Escape
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Segundo Día
Habíamos decidido el orden de vigilancia por lo cual sigo después de Luchino, así que soy el último en vigilar.
De pie fuera de la cabaña, miro el último brillo de la noche.
Gian: -Ha pasado 24 horas desde que escapamos de la cárcel.
Eso quiere decir que no he visto a nadie más que a esos cuatro durante 24 horas. No puedo decir si esto es tan frustrante como para los demás.
No lo entiendo.
Antes de que el sol comience a calentar empezamos a arreglar nuestros atuendos.
Tenemos que ponernos en marcha para conseguir algunos suministros.
Gian: -¿Creen que deberíamos eliminar las pruebas que indique que estuvimos aquí?
Luchino: -De seguro no podríamos deshacernos de todo, solo déjalo.
Gian: -Es cierto.
Examinamos el mapa por un momento, pero al final decidimos dejar el auto escondido por el momento.
Si seguimos el camino que está fuera de peligro entonces sería la solución más cercana, pero ese camino también es el más largo a la ciudad del norte; incluso si nos dirigimos hacia los pueblos, está el problema de la gasolina.
Dejamos el bosque para dirigirnos hacia el norte.
Salimos de una suave pendiente. Nuestro punto de vista se extiende ampliamente en un instante.
Como pensé, cerca de aquí se puede ver un pueblo cercano. Parece que caminando nos llevará como una hora el llegar ahí.
Bernardo: -¿Estará bien ir caminando para ver?
El mapa que se encontraba en las manos de Iván es señalado con el dedo en un punto en específico.
Iván: -¿Con que el pueblo de Bowick? Suena como un lugar lúgubre.
Gian: -¿Creen que podremos conseguir gasolina ahí?
Giulio: -Vayamos.
Continuamos avanzando entre los arbustos para evitar ser vistos caminando hacia el pueblo de Bowick.
Un enorme campo de trigo se extiende a lo largo, al parecer el pueblo de Bowick se encuentra en medio de ese campo.
Cuando llegamos a las afueras de la aldea, tuvimos que continuar inclinados entre el campo de trigo para no ser descubiertos.
Incluso se destacan 20 techos a lo alto entre este gran campo cultivado.
Hay una pequeña plaza abierta en el centro del pueblo, lo que parece una cosa común en los lugares rurales. Discutimos entre nosotros y decidimos mantenernos alejados de esa plaza.
Seguramente para generar electricidad mantienen molinos de vientos que son suaves.
Gian: -Por estos rumbos, ¿será que ya habrá llegado la noticia de nuestro escape?
Bernardo: -Es lo más probable.
No mucho tiempo después, nos encontramos con un cobertizo vacío que se ve que no se ha utilizado en mucho tiempo, así que nos tomamos un respiro allí. Por desgracia no hay nada de agua aquí, pero está bastante cerca de la ruta del pueblo.
Trataré de recordar esta zona, puede que después nos sea de gran ayuda.
Dejamos el lugar para dar un paseo por las fronteras del pueblo.
Llegamos a un pequeño canal de agua. Parece que es para el riego.
Iván: -Esta agua parece limpia y clara, parece que se puede beber.
Luchino: -Esto es agua primaveral.
Meto la mano en el agua, está fría. Realmente está clara y se ve completamente potable.
Iván: -Según el mapa, cerca de aquí hay un estanque ¿no será un lago?
Bernardo: -Puede que sea el estanque del pueblo.
Mientras avanzamos a través del campo charlamos entre nosotros, por lo cual tardamos en darnos cuenta de la presencia de una persona.
Giulio: -¡Tsu!
Giulio nos detiene alzando su brazo y se agacha rápidamente. Nosotros cuatro hacemos lo mismo que él.
Justo delante hay una brecha en el campo. Habíamos estado cerca en uno de los caminos que conduce fuera del pueblo sin habernos dado cuenta.
Sostenemos nuestras respiraciones y deambulando por la derecha, más allá de nosotros, aparece una figura delgada que llevaba puesto un sombrero de paja.
No hay señal de que esa persona se haya dado cuenta, todos suspiramos con alivio al mismo tiempo.
Ahora que sabemos que estamos a salvo, empujamos la cabeza fuera y observamos a la persona hacia atrás.
Gian:- ¿Oh….?
En un instante nuestras miradas se vuelven climatizadas.
Bernardo: -Esa es… ¿una mujer?
Iván: -Es una mujer.
Luchino: -Es una mujer.
Gian: -Además es joven.
Como si fuéramos hermanos les guiño un ojo.
Nuestros gritos son inusualmente de excitación. Después de todo, hemos estado encerrados hasta hace un tiempo. Ha sido un largo tiempo sin haber visto una chica, por lo que nuestra emoción salta haciendo muecas.
Giulio:-………….
¿Pero qué? Solamente Giulio es que está actuando como si nada. Bueno el solo estuvo un corto tiempo pero aun así ¡cómo puede llamarse un hombre italiano con esa actitud!
