Capítulo 64 — Decir la verdad tal cual es

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De pronto, un chico de unos trece o catorce años irrumpió corriendo en la habitación. Mientras gritaba, levantó ambas manos y empezó a golpear con fuerza a Qiao An, sin mostrar ni un rastro de contención.

La madre de Qiao An no lo detuvo; por el contrario, siguió mirando furiosa a Qiao An mientras decía:

—Hasta tu hermano menor lo entiende: desobedecernos es un error. Ya estás bastante grande, ¿cómo puede ser que algo tan simple aún no lo comprendas? Xiao An, realmente me decepcionas.

Qiao An bajó la cabeza, soportando en silencio cada golpe de su hermano, sin decir nada. Hacía mucho que se había acostumbrado a este tipo de trato por parte de su familia.  ¿Para qué iba a intentar explicarse?

El padre de Qiao An, en cambio, lanzó una amenaza directa:

—Escúchame bien: o haces lo que te digo, o te largas de esta casa y no vuelves nunca más.

Qiao An guardó silencio unos segundos. Finalmente levantó el brazo para bloquear los golpes de su hermano Qiao Kang, y luego posó una mano en la muñeca de la otra mientras decía entre dientes:

—Padre, ¿puedes repetir con detalle lo que quieres que haga?

Al verlo “ceder”, el padre de Qiao An suavizó un poco su actitud.

—Lo que te pedí es muy simple. También es una exigencia de la familia Brant. Ellos nos han dado un sistema completo de vigilancia; solo tienes que instalarlo en el dormitorio del apartamento de He Yishu. Además, ¿no eres amigo suyo ahora? Intenta sonsacarle información, averigua cómo hace esas tarjetas de símbolos. Y si tienes oportunidad, revisa su habitación: quizá encuentres datos útiles.

Los ojos de Qiao An brillaron ligeramente.

—Entendido.

Su padre añadió:

—No te preocupes. Si cumples esta tarea, la familia Brant no nos dejará con las manos vacías.

Qiao An apretó el puño con nerviosismo.

—¿Y si He Yishu lo descubre? Él no tiene muchos amigos en la academia. Si encuentra un sistema de vigilancia instalado en su dormitorio, sin duda sospechará de mí.

—No tienes de qué preocuparte. —El padre agitó la mano con indiferencia—. La familia Brant dijo que este sistema es tan avanzado como los que usa el ejército. Un civil jamás podrá detectarlo. Además, aunque lo descubriera, ¿qué importa? Con los Brant protegiéndonos, ¿cómo vas a temer a un tipo que incluso fue expulsado de su casa?

Qiao An pensó un momento y preguntó:

—Entonces… ¿la familia Brant explicó qué beneficios obtendremos? Me estoy arriesgando muchísimo. Si el pago no vale la pena, ¿no saldré perdiendo?

—Ese no es un asunto que debas considerar tú. —El padre volvió a ignorar la pregunta—. Solo haz lo que te dije.

Qiao An parecía querer seguir preguntando, pero su padre lo fulminó con la mirada:

—Ya has estado en casa demasiado tiempo. Vuelve a la academia y ocúpate de tu tarea.

Después de decir esto, le entregó el sistema de vigilancia que le había proporcionado la familia Brant y lo apresuró a salir.

Justo antes de que Qiao An se fuera, su padre añadió una última orden:

—Si hay cualquier problema instalando el sistema, debes avisar de inmediato. Además, mantén una buena relación con He Yishu en los próximos días. Recuerda: lo que estás haciendo afecta tu futuro y el de tu hermano. No puede haber errores.

Qiao An miró a su hermano menor, que desde que le había pegado ni siquiera lo miraba; ahora estaba sentado cómodamente en el sofá comiendo pasteles.

Qiao An solo pudo asentir en silencio.

En el camino de regreso a la academia, el rostro de Qiao An estuvo tenso todo el tiempo. Estaba pensando en algo que antes jamás habría considerado, y debía tomar una decisión que exigía todo el valor que pudiera reunir.

Cuando regresó al apartamento, He Yishu estaba conversando tranquilamente con Adrian en la sala. Como amigo de He Yishu, Qiao An conocía bien la relación entre ambos, así que no se sorprendió al ver a Adrian allí.

Al verlo entrar, He Yishu sonrió y lo saludó:

—Por fin volviste. ¿Pudiste resolver lo de tu casa?

Qiao An miró a He Yishu, luego a Adrian.

—Todavía no del todo.

Notando que algo andaba mal, He Yishu dejó de sonreír.

—¿Pasó algo? ¿Necesitas ayuda?

