Capítulo 1 (5)

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En cuanto el profesor entró, comenzó a repartir las hojas del examen. El tiempo límite era de una hora. Aunque representaba una parte mínima de la nota final del semestre, no podía permitirse fallar. Siguiendo las instrucciones del profesor de dejar un asiento libre de por medio, los estudiantes se movieron con rapidez y orden. Joowon, que ya tenía el asiento de al lado vacío, no necesitó moverse y terminó de prepararse. Justo cuando iba a cerrar la mochila y mirar al frente, Park No-yoon se cambió de sitio y se sentó justo delante de él.

«¿Por qué demonios se puso ahí?». Joowon lanzó una mirada fugaz a la espalda de No-yoon.

Sin embargo, lo extraño era que No-yoon no buscó su tableta. Parecía alguien que hubiera olvidado por completo su existencia. «¿Se la devuelvo luego? ¿O hago como si no supiera nada?». Mientras estas dos opciones chocaban en su mente, No-yoon le pasó las hojas del examen y le susurró de forma casi inaudible:

—Hyung, que te vaya bien.

Para cualquiera hubiera sido un simple gesto de ánimo, pero para Joowon fue distinto. Lo sintió como si No-yoon le estuviera diciendo que él volvería a quedar en primer lugar y que Joowon solo estaba allí para servirle de alfombra.

Joowon sacudió ese sentimiento desagradable y se concentró en el examen. Como siempre repasaba con esmero y prestaba atención en clase, pudo resolver las preguntas sin mucha dificultad. Sin embargo, su bolígrafo, que avanzaba con fluidez, se detuvo en seco al llegar a la última pregunta:

¿Cuál de los siguientes NO es un requisito para la supervivencia de una organización propuesto por Barnard?

1) Voluntad de contribuir 

2) Objetivo común 

3) Comunicación 

4) Indicadores de resultados

Lo que había visto en la tableta de Park No-yoon apareció como pregunta. Además, se planteó un problema basado en el comentario que No-yoon había escrito:

▶ Los ‘5 elementos de la administración’ de Henri Fayol son un enfoque estructural y mecánico no limitado a una industria específica. Sin embargo, la sociedad moderna cambia rápidamente y valora la creatividad y la colaboración. Teniendo esto en cuenta, mencione claramente si está de acuerdo o en desacuerdo con estos 5 elementos y proporcione al menos dos razones adecuadas.

Joowon pensó que, de no haber estudiado tras mirar esa tableta, jamás habría podido responder correctamente. El hecho de haber espiado la tableta ajena se convirtió en una castaña espinosa que pinchaba dolorosamente el interior de su boca. Tras dudar un momento, Joowon escribió minuciosamente la última respuesta y soltó el bolígrafo. Entonces vio a Park No-yoon, apoyado de lado en su pupitre; se veía relajado, como si ya hubiera terminado. Joowon lo insultó con la mirada y le dio la vuelta a su hoja.

—Se acabó el tiempo. Recojan los exámenes desde atrás.

Al oír la voz formal del profesor, Joowon, que estaba en la última fila, se levantó. El primer examen que debía recoger era el de Park No-yoon. Mientras fingía indiferencia, escaneó la pulcra caligrafía del chico. Quería comprobar qué tan bien lo había hecho, pero para su sorpresa, la última pregunta estaba en blanco.

No había logrado completar todas las preguntas a tiempo. Al captar esta evidencia clara, Joowon sintió un júbilo que le subía desde la punta de los pies. Aunque solo fuera una prueba simple, por fin había vencido a Park No-yoon.

Calmando los latidos acelerados de su corazón, recogió todos los exámenes y se los entregó al profesor. Una vez terminada la clase, el profesor se marchó y los estudiantes empezaron a recoger sus cosas mientras charlaban.

—Oye, oye… ¿De verdad no vas a venir? —Chang-bin y los demás rodearon a No-yoon en cuanto terminó el examen—. Ven solo una vez. Las chicas dicen que si tú no vas, ellas tampoco. ¡Es en serio! Es mi único deseo como tu Hyung, ¿sí? 

