencia a alguien debía ser algo más difícil de soportar que estar desnudo. Leo pensó que tal vez había un significado más profundo: en su primer enfrentamiento verdaderamente honesto, Sha Qing no quería a un tercero presente… y él tampoco.

—Salgan primero —dijo Leo a los demás en la habitación. 

Los agentes se miraron confundidos y obedecieron, saliendo.

—Rob.

—¿Yo? —Rob rió nerviosamente—. Bueno… supongo que no hace falta, nosotros siempre vamos… —Al ver la mirada severa de Leo, tragó sus palabras y dijo mientras salía—: De acuerdo, ustedes dos, es cosa de ustedes.

La puerta se cerró de golpe. En la habitación vacía, solo quedaban ellos dos frente a frente. La atmósfera era densa, casi tangible, como un gran bloque de arcilla pegajosa que caía pesado.

—Te arrepentirás —dijo Sha Qing—, de todo lo que venga después.

Leo lo miró sin parpadear:

—Quien debe arrepentirse eres tú, por todos los crímenes que cometiste antes.

Extendió la mano y, desde la línea del cabello, empezó a levantar cuidadosamente el borde del fino rostro de la máscara.

Cuando el rostro oculto detrás de la máscara apareció finalmente ante sus ojos, Leo permaneció inmóvil, conteniendo la respiración, completamente absorto.

Era un rostro de origen asiático puro: pupilas negras, piel de tono trigo claro, facciones rectas y proporcionadas. Su contorno era suave y refinado, pero los ojos afilados y la frialdad de la mirada transformaban esa suavidad natural en una hoja afilada, lista para desenvainar en cualquier momento.

Sí, este es sin duda el rostro de Sha Qing, pensó Leo, algo aturdido. Pero, ¿por qué me resulta tan familiar…? Si la piel fuera más clara, la expresión más amable, los ojos más suaves…

Retrocedió de golpe.

¡Eso era claramente el rostro de Li Biqing!

En medio del shock inesperado y del pánico absoluto, se quedó rígido varios segundos. Entonces comprendió el truco y una furia intensa lo recorrió por completo, como si hubiera sido violentamente ultrajado.

—¿Esta es la segunda máscara que llevas? ¿Y usaste su rostro? —dijo Leo, apretando los dientes con rabia—. ¡¿Cómo pudiste usar su cara?! ¡Tú sabes lo puro y bondadoso que es, alguien que ni siquiera está en tu mundo, y aun así tomaste su rostro para matar, arrastrándolo deliberadamente al caos y la sangre! Sha Qing, ¡eres mucho más mezquino y cruel de lo que imaginaba!

—Él, puro y bondadoso; yo, mezquino y cruel —dijo Sha Qing, con un retorcido gesto sombrío en las comisuras de los labios—. Muy bien dicho, agente. Continúa, por favor.

El rostro de Leo se tornó de un gris acerado mientras intentaba arrancar esa cara que le dolía, sus dedos cavando sin descanso dejaban surcos de sangre en la frente del otro. Pero no importaba cuánto tirara o buscara, no podía encontrar el borde de la máscara. Orejas, mandíbula, lo inspeccionaba todo: esa máscara parecía crecer de la piel de Sha Qing, imposible de remover…

Un hilo delgado y serpenteante de sangre bajaba por la sien de Sha Qing, bordeando sus ojos cerrados y cayendo como una lágrima escarlata. Él sonrió lentamente, con sorna, frialdad y plena malicia.

—Esto no es una máscara, este es mi rostro. De otro modo, ¿cómo podría pasar mis días frente a ti sin ser descubierto? Lamento decepcionarte, agente.

Leo lo miró fijamente, tratando de asimilar el significado de sus palabras. Un pensamiento aterrador emergió en su mente, pero lo rechazó como quien trata de bloquear una tormenta de invierno: no podía aceptar esta verdad cada vez más clara. Quiso con fuerza llevar los acontecimientos de vuelta a un terreno controlable.

—¡Es una coincidencia! —dijo con voz firme, más tratando de convencerse a sí mismo que de rebatirlo—. Con tanta gente en el mundo, siempre habrá parecidos… tal vez tú y él compartan algún vínculo desconocido…

—No te engañes, agente —Sha Qing rompió brutalmente su deseo—. Si fuéramos dos personas distintas, no sabría cuál fue nuestro primer libro compartido. Susurros frente a la cama. El primer plato que te preparé, berenjenas picantes. La primera vez que me regañaste hasta casi desangrarme por culpa de tres idiotas ladrones, la primera vez que compartimos cama en un hotel de vacaciones, el primer beso tras tu episodio de confusión… y, la reanimación tras estar ahogándome,  ¿eso cuenta?

