Trabajo, vida, futuro, planes.
Después de que A-Chong cumplió 23 años, estas palabras parecieron comenzar a volverse insignificantes.
Probablemente hay que empezar a contar desde el año en que tenía 22.
Según dice San-jie, los padres biológicos de A-Chong fueron condenados por traficar drogas. Parece que les dieron muchos, muchos años, no estoy muy seguro y me da igual.
Antes de que Dao-ge fuera arrestado, después de oír rumores entregó la mayor parte de su dinero a un hermano llamado Yan Bing. Fue él quien, en aquel entonces, llevó a A-Chong a donde San-jie.
Aunque la lealtad y la camaradería no valen nada frente al beneficio, probablemente fue el último resto de conciencia golpeando su humanidad, lo que permitió que Yan Bin terminara encontrando a A-Chong después de todo.
Cuando vino a buscar a A-Chong, trajo un regalo de presentación diciendo que se lo daría a A-Chong. Al abrir la palma de la mano, había una bolsa transparente, dentro de la cual había un poco de polvo blanco.
Yan Bing le preguntó: —¿Quieres o no tomar el lugar de tu papá?
A-Chong negó con la cabeza.
Estaba un poco molesto, y dijo: —Vete, San-jie va a regañar a la gente cuándo regrese, no hagas las cosas incómodas para todos .
Yan Bing sonrió, e hizo que la gente a su lado trajera dos cajas. Dijo que la de la izquierda era para San-jie, como pago por su esfuerzo criando a A-Chong todos estos años. La de la derecha era para A-Chong, y que la considerara como la última suma de dinero que su papá le dejaba.
Yan Bing se fue. A-Chong abrió la caja de la izquierda, era una caja llena de lingotes de oro. De repente recordó tener una vaga impresión de que a los Dai, al parecer, les gusta mucho el oro.
Dentro de la caja de la derecha, había una caja llena de renminbi1. A-Chong no había visto tanto dinero en su vida, hacía mucho que no usaba renminbi. Pensó: qué dinero tan extraño.
Ese día, San-jie estaba ocupada acompañando clientes con bebidas, y regresaría muy tarde. Mientras A-Chong la esperaba, pasó el tiempo contando el dinero. Contó durante mucho, mucho tiempo, hasta que le dolió el pulgar, y aun así no terminaba de contarlo.
Cuando por fin logró terminar de contar el dinero de esa caja, A-Chong hizo cálculos. Con ese dinero, alcanzaba para comprar dos villas de lujo en Bangkok.
Si un joven de apenas 22 años, que siempre ha sido pobre y errante, de repente tiene una gran suma de dinero que ni siquiera se atrevía a imaginar, ¿tú qué crees que haría?
A-Chong sintió que su algo etérea visión del mundo, probablemente se construyó a partir de ese mismo instante.
Después de todo, el dinero tiene poder.
El dinero podía comprar la sonrisa de San-jie, comprar la castidad de San-jie, podía comprar cigarrillos, comprar alcohol, comprar drogas, podía comprar felicidad, y también podía comprar y liquidar de una vez la falta de cariño familiar y compañía que había tenido durante sus últimos 22 años.
Aunque podía usar ese dinero para hacer muchas cosas, y vivir la buena vida con la que él y San-jie habían fantaseado en el pasado, sin embargo… descubrió que parecía no poder hacerlo. Algunos gustos están enterrados en los huesos; por inercia, seguía prefiriendo fumar cigarrillos comunes, seguía gustándole lo novedoso y lo turbulento, le gustaba oír a San-jie refunfuñar e insultar, le gustaban los puestos de comida callejera de Bangkok, el té con leche barato.
A-Chong estuvo perdido y confundido durante mucho tiempo.
Tenía 22 años ese año, la misma edad que Ning Yu cuando lo conoció por primera vez. A los 22 años, Ning Yu aún tenía todo ese aire de estudiante, hablaba y actuaba con franqueza e ingenuidad. En cambio, los 22 años de A-Chong ya habían pasado por tantos cambios que una persona común difícilmente podría imaginar.