—No quiero.

—No-yoon. Por favor, te lo ruego. Te lo pido así, de rodillas. 

—Si quieres rezar, ve a una iglesia o a un templo.

«Otra vez con lo de la cita grupal». Joowon no le dio importancia y terminó de recoger sus cosas. No tenía tiempo que perder, pues debía ir a su trabajo, así que cerró la mochila sin prestar atención a la charla de los demás.

Sin embargo, Park No-yoon parecía haber olvidado recoger su tableta, concentrado en la conversación con sus compañeros. Justo cuando Joowon iba a decirle que la guardara, la voz de otro compañero llegó a sus oídos:

—No-yoon, ¿cuál era la respuesta de la última pregunta? Estaba jodidamente confusa.

«¿Cómo lo va a saber él, si dejó el espacio en blanco?», pensó Joowon, saboreando esa punzada de alegría. Se giró para llamar a No-yoon con voz amable, pero sus ojos chocaron con las pupilas doradas del chico, que ondeaban con una calma amarillenta.

—Tenías que mencionar la Teoría del Caos. Y añadir la idea de que la teoría clásica no logra que una organización funcione a la perfección.

En ese instante, fue como si le echaran un balde de agua turbia sobre la cabeza; el rostro de Joowon palideció de golpe.

Claramente, Park No-yoon había dejado la pregunta de desarrollo en blanco. Entonces, ¿por qué…? Si sabía la respuesta, ¿por qué no la escribió? Con expresión estupefacta, Joowon se quedó mirando fijamente la nuca de No-yoon. Al sentir su presencia, No-yoon curvó sus labios con elegancia y cruzó su mirada con la de él.

—¿Te fue bien en el examen?

Al ver esa sonrisa radiante, Joowon lo supo por instinto: Park No-yoon no había escrito la respuesta a propósito.

Incapaz siquiera de asentar con la cabeza, lo miró con ojos vacíos. La razón por la que Joowon se sentía tan incómodo con No-yoon no era porque este usara la violencia física o hablara mal a sus espaldas, sino porque le rascaba los nervios de forma incesante. Con gestos tan cálidos y suaves como sus ojos dorados, No-yoon tocaba su corazón envuelto en papel de regalo de complejo de inferioridad, creando situaciones extrañas en las que, si Joowon decía algo, el único que quedaba como un tonto era él mismo.

—… Sí, más o menos.

Joowon solo pudo responder con torpeza mientras veía a No-yoon salir al pasillo. El aire frío que llenaba el corredor se filtró en su cuerpo, dejándole una sensación pegajosa y desagradable.

  ˖⁺.꒷꒦✧꒷꒦˖⁺.

Unos días después. Joowon obtuvo el primer puesto en la prueba. Sin embargo, más que el sentimiento de logro por haber vencido a Park No-yoon, lo que predominaba era una sensación de inquietud. Después de todo, se había dado cuenta de que No-yoon no había escrito la respuesta a propósito.

No podía confesárselo a nadie, y aunque lo hiciera, no sabía cuántos le creerían. Era una situación en la que solo él acabaría pareciendo el extraño. «¿Por qué falló la pregunta a propósito?». El hollín de la duda se acumulaba capa tras capa en el corazón de Joowon.

Sabía que estaba siendo demasiado sensible, pero como sus acciones lo inquietaban, Joowon se esforzó al máximo por evitar a Park No-yoon desde aquel día. Llegaba justo a tiempo a las clases o daba un largo rodeo si veía a No-yoon a lo lejos. Si escuchaba su voz en el baño, se iba a otro piso; hizo todo lo posible por evadirlo.

Sin embargo, todos estos esfuerzos tenían un límite: Joowon y Park No-yoon tenían que hacer el trabajo grupal juntos. De buena gana habría corrido hacia el profesor para pedirle que le cambiara de grupo o que prefería hacerlo solo, pero aguantó sus impulsos sabiendo que solo lo tratarían de loco.

[Park No-yoon] Es el edificio 901, apartamento 3201.