Nadie dijo una palabra. Nos arrastramos a lo largo y comenzamos a seguir aquella silueta con sombrero de paja.
Luchino: -No podemos hacer que grite por lo cual deberé de hacerme cargo de esto. Les demostraré que la tendré totalmente enamorada de mí en cinco minutos.
Iván: -En esta clase de pueblo, se nota que los hombres jóvenes son populares así que iré yo primero.
Bernardo: -No, no, esperen, si estamos hablando del orden, entonces debemos respetar la jerarquía de la familia ¿no es verdad?
Gian: -Si es así ¿no les importaría que fuera yo primero por ser el futuro jefe?
Cada uno de nosotros pelea entre sí para conseguir dar un paso hacia adelante, en ese momento el brazo de alguien se extiende hacia adelante tirando de nuevo, es una pelea de cuartel.
Cada uno trata de arrastrar violentamente a otro hacia atrás a medida que continuamos avanzando siguiendo al sombrero de paja.
Su pelo largo llega más allá de sus hombros, y tiene la figura delgada. Ella lleva una camisa y pantalones sueltos algo feos supongo que es por el trabajo.
Pero en lo poco que logré mirar, vi que su rostro era joven y ella mantenía mucha energía. La chica de sombrero de paja no se ha dado cuenta y sigue tarareando una canción mientras entra al campo.
Luchino: -Parece que se dirige al lago.
Gian: -¿Me pregunto para qué?
Bernardo: -¿Tomará un baño?
Él da justo en el clavo al ver que la chica del sombrero de paja comienza a quitarse su camisa dejándola en la orilla del lago, nuestra emoción se dispara por las nubes.
Iván: -Oh. Oh Oh, oooooooh!
No estamos en un buen ángulo así que solo podemos ver su espalda pero es clara y no tienen ninguna cicatriz en ella ¡qué bonita espalda!
Luchino: -Es una buena temporada para venir aquí acompañado, vaya que si.
Luchino poco a poco comienza a alzar su camisa.
Gian: -Entonces, iré a acompañarla en dos segundos.
Iván: -¡Yo voy primero!
Bernardo: -Pues entonces elijamos el orden.
Intercambiamos miradas calientes entre sí, y sacando una mano dijimos “preparados, listos….”
Papel
Papel
Papel
Tijeras
Luchino es el ganador
Bernardo, Iván y yo miramos nuestras manos abiertas con el corazón lleno de angustia.
Luchino: -Ustedes después pueden decidir el siguiente orden.
Luchino alegremente nos dice esto quitándose su camisa.
Mientras tanto la chica del sombrero de paja da unos pasos metiéndose completamente desnuda al agua del lago.
Iván: -Vo….. ¡Voltea hacia aquí! ¡Un poco hacia aquí!
Giulio: -Disculpe…. Señor Gian.
Gian: -¿Eh?
Giulio, que estaba tras nuestro, da un paso hacia mí tirando de mi manga como si quisiera decirme algo ¿Qué es lo que querrá? Me volteo a verlo un poco preocupado.
Y finalmente me doy cuenta de la razón detrás de aquella extraña sensación que había sentido desde antes.
Rápidamente me dirijo hacia Luchino que está justo en medio apartando la hierba alta y caminando hacia el lago.
OPCIONES:
Elegir la segunda opción.
Finalmente comprendo lo que Giulio quiso decirme.
Sin embargo, decido no detener a Luchino. Comparto una sonrisa de complicidad a Giulio, él me devuelve el gesto con un guiño de ojo.
Gian: -Cómo es interesante, dejémoslo ir.
Giulio: -Sí….
Iván: -¿Qué pasa?
Gian: -Oh, espera un momento, Bernardo.
Detengo a Bernardo que estaba por seguir a Luchino.
Bernardo: -No me detengas.
Gian: -Solo mira.
Mantenemos nuestros ojos en Luchino mientras él alegremente va hacia su destino, que es el estanque que está por delante.
Iván: -¡¿Qué….?!
El muchacho, sin darse cuenta de nosotros, continúa disfrutando de su baño.
Luchino regresa con una cara llena de decepción. Parece que se dio cuenta de que era un hombre justo antes de llegar a él, ¡en verdad se dio cuenta justo a tiempo!
Y él que iba super feliz…. ¿Qué tan terrible habrá sido su decepción? No puedo dejar de pensar que esto es muy divertido.
Gian: -Estaba tan emocionado por un hombre… jiji.
Diciendo eso expulso una risita sin poder detenerla. ¡No hay manera de que no me burle de él por esto!
Luchino, que fue sin darse cuenta de que era un hombre, regresa con una expresión roja de ira.
Luchino: -Gian, ¿te habías dado cuenta?
Gian: -Bueno, más o menos.
Aunque me di cuenta a la mitad del camino.
Luchino: H-ou… ya veo…
Sin mirar a nadie, Bernardo me da una palmada en mi hombro.