Pero, ¿y qué? Al fin y al cabo, solo tenía 22 años.
De esa suma de dinero, no tocó ni un centavo. Y pensó durante un año entero en qué hacer con él.
Un año después, el día de su cumpleaños número 23, A-Chong tomó una decisión. Le dejó 330,000 renminbi a San-jie, y luego donó todo el dinero restante al templo budista donde él había robado ofrendas de fruta y donde conoció a su shifu.
En el instante en que entregó ese dinero a su shifu…
En ese instante, A-Chong comenzó a sentir que la vida y el destino son tan absurdos y extraños. Un segundo se gana, y al siguiente se pierde. Afanarse y esforzarse, vendiendo la vida por dinero, al final no es más que un fugaz sueño.
El dinero puede hacer que la gente se pierda, especialmente este tipo de dinero no muy limpio. A-Chong sintió que necesitaba despertar.
Probablemente fue justo desde ese momento cuando empezó, pensó A-Chong. A partir de ese momento, vivió el día a día, sin importarle las ganancias o pérdidas, solo importándole si en este instante era o no feliz.
Comenzó a gustarle las cosas refinadas y bonitas, empezó a andar en motocicletas y autos antiguos, a entretenerse con todo lo que le interesaba y no había probado. Le gustaba el dinero, le gustaba por inercia. También era desprendido para gastar dinero; lo que compraba era caro, bueno, o lo que otros consideraban innecesario comprar.
Compraría un ramo de rosas, luego sacaría todo el dinero de sus bolsillos para meterlo entre las flores, y se lo regalaría a esa bailarina desconocida acurrucada en un rincón del club nocturno llamando a su casa, diciéndole: —Eres muy bonita, no llores—. Y luego, como no tenía dinero para tomar un taxi, no le quedaba más que caminar a casa.
No había razón. Simplemente quería, al igual que quería acostarse con Ning Yu.
A-Chong parecía importarle muchas cosas, pero al mismo tiempo sentía que muchas cosas le daban igual.
Era como pisar la cima de las nubes.
Su cuerpo flotaba, su corazón también lo hacía. Al flotar por el horizonte, veía todo lo espléndido y bello de este mundo. Nunca se aferraba al paisaje, así que no había nada que pudiera hacerlo detenerse. Tampoco es que no se hubiera cansado, había pensado en encontrar un lugar para descansar un rato, probar la sensación real de tener los pies en la tierra.
Pero él estaba sobre las nubes. Si daba un paso hacia abajo, y pisaba el vacío, se caería, le dolería, y se lastimaría, entonces ¿para qué sufrirlo?
Esta actitud ante la vida le ahorró a A-Chong muchas preocupaciones. Cuanto más crecía en edad, menos pensaba; cuanto menos pensaba, menos propenso era a atormentarse a sí mismo.
Solo que, en la vida, siempre hay algunas preocupaciones difíciles de prever esperándote, sin dejar escapatoria.
Como, por ejemplo, en este momento, este Ning Yu frente a él, que por decimoctava vez venía corriendo a la puerta de su casa a traerle un pastel.
Hoy era la decimoctava vez.
En este último mes, Ning Yu había enviado intermitentemente un montón de pasteles. Entre esos 17 pasteles rechazados anteriormente, del pastel de yogur A-Chong dijo que estaba demasiado dulce; del pastel de frutas dijo que tenía olor a rancio; del pastel de chocolate dijo que estaba demasiado ácido; del pastel de queso dijo que estaba demasiado amargo. En fin, todos estaban malos, y ni uno solo logró cruzar la puerta de la casa de A-Chong.
No le gustaba, entonces lo rechazara de otra manera. A-Chong creía que al fin y al cabo era bastante gentil. Como no me gustas, te digo que lo dulce es ácido, y que lo ácido es amargo porque precisamente esa es mi manera de decirte: hasta aquí.
