#2

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Parte 1

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***

Una luna brillante colgaba sobre la cima de una alta montaña. La imagen de una casa solitaria erguida en lo profundo de la montaña era extraña y misteriosa. El jardín de la vivienda, iluminado por faroles de piedra, era espectacular en cuanto a paisaje. Sin embargo, un hedor a sangre impregnaba el ambiente.

El dueño de esta casa parecía ser, sin duda, un creyente del Feng Shui. En los aleros del techo de tejas colgaban peces dorados que simbolizaban la buena fortuna, y en las vigas y pilares, colocados cada ocho pies, había grabados en relieve adornos de flores y mariposas. Pero los cadáveres esparcidos por doquier convertían todo aquello en algo espeluznante y grotesco.

Alguien, al ver los cuerpos desparramados, se tapó la nariz. Era una mujer blanca que arrullaba a un bebé en brazos mientras lo dormía. Ella frunció el ceño, como quien hubiera visto un asqueroso desperdicio.

—Puaj, qué olor. ¿Cómo es que no tienes ni un ápice de clase? ¿Cuántos has matado? ¿Se puede matar así, sin más?

—Bueno… no pasa nada. Los que ocupaban esta casa fueron unos desgraciados que mataron al dueño y se lo dieron de comer a perros callejeros hambrientos. ¿Acaso está mal que yo los mate? Ellos fueron los primeros en obrar mal.

El hombre que estaba apoyado de costado en una mesa de piedra cercana se encogió de hombros. El bello rostro, sin una sola arruga, de la mujer se tiñó de resignación.

—Tch, si lo hubiera sabido, habría ido desprendiendo sus pieles una a una para metérselas en la boca yo misma. Qué pérdida, qué desperdicio.

Mother Sheep, el bebé te está escuchando. ¿Por qué no usas palabras más agradables?

—¡Ay, cielos! ¿Y este cuándo se ha despertado? ¿Qué hacemos ahora?

—¿Cómo que qué vamos a hacer! ¡Pues lo volvemos a dormir, vieja loca!

—Tú, ¿qué acabas de decir, viejo verde?

—¡¿Q-qué?! ¿Qué tiene que ver mi virilidad en esto?

Al escuchar al hombre que yacía bajo la viga bebiendo alcohol mientras gritaba, Mother Sheep le lanzó el biberón. El hombre, golpeado en la frente por el biberón, resopló furioso.

El niño, despertando de un sueño ligero, rompió a llorar con fuerza. Mother Sheep lo meció arrullándolo para calmarlo. Envuelto en su mantilla, el niño agitó brazos y piernas, y la tela se desprendió con una fuerza impresionante. El pequeño tenía una apariencia completamente diferente a la de cualquier otro recién nacido.

Su piel, cual porcelana sin rastro de sangre, y sus ojos violáceos destilaban maldad. Cada vez que parpadeaba, su figura se distorsionaba y cambiaba de forma extraña, vacilante como la llama de una vela. A veces como un niño de cinco años, a veces como uno de dos, a veces como si aún no hubiera nacido.

Pero ninguno de los presentes cuestionó esa visión. Mother Sheep, como si lo encontrara adorable, besó la mejilla del niño y volvió a envolverlo, pliegue a pliegue, en la mantilla.

—Ay, cielito. Uvita, es hora de dormir. Eso es, duerme bien. Ay, qué bonito. Mi niño.

El niño volvió a quedarse profundamente dormido. Mother Sheep, al notar que un charco de sangre había llegado hasta sus pies, levantó la cabeza y miró al hombre sentado en la mesa de piedra.

—Hyde, ¿no te parece demasiado sombrío? Cambia un poco el paisaje. Con tanta oscuridad, el niño se va a despertar otra vez.

—Mmm, ¿sí? ¿Qué te gustaría que pusiera?

—Cambia este ambiente tan lúgubre por algo acogedor y apacible. Mejor aún si es un hermoso jardín.

El hombre, con los brazos cruzados, permaneció en silencio por un momento como sumido en sus pensamientos. Era un hombre de apariencia impecable, sin un solo defecto exterior. Sus anchos hombros, su estatura alta y esbelta, y su atmósfera dulce formaban una triple combinación que deleitaba la vista y el corazón de quien lo contemplaba.

Pero esa apariencia era falsa. Él era el hombre de las mil caras, que se cambiaba el rostro a diario, un infame villano de renombre, y no había nadie en In the Hell que pudiera hacerle frente. Era, sin duda, un hombre invicto en cien batallas. Un individuo ciertamente muy problemático para tener como enemigo.