Con cada frase, el rostro de Leo palidecía un poco más. Al final de la última oración, estaba casi pálido como la muerte.

—No puede ser… —murmuró, tratando de mantener la calma frente a la catástrofe que se desplegaba en su mente. Sus labios temblaban incontrolables. Agarró el uniforme de Sha Qing y lo empujó contra la pared con fuerza—. ¡Tú y él! ¡¿Cómo es posible que sean la misma persona…?! Él es el novio de Molly, llegó a Estados Unidos hace solo tres meses. Revisé pasaportes y todo tipo de documentos; todo es auténtico… Li Biqing, ¡no puede ser Sha Qing!

El otro hombre, a pesar del dolor de sus hombros golpeando la pared, esbozó una sonrisa irónica. Sus ojos negros eran como un cielo nocturno sin estrellas, sin dejar pasar la luz. Con un tono casi burlón, como hablando con un amigo, pronunció palabras que destrozaron por completo a Leo.

—Cariño, ¿alguien te ha recordado que ser puntual es una buena costumbre, especialmente cuando vas al aeropuerto a recibir a alguien?

Leo sintió un golpe como un rayo.

Finalmente entendió que todo había salido mal desde el principio, antes de que se conocieran. Como un tren descarrilado, había ido directo hacia un callejón sin salida, y él no se había dado cuenta…

Fragmentos de recuerdos surgieron del fondo de su mente, ensamblándose en una gigantesca y compleja imagen premeditada…

“Hermano querido, no me digas que olvidaste ir al aeropuerto a recibir a mi novio. El vuelo aterriza a las diez y media, ¿puedes decirme qué hora es ahora?”
“Claro que no olvidé. Todavía faltan…”
Miró su reloj y, avergonzado, respondió: 

“…¡50 minutos antes de la hora de llegada!”

Cuando llegó al aeropuerto, había llegado una hora y cinco minutos tarde. Ese tiempo fue suficiente para que Sha Qing reemplazara al verdadero Li Biqing y, disfrazado de él, se hiciera pasar por dormido en la sala de espera.

—El Li Biqing que apareció frente a mí no era el verdadero Li Biqing —murmuró Leo.

—Exacto —dijo Sha Qing—. Apenas bajó del avión, lo llevé confusamente. Ah, y me presenté como Leo Lawrence. Con un carné de agente de 300 dólares podía engañar a cualquier civil; un profesional lo notaría, pero para un extraño era suficiente. Cuando se dio cuenta de algo extraño, ya estaba entrando a la residencia que le preparé. Tranquilo, alguien se encarga de cuidarlo; no pasará hambre.

—Luego volviste y te disfrazaste de él para engañarme.

—Ni siquiera fue difícil disfrazarme. Su rostro se parece tres partes a la mía, y las fotos de los documentos suelen distorsionarse. Solo necesitaba teñirme el cabello, cambiar un poco el color de piel y ajustar el porte. Fácilmente podía convertirme en alguien que nunca habías conocido, ¿verdad?

—¿Y la llamada con Molly? Puedes imitar su acento, pero ¿cómo supiste sobre sus cosas privadas?

—Eso sí fue un reto. Tu hermana no es fácil de engañar. Cada llamada era un riesgo; temía cometer un error. Así que debía hablar lo justo o crear pequeños accidentes para cortar la comunicación. Por suerte, el verdadero Li Biqing tomó un somnífero y reveló todos sus secretos; y tú también ayudaste, así que aunque Molly sospechara algo, jamás pensaría que quien estaba con su hermano no era él. Solo atribuiría cualquier cambio a la adaptación a un ambiente desconocido.

Leo apretó los dientes y preguntó:

—El novio de Molly, el verdadero Li Biqing… ¿sigue vivo?

—No deberías hacerme esa pregunta. No soy un asesino indiscriminado, lo sabes —respondió Sha Qing, con un gesto que casi parecía apenado.

Leo contuvo con esfuerzo el impulso de darle un puñetazo. Todavía tenía muchas preguntas y necesitaba entender.

—¿Por qué? ¿Por qué hiciste todo esto? —gritó Leo—. ¿Emboscarme a mi lado? ¿Qué beneficio te traía? ¿Información? Sí, seguro, con la credencial que te di podías entrar y salir del edificio del FBI a tu antojo, conseguir información sobre los asesinos en serie. Esos detalles que no se hacen públicos te habrán servido para localizarlos y matarlos más rápido, ¿no es así?

