Capítulo 22

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En realidad, sí se había convencido a sí mismo, se había persuadido de no prestar atención, de no extrañar, de no gustar de una persona de otro país complicada e imposible de retener.

Después de regresar a Shanghái usando esas AJ de media talla más grandes, Ning Yu se fijó un plazo: cuando los tatuajes en su hombro y cuello se hubieran desvanecido, olvidaría a A-Chong.

Casualmente, tras volver al país, entró sin problemas como nuevo empleado en esa muy famosa empresa de internet, y comenzó una vida de esclavo corporativo tan ajetreada que daba vueltas en círculos.

Ocupado esforzándose por ascender en el trabajo, solo en sus sueños, en los intervalos de agotamiento, o al deslizar el círculo de amigos y ver los mensajes de A-Chong vendiendo productos locales, era cuando su corazón latía levemente.

Luego, se distraía y pensaba un rato en “A un Paso de Distancia”, pensaba un rato en la playa soleada, en la canción “Qing Tian” y “Qi Li Xiang” de Jay Chou que escuchó ese día, en las palmas de las manos de A-Chong.

Cuando volvía en sí, respiraba hondo y se decía en silencio: Es hora de trabajar, no pienses más.

En las grandes empresas, el ritmo de trabajo es rápido y las relaciones humanas frías. La intensidad laboral en su departamento era muy alta y las entradas del cabello de varios compañeros eran tan evidentes que causaban suspiros de consternación. Esto le recordó a Ning Yu lo que un compañero dijo después de que él recibiera la oferta de esta empresa: “Es una buena oportunidad, lastima que sea cambiar la vida por dinero”.

Cuando poco a poco se acostumbró a este ritmo de vida oscuro y agobiante, Ning Yu gradualmente sintió que se parecía cada vez más a una máquina funcionando de manera automática.

Su círculo social era pequeño, su trayectoria de vida era fija como una ecuación, y tampoco tenía otros entretenimientos. Las pocas veces que cenaba con colegas, el jefe lo llamaba urgentemente para volver a trabajar horas extra. Su vida era insípida y aburrida.

Él era el nuevo, es decir, la mano de obra más barata de todo el equipo. el trabajo era demasiado, el tiempo para ejercitarse era cada vez menos, y al llegar a casa solo quería bañarse y dormir.

Cuando recibió su primer salario, los dibujos tatuados en su hombro y cuello finalmente se habían desvanecido por completo.

Ese día era un día de descanso excepcionalmente raro, y Ning Yu fue al gimnasio.

Levantó un poco de peso, y a mitad del entrenamiento, hizo una pausa para ir al baño, pero al secarse el sudor se le cayeron los audífonos, se agachó a recogerlos. Justo en ese momento, de repente alguien, al parecer deliberadamente, le golpeó la cintura.

Ning Yu era sensible a las cosquillas. El roce le provocó un reflejo e instintivamente empujó hacia atrás haciendo tambalear a la persona detrás de él. Al voltear, vio a un hombre de músculos voluminosos, que estaba mirando fijamente sus muslos.

Al ver que él lo miraba, ese hombre observó el rostro de Ning Yu, sus ojos brillaron un instante, y entonces dijo: —¿Te asusté guapo?, Entrenas muy bien ¿Entrenamos juntos? Yo estoy entrenando piernas—. Dicho esto, señaló las máquinas de allá, y le guiñó un ojo descaradamente.

De repente, Ning Yu recordó a A-Chong. Pensó: ¿cómo es que el mismo gesto, hecho por otra persona, cambia por completo de sensación?

Se sintió incómodo, frunció el ceño hacia ese hombre, hizo un gesto de negación con la mano y se alejó.

No era que nunca hubiera recibido antes insinuaciones similares a estas, pero en su interior simplemente no surgía ninguna emoción.

Ese asunto pasó. Pero, al beber agua, vio pasar a un hombre de muy buen físico, que parecía dirigirse al vestuario a cambiarse de ropa. Ese hombre calzaba unos zapatos que a Ning Yu le resultaban familiares, exactamente iguales a los que A-Chong le había dado.

Entonces, Ning Yu se quedó absorto un buen rato con la taza en la mano.

Esas AJ que A-Chong había usado, las guardaba con cuidado. No se las había vuelto a poner, solo las envolvió con mucho aprecio y las colocó en el estante más alto del armario.

Cierto día, un ex compañero de clases fue al Museo de los Desamores y lo publicó en su círculo de amigos. Ning Yu, mirando su teléfono, incluso llegó a considerar: ¿Y si dono esos zapatos al Museo de los Desamores?

La historia diría: “Él fue la primera persona que me gustó, pero no tenemos futuro. Me dejó un par de zapatos que él usó, pero no me quedaban bien. Me dio un sueño, y al despertar del sueño, lo olvidaré.”

Qué amargo. Además ni siquiera es un desamor, si ni siquiera tuvimos una relación, por favor.

