Capítulo 262: Quizás necesitaba ir al baño

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El punto de venta de píldoras espirituales estaba, como siempre, muy concurrido. You XiaoMo no se molestó en promocionar sus píldoras.

Como ahora solo ponía el puesto cada dos o tres días, para no malgastar puntos, primero iba a ver al Anciano Wan para alquilar un puesto y luego lo montaba. Aunque el proceso fuera un poco más engorroso, estaba encantado de ahorrar puntos siempre que pudiera.

Ese día, You XiaoMo fue a alquilar su puesto habitual. Como era uno de los cuatro rincones muertos, no temía que nadie se lo quitara. Además, muchos ya sabían que era su puesto; a menos que alguien quisiera ser ahogado en la saliva por sus clientes, nadie sería tan estúpido de tomarlo. Sin embargo, esta vez las cosas fueron muy distintas.

—¿Dices que ese puesto lo ha alquilado otra persona? —You XiaoMo, que ya tenía la tarjeta en la mano, se quedó paralizado.

—Así es. Has llegado tarde, —dijo el Anciano Wan, acariciando su barba cana. —Hace media hora, un joven vino y alquiló el puesto que tú sueles usar. Y lo hizo por diez días seguidos.

Para aquellos con puntos de sobra, veinte puntos no eran nada.

You XiaoMo, sorprendido, preguntó: —Pero ese puesto es uno de los cuatro rincones muertos. ¿Cómo es que alguien lo ha alquilado?

Y, para colmo, había elegido justo el puesto que él usaba siempre. Aunque parecía una coincidencia, no se podía descartar que el otro estuviera buscando adueñarse su base de clientes, pues él ya se había hecho un nombre en el punto de venta de píldoras espirituales.

Muchos sabían que uno de los cuatro rincones muertos era el puesto de You XiaoMo, y que sus píldoras eran de calidad garantizada. Por eso, cada vez más gente acudía a aquel rincón.

Al aumentar el flujo de personas, también aumentaban las ventas de los puestos cercanos. Por eso, los otros vendedores, que al principio envidiaban su ubicación, ahora lo recibían con los brazos abiertos. Si alguien le robaba el puesto, era probable que ellos mismos lo echaran.

Después de tanto tiempo usando ese puesto, cambiarlo ahora le resultaba extraño.

—Este anciano tampoco es muy claro en este asunto. Pero puedo decirte el nombre de quien lo alquiló, —ofreció el Anciano Wan. Si quien le preguntara hubiera sido otro, no habría revelado esa información ni aunque se la pidieran de rodillas.

—Muchas gracias, Anciano Wan. ¿Puedo saber el nombre de esa persona? —You XiaoMo juntó las manos en señal de agradecimiento.

El Anciano Wan hizo un gesto con la mano. —Es un cultivador llamado Xu Yun.

Un cultivador alquilando un puesto en el punto de venta de píldoras espirituales. Aquello, sin duda, era sospechoso.

Al oír ese nombre, You XiaoMo comprendió al instante la situación. Tras agradecer nuevamente al Anciano Wan, él y Ling Xiao salieron del edificio. Aunque no pudo alquilar su puesto habitual, había otro libre cerca de esa zona. Al no ser uno de los rincones muertos, el alquiler era de cuatro puntos, así que You XiaoMo lo tomó por un solo día.

Mientras tanto, Xu Yun, quien le había arrebatado el puesto, ya se dirigía allí con sus acompañantes.

Aunque Xu Yun era un cultivador, también pertenecía a la Puerta de la Espada, una de las cinco grandes facciones del Nivel B.

La Puerta de la Espada era una organización especializada en la alquimia. Aunque la familia Xu no ocupaba la posición más alta dentro de ella, aún podían conseguir algunas píldoras espirituales para vender. Xu Yun, aunque actuaba contra You XiaoMo, no se atrevía a ocupar el puesto solo para fastidiarlo, así que usó como excusa la venta de píldoras.

Cuando Xu Yun y los suyos se dirigieron al puesto que You XiaoMo solía usar, los alrededores se llenaron de sorpresa. Aquellos que habían sido enviados para averiguar si You XiaoMo había llegado a vender también se mostraron desconcertados, y algunos mandaron personas de inmediato para informar a los suyos.

Los ojos de la multitud eran perspicaces. La sonrisa de suficiencia en el rostro de Xu Yun era claramente malintencionada. Si no podían entender lo que estaba pasando, habrían vivido en vano.

Casi todos mostraron su rechazo hacia Xu Yun.

Sin embargo, al actuar bajo el nombre de la Puerta de la Espada, nadie se atrevía a decir nada.

Pero una vez que puso el puesto, nadie fue a comprarle píldoras a Xu Yun. De vez en cuando, algún despistado se acercaba al puesto y solo entonces descubría que el vendedor no era You XiaoMo. Xu Yun, que no estaba dispuesto a dejar escapar a esos corderos que venían solos al matadero, usando el nombre de la Puerta de la Espada, los coaccionaba para que compraran. Todos los que caían en sus manos acababan ardiendo en ira.

Así pasó media hora, hasta que finalmente llegó You XiaoMo.

Una vez que You XiaoMo apareció, Xu Yun lo supo al instante. Estaba ansioso por ver su reacción al descubrir que le había quitado el puesto.

Pero sus expectativas estaban condenadas a fracasar. Jamás imaginó que el Anciano Wan revelaría su nombre a You XiaoMo.

Al entrar, You XiaoMo ni siquiera le dedicó una mirada a Xu Yun, que estaba en el rincón muerto. Se dirigió directamente al nuevo puesto que había alquilado, justo dos puestos al lado del de Xu Yun. De hecho, su nuevo puesto estaba situado bastante cerca del de Xu Yun.