—Eso es solo un beneficio adicional —respondió Sha Qing, despreocupado—. No necesito de ustedes; igualmente los encontraría y los eliminaría, solo es cuestión de tiempo.

—Entonces, ¿qué querías realmente? Debe haber un motivo detrás de todo esto. —Leo frunció el ceño con frío.

—¿Motivo? Oh, no lo digas así de feo. Al principio, solo buscaba un pretexto para acercarme a ti. —dijo Sha Qing sonriendo.

Esa sonrisa parecía brotar de un suelo congelado en la noche polar, un destello de calor incompatible con el entorno que recorrió la espalda de Leo con escalofríos.

—Leo… Lawrence —continuó Sha Qing—. Has estado más tiempo siguiéndome que cualquier otro policía, has estado más cerca de mí, incluso nos hemos rozado varias veces. Realmente me interesa… queria saber si eres realmente tan recto, valiente e invulnerable como pareces. Y sé que tienes sombras; encontrar algo turbio en tu pasado, como negligencia, abuso de autoridad, enriquecimiento personal… no debería ser difícil. Pero nunca imaginé que tu vida privada fuera tan impecable: ¡eres una máquina de trabajo! ¡Maldita sea, y sin pausa siquiera!

Sha Qing continuó, con un matiz de indignación fingida:

Joder, aunque de verdad fueras la mismísima Constitución de los Estados Unidos, ¡yo también te convertiría en un puto manga porno! Un obseso de la justicia como tú, controlador, de los que se mueren si no ayudan al débil… El tipo de persona que encaja con tus criterios para elegir pareja debería ser una flor de loto blanco: suave y serena, bondadosa pero no mojigata, pura sin perder inteligencia, capaz de cuidarte en la vida diaria y de ayudarte en el trabajo, ¿no? OK, pues yo te doy una flor de loto blanco. Mira qué fácil ha sido doblarte.

Se encogió de hombros con mala intención.

—¿Cómo se siente enamorarse de tu futuro cuñado, y mientras tanto masturbarte frente al dormido Li Biqing, sintiéndote culpable y excitado al mismo tiempo, agente?

Leo sintió cómo la vergüenza y la ira le coloreaban el rostro. Ya no pudo contenerse y estampó la espalda y la cabeza de Sha Qing contra la pared, para luego derribarlo al suelo.

—¡Tú solo te diviertes a mi costa, ¿verdad?! —gritó—. Te haces el inocente, me provocas y disfrutas viendo mi sufrimiento. ¡¿Qué ganas con esto?!

Sha Qing, atado de manos y pies, apenas podía mantenerse estable. El dolor en la nuca y el mareo lo hicieron vomitar violentamente. Cuando pasó el peor momento, se incorporó con dificultad, sonriendo con desprecio.

—¿Ganar algo? Satisfacción, claro. Siempre encuentro satisfacción en mi trabajo, pero no soy tú: el trabajo es solo una parte de mi vida. No puedo vivir solo con cadáveres y sangre; necesito diversión y distracción. Y tú, Leo… ¡eres un regalo del cielo! Mentalmente, estás bajo mi juego, resistiéndote pero incapaz de evitarlo; físicamente, tampoco lograste escapar de mi atracción.

¿Crees que follé contigo en un sitio húmedo, frío y oscuro por casualidad? Así no podías ver mi cara sin máscara ni el cuerpo que ya habías visto antes. ¿Por qué gastar fuerzas sabiendo que la isla estaba llena de peligros? Porque no encontré un momento mejor. 

Porque Molly vuelve el mes que viene, tres meses antes de lo previsto, y para entonces la identidad falsa de Li Biqing no se sostendría. Si hubiera tenido tiempo suficiente, no habría permitido que te quedaras con esta culpa solo por una aventura efímera con Sha Qing. Te habría hecho amar a dos personas a la vez, vacilar, sufrir, sentirte tan culpable que acabarías enloqueciendo. 

Ah, y dejar que me follaras también fue para reforzar esa culpa. Creo que funcionó bastante bien. ¿Tú qué opinas?

Leo respondió con un vendaval de golpes.

Con toda su fuerza, golpeó a Sha Qing de manera frenética; cada puñetazo amortiguaba el dolor, la deformación y la presión que Sha Qing había vertido sobre él. Como un adicto al opio terminal que busca un instante de alivio, Leo no tenía tiempo para regulaciones ni derechos del sospechoso; solo sabía que, si no actuaba, moriría de dolor.

