Capítulo 79

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Chang Ziqing estaba sentado sobre la espada “Viento Celestial de los Nueve Cielos”, tomando notas en su cuadernito.

“Hoy quedas debiendo tres cuartos de vuelta”.

Lin Hao estaba tan agotado que se había desplomado sobre la suave arena, respirando con dificultad. Levantó débilmente la mano derecha para protestar:

“Imposible… siento que ya casi llegaba a la mitad”.

“¿Así que tú mismo sabes que no llegaste ni a la mitad? Si no llegas, se cuenta como un cuarto. ¿O esperas que saque una regla para medir cuántos metros corriste? “replicó Chang Ziqing sin prestarle más atención, mientras seguía anotando.

Lin Hao solo pudo cerrar la boca. Palpó la arena bajo él; correr sobre arena realmente era una tortura.

La arena suave no le permitía hacer fuerza, y el sol abrasador hacía que su energía se consumiera aún más rápido.

El entrenamiento seguía el ciclo del sol: comenzaba a correr al amanecer y no se detenía hasta la puesta del sol. Por la noche solo podía meditar para recuperarse, y al día siguiente… repetir.

El cuaderno de Chang Ziqing se hacía cada vez más grueso, y la cantidad de deuda que Lin Hao acumulaba, también aumentaba.

Ese día, Lin Hao por fin logró llegar hasta la mitad del recorrido. Chang Ziqing, a regañadientes, anotó media vuelta.

La presión de la deuda dejó a Lin Hao sin cabeza para preocuparse por Lin Jin Xing.

Mientras tanto, dentro de la dimensión, las cosas no estaban tranquilas.

El primer mes fue relativamente estable, pero al comenzar el segundo, un resplandor surgió desde las profundidades: la luz de un tesoro supremo. Solo duró un instante, pero fue suficiente para que todos dentro de la dimensión lo notaran…  incluidos los demonios ocultos.

La dimensión, hasta entonces en calma, quedó envuelta en tensiones y movimientos silenciosos de todas las fuerzas presentes.

“¡BOOOOM!”

Un estallido retumbó en la dimensión. Un cultivador cayó al suelo, muerto.

El hombre que lo mató sostenía un enorme martillo, congelado aún en postura de ataque. Su fuerza era tan abrumadora que muchos de los que estaban en su contra retrocedieron con miedo.

Medía más de dos metros, con hombros anchos y brazos tan gruesos que bastaba verlo para saber que era un gigante de poder.

Cada músculo en su cuerpo sobresalía, lleno de una sensación explosiva de fuerza. El enorme martillo, que parecía pesar toneladas, en su mano parecía un juguete.

A pesar de su aspecto feroz y salvaje, su expresión daba una extraña sensación de… torpeza.

Sus ojos estaban vacíos, su rostro sin expresión, como un niño grande e ingenuo atrapado en el cuerpo de un monstruo.

Aunque estaba rodeado de muchos enemigos, no mostraba ni un ápice de temor, como si no supiera lo que significaba sentir miedo.

“A Da, retrocede “sonó una voz femenina, seductora y melodiosa.

El hombre obedeció de inmediato, bajó el martillo y dio unos pasos hacia atrás.

Mei Shu salió desde atrás de él. Cada paso que daba movía sus caderas con una elegancia tentadora que parecía golpear directamente los corazones de todos los hombres presentes.

El adorno de jade en su cabello tintineaba con su andar, como si estremeciera los huesos de los hombres. Algunos incluso empezaron a sangrar por la nariz.

Mientras los hombres quedaban embelesados, las mujeres cultivadoras estaban llenas de desagrado, sus auras asesinas intensificándose.

Pero detrás de Mei Shu estaba Mu Jin, sus ojos afilados como un halcón. Apretaba su espada “Siete Extinciones Sangrientas”, cuyo filo vibró emitiendo un resonante sonido de espada que oprimió incluso la hostilidad de las mujeres enemigas.

Además de ellas, otra mirada cargada de molestia cayó sobre Mei Shu desde atrás.

Mei Shu la sintió y se giró. Al ver quién era, su expresión se relajó.

Si era esa persona, no tenía nada de extraño.

Cai Xiang llevaba intentando rayarle la cara desde hacía mucho tiempo. Ese lunático que quería destruir cualquier rostro bonito no era alguien al que valiera la pena prestarle atención.