Pero, tras darle vueltas, aún no se atrevió a donarlos.

Después de beber una taza de agua en la zona de descanso, Ning Yu, arrastrado por ese recuerdo, en medio de su confusión y agitación, tomó una decisión: De todos modos, si no hay posibilidad alguna, ¿para qué olvidarlo? Quiero recordarlo.

Ning Yu buscó rápidamente el precio de esos zapatos en la página oficial, y luego encontró el WeChat de A-Chong.

La conversación aún se mantenía en los mensajes de hace un mes, con un montón de advertencias para el viaje enviadas por A-Chong y los “Recibido” de Ning Yu.

Después de volver, Ning Yu, con mucho tacto, se había contenido. No había iniciado ni una sola conversación con esta persona, para no molestarlo.

Ning Yu apretó los dientes, y directamente transfirió el dinero, sin una palabra de más, se dio la vuelta y fue a ducharse.

Al volver de bañarse, tomó el teléfono y vio que A-Chong le había respondido:

A A-Chong 0627021669: ¿Otra vez reservando un tour? ¿Vas a venir a Tailandia?

A A-Chong 0627021669: ¡El jefe me honra, me siento abrumado por el favor!

De repente, Ning Yu se sintió divertido.

Aunque había pasado tanto tiempo desde la última vez que charlaron, A-Chong parecía tener esa habilidad de relajar a la gente con solo abrir la boca.

Ning: No voy a reservar un tour, ahora no tengo tiempo para viajar. Te estoy dando el dinero de esos zapatos, tómalo como si te los hubiera comprado.

A-Chong respondió rápidamente.

A A-Chong 0627021669: No hace falta, es un regalo para ti, tómalo como tu obsequio de desvirgamiento, no seas cortés.

Ning Yu miró fijamente el cuadro de diálogo reflexionando un rato. Sintió que esas palabras parecían tener temperatura, quemándole el rostro desde la pantalla.

Parecía ver de nuevo, en esas pocas líneas de texto, el rostro sonriente de A-Chong, la luz del sol de Bangkok, y las playas de Pattaya.

Solo después de un largo rato respondió: Está bien.

Después de enviarlo, Ning Yu pensó: De todos modos, nosotros no somos posibles, entonces ¿por qué no mantener el contacto? No estamos traspasando límites, es solo charlar… nada más.

Pero Ning Yu no era muy hábil para conversar. Y después de pensar un buen rato, lo que envió fue:

Ning: ¿Qué estás haciendo?

En el intervalo de espera por la respuesta de A-Chong, Ning Yu suspiró por su propia falta de gracia.

A toda prisa, buscó algunos temas como “Temas adecuados para conversar en la fase de conocerse mutuamente” y “Qué hablar en la fase inicial del coqueteo: te lo dice un veterano”, preparándose para empaparse rápidamente de conocimiento.

Pero entonces A-Chong le envió:

A A-Chong 0627021669: Como no me has contactado, pensaba que el jefe ya me había olvidado.

A A-Chong 0627021669: ¿Qué estoy haciendo?

A A-Chong 0627021669: Estoy pensando en ti

Ning Yu justo estaba leyendo “No molestes a la otra persona demasiado o con excesiva frecuencia, debes recordar una especie de…”, cuando, repentina e inesperadamente, vio aparecer en pantalla esa frase de A-Chong, y casi se le cayó el teléfono de las manos.

Y entonces su corazón se aceleró, y quedó desconcertado sin saber qué hacer.

Ning Yu quedó aturdido por este movimiento; se quedó parado tontamente a la entrada del gimnasio, tecleando en al teléfono, escribiendo y borrando el mensaje una y otra vez, sin saber cómo responder adecuadamente.

Del otro lado, A-Chong, recostado en una tumbona en la playa de la isla Koh Samet, bebía de un coco. Veía que Ning Yu no paraba de mostrar “escribiendo…” en la pantalla, situación que se prolongó por dos minutos.

A-Chong lo encontró divertido, y otra vez, con toda tranquilidad, le envió:

A A-Chong 0627021669: Estoy pensando en ti, si has comido o no.

Ning Yu había escrito originalmente un largo párrafo explicando por qué no había contactado a A-Chong recientemente, pero al ver la respuesta, sus manos se quedaron inmóviles, y solo después de un rato pudo respirar.

Ning Yu respondió inexpresivo: Tu nivel de chino a veces es bueno y a veces malo, esta frase no se segmenta así.

A A-Chong 0627021669: ¿En serio? ¿Dónde está el error?

Ning Yu se quedó mirando fijamente esa frase, absorto.

Y, al mismo tiempo, como si sus dedos no pudieran controlarse, de manera inconsciente hizo una captura de pantalla del “Estoy pensando en ti” que A-Chong le había dicho, y la guardó.

Su respuesta final fue…

Ning: No, no hay nada malo, me gustan tus errores.

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