El hombre en el suelo no podía defenderse, solo podía encogerse y proteger lo que podía, murmurando entre cada golpe.

—Vaya, agente… qué feo te ves así… ¿Tu pistola es decorativa, o aún me tienes algo de afecto? Ah, por tu pasión, tal vez debería dejarte hacerlo más veces…

Esa provocación encendió la furia de Leo, quemando toda racionalidad. Sacó su arma, desactivó el seguro… si no hubiera sido sujetado por la espalda, el disparo habría salido.

—¡No dispares! ¡Cálmate, Leo! ¡Leo! —gritó Rob, entrando en la habitación y deteniéndolo—. ¡Un solo disparo y tu carrera estaría arruinada!

—¡Ya está arruinada! —rugió Leo, con voz más fuerte—. ¿No lo ves? ¡Esta puta me ha destruido por completo!

Dejó la pistola y se abrazó a Rob, llorando desconsoladamente.

Era la primera vez que Rob escuchaba a Leo llorar; un llanto desgarrador, como un animal abandonado por toda su manada, gritando en medio de ira, resentimiento y desesperación.

La curiosidad pudo más y se apartó a un rincón, observando en silencio. Aunque aún no comprendía todo, entendía algo: Sha Qing y Li Biqing eran la misma persona. Entre la incredulidad y la rabia, miró al hombre encogido en el suelo.

Sha Qing seguía riendo. Incluso magullado y golpeado, su risa no cesaba; grave, entrecortada, y con un deje sofocante.

Este mundo se ha vuelto realmente loco… pensó Rob, confundido. Pero, policía y asesino, justiciero y criminal… ese resultado, para dos identidades tan opuestas, quizá no sea tan inesperado, ¿verdad?

Solo que aquel chico de mirada tranquila y amable, sonrisa limpia y suave, aquel que por un comentario inadvertido de “está salado” volvía a cocinar todo el plato, aquel que ayudaba a Kensen en los perfiles criminales con total concentración y siempre sacrificaba su descanso… Rob no podía creer que ese chico fuera solo una completa falsedad.

Aunque solo quedará un leve rastro de esa sombra, él quería creer que aquel Li Biqing había existido de verdad en el mundo.

Al menos, eso era lo que deseaba con todo su corazón, no solo por Leo, sino por esa diminuta luz que persistía en la oscuridad, débil pero inextinguible.

Shanier esperó media hora en la cueva que daba al mar, hasta asegurarse de que Sha Qing realmente no lo seguía, hasta que su instinto de supervivencia golpeó su corazón como un martillo. Finalmente, abandonó la escasa esperanza, saltó a las olas, se sumergió junto al acantilado y buscó en su bolsa impermeable el teléfono satelital para marcar el número de rescate.

El contacto le indicó nadar una milla hacia el sur, donde un hidroavión lo esperaba. Shanier calibró la dirección con la brújula dentro de la bolsa y nadó casi una hora, hasta finalmente ver el avión flotando en el mar y subir agotado.

El piloto era un hombre de mediana edad, de cabello rizado y rasgos medio orientales. Al verlo subir y recuperar aire, le urgió a despegar, pero preguntó:

—¿Y el asiático que me contrató? Dijo que me daría la mitad del pago después del trabajo.

—No vendrá. —Shanier respondió fríamente—. Te pagaré lo que te prometió, ¡despega ya!

El hombre dudó, por ética profesional o por la tentación de la mitad del dinero, y dijo:

—¿Esperamos un poco más?

—¡Ni hablar! —explotó Shanier—. ¡Si los cazas de la isla nos descubren, nadie sale de aquí! —Sacó un cuchillo de su pierna y lo apuntó a la cintura del hombre—. ¡Tú eliges: una puñalada o diez mil dólares!

El piloto no dijo nada y accionó los controles.

Mientras el avión despegaba, Shanier guardó el cuchillo y miró por la ventana el Pacífico, azul como un cielo inmenso, y las islas que lo salpicaban como gemelos verdes. Murmuró una oración incompleta y besó el dedo índice de su puño.

—Hasta luego, Sha Qing. Espero que algún día volvamos a encontrarnos —pensó, levantando la vista hacia el horizonte nublado.

Sabía que pronto regresaría a la Ciudad Imperial, a su antigua posición de poder, con dinero, la sangre de sus enemigos, su ambición inflada, su crueldad y un corazón que había sido cálido por unos pocos días, y luego se había vuelto piedra.

(Isla de la Diosa Luna. Fin)

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x