Aunque su nombre sonaba femenino, Cai Xiang era un hombre. Solo que su gusto para vestir… era difícil de catalogar.

Medía alrededor de 1,85 m, con un cuerpo robusto, pero llevaba un conjunto completo de ropa femenina provocativa, dejando al descubierto unas largas piernas… cubiertas de vello.

Su rostro fuerte y masculino estaba enterrado bajo un maquillaje oscuro y unos labios rojo brillante. La combinación era tan chocante que daba vergüenza incluso mirarlo.

Y aun así, él creía firmemente que era muy hermoso.

Los hombres que estaban siendo hechizados por Mei Shu, al seguir su mirada y ver a Cai Xiang, se quedaron petrificados. Él pensó que era porque lo encontraban atractivo y respondió con un wink coqueto.

Todos regresaron instantáneamente a la realidad. Algunos incluso se taparon la boca para no vomitar.

Mei Shu rio por lo bajo, tapándose los labios, con una mirada llena de burla.

“¿Sabes siquiera cómo te ves? No tienes ni un gramo de autoconciencia”.

Cai Xiang se enfureció.

“¡Aunque fuera así, sigo siendo más bonito que tú! ¡Tú solo sabes usar tus trucos de zorra!”

“Aunque quisieras usarlos, no te da la cara “replicó Mei Shu con absoluto desprecio.

Eso lo hizo estallar. Lo que más odiaba en el mundo era que dijeran que era feo, y esa mujer lo provocaba una y otra vez.

Sacó su arma espiritual, la campana “Roba-Almas”, y estaba por atacar, cuando una espada larga bloqueó su ofensiva.

Miró al portador de la espada y arqueó una ceja.

“¿Eh, Guardián del Este? ¿No se supone que tú también tienes rencores con esta mocosa? ¿Por qué la ayudas?”

Mu Jin respondió fríamente:

“No la estoy ayudando. No es momento de peleas internas. No olvides por qué vinimos aquí ni las órdenes de la Maestra del Palacio”.

A Da, que hasta ese momento había estado de pie como una estatua, reaccionó de inmediato al escuchar “Maestra del Palacio”. Su expresión cambió ligeramente; ya no parecía tan tonto, aunque seguía mirándolos con esos ojos claros y simples.

“Sí. Nadie debe olvidar las órdenes de la Maestra del Palacio”.

Cai Xiang: “…”

Este idiota solo reacciona cuando escucha ese nombre.

Aunque la tensión fue interrumpida, al menos los objetivos de los tres se alinearon nuevamente.

Eran solo cuatro en el grupo de Mei Shu, pero los cuatro estaban en etapa de Transformación Divina, y como Santa de la Secta Oscura y protectores del palacio, su poder estaba entre los más altos de ese nivel.

Cuando los cuatro actuaban juntos, su fuerza era impresionante.

Por el contrario, los cultivadores humanos estaban mucho más desorganizados. Pertenecían a distintos clanes y sectas, con intereses distintos. Unirse era difícil.

El tesoro era solo uno, y había demasiados pretendientes.

Cada quien tenía sus propios cálculos, cuánto arriesgar, cuánto ocultar… solo ellos lo sabían.

Lo único en lo que todos coincidían era en que no podían permitir que el tesoro cayera en manos de los demonios.

Aunque el tesoro aún no había aparecido, el enfrentamiento ya estaba al borde del estallido.

Aparte del primer cultivador que había provocado a los demonios y murió a manos de A Da, nadie más se había atrevido a moverse.

Ambos bandos esperaban… Esperaban el instante en que el tesoro se manifestara.

En ese momento, la energía espiritual del entorno comenzó a reunirse gradualmente en el cielo, como si algo la atrajera. Con el paso del tiempo, la concentración de energía aumentó más y más.

En el centro de ese vórtice espiritual, una luz roja explotó de repente, tan brillante que cubrió todo el cielo.

La luz era tan intensa que todos cerraron los ojos, incapaces de ver lo que sucedía dentro.

Aunque no podían ver, sí podían sentirlo: desde esa luz roja emanaba una presión abrumadora.

Todos quedaron profundamente sorprendidos. Aunque ya habían imaginado que el tesoro era extraordinario… aun así lo habían subestimado.

¿Podría ser… un artefacto divino!?

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