Cuando Joowon sugirió encontrarse en una cafetería para hacer el trabajo, No-yoon propuso de repente hacerlo en su propia casa. Aunque era bueno porque así no gastaría dinero en café, al tratarse de Park No-yoon, no podía aceptarlo con alegría.

[Park No-yoon] 0309 Es la clave de la entrada principal. Saldré a recibirte. 😊

Al ver que hasta ese emoji sonriente le resultaba repulsivo, era evidente que odiaba a Park No-yoon con todas sus fuerzas. Joowon respondió con un simple “está bien” y caminó hacia la entrada principal del complejo de apartamentos.

Dos enormes columnas de mármol se alzaban a los lados de la entrada, y guardias de seguridad con uniformes impecables caminaban de un lado a otro vigilando el perímetro. «Definitivamente, las casas de los ricos son de otro mundo», pensó Joowon mientras intentaba cruzar el acceso principal.

—¡Estudiante! ¿A dónde cree que va?

Justo cuando intentaba atravesar la gigantesca estructura, un guardia uniformado corrió hacia él jadeando.

—No puede entrar si no es residente. ¿Dónde está su pase de visitante?

«No es como si viniera a una empresa, ¿qué clase de pase de visitante?», pensó Joowon. Sintió una punzada en la sien, como si le hubieran golpeado la cabeza con una almohada demasiado firme.

—No tengo. El dueño de casa no me mencionó nada sobre un pase.

Parecía que los residentes de este complejo detestaban al extremo la entrada de extraños. «¿Por qué Park No-yoon no me avisó de esto antes?». Pensando en lo molesto que se estaba volviendo todo, Joowon sacó su teléfono con desgano.

«Espera. ¿Y si aprovecho esta excusa para proponerle hacer el trabajo por separado?»

—¿Por casualidad va al edificio 901?

Un guardia de edad avanzada apartó a su colega y miró a Joowon. Al asentir, el guardia le explicó que el residente ya había avisado con antelación; comenzó a decir que el estudiante del 901 era “muy amable”, “guapo” y demás, obligando a Joowon a escuchar, sin querer, una serie de elogios hacia Park No-yoon.

Tras hacer una breve reverencia y pasar de largo a los guardias, Joowon siguió caminando. Al alejarse un poco de la entrada, se encontró con árboles llenos de flores desconocidas, un centro deportivo, una cafetería e incluso una biblioteca (propia del complejo). Además, tenía el río Han justo en frente. El ambiente gritaba que ni siquiera la gente con dinero podía entrar allí fácilmente.

Los edificios, con una altura considerable, emanaban una presencia abrumadora. Joowon sintió envidia por un instante, pero borró ese sentimiento de inmediato. «Uno no debe codiciar lo que nunca ha tenido.»

Comparar este lugar con su habitación alquilada solo aumentaría su miseria. Aun así, sentía curiosidad por saber qué se sentía vivir en un sitio así. Al menos, no habría locos que se orinaran en su ventana antes de salir corriendo.

Tras lanzar esos pensamientos inútiles al viento, buscó el edificio indicado, marcó la clave en la entrada común y subió al ascensor. Incluso allí dentro olía a perfume. «Vaya, las familias ricas son distintas hasta en los detalles más pequeños», pensó mientras pulsaba el botón del piso 32, que resultó ser el último.

Inconscientemente, imaginó a Park No-yoon mirando hacia abajo desde el punto más alto de la tierra. «Definitivamente, es un tipo detestable». Aun así, se propuso saludar formalmente a sus padres si estaban allí. En cuanto las puertas se abrieron, salió.

No fue difícil encontrar el 3201. En aquel largo pasillo solo había una puerta. ¿Qué tan grande debía ser la casa para ocupar todo ese espacio ella sola? Sintiendo ganas de quejarse por nada, Joowon arrastró sus pesadas zapatillas hasta detenerse frente a la puerta. Iba a tocar el timbre, pero dudó por un momento.

«Cierto, tengo que devolverle la tableta». Pensando en el dispositivo que llevaba en su mochila, respiró hondo y llamó al timbre.

