Shh, no hables. Cap. 20

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Capítulo 20. Esto es una orden. Amo

Antes de que Chen Jian pudiera decir nada, Lu Kongyun se volvió para mirar a Yu Xiaowen.
Luego le giró la mejilla hacia sí y dijo:

—Te has maquillado fatal.

Pensó que Lu Kongyun ya debía de estar colocado, o que el efecto del fármaco había empezado. Manosear a la gente y decir disparates en público solo podía significar eso.

La voz de Chen Zihan seguía sonando en el auricular:

—[ Yu Xiaowen, ¿tú, un omega, pretendes controlar a los lobos en su propia guarida? Esa mierda la usan todo el tiempo en el club, saben medir las dosis, ¡no se va a morir nadie! ¡Sal de ahí ahora mismo! ]

Yu Xiaowen, por supuesto, también lo sabía. Pero, primero, Lu Kongyun estaba en plena crisis de período sensible, y Chen Jian no sabía hasta qué punto. Segundo, Lu Kongyun seguía siendo virgen; lo más probable es que nunca hubiera estado en un lugar así.

Yu Xiaowen no podía simplemente abandonar allí a un virgen en período sensible que además había sido drogado. ¿Y si pasaba algo?

…Aunque, al ver que se había quitado el bozal antimordidas, Yu Xiaowen dudó un poco. Si esta era la forma de jugar de los alfas de clase alta, quizá de verdad se estaba metiendo donde no le llamaban.

Se acercó y le susurró:

—Oye, ¿quieres acostarte con esas bellezas?

Lu Kongyun lo miró. No dijo nada.

A Yu Xiaowen se le helaron otra vez los brazos. Entonces Lu Kongyun recuperó la normalidad, se puso de pie y le dijo:

—Ven. Voy a lavarte la cara.

¿Lavarle la cara…? ¿Qué demonios?

A Yu Xiaowen esas palabras le dieron un poco de vergüenza, quizá porque su mente no estaba mucho más sana que su cuerpo.

Ese tipo, Lu Kongyun, estaba claramente atontado, sin saber ni en qué día vivía. Yu Xiaowen no podía dejar a Lu Kongyun así en la Casa S.

Lu Kongyun se dio la vuelta y caminó primero hacia una habitación en la esquina.

Yu Xiaowen miró a Chen Jian que le sonrió, y entonces Yu Xiaowen tomó la decisión: se levantó y lo siguió.

Lu Kongyun entró por aquella pequeña puerta. Allí la iluminación era aún más tenue y sugerente, y en las paredes había algunos juguetes eróticos difíciles de describir. Los observó un momento, y entonces oyó el sonido de la puerta detrás de él.

El chantajista entró y cerró con llave.

—¿Cómo te sientes ahora? —preguntó el chantajista. Aunque se dirigía a él, su expresión era vigilante y alerta, mirando alrededor—. …Amo.

Lu Kongyun no dijo nada. Lo agarró directamente y lo arrastró al baño, abrió el grifo de la bañera y le presionó la cabeza para enjuagarle la cara.

—¡Eh, eh! ¡Mmm! ¡Pff! ¿Qué haces…? —el chantajista empezó a forcejear. Con agilidad, le torció el brazo a Lu Kongyun, giró el cuerpo e intentó saltar para salir del baño. Lu Kongyun se adelantó y dio una patada a la puerta, luego lo aplastó contra ella.

Lu Kongyun le pasó la mano por la cara empapada, luego deslizó los dedos entre los suyos y le presionó la cabeza, sintiendo su resistencia. Su abdomen se apoyó contra los músculos ya tensos del otro, escuchando cómo su respiración se volvía de inmediato agitada.

Lu Kongyun rozó con los labios el contorno de su oreja y la zona detrás de ella, y luego, con la punta de la lengua, lamió el agua impregnada de su olor.

—¡!

El chantajista, de repente, arqueó el cuello y dejó escapar un gemido tembloroso; forcejeó con más fuerza.

—No… espera… espera un momento… ¡mmm, suéltame primero la mano!

Lu Kongyun lo mantuvo inmovilizado.

—No te muevas. No grites.

Le apretó aún más los dedos, exploró más a fondo su oreja y frotó su cuerpo con mayor intensidad.

El chantajista gritó aún más fuerte:

—Ugh… ¡hijo de puta!… Espera, joder… ¡te dije que me soltaras primero la mano! ¡Te voy a…!

