Shh, no hables Cap. 21

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Capítulo 21. El doctor Lu, hecho un desastre

El Omega salió corriendo de la habitación empapado, cubriéndose la cara mientras huía.

—…

Tras la marcha de Wuyun, la sala privada, que había recuperado un poco de calor, quedó de inmediato en silencio. Todos se miraron entre sí. Fue Chenjian quien reaccionó primero: se levantó, aunque no para perseguir al Omega, sino para dirigirse a la habitación pequeña y comprobar cómo estaba Lu Kongyun. Con el breve contacto que había tenido con el segundo hijo de la familia Lu, Chen Jian había deducido, en la medida de lo posible, que el problema estaba en él.

Chen Jian se detuvo en la puerta, asomándose al interior. Gao Yuting también se acercó. Ambos vieron a Lu Kongyun de pie, frente a la pared donde colgaban todo tipo de juguetes y herramientas.

—Doctor Lu, ¿qué ocurre? —preguntó Chen Jian.

Lu Kongyun giró la cabeza para mirarlo, hizo una breve pausa y, mientras se abrochaba los botones del cuello, respondió con toda calma:

—No puede satisfacerme.

Tal como suponía.

—Entonces será mejor llamar a Xiaoguang para que lo acompañe —propuso Chen Jian.

Xiaoguang era el Alfa que había pasado por la cirugía de glándulas.

—No hace falta —negó Lu Kongyun. Tomó de la pared un par de esposas peludas. El pelo era de un rosa carne muy pálido y sobre cada aro había unas pequeñas orejas de gato, erguidas.

Las sostuvo en la mano y las apretó un poco.

—¿Dónde las compraron?

—…Eso no lo sé muy bien —respondió Chen Jian—. Si le gustan, lléveselas. Puede usarlas sin problema.

Lu Kongyun volvió a negar con la cabeza, colocándolas de nuevo en su sitio.

—Las compraré yo. Quiero unas nuevas.

Chen Jian guardó silencio unos segundos.

Menudo… personaje.

A cierta distancia, una de las asistentes asomó tímidamente la cabeza y dijo con cautela:

—Verá… en S House tenemos proveedores exclusivos. Ellos diseñan los modelos y garantizan la calidad y la seguridad. Por fuera es imposible conseguirlos.

Chen Jian giró enseguida hacia ella:

—Pregunta en el almacén si queda stock. Tráele unas nuevas de inmediato.

Lu Kongyun sacó su tarjetero.

—¿Cuánto es?

Chen Jian agitó la mano, casi escandalizado:

—Ay, doctor Lu , no bromee. Sería ridículo que nos pusiéramos a llevar cuentas por esto.

Pero Lu Kongyun ya había sacado la tarjeta de crédito y la entregaba a la asistente:

—Como debe ser. Los juguetes de pelo, la sala privada y las bebidas, todo junto — y añadió—: Excepto la botella que ustedes adulteraron.

Yu Xiaowen entró en el asiento del copiloto.

—Este maldito postizo me está matando —dijo mientras se arrancaba la peluca, el forro, el collar y el auricular de golpe.

Nadie respondió. Yu Xiaowen giró la cabeza para mirar a sus compañeros. En el asiento del conductor, Chen Zihan; en la parte trasera, Xu Jie y otro colega. Los tres lo observaban con una expresión grave, casi doliente.

—¿Mm?

Chen Zihan levantó la mano para encender la luz del techo, pero, tras dudar un instante, la bajó de nuevo.

—Has sufrido mucho —dijo el jefe Chen.

Yu Xiaowen se tocó la mejilla.

—Solo fue una bofetada. Para un policía ni siquiera cuenta como herida superficial.

El jefe Chen abrió la boca, pero terminó guardando silencio.

—Hermano… —Xu Jie se frotó los ojos enrojecidos—. Lo siento mucho. No debimos dejarte volver.

—…¿Y tú quién te crees? ¿Qué “no debimos dejar”? —gruñó Yu Xiaowen, mirando otra vez a ese grupo que parecía estar de luto—. Ya está. Si de verdad me hubieran hecho algo, ¿habría salido tan rápido? Solo me dieron un par de mordiscos. En realidad… estuvo bien, me gustó bastante. Vengan, arranquen el coche. Tengo sueño. Necesito salir del trabajo e irme a dormir.

—El director dijo que, si esto te afectaba emocionalmente, pensaba darte un pago extra por horas —comentó Chen Zihan.

—…Si lo pienso en frío… sí me empieza a doler un poco el corazón —admitió Yu Xiaowen.

Estaba agotado. Ya llevaba días sin descansar bien, y aquel turno extra hasta altas horas de la noche rebasaba todo lo que su cuerpo enfermo podía aguantar. 

Apenas llegó a casa, se pasó una toalla húmeda por la cara, se quitó las sandalias y se dejó caer de cabeza en la cama.

Tenía sueño. Estaba rendido.

La misión de hoy había avanzado enormemente. Un gran éxito.

La misión…

En sus oídos volvió a resonar el ruido del agua en el baño y aquel otro sonido, que era aún más claro.

El cuerpo de Yu Xiaowen volvió a aflojarse por reflejo; encogió las piernas y clavó los dedos de los pies en la sábana. Se mordió el labio.

El móvil vibró.

Con esfuerzo levantó los párpados y acercó el teléfono para mirar la pantalla entrecerrando los ojos.