—¡Vaya!

Antes de que el sonido del timbre se apagara, No-yoon abrió la puerta de golpe. Vestía una camiseta tan blanca como su piel y unos pantalones de algodón negros. Parecía ropa cómoda, pero a los ojos de Joowon, incluso eso se veía caro. La suposición de que debía ser de alguna marca de lujo flotó en su mente antes de desaparecer.

—¿No están tus padres? 

—Vivo solo.

Joowon miró a su alrededor. Estuvo a punto de intimidarse ante una casa que parecía más costosa que los penthouses de los dramas coreanos de máxima audiencia.

—¿Tú también vives por aquí, Hyung? Llegaste más rápido de lo que esperaba. 

—¿Hasta dónde has avanzado con el trabajo? 

—Vives cerca, ¿verdad? 

—Le pregunté a un sunbae que tomó esta clase y me dijo que aprovecháramos bien los artículos de investigación. 

—Ah, me aburro mucho estando solo. Ojalá alguien jugara conmigo. Jugar videojuegos, ver películas… Si alguien lo hiciera, le compraría comida deliciosa todos los días. Si tiene miedo, hasta podría dejar que se quede a dormir.

Al escucharlo decir semejantes tonterías, Joowon se reafirmó en que no dejarlo entrar a su propia habitación había sido la mejor decisión. Si No-yoon viera el estado de su casa, seguramente se burlaría de él sin piedad. Tras organizar sus pensamientos, Joowon lo siguió hasta la sala.

—Tengo jugo de naranja y café, ¿qué prefieres beber?

—No es necesario. 

—Te daré un café. Espera un momento.

Era una pregunta sin sentido donde las únicas opciones eran “Sí” o “Sí”. Joowon no quería aceptar ni el más mínimo favor de Park No-yoon, pero no tuvo elección. Se quedó mirando la espalda de No-yoon mientras este se alejaba y luego se sentó en el sofá. Sobre la mesa, frente a él, descansaba una computadora portátil de último modelo.

Bzzz.

El teléfono en su bolsillo vibró. Pensó que podría ser el jefe de su trabajo a tiempo parcial, pero era el hospital donde Wonyoung estaba ingresado. ¿Habría pasado algo malo? Ansioso y alarmado, contestó de inmediato.

—Hablamos del Hospital de la Universidad de Corea. ¿Es usted el tutor del paciente Lee Wonyoung? 

—Sí, soy yo. 

—Es por la liquidación intermedia de los gastos médicos; aún no se ha realizado el pago. Le pedimos que lo solucione lo antes posible.

El alivio de saber que Wonyoung no estaba en una situación crítica se mezcló con la desolación de tener que conseguir el dinero. Le pareció cruel que lo presionaran tan pronto, cuando no hacía mucho que le habían enviado el mensaje recordatorio.

Sin embargo, Joowon no podía evitar culparse a sí mismo. Dicen que la pobreza no es un pecado, pero ¿por qué casi siempre son los pobres los que reciben el castigo? Era, clara y llanamente, su culpa por no tener dinero.

—Lo siento. Pagaré lo antes posible. ¿No sería posible hacerlo en cuotas? 

—Según la política del hospital, no podemos ofrecerle esa ayuda.

El empleado de administración colgó con frialdad. El silencio y la vacuidad que lo inundaron fueron una carga que Joowon tuvo que soportar solo.

«Tendré que buscar más trabajos, aunque sea a costa de todo». Pero, ¿servirían de algo esas propinas miserables? Incluso llegó a tener la estúpida fantasía de que, de repente, cayera dinero del cielo.

Joowon soltó un suspiro y dejó el teléfono sobre la mesa cuando sintió una mirada densa acariciándole la mejilla derecha. Park No-yoon estaba de pie, justo detrás de él, sosteniendo dos vasos de cristal.

Había una quietud inquebrantable en sus ojos, como si hubiera escuchado cada palabra de la conversación telefónica. Incluso el movimiento de sus manos al dejar la bandeja con el café emanaba un aura extraña. Al sentirlo, Joowon se mordió el labio inferior.

