Es increíble la cantidad de cosas que pueden pasar en una sola noche, pensó Ning Yu mientras miraba el perfil de A-Chong.
Subieron al taxi, A-Chong le ayudó a guardar el equipaje y luego se fue al asiento del copiloto, Ning Yu solo pudo sentarse atrás, solo.
A-Chong empezó a charlar con el conductor en los asientos delanteros. Ning Yu escuchó en silencio un rato, cuando los dos se echaron a reír a carcajadas, de pronto él interrumpió: —¿Por qué le dijiste que soy tu cliente? ¿Cómo es que me convertí en tu cliente?
A-Chong se quedó claramente desconcertado por un momento, giró la cabeza para ver si Ning Yu estaba usando un traductor, y solo al descubrir que no, preguntó: —¿Entiendes?
Ning Yu soltó un “Mmn” sin énfasis, y en un tailandés algo torpe le dijo a A-Chong: —Lo aprendí por ti.
A-Chong lo lanzó una mirada de reojo, y giró la cabeza de vuelta.
—¿No eres mi cliente? Yo soy guía, tú eres turista, ¿qué otra relación tenemos?
—Oh, así que llamas a un cliente de tu grupo turístico hasta las tres y media de la madrugada, también le regalas a un cliente de tu grupo turístico unas AJ de más de cinco mil que apenas usaste, también te acuestas con un cliente de tu grupo turístico, y supongo que también llevas a un cliente de tu grupo a conocer a tu mamá—. Ning Yu, dijo sin inmutarse: —Sí, soy tu cliente.
El tono de A-Chong también era muy tranquilo: —Arrastrar estos temas no tiene sentido, solo sé que este comportamiento tuyo, en China debería llamarse “no saber distinguir” .
Ning Yu fingió no oír, y dijo: —En realidad, si me tratas como cliente también está bien, ¿entonces puedo contarte otra vez para que tengas un romance conmigo?
A-Chong: —El servicio que necesitas ya está agotado, yo vendo mis habilidades , no vendo cuerpo.
Ning Yu, después de oír esto, se quedó absorto por un momento.
Guardó silencio un rato antes de hablar: —En un principio, antes de venir, todavía tenía un poco de miedo de que me ignoraras, pensaba que sin duda me sentiría muy afligido. Pero acabo de descubrir que, cuanto más frío eres conmigo, más excitado me pongo. Parece que amo más a este tú que no me quiere, ¿No es mágico?
A-Chong frunció el ceño, pero no dijo nada, ni siquiera se molestó en prestarle atención.
Ning Yu tampoco parecía importarle mucho la frialdad de A-Chong, cambió de vuelta al chino y comenzó una conversación de prueba en modo solitario:
—¿Estás llevando grupos turísticos estos días? ¿Mañana también?
No hubo respuesta.
—Vine un poco apurado, y solo traje una parte del equipaje. Pero tampoco tengo muchas cosas, después de un tiempo le pediré a un amigo que me las empaque y las envíe por correo y listo…
No hubo respuesta.
—Bangkok sí que es caluroso.
Seguía sin haber respuesta.
—Dentro de un par de días todavía tengo que ir a ver las escuelas en Chiang Mai. Eché un vistazo y la matrícula y el costo de vida tampoco son tan altos, puedo aceptar algunos trabajos mientras estudio y a la vez…
A-Chong finalmente lo interrumpió: —Ning Yu, ¿Te parece que esto tiene algún sentido?
Ning Yu guardó silencio un momento, antes de decir: —Estar contigo tiene mucho sentido.
A-Chong se quedó completamente sin palabras. El conductor, al ver la atmósfera extraña entre ellos, ya no le siguió la conversación a A-Chong, y un silencio incómodo flotó en el aire.
Afuera de la ventana, Bangkok seguía durmiendo. Esta es una ciudad sin invierno, donde las cuatro estaciones del año eran igual de calurosas. Lucía un tanto atrasada, hasta el punto de resultar extraña a Ning Yu, pero esa clase de extrañeza le daba una sensación de seguridad a gente como Ning Yu, que había vivido en la ciudad siguiendo las reglas al pie de la letra.
A los ojos de mucha gente, este atraso y sensación de desorden a veces fermentan dando historias que provocan antipatía, a menudo asociándose con baja calidad humana, robos, obscenidad y desaliño. Pero lo que Ning Yu veía en este caos, era su propia rebelión interna, que se agitaba queriendo moverse.
Calles viejas y añejas, pequeños puestos sucios y mugrientos al borde de la acera, cuántas historias de personas habrían aquí, ¿A-Chong también habría caminado por esta calle?
Cuando llegaron al lugar, lo que sorprendió un poco a Ning Yu fue que el hotel que reservó A-Chong resultó ser aquel mismo en el que se había encontrado con aquel masajista A-Chong la primera vez que vino a Tailandia.
Habían permanecido en silencio todo el camino. Después de bajarse del taxi, A-Chong rechazó la ayuda del conductor con el equipaje, y cada uno arrastrando una maleta, llegaron sin darse cuenta, al mismo rincón donde fumaron la primera vez que se conocieron.
Ning Yu sacó un cigarrillo, y entonces miró a A-Chong.
Habiendo estado despierto toda la noche, y después con todo este ajetreo, ya casi estaba amaneciendo. Después de haber pasado ese punto de somnolencia, Ning Yu se descubrió a sí mismo terriblemente despierto.
Comenzó a hurgar en sus recuerdos. Intentó recordar el sol abrasador de aquel día, recordar el tono de voz de A-Chong de aquel día, recordar ese primer encuentro común y ordinario.
Terminados los recuerdos, Ning Yu entonces le dijo en voz baja a A-Chong: —Guapo, ¿me prestas un fuego?
A-Chong no le hizo caso, encendió él mismo un cigarrillo, y mirando al cielo comenzó a fumar.
Ning Yu clavó la vista en el perfil del otro, y dijo de nuevo: —¿Puedes prestarme fuego?
A-Chong lo lanzó una mirada de reojo, su expresión era fría y distante.
—No presto.
Ning Yu miró a A-Chong un rato, sin saber tampoco qué lo impulsaba, con el cigarrillo en la boca dio un paso adelante, alzó ligeramente la cabeza y usó su propio cigarrillo, que sostenía entre los labios, para prender el que estaba en la boca de A-Chong. Miraba hacia arriba a A-Chong, manteniendo el contacto visual con el otro.
Ning Yu pensó, ¿habrá alguna película que se haya filmado así? Esta escena debe ser muy hermosa.
Dos cigarrillos se unían, uno era un cigarrillo tailandés, el otro era un Lanzhou chino. Entraron en contacto el uno con el otro, y encendieron al otro.
Mantuvieron esta postura por un rato, ninguno se movió, como si estuvieran esperando algo.
A-Chong miró fijamente en silencio a Ning Yu por un instante y, de pronto, extendió la mano, y con violencia apartó y dejó caer aquellos dos cigarrillos.
A-Chong probablemente quería decir algo, y Ning Yu presentía que debían ser palabras que él no quería oír.
Así que al siguiente segundo, Ning Yu directamente empujó a A-Chong contra la pared de cristal del hotel, y frente a la mirada sorprendida de A-Chong, se abalanzó y mordió los labios del otro.