—Sí. En realidad… tengo algo que decirte. —Qiao An se sentó frente a él y sacó del bolso el sistema de vigilancia—. Esta vez, mis padres me llamaron a casa… por tu causa.

He Yishu arqueó una ceja y tomó la caja negra de metal con curiosidad. Adrian, sentado a su lado, la recibió enseguida y la abrió con cautela. Su expresión se volvió fría.

—¿De dónde sacaste esto?

—¿Qué es? —preguntó He Yishu al ver unas simples agujas metálicas dentro de la caja.

Adrian respondió con voz grave:

—Es un equipo de micro vigilancia de alta gama usado en sistemas militares. Normalmente solo se lo asignan a misiones especiales.

Al oírlo, He Yishu ya tenía una sospecha, pero fingió ligereza al mirar a Qiao An.

—Parece algo muy sofisticado. ¿Quieres dármelo como regalo?

Qiao An respiró hondo, reunió valor, y contó todo lo ocurrido en su casa.

—Esto me lo dio mi padre. Dijo que se lo entregó la familia Brant. Quieren usarlo para vigilarte…

He Yishu escuchó toda la historia sin que su expresión cambiara. Era como si nada tuviera que ver con él.

En cambio, Qiao An estaba extremadamente avergonzado y nervioso, sin atreverse siquiera a mirarlo a los ojos.

—Lo siento mucho. No pensé que mis padres me pedirían hacer algo así. Pero te juro que jamás lo haría. Además, grabé todo en video. Te lo envío ahora mismo.

Sin esperar respuesta, Qiao An bajó la cabeza y envió la grabación.

He Yishu no lo detuvo, y siguió hablando con calma:

—Qiao An, incluso si no me hubieras contado nada, igual no sospecharía de ti. Sé que eres una buena persona y jamás dañarías a nadie. Y esta situación no es culpa tuya, así que no tienes porqué disculparte por las acciones de tus padres.

Al contrario, debería agradecerte por contármelo; de otra forma, jamás sabría lo que están tramando tus padres y la familia Brant.

—Pero aun así siento que lo lamento… —Qiao An levantó la vista con culpa, pero con evidente alivio.

Conociendo la personalidad de He Yishu, temía que esto rompiera su amistad.

He Yishu ya no habló sobre sí mismo. En cambio, lo miró con preocupación.

—Aunque me alegra que hayas tomado esta decisión, debes saber que te traerá consecuencias muy severas.

—Lo sé—. Desde el momento en que decidió actuar, Qiao An ya era consciente de lo que enfrentaría. Sabía que la amenaza de su padre no era un juego: si se negaba, seguramente perdería el derecho a volver a casa.

—Entonces… ¿ya decidiste? —preguntó He Yishu.

Qiao An apretó nuevamente los puños, pero respondió con firmeza:

—En realidad, encendí el sistema de grabación en ese momento porque ya había tomado una decisión. Quería ver qué harían ellos.

He Yishu comprendió al instante.

—¿Quieres hacer lo mismo que yo?

Qiao An bajó un poco la mirada.

—Yo… aún no tengo el valor para cortar con ellos por mi cuenta. Pero creo que ellos tomarán la decisión por mí.

Sabía que no era tan valiente como He Yishu. Necesitaba que fueran sus padres quienes lo expulsaran, no ser él quien rompiera con su familia.

He Yishu pensó que esa también era una buena solución.

Por un lado, era coherente con la personalidad de Qiao An; si cortaba la relación por iniciativa propia, arrastraría culpa durante mucho tiempo. Por otro lado, en un conflicto, la gente suele ponerse del lado del más débil.

Si Qiao An se marchaba voluntariamente, podría quedar en desventaja moral en el futuro.  Si lo echaban, sería distinto.

Y, siendo sinceros… conociendo a esa familia, era muy probable que lo expulsaran en cuanto supieran que no cumplió sus órdenes.

—Sé que ahora te sientes mal, pero sinceramente creo que deshacerte de esa gente no será algo negativo. Puede que al contrario, te libere de muchas cargas y presiones—. He Yishu le dio unas palmaditas en el hombro—. Además, eres mi mejor amigo. Si tienes problemas, puedes venir a mí.

Estas palabras calentaron el corazón oprimido de Qiao An.

Él era más sensible que la mayoría, y siempre había sentido que He Yishu, aunque lo tratara bien, no confiaba del todo en él.

Pero ahora le había dicho:

“Eres mi mejor amigo”.

De amigo… a mejor amigo.

Para ambos, eso significaba muchísimo.

Por supuesto, para Adrian también significaba algo muy distinto.

Por ejemplo, que en ese mismo instante… estaba irremediablemente celoso.

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