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You XiaoMo levantó la vista y miró al viejo. Este permanecía con los ojos cerrados, sin el menor movimiento. Solo se oía el chisporroteo ocasional del caldero. Aquella sensación de antes, ¿habría sido una ilusión?
No tuvo tiempo de pensar en ello. El estruendo dentro del caldero se intensificó. Una energía colosal, inmensa, emergió de su interior y, como una mano invisible, lo empujó hacia un metro atrás.
You XiaoMo abrió los ojos desmesuradamente.
Ahora estaba casi seguro: el viejo estaba refinando.
Pero aquella técnica de refinamiento le abrió los ojos. Jamás imaginó que se pudiera refinar de aquella manera.
No supo cuánto tiempo pasó. De repente, el viejo abrió los ojos y bramó: —¡Condensa!
Apenas pronunció la orden, un profundo zumbido resonó en el caldero. Como si una fuerza de atracción descomunal hubiera surgido, la energía espiritual de la sala de alquimia comenzó a fluir hacia el interior del caldero a una velocidad visible, formando un voraz torbellino.
La situación se prolongó durante casi una hora. Finalmente, la velocidad de absorción del caldero se ralentizó, hasta cesar por completo.
You XiaoMo percibió cómo la onda de energía en el interior del caldero se desvanecía gradualmente. Bajo su atenta mirada, una píldora de un dorado resplandeciente salió disparada del caldero y, como si tuviera ojos, se dirigió en línea recta hacia la puerta.
—¿Huir? ¡Vuelve aquí!
El viejo soltó una risa fría. La píldora, como si hubiera chocado contra un manto de algodón, rebotó y cayó con precisión en la mano del anciano. En cuanto tocó su palma, la píldora se quedó quieta e inerte.
You XiaoMo se quedó boquiabierto. «¿Una píldora que intenta huir? Es la primera vez que lo veo.»
El viejo le lanzó una mirada y, de repente, le explicó: —Es una píldora de octavo nivel, la Píldora Fénix. Quien la consume puede renacer de sus cenizas en el umbral de la muerte, sin ningún efecto secundario. Los más afortunados, incluso, pueden aprovechar para ascender de nivel. Es mucho más valiosa que la Píldora Huanming.
You XiaoMo tragó saliva. «Impresionante». —Shifu, ¿por qué intentaba huir?
El viejo, con tono impasible, respondió: —La mayor diferencia entre las píldoras de alto grado y las de grado medio es que las de alto grado poseen consciencia. En el instante en que salen del caldero, intentan escapar. Por eso, antes de refinar una píldora de alto grado, hay que estar preparado.
You XiaoMo preguntó: —Shifu, ¿a mayor nivel, mayor consciencia?
La mirada del viejo se tornó severa de repente. —¡Idiota! ¿Cómo es que ni siquiera sabes eso? ¿Cómo has aprendido hasta ahora?
You XiaoMo se tocó la nariz con vergüenza. —Pues, así nomás.
El viejo dijo: —¿Lo has visto claro?
You XiaoMo: —¿Qué cosa?
El viejo, visiblemente molesto, frunció el ceño y lo reprendió con dureza: —Cuando sales de casa, ¿acaso no llevas los ojos puestos?
You XiaoMo: —… No hace falta que los lleve, ellos me siguen solos.
El viejo: —…
You XiaoMo, cada vez más convencido de que algo raro le pasaba al viejo, dijo: —Shifu, ¿no se le habrá fundido algo de tanto refinar? ¿Le pasa algo aquí? —Y se señaló la cabeza.
El viejo: —…
You XiaoMo dio una vuelta a su alrededor mientras hablaba: —Hoy está usted muy raro. No tiene nada que ver con el de ayer. Es como si tuviera doble personalidad.
El viejo: —…
Al verlo en silencio, You XiaoMo dudó un momento. Al cabo de un rato, de repente señaló el rostro del anciano con asombro: —Shifu, ¿será posible que… de verdad tenga doble personalidad? —«Solo así se explica su extraño comportamiento de antes.»
El viejo levantó la cabeza de golpe y lo miró fijamente, con una amenaza feroz: —Si te atreves a decir una sola palabra, te mato.
Aquellas palabras eran, sin duda, una admisión de los hechos.
You XiaoMo: —… Shifu, entonces resulta que sí tiene doble personalidad.
«Lo había dicho por decir, sin estar seguro de nada. ¿Y ahora resulta que acierto?»
El viejo: —…
Al confirmar que el viejo tenía doble personalidad, a You XiaoMo le entró una gran curiosidad. —Shifu, Shifu, ¿cuándo descubrió que tenía doble personalidad? ¿Cuántas personalidades tiene? ¿Dos? ¿Tres? ¿Cuatro?
—¡Cállate! —El viejo estaba tan furioso que su rostro había perdido todo color.
You XiaoMo calló al instante. Había percibido una intención asesina en el anciano. Está claro que esta personalidad, como la de ayer, tiene mal genio. Pero esta es aún más explosiva. Todo es “matar, matar, matar”.
El viejo dijo: —Aunque él te haya aceptado como discípulo, si quieres ser mi discípulo, tendrás que complacerme a mí. De lo contrario, no me importa si eres su discípulo o no, te echaré cuando me plazca. ¿Lo entiendes?
You XiaoMo: —… Lo entiendo.
El viejo asintió, ligeramente satisfecho. —Bien. Ahora tienes un cuarto de hora para limpiar la sala de alquimia. Cuando termines, ven a buscarme a la habitación de al lado. —Dicho esto, se dio la vuelta y se marchó con un enérgico movimiento de mangas.
You XiaoMo, viendo cómo se alejaba, sintió un espasmo en la comisura de los labios. «Tengo la sensación de haber caído en la boca del lobo.»