Bernardo: -Te estoy muy agradecido, Gian.
Luchino: -¡…! ¡¿Se lo dijiste a los demás?!
Gian: -No… bueno….
Giulio: -Pero… ¿en verdad no te diste cuenta?
Giulio ha dado justo en el clavo.
Iván: -Yo… me di cuenta a mitad del camino.
Iván dice esto poniendo rápidamente su cara de póker.
Luchino: -Ya veo….
Parece ser que la irá de Luchino no se irá muy pronto por haberlo hecho el hazmerreír.
Su mirada penetrante y aguda como un cuchillo hace que escalofríos recorran mi piel, pero no puedo dejar de reír sin importar que tanto lo intente
Gian: -Qué gran espectáculo nos hemos dado…
Luchino: -Más vale que recuerdes esto, Gian.
Aunque me siento como que me había ganado un rencor sin sentido, estoy satisfecho. Llegué a ver un lado de la forma de ser espectacular que desconocía de Luchino.
Después de los extraños incidentes en el lago, volvemos al lugar en el que estábamos y seguimos con lo que estábamos haciendo qué es recolectar suministros de la casa más cercana, aunque sé que no es momento para estar jugando.
Miramos alrededor en busca de signos de actividad por un momento.
A juzgar por las cosas de la casa se puede observar que pertenece a una pareja de ancianos. Por alguna razón se siente un aire como de mucho trabajo en esta casa.
Cuando pongo mucha atención, logro captar algunas voces, y la palabra festival aparece varias veces.
Bernardo: -¿Va a ver un festival en el pueblo?
Iván: -¿Era hoy un día festivo?
No mucho después la pareja sale por la puerta grande de la casa.
Al parecer están llevando unos costales grandes y corren hacia el centro del pueblo.
Gian: -¿No es una oportunidad? Mientras estén en el festival aprovechemos para entrar a la casa.
Luchino: -Pero, parece que aquí no encontraremos gasolina.
Giulio: -Por aquel camino hay personas que se están acercando.
Iván: -¡Oye! Baja tu cabeza.
Los habitantes del pueblo están caminando sobre un mismo camino, todos van hacia la misma dirección, probablemente estén por salir hacia la plaza del pueblo
Bernardo: -Parece que la suerte está de nuestro lado. Puede que las otras casas queden vacías muy pronto, vamos a tomar esta oportunidad para apoderarnos de lo que necesitamos.
Cuando el momento llegue, nos separaremos en este lugar para adentrarnos en las casas para abastecernos, después nos reuniremos o ese es el plan.
Bernardo trajo el equipo de comunicación que encontramos en esa casa de campo por si acaso, puede que esta sea la oportunidad para que podamos comunicarnos.
No hay vuelta atrás si nos ven a todos llamando por teléfono con este atuendo de prisioneros, así que dejaremos el trabajo de contactarnos a Bernardo. El resto de nosotros solo tendremos que tener cuidado.
Luchino: -Tengo mucha hambre…. Me encantaría comer algo de beicon.
Gian: -Está prohibido tomar comida que sea llamativa, solo toma lo que puedas o podrían darse cuenta los dueños de las casas.
En este momento lo que más necesitamos es gasolina u otro auto, eso estaría también bien. Además, esta ropa destaca, necesitamos cosas que nos ayuden a no destacar.
Iván: -Oye Bernardo. Te encargamos mucho de lograr contactar a Daivan.
Bernardo: -Si. Yo soy el que mejor puedo hacerme menos notar de todos.
Bernardo continúa con su plan arriesgado que indica que debe ir directamente hacia el centro del pueblo.
Bernardo: Si alguien desea que le traiga algún regalito puede pedírmelo, trataré de traer lo que pueda.
Iván: -Carne.
Luchino: -Mujer.
Gian: -Un helado de chocolate.
Giulio: -Entonces yo…. Un helado de fresa.
Bernardo: -Trataré de recordarlo, pero no esperen demasiado.
Nos separamos por ahora, cada quien se aleja como un ladrón escabulléndose a su propia manera. Elegimos la cabaña vacía que encontramos antes como lugar de reunión.
Miro hacia la nada mientras estoy sentado en el suelo de la cabaña. Yo ya había comido algo durante la primera incursión así que no tengo hambre.
Luchino, Giulio y yo llevamos a cabo la recolección de suministros esperando en la cabaña. Los tres estamos apoyados en la pared descansando.
Vemos a través de la ventana de la cabaña que el pueblo está casi vacío, vaya que tuvimos suerte.
Nos agarramos algunas botellas de mermelada así como cintas para tratar de cubrir nuestras rayas en la cintura, son cosas que encontramos sin previo aviso.
Pero por desgracia, la única cosa que no pudimos encontrar fue la gasolina. Estamos en medio de la nada, por lo que supongo que no hay ni una sola casa en este pueblo con auto. Por lo general para los aldeanos basta con carretas con caballos.