Probablemente los troncos de madera no saben leer las expresiones de la gente. Ning Yu parecía estar compitiendo con él, no solo no se había visto desalentado en su entusiasmo por los extraños comentarios de A-Chong, sino que enviaba con más ímpetu, era simplemente una situación de cien trucos distintos. Los pasteles no solo mejoraban de sabor, sino que su presentación también tenía una mejora cualitativa. A-Chong veía como los pasteles del otro cada vez estaban mejor hechos, y la alarma de precaución en su corazón sonaba cada día más fuerte que el anterior.
Aparte de los pasteles, varias veces, al volver a casa borracho a medianoche, veía a este tipo parado en la puerta, parado como una sombra testaruda y obstinada, envolviéndolo a él también dentro. Y todavía le decía: ¿Bebiste alcohol? ¿Te sientes mal?
Preguntaba si quería que le comprara algo de medicina para la resaca.
Y no paraba de preguntar, ¿te sientes mal o no?
¿A qué venía esto? El ambiente al que Ning Yu lo estaba arrastrando era demasiado suave, demasiado cálido, demasiado parecido al de amantes o esposos. A-Chong se sentía incómodo.
Tampoco podía explicar claramente lo que sentía en su corazón, porque era muy complicado.
Pero, decir que no se había conmovido sería falso. Después de todo, cuando Ning Yu lo miraba, siempre estaba muy concentrado; la seriedad y la firmeza se manifestaban poco a poco, convirtiéndose en luz en sus ojos.
Aunque sea cambiando por cualquier otra persona, nadie soportaría ser mirado así.
Pero A-Chong creía: ¿en este mundo dónde hay tanto amor sin motivo? Si se conmueve solo por una cara, una mirada, o unos cuantos pasteles, entonces qué tan superficial y corto de miras sería.
Así que A-Chong solo le decía con calma a Ning Yu: Vete a casa.
Estaba esperando a que Ning Yu se cansara, se desilusionara, le estampara el pastel en la cara, esperaba que el otro llorara, armara un escándalo irrazonable, soltara insultos y gritos.
Pero Ning Yu no lo hizo. Él no era como los demás; estaba intentando, silenciosamente, conmoverlo con pequeñas gotas de sinceridad.
Él decía: Tienes derecho a rechazarme, y yo también tengo derecho a cortejarte. Solo no me fastidies.
A A-Chong no le gustaba hablar con palabras definitivas, porque no quería dar esperanzas a la gente, ni tampoco quería decepcionar a los demás. Le gustaban los contextos lingüísticos cálidos y suaves, y la distancia que dejaba a ambas partes una vía de retirada. Pero esta persona, Ning Yu, parecía estar empujándolo constantemente a hablar con palabras definitivas.
Así que hablemos.
A-Chong sacó las llaves, le echó una mirada de reojo a la camisa de Ning Yu, y elogió al azar: —Nice outfit.
Qué tonto, hacía tanto calor y aun así llevaba una camisa blanca.
—Me la puse a propósito —Ning Yu sonrió con mucha suavidad—. Antes alguien dijo que me veía bien con camisa.
Así que me la puse para verte.
Mientras abría la puerta, A-Chong preguntó de nuevo: —¿No tienes calor?
—Sí tengo —dijo Ning Yu en tailandés—. Lo sentí un poco al verte.
Ahora cuando hablaban, lo hacían en chino, mezclando algo de inglés, y de vez en cuando algunas frases en tailandés, sin sonar ni extranjeros ni locales.
El tailandés salía suave y mullido de la boca de Ning Yu, teniendo una extraña sensación de dulzura. Lo más sorprendente era que la frase que acababa de decir además usaba terminología femenina…
A-Chong pensó que Ning Yu realmente era muy inteligente. Aprendía tailandés rápido, aprendía a hacer pasteles rápido, e incluso aprendió a decir palabras románticas y lograba dominarlas con habilidad en poco tiempo. Pero, siendo tan inteligente, ¿por qué tenía que gustarle precisamente él?
La cerradura de la casa estaba algo vieja. Cada vez que abría la puerta tomaba un poco de tiempo, necesitaba presionar la manija y levantarla hacia arriba un poco, y al girar la llave, presionarla firmemente hacia adentro. A-Chong lo intentó una vez, no se abrió. Dos veces, no se abrió. Se estaba poniendo un poco molesto, la sacó para intentarlo por tercera vez, cuando en ese momento Ning Yu dijo: —¿Lo intentó yo?