—Empecemos rápido. Tengo que irme pronto al trabajo.

La vergüenza de querer esconderse en el rastro de un ratón lo inundó como una marea, pero fingió naturalidad mientras sacaba los libros de su mochila.

—Te ayudaré.

Esa voz suave y relajada detuvo el movimiento de las muñecas de Joowon.

—¿Con qué? 

—Escuché tu llamada de hace un momento.

Juego terminado. Joowon había vuelto a perder contra Park No-yoon. El hecho de admitir que lo había oído todo significaba que ya conocía sus circunstancias privadas. Joowon apretó los puños, sintiendo una melancolía oscura, como si la fricción creada por la incomodidad, el malestar y la desdicha lo estuviera arrastrando al fondo de un río turbio.

No lograba entender por qué Park No-yoon actuaba así. Aquel examen donde dejó la respuesta en blanco a propósito, y esos ojos de color ámbar claro cuyo interior era imposible de leer, acaparaban todos sus nervios. El orgullo de Joowon se arrugó como un insecto aplastado por una multitud de gente.

Su corazón palpitaba como las branquias de un pez que acaba de descubrir que no nada en un océano vasto, sino en el acuario de una marisquería. Incapaz de calmar sus emociones desbordadas, Joowon frunció el ceño con fuerza.

—No creo que sea algo que deba importarte.

Quería reclamarle por qué rascaba su orgullo de esa manera. Observó a No-yoon mientras reprimía la ira que subía desde su interior. El chico lo miraba con una expresión de no saber qué hacer por la culpa, sosteniéndole la mirada. Era ofensivo y desagradable. Justo cuando iba a preguntarle si le parecía tan patético, las comisuras de los ojos de No-yoon decayeron de repente.

—Lo siento. No era mi intención.

Puso una expresión de cachorro empapado por la lluvia, tan lastimosa que hacía que el que se enfadaba pareciera la persona extraña. Aunque esto también le resultaba incómodo, Joowon guardó silencio al pensar que él también se había dejado llevar por sus emociones. En medio de un silencio tenso, Joowon tragó aire y le hizo una señal para empezar el trabajo.

—Yo también lo siento. Primero hagamos el trabajo.

Se arrepintió pensando que, siendo cinco años mayor, debería haber actuado con más madurez. Aunque no había mostrado todo lo que sentía, de alguna manera se sentía avergonzado. Joowon contuvo un suspiro que le subía por la garganta y rebuscó en su mochila. No había probado el café, pero sentía la boca amarga.

El trabajo avanzó en una atmósfera incómoda. Un silencio pesado se arrastraba por la sala, haciendo que Joowon se preguntara si se había enojado en vano. Sea como sea, tenían que seguir. Sin decir más que lo estrictamente necesario, ojearon los libros. Tras investigar los datos y dejar casi listo el PowerPoint en la laptop, el trabajo finalmente llegó a su etapa final.

Pensando que ya era suficiente, Joowon giró la cabeza hacia Park No-yoon, solo para descubrir que este lo observaba fijamente con los ojos brillantes. Era una mirada tan descarada que sus hombros se estremecieron. «¿Tengo algo en la cara?». Incómodo, extendió la mano, pero terminó golpeando accidentalmente el vaso de cristal y derramando el café. En un instante, los pantalones de Joowon quedaron empapados de un líquido marrón.

—¿Estás bien? —No-yoon, que estaba sentado a su lado, se acercó apenas a un palmo de distancia. —Te has mojado todo. ¿Qué vamos a hacer?

Acto seguido, sus pupilas de color ámbar rodaron lentamente hasta fijarse en los pantalones mojados de Joowon. Esa mirada, más densa y persistente que la mezcla de agua y café, se posó sobre su regazo. Era, una vez más, esa mirada que lo hacía sentir extraño. «Este tipo… ¿Acaso se está burlando?». Tal vez era porque Joowon lo odiaba demasiado, pero le pareció que No-yoon estaba conteniendo una sonrisa.