Luchino: -Bernardo e Iván se están tardando.
Ya mero es el atardecer. Están tomándose demasiado tiempo.
Ninguno de los dos llevó alguna lámpara o linterna. Si se hace de noche, los dos podrían terminar vagando en círculos para terminar siendo descubiertos por algún aldeano.
Gian: -Si vamos a buscarlos, podríamos terminar perdiéndonos. Mejor esperemos un poco más. De seguro habrán terminado por echarle un vistazo a los puestos debido al festival y como está lleno de gente terminaron por no poder moverme rápido.
Todavía no se oscurece, pero suena como que el festival se ha vuelto bastante ruidoso, a veces una melodía animada traída por el viento llega a mis oídos.
A veces sienta como si fuera el sonido de una radio, luego un récord, otras veces suena como a una actuación en directo.
Es probable que todos en el pueblo estén reunidos en la plaza y que tengan una gran fiesta, a veces me da ganas de ir a echar un vistazo.
Cuando el sol está por tocar el horizonte, Bernardo e Iván regresan.
Bernardo: -Deben de seguir mis órdenes sin decir nada.
Cuando Bernardo entra al lugar da un suspiro, y sin decir ni una palabra él comienza a quitarse la ropa poniéndose de nuevo su ropa de prisión.
Iván estando detrás de Bernardo muestra una expresión como de irritación.
Sus ojos están mirando a la nada en este cuarto, sin centrarse en nada. Incluso si trato de atrapar su mirada, él la esquiva.
Esto es muy extraño, Luchino y Giulio por sus expresiones concuerdan conmigo.
Bernardo: -Entenderán la situación inmediatamente, así que síganme.
Estoy preocupado así que señalo mi ropa de rayas, pero Bernardo niega con la cabeza.
Bernardo: -Estamos bien con este atuendo, de hecho, necesitamos estar vestidos así. Nosotros somos actores ambulantes.
¿Haaaa?
Después salimos de la cabaña mientras que Bernardo nos guía hacia el centro del pueblo.
Luchino no tiene de otra que obedecer a Bernardo y seguirlo pero parece que no puede mantener sus dudas para sí, así que da un golpe.
Luchino: -Bien, como que va siendo hora que nos expliques qué pasa ya que no entiendo nada.
Bernardo: -Iván, fue visto por los aldeanos del pueblo.
Luchino: -¿Qué?
Disparó una mirada hacia Iván que ha permanecido en silencio todo el tiempo. Él torpemente aleja su mirada lejos, en verdad que es un idiota; estúpido Iván.
Bernardo: -No quería causar problemas, así que también me mostré y de alguna manera me las arregle para poder engañarlos.
Bernardo: -Les dije que nosotros somos un grupo de actores ambulantes vestidos con traje de prisioneros.
Gian: -¿Actores?
Bernardo: -Todo está bien ya que el alguacil está fuera del pueblo, así que solo debemos conseguir algo de tiempo. Todo lo que tenemos que hacer es mostrarnos ante ellos como si fuéramos actores.
Bernardo: -Les dije que iríamos por nuestros compañeros, puede que podamos huir pero es preferible que vayamos a mostrarnos ante ellos para no levantar sospechas.
Luchino: -¡¿Pero qué clase de broma es esta?! ¡Es imprudente!
OPCIONES:
Elegir la segunda opción
Gian: -No, deberíamos de….
Luchino: -¡¿Deberíamos huir de aquí?!
Luchino termina de decir la mitad de mi frase
Mientras discutimos, continuamos avanzando al pueblo hasta llegar a una altura en donde podríamos ver la plaza con la multitud de gente acercándose, era demasiado tarde.
Bernardo: -Bueno vayamos.
Esto ha dado un giro inesperado que no se siente real para nosotros, pero eso ya no importa, ya que nos dirigimos hacia la plaza del pueblo.
A nuestra llegada, somos bienvenidos con una gran ovación por los aldeanos, parece que la bebida ya les afectó.
Aldeano 1: -Hey, ¡! ¡¡Si vinieron!!
Niño 1: -Es verdad y son cinco.
Niño 2: -Son geniales, todos son artistas.
Mis ojos se abren inconscientemente ante el entusiasmo de los niños.
Aldeano 1: -Vaya son un grupo de cinco. Además, se han disfrazado de los cinco chicos de la mafia que no hace mucho se escaparon ¡es perfecto!
Aldeano 2: -Whoo, qué grupo de chicos guapos tenemos aquí.
Los comentarios vuelan hacia nosotros de todos lados del pueblo. Es un poco abrumador.
Bernardo: -Siento la espera, señora.
Esposa del jefe del pueblo: -Ya ven, es como les dije, estos chicos regresaron como les dije ¿no es así? No pueden engañar a mis ojos.
Jefe: -Perdonen, perdonen. Mis más sinceras disculpas como jefe del pueblo por haber sospechado de ustedes.