Los otros vendedores, al ver que You XiaoMo seguía vendiendo en esa zona, respiraron aliviados.

Antes de que You XiaoMo pudiera sacar sus píldoras espirituales, los que ya esperaban su llegada se arremolinaron a su alrededor, saludándolo cortésmente uno tras otro. El ambiente era muy animado.

En marcado contraste con la gélida soledad del puesto de Xu Yun, que solo vendía obligando a la gente, la diferencia era evidente. Esta vista era insoportable para Xu Yun, y lo que más le indignaba era que el hermano mayor Ling hubiera venido con él y ni siquiera le hubiera dedicado una mirada.

En un instante, más de la mitad de las píldoras que You XiaoMo había traído ya estaban vendidas.

Como había prometido reservar algunas para Rong Xuan, no las agotó todas.

Ling Xiao, de pie detrás de él, al ver que no había sacado las diez píldoras de alta calidad que había refinado, le preguntó: —¿A quién piensas venderle esas diez píldoras de alta calidad?

—A Rong Xuan, del Grupo Yan —respondió You XiaoMo.

—¿Tanta confianza tienes con él? —preguntó Ling Xiao con una ceja arqueada. Él no sabía nada del trato entre You XiaoMo y Rong Xuan.

You XiaoMo, recordó que no le había contado a Ling Xiao sobre esto, y le explicó brevemente el asunto.

Tras escucharlo, Ling Xiao comprendió los planes de You XiaoMo. Había oído hablar del Grupo Yan. Aunque su escala no era comparable a la de las Cinco Grandes Facciones, pocos se atrevían a desafiarlos.

El líder del Grupo Yan, Rong Xuan, era un jefe ejemplar. Muy generoso con sus hermanos y siempre pensando en su bienestar. Por eso, si You XiaoMo le vendía las diez píldoras de alta calidad, Rong Xuan, con su carácter, seguramente guardaría el secreto. Además, por el bien de los suyos, no permitiría que nadie le disputara a You XiaoMo como proveedor.

Rong Xuan no los hizo esperar mucho; en menos de un cuarto de hora ya estaba allí con los suyos.

Al ver que You XiaoMo aún no se había marchado, como si lo hubiera estado esperando a propósito, la curiosidad de Rong Xuan hacia él no hizo más que crecer.

Rong Xuan se acercó rápidamente al puesto y, juntando las manos en señal de respeto, dijo con una sonrisa cortés: —Hermano You, disculpa la espera.

—No ha sido mucho —respondió You XiaoMo, sacando todas las píldoras que le quedaban, a excepción de los dos frascos de píldoras de alta calidad, que reservó.

Rong Xuan, al ver que eran justo las que necesitaba, pasó su tarjeta sin dudar.

Una vez completada la transacción, You XiaoMo bajó la voz y dijo: —Hermano Rong, ¿podemos hablar un momento a solas? Hay algo que quiero mostrarte.

Rong Xuan, aunque sorprendido, accedió. Ambos se dirigieron a la parte trasera del puesto.

Ling Xiao se quedó frente al puesto, lanzando una mirada gélida a los que observaban con curiosidad.

En el puesto de al lado del otro, Xu Yun, mordiéndose los labios, miraba fijamente a You XiaoMo, no muy lejos. Con odio, le dijo a un alquimista de su grupo: —Seguro que están tramando algo. ¿Puedes espiar lo que dicen?

El alquimista dudó, con reticencia. Pero él también sentía curiosidad. —Lo intentaré.

Era un alquimista de sexto nivel, grado superior, con una posición muy alta en la Puerta de la Espada. Había aprendido una técnica de alma de nivel medio, calidad inferior, que le permitía extender su fuerza del alma como si fuera aire en un radio de diez metros a su alrededor. Usando las vibraciones del sonido en el aire y con su fuerza del alma como conducto, podía escuchar cualquier conversación, por muy baja que fuera la voz.

Pero esta técnica tenía un punto débil: cuanto más lejos, más débil era el efecto. Dudaba porque You XiaoMo estaba justo en el límite de los diez metros, y no estaba seguro de poder oírlos. Pero había que intentarlo.

Así que cerró los ojos y, con sumo cuidado, extendió su fuerza del alma. No se atrevía a hacer movimientos bruscos; había notado que You XiaoMo era un alquimista de quinto nivel. Si era muy sensible, podría descubrirlo.

De repente, Ling Xiao, que tenía los ojos cerrados, los abrió. Bajo la máscara, sus pupilas, oscuras como un abismo, se posaron en aquel alquimista de nivel seis. Una sonrisa extraña se dibujó lentamente en sus labios.

Xu Yun, que vio la escena, sintió un vuelco en el corazón. Una premonición de inquietud acababa de nacer en su pecho cuando un gemido sofocado del alquimista de nivel seis resonó en sus oídos. Al volverse, vio su rostro pálido y demacrado, como si hubiera sufrido un gran trauma. Los ojos de Xu Yun se abrieron desmesuradamente por el terror.

En ese momento, You XiaoMo y Rong Xuan ya habían llegado a un acuerdo.

El primero sonreía abiertamente; el segundo, aunque también sonreía, ocultaba en sus ojos una emoción contenida. Tras despedirse de You XiaoMo, Rong Xuan se marchó con los suyos.

You XiaoMo recogía su puesto cuando notó que Xu Yun y su grupo también se iban, con cierta precipitación. Sorprendido, preguntó: —¿Qué les pasa?

Ling Xiao, sin dejar de mirar el lugar por donde se alejaban, dijo con una sonrisa: —Quizás tenían que ir al baño.

You XiaoMo torció los labios. «Si me creo eso, soy tonto.»

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