Lu Kongyun le miró la cara. Al rato, se inclinó y le mordió el labio inferior. El chantajista se quedó un segundo en blanco y giró la cabeza. Lu Kongyun se la volvió a girar y lo mordió otra vez. Luego forzó sus labios, succionando con fuerza, produciendo un sonido húmedo y ruidoso.

Lu Kongyun oyó la respiración del chantajista, como si se estuviera ahogando.

Los ojos del chantajista, enrojecidos, se abrieron un poco más mientras miraba a Lu Kongyun, y entonces rugió:

—¡Estoy bien, no puedes entrar, es una orden!

La expresión de Lu Kongyun se congeló; sus dedos aflojaron ligeramente. El chantajista aprovechó el hueco para liberarse, y de inmediato llevó la mano a la otra oreja, la que no había sido atacada, sacó un cable y pulsó un botón.

Luego gritó:

—¡Joder, que llevo…!

Lu Kongyun le tapó la boca.

—Shh.

Los ojos del chantajista, temblando entre el vapor, lo miraron durante dos segundos. De pronto, como si hubiera comprendido algo, guardó silencio.

Lu Kongyun retiró la mano.

—¿Apagaste el auricular?

—Apagado —dijo el chantajista en voz baja, pasándose la mano por la cara mojada.

Lu Kongyun observó cómo las gotas caían y empapaban el escote de la camisa de camarero, de estilo bastante atrevido.

—Así que el oficial Yu no solo sabe darme órdenes —dijo.

…Menuda tontería. Si sabes que soy oficial, pensó el chantajista.

—La habitación tiene micrófonos —dijo Lu Kongyun, abriendo el grifo al máximo; el ruido del agua cubrió su voz—. A los invitados importantes que vienen por primera vez a la Casa S siempre los “ponen a prueba” en secreto, para confirmar que son de los “nuestros”. Es una regla no escrita.

El chantajista lo miró un rato; su expresión se relajó. Se sentó en el inodoro, recuperando su verdadera identidad.

—Ah. ¿Así que ya lo sabías? ¿Que Chen Jian iba a drogarte?

—En mi familia hay un loco que es cliente habitual de aquí.

—Entonces, ¿tu período sensible, tu borrachera… no existían? ¿Todo era actuación para ellos? —el chantajista lo examinó.

—Antes de venir me inyecté tres dosis de inhibidor de efecto inmediato, además de extracto de enzima A para desintoxicar el alcohol. Al licor que echaron droga también le añadí un antídoto —respondió—. Aunque no sabía exactamente qué afrodisíaco usarían, la neutralización no fue perfecta, pero no hubo mayor problema.

El chantajista ladeó la cabeza, con una expresión de incomprensión.

—Entonces, ¿esa feromona tan siniestra la liberaste a propósito?

Lu Kongyun no respondió. Al cabo de un rato, el chantajista exhaló como ajustando su estado de ánimo.

—Ya que estabas bien, ¿para qué me echaste agua fría encima hace un momento? ¿Para hacerme quedar mal delante de mis compañeros, sabiendo que estaba en una misión? ¿Para vengarte de mí?

—¿Delante de tus compañeros? —preguntó Lu Kongyun—. ¿Quiénes podían oír?

—…¡Todo el equipo! ¡Y el director! ¡Hijo de puta!

Lu Kongyun se sentó en el borde de la bañera y pasó el dedo por el agua, provocando un leve chapoteo.

—Oh. Luego añadió—: Lo siento. Pero nuestra relación es confidencial. Tus compañeros no son una excepción.

Yu Xiaowen se quedó en silencio, despues volvió a soltar una palabrota.

Lu Kongyun movía la yema de los dedos en el agua fina y resbaladiza, ya casi a la misma temperatura que su cuerpo, hasta que se extendió por la yema de tres dedos.

El chantajista ya se había puesto unos pantalones de uniforme bien cerrados. No eran los mismos que llevaba puestos en casa.

Lu Kongyun volvió a mirarlo a la cara.

—¿El que iba a entrar a rescatarte era té con leche?

El chantajista se tocó con la yema del dedo la herida del labio y soltó una risita baja.

—Je. Doctor Lu, ¿por qué te interesa tanto té con leche? ¿El vino tinto no sirve?