La espalda de Bernardo fue golpeada un poco por la mano de la esposa del jefe.
Esposa del jefe del pueblo:- No debieron tardar tanto ya que algunos cobardes comenzaron a decir que podrían ser ustedes los fugitivos y que fuéramos tras de ustedes.
En verdad somos los fugitivos…. Qué bueno que decidimos no huir.
Aldeano 2: -Ser actores ambulantes debería ser agradable, sin embargo no deben de obtener noticias tan seguido ya que fue ayer mismo o antier que nos enteramos que algunos mafiosos se escaparon podría ser los capitanes.
Bernardo: -No podrían ser…. Son de CR5.
Aldeano 3: -No fue antier si no ayer que nos enteramos por medio de la radio, fue todo un caos.
Aldeano 4: -Si que da miedo, ¿aquí es un lugar escondido no? Pero qué tal si lograron escapar dirigiéndose hacia este lugar, no sería extraño que pasara.
No tengo idea de cuánto tiempo más estos aldeanos creerán la idea de que somos actores. Es un pensamiento desalentador.
Lo más importante es sobre Bernardo, ¿Qué clase de poder mágico uso en ellos para convencerlos?
Jefe: -No hay de qué preocuparse, ya que los verdaderos al parecer se dirigen hacia Suncreerk en este momento.
Aldeano 2: -Lo dijeron en la radio….
¿Lo dijeron? Nosotros nos lanzamos una mirada del uno al otro.
Jefe: -Se refiere a todos los policías y alguaciles de por aquí. Lyin está esperándolos en Suncreerk, no hay que preocuparse por ellos todo lo tienen bajo control.
Los aldeanos creen que tienen razón por eso gritaron con risa.
Gian: -………
¿Pero qué pasa aquí?
Se supone que en Suncreerk, según el plan, estaría esperando por nosotros una limusina que Bernardo consiguió.
Todavía confundido por lo que está pasando, Bernardo me susurra al oído.
Bernardo: -Suponía que darían informes falsos en la radio, pero al parecer es cierto.
No entiendo lo que está pasando, pero parece que es verdad que la policía está esperando por nosotros en Suncreerk.
Una cosa es segura, ya no debemos ir hacia Suncreerk así que ya no deberemos contar con la idea de ir en la limusina.
Aldeano 4: -¿Por qué mejor ustedes nos dan un espectáculo diferente? El estar actuando como prisioneros sería aburrido.
Aldeano 3: -Se los encargamos, hermanos.
Como si fuera lo normal, los aplausos de los aldeanos se expanden.
Sus ojos expectantes se centran en nosotros ¿Qué deberíamos hacer?
OPCIONES:
Elegir mirar a Giulio
De repente, doy vuelta a mi cabeza hacia Giulio que estaba cerca. Pensé que tal vez tendría alguna buena idea.
Giulio me mira y me da uno de sus gestos habituales antes de dar un paso hacia adelante dirigiéndose hacia los aldeanos del pueblo levantando su mano.
Giulio: -Ese cuchillo….
Le pregunta a uno de los aldeanos cercanos señalando el cuchillo que usa para cortar trozos de tocino.
Después recoge una de las piezas de tabla de madera que usan para cortar y me la entrega dando unos pasos, unos diez pasos más o menos.
Un silencio expectante cae sobre los habitantes del pueblo.
Giulio: -Señor Gian, por favor aléjese.
Giulio: -………
Giulio juega un poco con el cuchillo de carnicero, como si estuviera probando su peso. Justo cuando le iba hablar él da una mirada de satisfacción…. De repente deja su mirada del cuchillo aventándolo hacia arriba en el aire.
Aldeano 2: -¿Eh…?
Y luego, cuando lanza el cuchillo en el aire da vueltas en el mismo lugar que había sido aventado, cachándolo (agarrándolo) de nuevo sin dificultad.
Repite esto varias veces. Cada vez que avienta el cuchillo hacia el aire haciendo girar lo atrapa mientras gira en el aire agarrándolo de la empuñadura.
¿Y si toma por accidente la hoja del cuchillo? ¿Fallaría haciéndose daño a sí mismo? Estos son los pensamientos que pasan por la audiencia observándolos.
El temor causado por la fluidez y perfectos movimientos de Giulio se hunden lentamente en la audiencia.
Aldeano 4: -Sí que es sorprendente…
Más o menos en el décimo lanzamiento, Giulio realiza sus trucos mientras crece la ovación.
Luego con una mirada llama mi atención.
Giulio: -Eso… póngalo enfrente de su cara.
En el momento en que lo escucho, inmediatamente sostengo la tabla de cortar poniéndola a la altura de mi cara.
Escucho un sonido y una ligera sacudida corre por mis brazos.
Y justo en medio de la tabla, Giulio posó su mirada, cuando me doy cuenta el cuchillo se encontraba incrustado en la tabla, lo arrojó muy rápido.
Los aplausos se intensifican.