A-Chong lo miró fijamente un rato, y solo entonces le pasó la llave.
Mientras Ning Yu abría la cerradura, A-Chong se quedó mirando el pastel de bayas que el otro tenía en la mano. El pastel olía delicioso, encima estaba cubierto de arándanos y fresas partidas, y alrededor también tenía pequeñas galletas como decoración. Su presentación no estaba mal, y se veía apetitoso.
A-Chong levantó la mirada y le preguntó: —¿Encontraste un trabajo de medio tiempo?
—Mm, justo en la institución de capacitación de inglés de la que te hablé la última vez. Mi puntaje de IELTS es bastante bueno, mi expresión oral tampoco está mal, y además quieren que trabaje a tiempo completo.
A-Chong había intentado dos veces abrir la puerta de su propia casa sin éxito. Esta era la primera vez que Ning Yu lo intentaba, y sorprendentemente, abrió la puerta sin problemas de una sola vez.
Y además, todavía lo hizo con la otra mano sosteniendo un pastel, usando solo una mano.
Después de ayudar a A-Chong a abrir la puerta, Ning Yu le devolvió la llave. Al ver que el otro no hablaba, intentó diciendo—… Hoy pruébalo a ver si está bueno o no. Lo hice ayer e incluso pedí a los vecinos que me ayudaran a probarlo, todos dijeron que el sabor no estaba mal, no debería estar demasiado dulce, ni demasiado ácido. Si no está bueno entonces… tíralo, la próxima vez intentaré hacer pastelitos en taza.
Cuando terminó de hablar, al ver que A-Chong todavía no le hacía caso, dijo: —Entonces no te molesto más, solo vine a traerte algo de comer, no te molestes conmigo. Ya me voy, descansa temprano.
Pero A-Chong dijo: —Entra y siéntate un rato, te preparo un café.
Dicho esto, dio media vuelta y entró en casa, dejó las cosas que llevaba en la mano sobre la mesa y fue a buscar los granos de café.
A-Chong pensó que Ning Yu probablemente encontraría su casa insoportable a la vista, después de todo, Ning Yu tenía un poco de trastorno obsesivo-compulsivo y manía por la limpieza.
A-Chong hacía tiempo que había notado esa manía en Ning Yu. Cada vez que salían a tener sexo y se iban después de desocupar la habitación, Ning Yu insistía en dejar todo el hotel ordenado y perfectamente arreglado, alisando una por una todas las arrugas de las sábanas y la funda del edredón. Era, en fin… un hábito imposible de comprender.
Después de encontrar los granos, A-Chong regresó y vio que Ning Yu todavía estaba de pie con el pastel en ambas manos, parado como un tonto mirándolo fijamente, luciendo un poco incómodo.
Le pareció gracioso, así que dijo: —Siéntate donde quieras, solo deja las cosas por ahí. No traigo gente a casa, vivo solo, así que quizá está un poco desordenado. No frunzas el ceño, y aguanta un poco.
Ah, no trae gente a casa.
—No, aquí está muy bien, muy limpio —las palabras de Ning Yu sonaban demasiado falsas—. Solo que está un poquito… desordenado, ¿te ayudo… a ordenar un poco?
—No hace falta —A-Chong comenzó a moler los granos de café—. Siéntate un rato, ya llevas parado medio día.
Entonces, Ning Yu comenzó a examinar abiertamente la casa de A-Chong.
Era evidente que el dueño de la casa sabía vivir bien. En el zapatero abierto, todas eran zapatillas caras. También tenía un tocadiscos antiguo, una máquina de café que se veía muy buena, una alacena para vinos, y un refrigerador enorme. Mirándolo por aquí y por allá, aunque estaba un poco desordenado, uno sentía que toda esta casa era muy A-Chong: despreocupada pero a la vez refinada.
—Eres muy rico —Ning Yu no pudo evitar exclamar, señalando un par de zapatos al lado del sofá—. Un par de tus zapatos es el salario mensual de otra persona.