El vapor que subía de la bañera se hacía cada vez más denso, y la temperatura del baño empezaba a subir. Lu Kongyun se desabrochó el botón del cuello.

—No te toques siempre la herida. Hablemos de lo importante. En la información que me mostraste esta noche hay algunos fármacos bioquímicos controvertidos —dijo Lu Kongyun—. Y algunos servicios de la Casa S están relacionados con eso, como el medicamento que toma ese alfa de doble glándula. Aunque la Casa S no usaría productos que no hayan superado la fase experimental o de origen desconocido, creo que, dado que esa organización transnacional ya ha llegado al país S, quizá intente contactar con ellos. Al fin y al cabo, este club no tiene una posición simple en el país.

—Joder… no esperaba menos de ti. Nosotros dándole vueltas tanto tiempo y tú vienes solo por leer los informes —dijo el chantajista—. Doctor Lu, eres tan bueno que de verdad no puedo imaginar lo mal que lo pasaré cuando tenga que dejarte. Quizá peor que morir.

El estilo de hablar del chantajista solía incomodar a Lu Kongyun.

—Entonces, ¿cuándo será? —preguntó.

—¿Eh?

—¿Cuándo te irás?

—…

—¿Tienes tanta prisa? —el chantajista habló despacio y en voz baja; el tono sonaba casi coqueto, pero la mirada era más bien burlona.

—Ajá.

Como alfa de nivel S, cualquier cambio en su estado físico afectaba de forma notable a su manera de pensar y de actuar. Bastaba con repasar sus recientes altibajos emocionales y esos comportamientos fuera de lo común. Y si había algo que Lu Kongyun detestaba profundamente, era que la mente se viera dominada por la fisiología.

Respondió con total franqueza, con la misma cortesía distante y la misma claridad emocional con la que trataba cualquier relación intrusiva:

—Mi vida parece haberse vuelto un caos por tu culpa. Si ayudarte a resolver este caso puede acelerar el fin de nuestra relación de chantaje, cooperaré con todas mis fuerzas.

El chantajista seguía mirándolo con una sonrisa, como si ya lo hubiera previsto.

—Doctor Lu, pareces incluso más frío de lo que imaginaba. Y eso que hoy la situación es esta. Impresionante, la verdad.

—Sí. Probablemente soy un poco más capaz de lo que imaginas —Lu Kongyun se pasó la mano por el cabello, que en el vapor empezaba a humedecerse y a caerle pesado—. Así que ¿hay algo que quieras que haga, señor?

El chantajista pensó un momento y agitó la mano.

—Esto no es asunto tuyo.

Se levantó del inodoro y se acercó, plantándose frente a Lu Kongyun.

—Tú eres realmente brillante, pero demasiado obediente. Estás hecho para una omega excelente, no para la Casa S. Resolver casos no es solo cuestión de feromonas, ¿sabes? Es peligroso.

Le dio un par de toquecitos en el pecho con la yema del dedo.

—Me iré muy pronto. Mucho antes de lo que crees. Tu vida volverá enseguida a la normalidad, no te preocupes. Hasta entonces, solo tienes que obedecerme. El resto lo manejará el oficial por su cuenta. ¿Entendido?

Lu Kongyun bajó la mirada hasta el dedo apoyado en su pecho.

Dicho esto, el chantajista se dio la vuelta hacia la puerta del baño, se acomodó la peluca y volvió a colocarse el auricular.

—Ahora te ordeno que salgas inmediatamente de la Casa S.

Lu Kongyun tanteó la pulsera inhibidora… y volvió a soltarla.

El inhibidor y el antídoto se contrarrestaban en parte; en ese momento no eran más que un adorno. No quedaba otra cosa que confiar en sí mismo.

El chantajista se quedó rígido un instante. Luego volvió a girarse hacia él, frunció un poco los labios, miró de reojo hacia la esquina de la pared y después lo miró fijamente.

—Bésame. La cara. Es una orden. Me han pegado y tú te quedaste mirando sin hacer nada.

Se señaló la mejilla hinchada.

Lu Kongyun se quedó un segundo en blanco.

—Pensé que intervenir podría entorpecer tu misión.

—Ja, ¿te preocupaba entorpecer mi misión? ¿Y lo de antes, qué fue entonces? Era solo una actuación, con hacer el gesto bastaba. ¿Por qué fuiste tan bruto? ¡Y encima me borraste de un mordisco mi primer beso, joder!