Estoy completamente anonadado por la habilidad impresionante de Giulio. Aunque para él, es probable que no sea nada más que su técnica habitual de batalla.
Niño 1: -¿Otra cosa? Oigan, ¿pueden hacer otras cosas?
Jefe: -Estamos en medio de una festividad después de todo ¿´Por qué no dan un espectáculo? Algo como para fiesta o incluso algo romántico, cualquier cosa es buena.
Bernardo: -Bueno verá, como nuestra camioneta tuvo un contratiempo en el camino tuvimos que dejarla con todos nuestros instrumentos musicales.
Bernardo trata de evitar el tema del espectáculo, pero… no esperaba que un montón de aldeanos dijeran ”¡Use esto!”
Nos están dando sus propios instrumentos sin una pizca de cautela. A este ritmo, no habrá manera de que podamos rechazarlos.
Bernardo: -Eh, ¿con que algo parecido?
Bernardo susurra para sí mismo mientras acepta un acordeón. Ah, claro, él puede tocar un poco el piano.
Bernardo: -Gian, tú cantas.
El golpea ligeramente mi hombro, me preparo para lo peor.
Gian: -…. Claro
Nombro una canción que había sido un éxito hace aproximadamente medio año.
Luchino: -Aah, si es aquella es posible que pueda tocarla.
Luchino comienza a afinar la guitarra que había recibido de los aldeanos.
Giulio toma un violín que le había dado una anciana refinada.
Se coloca debajo de la barbilla el instrumento y tira de las cuerdas sin dudar. Ese movimiento glacial, es como la forma en la que había manejado el cuchillo antes, al igual que lo había hecho muchas veces más.
Giulio: -Parece que podré hacerlo.
Iván: -Eeehh, entonces, yo….
Un niño le entrega a Iván un triángulo.
Iván: -Pues verás niño…. Esto…..
Bueno, dejemos a Iván a un lado.
Y así se ha formado la banda del CR5 el cual somos cinco estrellas, así que calentamos un poco juntos antes de subir al gran escenario.
Pues somos cinco….. De alguna manera funcionara.
Gian: -Pues bueno…. ¿comenzamos?
Bernardo da un par de toques con un palo a un barril cercano, y Luchino comienza a tocar la parte inicial después Giulio empieza a tocar con su arco de atrás hacia adelante en las cuerdas del violín con movimientos bruscos de forma inesperada.
Iván al final da unos improvisados toques con el triángulo, y por un momento se hizo silencio después toda la multitud gritó como loca.
Aldeano 3: -¡Ustedes son geniales!
Aldeano 2: -¡Qué gran voz!
Los aplausos se extienden aún más hacia nosotros, y yo doy una gran sonrisa hacia los espectadores.
Bernardo: -De alguna manera logramos engañarlos .
Luchino: -Si que mostramos tener grandes bolas allá arriba.
Gian: -Iván, lo hiciste bien.
Iván se nos unió a la mitad cantando mostrando una gran voz, en esa parte los aplausos comenzaron a surgir a un más el mostró el gran ritmo que es como las personas negras.
Iván: -Pues me esforcé mucho… estaba desesperado.
Me preguntaba ¿Cómo terminaría esto al final?
Parece que ahora si todos los habitantes piensan de todo corazón que somos un grupo de actores ambulantes. Por la canción tomaron más cervezas, subiéndose el alcohol aún más.
Esposa del jefe de la aldea: -Pues bien, ¡ustedes también vengan y coman más! En nuestro pueblo hay bastantes provisiones.
Ahora que ya no hay más barreras, nosotros también podemos relajarnos bebiendo algunas de las bebidas y comer de la comida que los demás están disfrutando.
Giulio les ofreció más shows con su cuchillo por petición de algunos aldeanos que se le acercaron y le pidieron que lo hiciera.
Cerca de ahí, Luchino tocaba la guitarra para todas las mujeres que lo rodearon.
Yo no solo podría haber permanecido solo sentado y comiendo, así que le demostré a algunos aldeanos mis habilidades sobre mi pasatiempo que es el escape, solo para entretenerlos.
Ellos me dijeron “debería de dar algunas pláticas sobre esto a los presos algún día” al parecer se los conté de manera muy real como si fuera mi propia experiencia: jajajaja.
Iván por alguna razón resultó ser muy popular con los niños, no paran de seguirlo como unos pollitos siguiendo a su mamá gallina.
Bernardo: -Fue todo gracias a usted jefe, que yo fuera capaz de negociar con ellos.
Jefe: -No, no, no fue nada.
Bernardo está charlando con el jefe y su esposa.
Bernardo: -Por cierto jefe, sé que puede ser una molestia, pero ¿podría prestarme algún teléfono?
Bien hecho, Bernardo. Con esto lograremos ponernos en contacto con Daivan.
Y así la noche va pasando, todos los aldeanos se embarrotan de comida, bebida mientras siguen celebrando. Se amontonan alrededor de nosotros hasta el punto de confundirnos.