Observó la sala de alquimia, desordenada por el tumulto de antes, y sus hombros se hundieron. «Esto no es caer del cielo al infierno, es caer directamente al abismo.»
Si hubiera sido ayer, You XiaoMo quizás habría opuesto resistencia.
Pero después de ver el método de refinamiento del viejo, se dio cuenta de algo.
Aprender por uno mismo, después de todo, limitaba la propia perspectiva. Hay cosas que no siempre se pueden encontrar en los libros. No era de extrañar que los alquimistas se esforzaran tanto por encontrar un buen maestro.
Así que, con tal de aprender las habilidades del viejo, You XiaoMo se puso a limpiar con esmero.
Como estaba acostumbrado a limpiar la casa, terminó en menos de un cuarto de hora. Cuando encontró al viejo, aún le quedaban dos o tres minutos de margen.
Ese día, You XiaoMo no pudo aprender las habilidades del viejo como había esperado. Al contrario, se pasó el día entero haciendo recados y trabajando para él.
Primero fue limpiar la sala de alquimia, luego el estudio, después el dormitorio y, finalmente, regar las hierbas espirituales, entre otras tareas. Parecía que hubiera ido a hacer las labores domésticas. No fue hasta casi el atardecer que el viejo, por fin, le dio el alta.
—Puedes irte. Mañana vuelves, —dijo el viejo con un gesto de la mano, despidiéndolo sin el más mínimo atisbo de nostalgia.
—… —«Cuánto me gustaría que apareciera el viejo de ayer. Ese, aunque también tenía mal genio, al menos no me habría tratado así.»
Todo el día esclavizado en el trabajo y, al final, lo echan sin haber aprendido absolutamente nada.
You XiaoMo, con el ánimo por los suelos, abandonó la residencia del anciano. No esperaba, sin embargo, encontrarse con una conocida en el camino.
Después del incidente del Pabellón de Técnicas, no había vuelto a ver a Teng Zixin. No imaginaba que se la encontraría así, en medio del camino. Por la dirección que llevaba, parecía dirigirse a uno de los patios de los que él acababa de salir.
Al ver a You XiaoMo, la expresión de Teng Zixin cambió ligeramente.
You XiaoMo, que captó al instante ese cambio, esbozó una sonrisa. —Así que por aquí, Teng-shizi. ¿Cómo te va?
El rostro de Teng Zixin se ensombreció. Hasta ayer, cuando su maestro regresó, no supo que You XiaoMo se había convertido en discípulo de su Shigong. Su maestro, sabía que tenía rencor con You XiaoMo, le había aconsejado que, a menos que fuera inevitable, no se enfrentara a él. Pero cuanto más se lo decía, más crecía su resentimiento.
Al oír aquellas palabras, Teng Zixin fulminó con la mirada a You XiaoMo y, sin mediar palabra, se disponía a seguir su camino.
You XiaoMo no la detuvo. Se limitó a decir con tono despreocupado: —Hace unos días, mi Shifu me dijo que la discípula de Da shixiong era una alumna muy respetuosa. Parece que lo que mi venerable Shifu sabe no se ajusta del todo a la realidad.
Al oír esto, Teng Zixin se quedó completamente paralizada.
You XiaoMo, al ver su rostro, que había adquirido un tono verdoso como el de un zumo, sintió que su ánimo mejoraba por momentos.
Sabía que, con el orgullo de Teng Zixin, jamás bajaría la cabeza. Pero tampoco tenía prisa. Así que dijo: —No espero que seas respetuosa. Pero no olvides el trato de dentro de medio año.
—You-shishu, dentro de medio año, te haré arrepentirte de esto, —dijo Teng Zixin, mirándolo fijamente, palabra por palabra.
—Esperaré con ansia ese momento, —respondió You XiaoMo con un tono que no desmerecía en nada su arrogancia.
Acto seguido, ambos se dieron la vuelta y se marcharon. Uno, de vuelta a su pabellón. La otra, a ver a su Shigong.
Al llegar al pabellón, Ling Xiao ya había regresado de vender todas las hierbas y píldoras. Al ver a You XiaoMo con ese aspecto desanimado, se sorprendió. —¿Te han asaltado?
You XiaoMo hizo una mueca. —Peor que si me hubieran asaltado.
Y acto seguido, le contó lo de la doble personalidad del viejo y cómo lo había tenido todo el día de recadero. Aunque al volver se había consolado un poco con lo de Teng Zixin, no lograba disipar del todo su desánimo.
—Nunca hubiera imaginado que ese viejo tuviera doble personalidad. Qué divertido, —dijo Ling Xiao con una sonrisa.
—Divertido, un cuerno. —You XiaoMo negó con la cabeza. «Esta personalidad de hoy no es tan buena como la de ayer. No para de llamarme idiota, igual que Ling Xiao.»
—Resígnate. Ese viejo, después de todo, es tu maestro. Acabará enseñándote, —dijo Ling Xiao, adivinando sus pensamientos.
You XiaoMo murmuró entre dientes: —Creo que lo hace a propósito, para fastidiarme.
—Ya encontraremos la ocasión de devolvérsela, —dijo Ling Xiao mientras sacaba su tarjeta y se la lanzaba. —Estos son los puntos de las ventas de hoy. Pásalos a tu tarjeta.
You XiaoMo miró los puntos en la tarjeta y, al fin, sintió cierto consuelo. Luego sacó la Tarjeta Roja que le había regalado Yan Fa. La tarjeta negra ya se la había devuelto a la instructora Ning Jing, porque cada tarjeta contiene la información del estudiante y solo se puede tener una. Así que, con la Tarjeta Roja, ya no podía usar la negra.