Después de terminar la conversación con el desgraciado, Jiang Tian se apresuró a comer. Por la tarde todavía tenía entrenamiento con el equipo de fútbol, así que él y Lu Qiao debían recoger sus cosas e ir a la escuela.
Desde el complejo residencial “Bahía Feliz” hasta el campo de fútbol de la Tercera Secundaria había solo diez minutos a pie. Para facilitar los estudios de Jiang Tian, su hermana Jiang Jing había usado todos sus ahorros de años de trabajo para pagar el costoso enganche de aquel departamento dentro de la zona escolar.
Jiang Tian siempre fue consciente del sacrificio de su hermana. Fuera como fuera, debía atraer a ese desgraciado y hacerle entender que el mal siempre encuentra su castigo.
Por supuesto, como adolescente en plena etapa chūnibyō y fanático del anime, se metió por completo en el papel del “villano vengador”, sin darse cuenta de que su cuenta rebosaba una inconfundible energía de hetero puro.
Durante todo el camino siguieron hablando de planes de venganza, hasta que al llegar al vestidor el tema se calmó un poco. Entonces, Lu Qiao vio a un compañero del grupo de deportes y, sin motivo aparente, lo arrastró a una tienda de té con leche.
Antes de irse, aquel tipo le guiñó un ojo a Jiang Tian y le dijo con los labios:
—Tian-ge, este tipo es un gay oculto de los buenos, déjame aprender un poco de él por ti.
“…”
Jiang Tian se quedó perplejo, su mirada se posó brevemente en la nuca del compañero antes de asentir con un retraso evidente.
—Solo pregúntale por encima —dijo.
Jamás había notado que a su alrededor hubiera tantos chicos gays.
El vestuario se fue quedando vacío poco a poco. Aunque la luz del sol entraba por las ventanas, el aire seguía frío, con un toque gélido que calaba los huesos.
Mientras se quitaba la pulsera deportiva negra, Jiang Tian se acercó al casillero, apoyó el codo en el botón metálico y con un “clic” la puerta se abrió.
Con un solo tirón hacia arriba, se quitó la sudadera ligera y luego los pantalones deportivos, guardándolos junto con la pulsera. Su movimiento era ágil y limpio.
A diferencia del típico empollón reservado, Jiang Tian irradiaba la energía vital de un atleta joven. Su piel blanca contrastaba con los músculos definidos y delgados; al respirar con calma, los abdominales se movían con un ritmo constante. Tenía ese tipo de cuerpo firme y elegante propio de un deportista.
En un abrir y cerrar de ojos, se puso el uniforme del Bayern de Múnich, se inclinó para atarse las agujetas y miró sin querer al espejo de cuerpo entero.
Ese desgraciado no era fácil de engañar; insistía en que le mandara una foto. Jiang Tian se preguntó si esa ropa deportiva sería suficiente para atraerlo.
Pensó un poco y llamó a su hermana. Ella acababa de regresar a la oficina.
—¿Te interrumpo si te llamo ahora?
—No, está bien —respondió Jiang Jing mientras salía de la sede del grupo empresarial—. ¿Comiste ya? ¿Por qué llamas de repente?
—Comí con Lu Qiao —contestó Jiang Tian.
Después de una breve pausa, le explicó toda la situación: que había contactado al tipo y que planeaba reunir pruebas poco a poco, para que ella pudiera viajar a Estados Unidos tranquila.
Jiang Jing: “…”
La información era demasiada. Tras unos segundos para asimilarla, Jiang Jing, ya completamente sobria, respiró hondo.
—Ya que lo tienes agregado como contacto, intenta concretar una cita con él cuando regrese al país.
—Está bien.
Jiang Tian bajó la mirada y preguntó en voz baja:
—Hermana, ¿le mencionaste alguna vez que estoy en el equipo de fútbol?
—No —respondió ella con frialdad.
Solo recordarlo la enfurecía. La última vez que habló de su hermano, aquel desgraciado con aires de padre le soltó un sermón: “De nada sirve tener buenas notas si no fortaleces el cuerpo. Debería ir más al gimnasio.”
—Ni ganas de discutirle tuve… —murmuró.
Jiang Tian conocía bien a su hermana. Ella era del tipo que evita los conflictos, y eso había hecho que ese tipo creyera que podía manipularla con facilidad.
—Me alegra que no se lo dijeras —respondió él.