Tal vez sea por la estimulación del hambre que viene desde los alrededores, todo esto para mi resulta ser bastante refrescante y animado.
Gian: -Pues bueno, veamos.
Creo que iré a molestar un poco con mis charlas a mis compañeros. Me levanto de la banca que he estado usando como silla.
OPCIONES:
Elegir a Luchino
Al dar una vuelta por los alrededores, veo a Luchino rodeado por una bandada de las esposas de los aldeanos.
Luchino pone una expresión como de “estoy salvado” cuando me ve, y de esa manera se zafa del círculo de las señoras.
Gian: -Hehehe…. Sí que eres muy popular, Luchino.
Luchino: -Pero no hay mujeres jóvenes.
Gian: -Sí hay unas mujeres jóvenes.
Señalo hacia donde está Iván rodeado de un grupo de niñas como de cuatro o cinco años de edad.
Luchino: -……………
Luchino da un largo suspiro a través de su nariz.
Luchino: -No soy bueno con los niños.
Gian: -Bueno, es cierto que no tienes pinta de ser bueno con ellos.
Después de decir eso, pienso “mierda”. Escuché hace algún tiempo que Luchino perdió a su esposa e hijo pequeño… ¿o era una hija?
Gian: -Disculpa, Luchino….
Luchino: ¿Qué pasa? El jamón de aquí es delicioso. Prueba algunos.
Parece ser que mi pánico fue unilateral, veo como un filete de jamón es colocado en un tenedor enredándolo y poniéndolo en frente de mi boca.
Gian: -Ahhhm.
Luchino: -¿Eres idiota?
A pesar de que se quejó, Luchino mete el tenedor con el jamón en mi boca. Realmente está delicioso.
Tragando el jamón sintiendo como recorre mi garganta, susurro en italiano.
Gian: -Oye, han pasado dos días desde que nos declararon fugitivos. ¿No crees que esta situación es algo extraña?
Luchino: -Mis planes eran ir a uno de mis clubs nocturnos con discoteca y emborracharme hasta más no poder, mientras sostengo a algunas chicas rubias. No era mi plan estar en un festival de pueblo como éste.
Y yo debería estar ocupando el asiento de jefe en estos momentos.
Luchino: -¿Cómo vas a asumir la responsabilidad de esto, perro de la suerte?
Gian: -Si te refieres a tener a una belleza rubia, pues justamente aquí hay una.
Me señalo a mí mismo dándole un guiño, ganándome un golpe en la mano.
Luchino: -Serás idiota. Los hombres no son lo mío.
Gian: -Pero esta tarde en el lago….
Luchino: -………
Como algunos aldeanos se habían parado cerca de nosotros, cortamos nuestra conversación.
Luchino: -Ya quiero regresar pronto a la ciudad. Pero….
Luchino: -Este lugar sin duda alguna es un lindo pueblo.
Luchino mira tranquilamente a los aldeanos con sus hijos. Pensé que lo dijo a propósito para que los aldeanos cercanos a nosotros lo escucharán, pero podría haber sido que hablara seriamente.
La noche comienza a verse aún más en medio del campo. Todavía no son ni las 8:00 de la noche y el festival parece como si ya se estuviera acabando.
Los niños y los ancianos regresan primero a las casas. Probablemente tendrán una gran noche de sueño. Otros comienzan a quitar la comida y también la cerveza.
Lo que significa, que nosotros al fin podemos dejar de actuar. Estamos llenos de tanta comida y bebida muy rica.
Nos levantamos y nos reunimos.
Bernardo: -Hace poco el jefe de la aldea me prestó un teléfono, y pude lograr contactar con alguien en Daivan.
Luchino: -¿Qué dijo el jefe?
Bernardo: -No lo sé. No pude contactarlo. Pero le deje un mensaje.
Bernardo: -Le dije a mi subordinado que viniera a recogeros alrededor de esta área mañana por la mañana, ya que parece que será imposible abordar la limusina en Suncreerk.
Bernardo: -También, como pueden ver, aquí traigo la gasolina. El jefe de la aldea me dio un poco.
Hay un pequeño tanque bajo sus pies.
Todo esto sonó como a mentira al inicio, el que lográramos convencer a los aldeanos del pueblo que habíamos quedado varados con nuestro auto que se quedó sin gasolina y que caminamos todo el recorrido hasta Bowick.
Para poder encubrir a Iván, Bernardo engaño diciendo que él es uno de los actores ambulantes que formaba parte de un grupo, luego nos llevó hacia los habitantes del pueblo que nos invitaron a su festival y ahora aquí estamos.
Pero qué cosas tan locas… Pero todo salió bien al final, sin embargo, esto no podría haber salido bien si no fuera por mi suerte ¿verdad? Claro que sí.
El jefe del pueblo nos detuvo un momento para agradecernos en nombre de todos los aldeanos.