El chantajista despotricaba sin parar; incluso los ojos se le enrojecieron, brillantes de rabia contenida.

—¡Nunca nadie que me gustara me había besado! Y mi primer beso se fue contigo, por hacer el paripé. Ya verás, te haré entender lo que es un chantaje de verdad, uno de venganza.

Lu Kongyun se quedó en silencio y pensó: ¿Y el mío quién me lo robó?

—Espera —dijo.

Se levantó, salió al salón, sacó una bolsa de hielo del pequeño congelador y volvió al baño. Se puso un guante desechable y, con los cubitos dentro, empezó a rodarlos suavemente sobre la mejilla del chantajista.

—…

El chantajista bajó las pestañas y le permitió tratarle la cara enrojecida e hinchada. La muñeca que le colgaba a un lado se balanceaba con el leve vaivén de su cuerpo; el índice quedaba un poco más alto que los demás dedos, casi rozando el dorso de la mano de Lu Kongyun, hasta que lo recogió y lo dejó fijo junto al costado.

De pie frente a él, el chantajista arrastró un poco las puntas de los pies, hizo rodar los ojos y le lanzó una mirada de soslayo, felina, antes de volver a fijarse en la bolsa de hielo. Sacó un cubito y se lo metió en la boca.

Lu Kongyun lo observó transformarse de gato a hámster, con las mejillas infladas a ambos lados, y preguntó a propósito:

—¿Está bueno?

Con un leve tono nasal aún ronco, pero ya con su cadencia habitual, respondió con pereza:

—¿Desde cuándo el hielo sabe “bueno” o “malo”?

Entonces Lu Kongyun se lo aclaró:

—Eso es para que la gente se lo ponga abajo y juegue.

Las mejillas del hámster se quedaron inmóviles.

—… ¿Cómo se usa eso abajo?

Alzó la cabeza para mirarlo, con una expresión de genuina curiosidad.

—Cuando entra, el cliente siente frío. Y humedad —explicó de forma concisa.

—…

El chantajista abrió un poco la boca, dejando ver parte del hielo. Dudaba visiblemente sobre qué hacer con algo que, en teoría, debía usarse “abajo”.

Lu Kongyun se quedó un momento mirando sus labios.

—Arriba también se usa —sentenció al final.

—Uh… ah… —el chantajista soltó un gemido corto y giró la cabeza—. Oye… más despacio, no aprietes tanto. Duele.

Silencio. Solo el leve roce del guante de goma.

—… ejem —el chantajista alargó la mano y encendió el auricular—. Estoy aquí. Ya te dije que no pasa nada… baja la voz, no hagas ruido. Vale. Salgo ahora mismo. Nos vemos en el coche.

Lu Kongyun lo miró.

El chantajista apagó de nuevo el auricular y le dijo:

—Tengo que irme. Tú también deberías salir ya de aquí.

Se dio la vuelta y agarró el pomo de la puerta, dispuesto a abrirla, pero Lu Kongyun lo rodeó por detrás a medias con el brazo, extendió la mano y presionó la rendija de la puerta.

—Ahora no puedes irte.

Bajó la mirada, se fijó en el collar del cuello; debajo asomaba tenuemente un tono rojo oscuro. El chantajista llevaba dos dispositivos superpuestos. Prudencia e imprudencia, una encima de la otra. Temía entrar en celo, pero no temía morir.

—No olvides que tu “amo” ahora mismo está en período sensible y además drogado —dijo Lu Kongyun—. Delante de esa gente, ¿cómo se supone que vas a salir?

—Eres Lu Kongyun. Puedes hacer lo que quieras —replicó el chantajista—. Inventa cualquier excusa, di que no soy de tu gusto y listo.

—¿Y después qué? —preguntó Lu Kongyun—. ¿Que entre otro?

El chantajista se quedó un instante paralizado.

—Y luego tú vuelves a casa —frunció el ceño, se dio la vuelta y lo encaró, dándole una palmada fuerte en el hombro—. Es una orden. Esta no es la vida que te corresponde. No te pongas a liarte con gente de fuera, joder.

Para reforzar la amenaza, levantó el bajo de la ropa, dejando ver un tramo firme de abdomen y el brillo frío de unas esposas.

—Si no obedeces, el oficial hará que reflexiones como es debido —amenazó con impaciencia, apretando los dientes, y luego hizo el gesto de tener las manos atadas.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x