Hablaron un rato más sobre el viaje de negocios y luego colgaron. Jiang Tian deslizó la pantalla del teléfono, activó la cámara y se tomó varias fotos frente al espejo.
Mientras tanto, Lu Qiao, que había ido a comprar té con leche, no se estaba quieto. Le mandó mensajes compartiendo la “información interna” que había conseguido:
Lu Qiao: “¡Ah Hao sí que es gay, lo confirmé! Dice que conquistó a su novio con el buff del deportista con calcetas blancas. ¡Tiene toda la técnica!”
Jiang Tian: “…………”
Qué forma tan rara de expresarlo…
Aunque el razonamiento parecía útil, el estudiante modelo aplicó su mente lógica. Revisó las selfies que acababa de tomar, escogió las más decentes y entró al chat con su “presa”, buscando hacerse notar.
KIRA: “Voy a jugar fútbol. Tomé unas fotos, te las mando más tarde.”
Después entrecerró los ojos, guardó el móvil en el casillero, lo cerró de un golpe y se dirigió al campo, moviendo los brazos para calentar. A ver si así consigo atraerlo un poco, pensó.
Mientras tanto, Chu Xuyu estaba ocupado en una reunión de alto nivel. Su teléfono vibró, pero no le prestó atención hasta varias horas después.
Para un hombre de su posición —un presidente elegante y de sangre fría—, ser “acosado” por un desconocido que intentaba seducirlo de forma tan obvia resultaba una experiencia… curiosamente novedosa.
No es que lo afectara. Un hombre maduro vive bajo un orden estricto, y rara vez algo logra alterar su estado de ánimo.
Por los preparativos del viaje, Chu Xuyu tenía la agenda llena. Ya al anochecer, se reunió con un amigo suyo del mundo del espectáculo: una superestrella que, pese a su fama, llevaba una vida sorprendentemente discreta. Era, además, de los pocos que conocían su orientación.
Cuando el actor entendió la insinuación de Chu Xuyu, no pudo evitar reír:
—¡Qué locura! ¿Cómo podrías sospechar de mí, Chu?
Estaban en un restaurante de lujo. La luz cálida de las lámparas antiguas se mezclaba con el resplandor de la ciudad.
Sentado junto a la ventana, Chu Xuyu, con su semblante sereno y oscuro, irradiaba una aura peligrosa.
El actor, Shen Yan, lo conocía demasiado bien. Sabía que, pese a su temperamento difícil, una vez que alguien ganaba su confianza, Chu Xuyu se volvía mucho más contenido.
—Mientras no hayas sido tú, está bien —dijo Chu Xuyu con voz baja y sin emoción, levantando la copa.
—Dices eso y me da escalofríos —rió Shen Yan—. Pero, oye, ¿no has pensado que quizá fue alguno de tus empleados jugándote una broma?
Chu Xuyu arqueó una ceja.
—Entonces sería un fracaso por mi parte.
—Jajaja. —Shen Yan sonrió—. ¿Y si fue tu padre?
—Ya le pregunté. Creyó que me lo estaba inventando para quejarme de que sigue presionando para casarme.
—Jajaja… bueno, entonces no tengo idea de quién podría ser.
Chu tampoco lo sabía. Apoyó la cabeza en la mano con aire distante. Con lo rápido que avanza la tecnología, no era imposible que alguien consiguiera su información privada, o que entre sus contactos hubiera alguien poco fiable.
Mientras Shen Yan picaba distraídamente su comida, Chu Xuyu revisó su lista de amigos y contactos de confianza: familiares, amigos y unos pocos subordinados. Ninguno parecía sospechoso.
Hasta que, al entrar al perfil del misterioso “KIRA”, descubrió que había publicado algo en su muro.
“¿…?”
Dos fotos —claramente no robadas de internet—: un campo de fútbol bajo el atardecer y un puesto callejero de brochetas.
Chu Xuyu entrecerró los ojos y estaba a punto de ampliarlas cuando apareció el aviso “Esta publicación ha sido eliminada.”
Soltó una leve risa, divertido.
—¿Qué pasa? —preguntó Shen Yan.
—Nada. —Chu Xuyu dejó el teléfono sobre la mesa y siguió comiendo—. Solo recordé que la versión antigua de la app permitía ver de dónde provenía una solicitud de amistad.
Al caer la tarde, el cielo se oscurecía lentamente.
En la parte alta de la ciudad, bajo la luz de los candelabros, reinaba el silencio. En contraste, en la zona vieja y bulliciosa, la calle de comida frente a la escuela estaba llena de risas y aromas.