Jefe: -No nos importaría que ustedes se quedaran a pasar la noche en una de las posadas de aquí. ¿Por qué mejor no se quedan y se van mañana? Ya está oscuro.
Bernardo: -No, pero gracias. Debemos irnos además tenemos una linterna y no podemos dejar el auto solo porque nos preocupa ya que tenemos todas nuestras cosas en él. Será para la próxima vez.
Los aldeanos restantes nos dan ofrendas y aceptamos algunas de ellas hasta despedirnos y salir de allí.
Pretendemos caminar por el camino principal hasta que nos alejamos un poco y nos metimos por el campo para llegar a la cabaña que habíamos encontrado.
Debido a que en esa cabaña está la ropa y comida que robamos antes
Desde ahí nos dirigimos a la misma cabaña en donde pasamos la noche. Nos quedaremos ahí hasta que los miembros que son parte de CR5 vengan por nosotros.
Iván: -Ahhhh.. Y finalmente que nos habíamos emborrachado. Y ahora que regresamos ya estamos sobrios. Debimos habernos quedado en la casa del jefe hasta mañana temprano.
Bernardo: -No podíamos correr más riesgos. Podría comenzar a sospechar en cualquier momento. ¿Estaría bien para ti que al despertar tuviéramos a la policía junto a tu cama?
Iván se queja a medida que continuamos caminando en la noche y Bernardo le responde. Buscamos un pequeño camino para entrar al bosque.
Iván: -Estará todo bien ya que los habitantes de este pueblo son tontos.
Gian: -No, cuando amanezca y estén sobrios se darán cuenta de que es extraño. Es lo normal.
Luchino: -Si el auto del jefe no hubiera sido más que para dos personas, la opción de secuestro sería la única opción que nos quedaría.
Nos alejamos del pueblo con pasos rápidos y susurrando entre sí. Si no nos damos prisa, entonces nos tomaría más de una hora para llegar a la cabaña que tomamos como refugio en la montaña.
Si no nos damos prisa…… Pero cuando estábamos por poner un pie en el camino….
Aparece una persona, todo se hizo silencio…. Incluso Giulio no se había dado cuenta.
Gian: -Eh?….
Ahí había una persona …
No sé desde cuándo se había dado cuenta de nuestra presencia, nos tomó de sorpresa ver a una anciana a mitad de la carretera con su expresión rígida y sorprendida.
Ella me resulta familiar. En sus manos está el violín que Giulio recibió prestado antes.
No recuerdo haberla visto en las afueras de la plaza del pueblo antes. ¿Se le habrá pasado por accidente la hora para regresar a casa?
¿Ella habrá escuchado de lo que estuvimos hablando?
OPCIONES:
Elegir la segunda opción
Veo a Giulio sacando su cuchillo de su bolsillo desde la esquina de mis ojos. De inmediato levanto mi voz para detenerlo.
Gian: -¡Espera!
La única manera de mantener las cosas en secreto es matar a la anciana enfrente de nosotros… Eso es lo que mi voz dice en mi mente.
¿Qué es lo que debería hacer? Cuestionan los cuatro que me están mirando.
Me detengo por un solo segundo.
OPCIONES:
Elegir la segunda opción
Gian: -¡Luchino!
Agarro la mano de Luchino tirando de él hasta llegar enfrente de la anciana que nos mira con los ojos muy abiertos y temerosos.
Gian: -Lo que acabas de ver, fue solo una ilusión. No debes hablar sobre nosotros a nadie.
Gian: -Si te quedas callada, no pasará nada. El cometer asesinatos sin sentido no es lo nuestro.
Ante mi advertencia, las lágrimas comienzan a brotar ante los ojos enfrente de mí.
Gian: -¿No es cierto?
Busco la confirmación de Luchino que está a mi lado. Lo jalé a lado mío pensando “si necesito ayuda para manejar a una mujer, él es el hombre”.
Luchino: -Perdone por hacerle pasar un mal momento, señora.
Aunque está temblando hasta por los codos, los ojos de la señora se aferran a Luchino como si fuera un salvavidas al escuchar su tono amable.
Luchino: -Lo que acaba de decir él es verdad. Somos el tipo de personas que mantienen sus promesas. Por favor, créanos.
Ante las palabras suaves y la sonrisa de Luchino, las lágrimas de la señora que estaban a punto de desbordarse, paran.
Luchino: -Como prueba de esta promesa y por nuestro agradecimiento, le enviaremos un ramo con un centenar de rosas después de llegar a la ciudad. Un ramo de rosas que se comparen a una dama tan hermosa como usted.
De repente, Luchino se pone de rodillas tomando la mano de la anciana. Le da un suave beso en la parte posterior de su mano.
Aunque el miedo todavía sigue presente en su expresión, ella da una pequeña inclinación de cabeza.
Luchino: -Buenas noches, señora. Que tenga unos dulces sueños.
Nos alejamos en silencio dejando allí a la anciana.