Joowon apretó los labios y levantó la cabeza. No-yoon lo observaba mientras pasaba la lengua lentamente por el interior de su mejilla. Sintió que, si seguía mirándolo a la cara, él también terminaría volviéndose loco. Juzgando que seguirle el juego solo le traería problemas, Joowon se levantó primero.

—¿Dónde está el baño?

Por suerte, ni el sofá ni el suelo se habían mojado, pero le resultaba humillante haberse mostrado en ese estado frente a No-yoon. Joowon se sacudió los pantalones e intentó mantener la compostura, actuando como si no pasara nada.

—Al final del pasillo. Te daré ropa para que te cambies. 

—Estoy bien así. Puedo taparlo con mi chaqueta.

No quería aceptar su ayuda bajo ninguna circunstancia. La amabilidad de Park No-yoon le resultaba sospechosa y recibirla hería su orgullo. Tras rechazar la oferta con un gesto de la mano, Joowon corrió al baño y frotó frenéticamente el café con papel higiénico, pero no sirvió de nada.

Al final, no tuvo más remedio que salir estirando su ropa hacia abajo para cubrir la mancha. Joowon reprimió la vergüenza que subía desde su interior y regresó a la sala. A lo lejos, vio a No-yoon manipulando la laptop. Parecía que estaba terminando de darle los toques finales al trabajo.

—¿Seguro que estarás bien? 

—Sí. 

—La gente se burlará si te ve. Dirán: “¡Se mojó todo, se mojó todo!”, así, cantando.

«¿Se volvió loco?» Joowon puso cara de incredulidad ante aquella tontería, una parodia de una canción infantil para burlarse de los amigos, pero No-yoon solo soltó una risita y cerró la laptop.

—Terminamos pronto gracias a ti, Hyung. Cenemos juntos. 

—No. Tengo que irme al trabajo. Nos vemos luego. 

—Realmente quería comer contigo… 

—Lo siento. Si necesitas más material, avísame.

La frase “¿Crees que estoy loco para comer contigo?” le llegó hasta la garganta, pero no dejó que saliera de su boca. Joowon recogió sus cosas a toda prisa; su único deseo era escapar de aquella casa inmensa lo antes posible.

—¿No podrías llevarte esto y revisar el PowerPoint por mí? —La voz de No-yoon detuvo sus pasos de repente—. Siento que la plantilla que hice no es muy buena. 

—A mí me pareció que estaba bien. 

—Aun así. Uno nunca sabe. Como tú eres mejor que yo en esto, te lo encargo, por favor.

No-yoon le tendió la laptop, delgada y ligera, mientras curvaba sus labios con suavidad.

—Incluso podrías poner tu nombre en la autoría del diseño del PPT.

Aunque por dentro no quería aceptar nada de él, la ambición de Joowon por esforzarse un poco más y asegurar una buena nota terminó ganando. Joowon asintió levemente y tomó la computadora.

—Gracias. Te la devolveré en la próxima clase.

Tras agradecerle con un gesto, Joowon se adelantó hacia la entrada. Sintió una mirada extraña pegada a su nuca, pero prefirió ignorarla pensando que eran imaginaciones suyas. Al llegar a la puerta y sujetar el pomo, Park No-yoon se despidió agitando la mano con una sonrisa tan radiante como la luz del sol, idéntica al color de sus propios ojos.

—Vuelve a visitarme pronto. 

—Ah, por cierto. Dejaste tu tableta el otro día. 

—¿En serio? 

—La traje conmigo. Espera un segundo. 

—Devuélvemela después. Debe ser un lío volver a abrir tu mochila ahora. Total, tengo otra. 

—Está bien.

Joowon respondió con desgana ante aquella generosidad que le revolvía el estómago, y cerró la puerta sin mirar atrás. ¡Pum! La puerta se cerró. En ese instante, los ojos de Park No-yoon, que hasta hace un segundo curvaba los labios con alegría, se tornaron gélidos, como un espíritu de agua que se prepara para arrastrar a alguien hacia las profundidades.

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