Solo había una forma de reconocerlo, a él, que siempre cambiaba de rostro. Sus ojos color blanca nieve. Con las siete estrellas de la Osa Mayor incrustadas en ellos.

—Bueno, está bien. Además, pronto vendrá Euichan, no hace falta mostrarle algo tan horrible.

En cuanto el hombre, tras reflexionar, chasqueó los dedos, el paisaje que apestaba a sangre se desmoronó y se transformó en un jardín de estilo oriental. En el estanque negro que había en un rincón del jardín, una luna redonda flotaba tímidamente en una atmósfera llena de ternura.

—¡Ay, qué bonito es!

—¿Sí? Me alegro. Cambiar el escenario no es algo tan difícil para mí.

—¡Puaj, creo que voy a vomitar!

—¿Qué dices, idiota?

El hombre, completamente borracho de tanto beber alcohol, se revolcaba de lado haciendo arcadas. En realidad, no salía nada, solo eran gestos. Tenía el cabello blanco y unos ojos rojos maliciosos. De manera peculiar, como si llevara una máscara, una de las comisuras de sus labios estaba totalmente caída, mientras que la otra se alzaba ampliamente.

—Oye, Jack. Una de tus comisuras se te ha caído.

—¡Ah, mierda! Te dije que no salieras cuando estoy bebiendo alcohol.

Jekyll Jack se golpeó la comisura caída y la movió con un par de tirones. La comisura, que estaba extrañamente inclinada hacia abajo, volvió a alzarse ampliamente. Con sus afilados colmillos al descubierto, su aspecto era tan arrogante y dominante como el de un tigre blanco.

—Por cierto, ¿cuándo viene Thief Phantom Kill? ¿Habrá huido con el pequeñín?

—Vieja, tienes demasiadas preocupaciones. Por mucho que huyan, al final siempre estarán en la palma de mi mano.

—Oye, ¿vas a seguir llamándome vieja? ¿Estás loco?

—¿Vieja? Vieja te llamo porque eres una vieja. ¿O acaso quieres que te diga hermanita? ¡Con esa cara, encima quieres que te llame hermanita! Seguro que afuera te haces la santurrona sin ninguna vergüenza. “Ay, ayúdeme usted, por favor. Es que las piernas ya no me funcionan igual, mire usted.” Y luego les sacarás el hígado a tus víctimas y te los comerás de un bocado. ¡Jaja! ¡Ajá! ¡Ajajaja!

En ese momento, una forma negra que había aumentado de tamaño dentro de la mantilla saltó y golpeó el rostro de Jekyll Jack. Jack, que rodó varias veces en el lugar, se masajeó la mandíbula torcida mientras gemía. Al volver la vista al frente, el niño de piel de porcelana estaba en cuatro patas como una bestia, mostrando los dientes hacia el hombre.

—¡Este maldito mocoso! ¿Por haber insultado a su madre me ha atacado?

—Ay, yo no sé nada. Mi pobre Podo, tú lo despertaste. Arréglatelas tú solo.

Mother Sheep, sacudiendo la mantilla y doblándola en un rincón, estiró los brazos y se desperezó. Hyde, con los brazos cruzados, se limitaba a observar con calma a Jack, que peleaba con el niño. Sin embargo, al poco rato, él emitió un sonido, y levantó la cabeza.

—Parece que ya llegaron.

Apenas terminó de hablar, el suelo donde se encontraban tembló ligeramente. Una puerta emergió de la tierra y se abrió con un chirrido de bisagras. Desde el otro lado de la oscuridad, acompañados de pasos, dos personas salieron caminando.

Un hombre vestido con un esmoquin blanco salió primero, seguido de otro con vaqueros y una sudadera con capucha. Al ver entrar a los recién llegados, los presentes se alegraron al instante.

Lo primero que hizo el niño fue abrir sus redondos ojos y lanzarse como una bestia. Impulsándose con fuerza, se aferró con todas sus fuerzas a la cintura del hombre de la sudadera con capucha. Cuando su esbelto cuerpo se tambaleó, una mano grande lo sostuvo firmemente.

—Ay, mira a Podo, está que se muere de alegría por haber visto a Euichan. Pero este pequeñín ya no me obedece a mí, su madre. ¿No te dije que si te lanzas así, el hermano se cansa?