—Antes abrí un taller de modificaciones de autos con un amigo. Es un ingreso fijo, y las ganancias están bien. Hago otros trabajos porque no puedo dedicarme siempre a una misma cosa —dijo A-Chong—. El ganar dinero, bueno, se gana dinero precisamente para usarlo. No me gusta ahorrar, la gente debe aprender a disfrutar.
—Pero tampoco se puede ser tan desorganizado —Ning Yu intentó refutar un poco—. Mi experiencia me dice que la gente debe aprender a planificarse.
A-Chong encontró un filtro de papel, extendió bien el café molido y comenzó a hacer el café de filtro manual. Sus movimientos eran hábiles, y su expresión al mirar la jarra de filtro era muy tranquila, como si estuviera viendo florecer una flor.
—Ning Yu —A-Chong mantuvo la vista en el filtro mientras sostenía la jarra de filtro manual con cuidado para verter y abrir el polvo, de repente preguntó: —Entonces, ¿cuál es tu plan para tu vida?
Ning Yu, un poco desconcertado, preguntó: —¿A qué te refieres exactamente?
—Solo… qué es lo que quieres —dijo A-Chong—. Solo es curiosidad. Eres una persona que tiene planes para sí misma, a diferencia de mí. Así que quiero oír tus planes, oír la vida que quieres.
—¿Yo? —Ning Yu se quedó pasmado unos segundos, luego respondió lentamente—. La vida que yo quiero… es la primera vez que alguien me hace esta pregunta.
—¿No te gusta planificar? Deberías responderme sin pensarlo dos veces.
—Si es en la etapa actual —dijo Ning Yu—, quiero un apartamento propio, un perro, una…
Vaciló un momento, y luego dijo: —…una persona con quien poder ver películas y comer juntos.
Cuando Ning Yu terminó de hablar, A-Chong acabó de preparar esa taza de café.
Sosteniendo la hermosa taza de porcelana de hueso, se acercó, se la entregó a Ning Yu y dijo: —Prefiero los gatos.
Ning Yu levantó la cabeza y chocó con la mirada dispersa de A-Chong. En ese momento, de repente entendió el propósito por el cual A-Chong lo había invitado a entrar a su casa.
—Se pueden tener ambos —Ning Yu bajó la cabeza—. De pequeño tuve un gato, sé cómo cuidar gatos.
A-Chong señaló la taza y cambió de tema: —Prueba. Esto se llama Geisha, en chino se llama guī xià. Sus granos verdes son de color azul verdoso, muy bonitos, y también es mi café favorito.
Ning Yu tomó un sorbo. En el instante en que lo bebió, hizo un esfuerzo por aguantar, y solo así no dejó que se le frunciera el ceño.
A-Chong lo vio. Sonrió un poco y dijo: —Sé que solo te gusta beber agua y bebidas de sabor suave, seguro piensas que no sabe bien.
Ning Yu: —En realidad, no está mal.
—“No está mal” que frase tan sosa.
A-Chong se sentó frente a Ning Yu y de repente abrió directamente una conversación.
—Hablemos como amigos. Ning Yu, ¿crees que este tipo de relación basada en el amor puede ser sólida? —A-Chong tomó una fresa del pastel y se la metió en la boca. —El amor, para mí, es un sentimiento. Y los sentimientos son los menos confiables: un segundo es intenso, y al siguiente se desvanece. Tú persigues algo que yo simplemente no tengo; no puedo dártelo.
Ning Yu dijo: —Desde la perspectiva de mi campo profesional, no hay nada que no se pueda explicar, ni nada que no se pueda resolver. Si no puedes verificarlo, probablemente hay dos razones: una, que la capacidad no es suficiente o dos, que este problema es teóricamente irresoluble.
—En nuestro caso, nuestro problema es irresoluble, y yo tampoco soy un problema a resolver.
—Pero a mi parecer, esto es un problema de mi capacidad —la voz de Ning Yu era muy tranquila—. Quizás sea yo quien no hace lo suficientemente, pero definitivamente habrá una solución.