Una parrillada recién inaugurada ofrecía refrescos gratis a quienes compartieran su publicación. Jiang Tian, acostumbrado a esas promociones, lo hizo sin pensarlo, solo por ayudar al dueño.
“…”
En un segundo, su dedo se quedó rígido. Rápidamente eliminó la publicación.
Al ver su expresión, Lu Qiao se acercó:
—Tian-ge, ¿olvidaste ponerla en modo privado?
—Ajá. —Jiang Tian se secó el sudor de la frente; tras horas de fútbol, casi se le había olvidado que estaba fingiendo ser gay en línea—. No sé si él alcanzó a verla.
—Nah —respondió Lu Qiao—. Ese tipo trabaja sin parar, ¿cómo va a ver una publicación que borraste en segundos?
Jiang Tian solo pudo consolarse con eso. Durante la siguiente hora y pico comieron con el equipo; él revisó el teléfono mil veces, pero el tipo no mandó ningún mensaje.
Quizás no había visto nada.
Aun así, quería asegurarse. Al terminar, mientras regresaban por un atajo bajo la tenue luz de las farolas, escribió:
KIRA: ¿Ya saliste del trabajo?
Seguía al lado de Lu Qiao, que se detuvo a comprar otro té con leche, cuando llegó la respuesta:
Té de la tarde: Sí.
Té de la tarde: Acabo de terminar.
KIRA: ¿Ya cenaste?
Té de la tarde: No.
Jiang Tian suspiró aliviado. Si el tipo seguía trabajando a esa hora, no habría tenido tiempo de ver nada.
A falta de experiencia en citas online, ni siquiera había pensado en crearse una cuenta alterna. Tendría que tener más cuidado los próximos días.
Era inicios de primavera; las flores de manzano llenaban Ningcheng de color. Jiang Tian se apoyó en una pared mientras el viento vespertino traía el olor de un puesto de oden.
Y allí estaba él, repitiéndose mentalmente su falso personaje: escuela internacional, familia rica, activo, novato en el amor… Todo un disfraz para atraer a un hombre que buscaba emociones pasajeras.
KIRA: No es bueno saltarse la cena.
KIRA: ¿Puedo pedirte algo de comer por delivery?
Té de la tarde: No hace falta.
Té de la tarde: ¿Tienes listas las fotos?
Té de la tarde: Si son feas, te borro.
Jiang Tian se frotó el lóbulo de la oreja, molesto. Qué tipo más irritante.
KIRA: ¿No decías que solo te importaba el cuerpo?
KIRA: No dijiste que tenía que mostrar la cara.
Té de la tarde: Está bien.
Té de la tarde: Envíalas.
KIRA: Te aviso: si te gusto, podemos vernos y… ya sabes.
Té de la tarde: …
Cuando llegó ese mensaje descarado, Chu Xuyu ya se había despedido de su amigo y estaba en el estacionamiento subterráneo. En la penumbra, con el cigarro entre los dedos, sus facciones afiladas parecían aún más frías.
Se recostó en el asiento del auto, tamborileando el volante con los dedos, curioso por descubrir qué clase de “chantajista” era ese.
Té de la tarde: Todavía no he visto tu foto.
Té de la tarde: ¿Y ya me hablas de condiciones?
KIRA: [Comparte una imagen]
KIRA: Listo, te la envié.
Chu apenas le echó un vistazo. Su mano tembló dos veces, la pupila se contrajo y sintió el aire arder en los pulmones como lava.
En la foto, el muchacho vestía uniforme de fútbol. Su piel clara, el cuerpo joven y definido, la postura limpia… como una escultura griega inacabada, radiante de vitalidad.
No mostraba demasiado, pero cada línea transmitía una energía pura y vibrante. Nada que ver con las vulgares imágenes falsas que abundaban en internet.
“…”
El nudo de su garganta se movió. Apagó el cigarro, soltó el humo lentamente y escribió una sola frase:
Té de la tarde: ¿Eres tú en la foto?
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Nota del traductor:
Chūnibyō describe esa etapa en la adolescencia en la que uno quiere ser especial, poderoso o diferente, comportándose de forma teatral o fantasiosa. Aunque suena burlón, también puede verse con cariño como una fase de imaginación y autoafirmación.
“Buff del deportista con calcetas blancas” = Una manera de referirse (con humor o admiración) a un chico musculoso, atlético y atractivo, identificado por sus calcetas blancas.