—Está bien, Mother. A mí también me alegra ver a Podo.

Aunque su expresión era seca, su tono era tranquilo. Al pequeño le gustó su voz baja y suave, y empezó a hacer ruiditos con la garganta. Si uno lo escuchaba de lejos, parecía el llanto de un zorro bebé.

—Ay, cielito, nuestro pequeñín, ¿quién te habrá parido que hasta hablas tan bonito? Adorable bebé, deja que tu noona también te abrace un poco.

—¡Qué noona ni qué noona! Euichan, ¡soy yo, tu hyung!

Jekyll Jack, agitando su despeinada cabellera, corrió como un toro con los brazos abiertos. Pero antes de que pudiera llegar, Mother Sheep abrazó a Euichan primero. Abrazado por aquel suave y generoso pecho, Euichan cubrió la pequeña cabeza del niño que colgaba de su cintura, temiendo que pudiera aplastarlo.

—Vieja, qué ansias tienes. Si ya saludaste, ¡apártate rápido!

Una mano gruesa agarró su hombro y tiró de ella hacia atrás con fuerza. Antes de retroceder, Mother Sheep abrazó a Podo, que se había hecho pequeño, y lo envolvió de nuevo en la mantilla. Arrullándolo, el niño se quedó profundamente dormido al instante.

—Euichan, ¿no echabas de menos a tu hyung? ¡He comprado cosas buenas para ti!

—Otra vez alcohol, ¿verdad?

—¿Eh? Ah… ¡El alcohol es lo mejor! ¿Acaso hay algo mejor?

La mano gruesa revolvió por completo el cabello de Euichan y luego le dio unas palmadas en el hombro con fuerza. Entonces, Mother Sheep, dirigiéndose al Thief Phantom Kill, le preguntó con disimulo:

—Pero, ¿por qué has tardado tanto? Por esperar al pequeñín, casi se me cae la cabeza. Llegué a pensar que te habías escapado con él.

—Jaja, no sabía que gozabas de tan poca credibilidad. Resulta que en el camino me topé con unos héroes. Me entretuve un rato jugando con ellos y acabé llegando tarde, ¿qué se le va a hacer?

—¡Ay, cielos! ¿Y eso?

—Quién sabe. Dicen que los tres grandes héroes andan buscando a nuestro pequeñín últimamente, seguro que tiene algo que ver con eso.

—¡Buaa, esos locos están buscando a Under Doom! ¡Tendrán que aprender a conocer su lugar! ¿Por qué buscan a nuestro pequeñín con esas caras de pan aplastado? ¡Buaa!

Un pequeño títere, como con magia, se subió al hombro del Thief Phantom Kill y empezó a parlotear con una voz extraña. Mother Sheep hizo un gesto con la mano como quitándole importancia.

—Oye, no tienen cara de pan. A nuestro Podo le brillan los ojos cada vez que alguien dice que los tres son guapísimos. Nuestro niño tiene buen ojo, ¿sabes?

—La sensibilidad estética de Mother Sheep la comprendo, jeje. Pero es que yo también comprendo la sensibilidad estética.

—Oye, pero si el que dijo eso con su propia voz fuiste tú.

Ya habían pasado dos años desde la fundación de In the Hell. La organización, creada alrededor de Hyde, comenzó sus actividades en serio con el reclutamiento de Jekyll Jack como último miembro. Las dificultades que atravesaron para unirse como equipo fueron tan arduas que no pueden expresarse con palabras.

No es exagerado decir que, aunque son bestias feroces sin un ápice de semejanza entre sí, se reunieron aquí gracias a un solo punto en común. De no ser por eso, estos lobos solitarios, de malas pulgas y personalidades complicadas, no habrían podido convivir y compartir penas y glorias juntos.

Ese punto en común que los reunió era simple. Todo era gracias al más joven.

El hombre tenía cabello negro y ojos negros como el azabache. En sus hermosos ojos aún quedaba un rastro infantil, como el de un niño. Pero si uno intentaba observarlo con detenimiento, los transparentes cristales de sus gafas lo empañaban, volviendo borrosa su expresión.

Las grandes gafas de pasta eran el instrumento que volvía común y corriente su imagen. Si no las llevaba puestas, sus hermanos armaban un gran escándalo. Insistían tercamente en que el pequeñín debía usar las gafas sí o sí.

Él era Ha Euichan, el más joven de In the Hell, y también “Under Doom”, conocido por el mundo como el ”Villano de descarte”.

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