A-Chong pareció suspirar.
—¿Por qué eres tan terco? —A-Chong mostró una expresión de desconcierto—. ¿Por qué quieres que yo te dé una solución, cuando ni siquiera yo tengo una respuesta para mí mismo?
—Puedo buscarla contigo.
—Pero yo no quiero —dijo A-Chong con un tono ligeramente lleno de arrepentimiento—. Me gustas, pero no me gustas tanto, y tampoco es el tipo de gusto que quieres. Tendrás una buena vida, y un desarrollo aún mejor, ¿para qué malgastar tú tiempo aquí conmigo?
A-Chong sabía que decir esta frase en voz alta era muy hiriente. De cualquier modo, la expresión de Ning Yu finalmente se tornó algo desagradable.
—Te gusto, pero no… —Ning Yu repitió en voz baja una vez—, ¿No te gusto tanto?
Eso significaba que le había gustado un poquito.
—Sí —dijo A-Chong—. Creo que mi postura siempre ha sido muy clara. Me gusta mucha gente, pero parece que nadie es especial. Que vengas aquí no me hace sentir conmovido, solo me hace sentir que me estás poniendo en una posición difícil. Realmente eres muy bueno, pero lo que quieres yo no puedo dártelo. No dejes que un impulso momentáneo desordene las prioridades de tu vida, todavía tienes cosas más importantes que hacer.
Al terminar de hablar, se puso de pie y le revolvió un poco el cabello a Ning Yu.
Ning Yu sintió que de verdad estaba acabado. A pesar de que claramente lo estaban rechazando, él escuchaba todo como si estuviera hipnotizado.
En ese momento, lo único que llenaba su mente era: “le gusto un poco”… ¿pero hasta qué punto? ¿Y cómo podría lograr que le guste un poco más?
A-Chong le acariciaba el cabello, el movimiento era casual, como si estuviera acariciando a un perrito.
Ning Yu pensó: ¿Qué debería decir? Debería decir “no importa, lo entiendo”, porque me gustas, e incluso me gusta cuando me rechazas, porque cuando me rechazas me miras y porque eres muy dulce, como si tuvieras miedo de que me pusiera triste.
Pero cuando abrió la boca, lo que dijo fue: —Quiero besarte.
A-Chong sonrió un poco.
Esa pincelada de sonrisa flotó hacia él, se meció de un lado a otro, y muy lentamente se convirtió en una lluvia dentro del corazón de Ning Yu. Tampoco entendía muy bien el por qué de esa inexplicable conmoción en su corazón, pero en ese momento Ning Yu comprendió: resulta que en este mundo, cuando algunas personas sonríen, pueden inundarte.
Después siguieron conversando con cortesía. A-Chong le dio algunos consejos para vivir en Bangkok, le dijo cómo tomar taxis, cómo regatear, dónde era mejor comprar ingredientes, y dónde había lugares de entretenimiento.
Ning Yu se quedó mirando fijamente a los ojos de A-Chong, sin responder, absorto, sin saber en qué estaba pensando. A pesar de que la habitación estaba muy silenciosa, Ning Yu solo podía pensar que realmente era una noche caótica.
No fue hasta que el Geisha en la taza se enfrió por completo, que era hora de que Ning Yu se fuera.
A-Chong dijo: —Es muy tarde, vete rápido a casa, cuídate bien. Me comeré el pastel, y no hace falta que me esperes todos los días.
Ning Yu no respondió a esta frase.
A-Chong acompañó a Ning Yu hasta la puerta. Luego, Ning Yu, que había estado muy callado todo el tiempo, justo antes de que A-Chong cerrara la puerta, le preguntó una última cosa:
—Ya es muy tarde —dijo Ning Yu—, ¿por qué me hiciste café?
Se miraron fijamente. A-Chong estaba de pie en la luz, Ning Yu estaba de pie en la sombra.
—Calculo que esta noche probablemente no podrás dormir —A-Chong, sorprendentemente, estaba sonriendo—. Así que es mejor hacer que estés un poco más despierto.
También porque sé que, con solo servírtelo, definitivamente lo beberías.