Era un mensaje de WeChat de la víctima. Ah… casi olvida que cada noche debía entregar resultados.

El pequeño extorsionador sonrió y abrió el chat. No era el habitual mensaje de cuatro caracteres, frío y escueto, sino una nota de voz muy corta.

A esas horas… ¿qué querría decirle?, pensó un momento y pulsó reproducir.

—Buenas noches, cariño.

La voz de la víctima era muy agradable: suave, serena.

Los dedos y el corazón de Yu Xiaowen se tensaron al mismo tiempo.

Con la mente en blanco, volvió a pulsar.

—Buenas noches, cariño.

Pulsó otra vez.

—Buenas noches, cariño.

Una vez más.

—Buenas noches, cariño.

Y otra.

—Buenas noches, cariño.

Después hundió la cara en la almohada, sujetando el móvil sobre el pecho. Los hombros comenzaron a temblarle sin control. Sintió el agua caliente resbalar por el rostro, la nariz congestionada, el aire escaso dentro de la almohada. Siguió así, dejándose asfixiar hasta marearse un poco.

Sintió miedo. Un miedo real, casi físico, a la muerte.

Las emociones húmedas y heladas lo empaparon por dentro.

Al cabo de un rato, cuando terminó, sacó la cara, tomó un pañuelo del buró y se limpió.

Después de limpiarse la cara, Yu Xiaowen volvió a meterse bajo las mantas y envió un corazón como respuesta. Por supuesto, no iba a recibir contestación. Dejó el móvil a un lado y se tapó bien. Pasado un rato, volvió a sacar la mano, tanteó el teléfono, lo encendió y se quedó mirando aquella nota de voz tan breve.

Cerró los ojos, colocó el móvil frente a su cara, muy cerca, y pulsó otra vez.

Buenas noches, cariño —decía la voz de la víctima.

—Buenas noches —y respondió.

Lu    Kongyun estaba sentado en el taburete de su casa, frente a las esposas peLu   das que había dejado sobre la mesa. Apoyó los nudillos bajo los colmillos y sintió el dolor punzante.

¿Qué era aquello? ¿Por qué había llevado ese objeto a casa?

Aparte del cepillo de dientes, en su vivienda no había nada parecido. No era, en absoluto, su estilo.

El efecto de los fármacos empezaba a disiparse, pero las reacciones cruzadas y los efectos secundarios se intensificaban. De pronto se incorporó y corrió hacia el baño, donde se inclinó sobre el inodoro para vomitar.

—¡Ugh!

La arcada fue desagradable, evocándole a esos borrachos hechos una masa amorfa. Aquella analogía le repugnaba, así que se obligó a mantener la espalda recta, sosteniéndose del inodoro. Cuando terminó la primera oleada, frunció el ceño, se presionó las sienes, se frotó la cara, se apretó el philtrum y trató de rescatarse a sí mismo.

Tomó varias bocanadas de aire y sacó el móvil. Tenía la vista borrosa, flotante; le costó abrir WeChat, y aun así no lograba fijar los dedos en el teclado. Al final, calmó la respiración y envió una nota de voz:

—Buenas noches, cariño.

El extorsionador contestó enseguida con un sticker, señal de que no estaba de servicio y que ya había llegado sano y salvo a casa.

Cumplido el ritual diario de la extorsión, se puso en contacto con Gao Yuting. Llamó por voz y le informó de los tipos y cantidades de medicamentos que había tomado esa noche.

Tras un largo silencio, del otro lado dijeron:

—¿Quieres morirte?

—Dime cómo estabilizarme —fue directo al grano.

—Vomita todo lo que puedas. Y bebe muchísima agua. No puedes tomar absolutamente nada más, ningún medicamento. Ahora mismo no puedes ingerir nada —dictaminó Gao Yuting.

—Lo sé. ¿Hay alguna terapia alternativa? —preguntó Lu Kongyun—. Siento que mis niveles químicos están fuera de control. Siento que en cualquier momento voy a convertirme en un perro rabioso. Que la saliva me va a resbalar por la barbilla hasta las piernas.

—…Y supongo que el brazalete inhibidor tampoco funciona —dijo Gao Yuting.

—Ajá.

Hubo un silencio tenso.

Gao Yuting: —Cuando pase la reacción cruzada de los medicamentos, tu período de susceptibilidad estallará de forma rebotada. No sé si lo has oído, hubo un chico de nivel S que tuvo un estallido muy grave. Cuando lo trataban en casa, no pudieron controlarlo y mordió a toda su familia. Cuando llegó a su hermano, lo inmovilizó y lo marcó a la fuerza. Luego, su hermano se fue a un monasterio y él lo trajo de vuelta para…

—¡Urgh!

El estallido del vómito resonó por el auricular, obligando a Gao Yuting a alejar el teléfono.

—¿Sabes lo que me provoca náuseas y aun así te pones a contarme eso? —gruñó Lu Kongyun mientras masajeaba su garganta convulsa y apretaba el botón de descarga del inodoro.

—…Te lo digo para que no tengas contacto con nadie. Ni siquiera con tu familia —advirtió Gao Yuting. Después añadió—: Excepto con tu persona de susceptibilidad.

Lu Kongyun no respondió.

—Pensé que ibas a la Casa S para resolver un problema, pero al final fuiste a crearlo —dijo el doctor Gao, incapaz de contener la molestia, incluso si el otro era un miembro de la familia Lu y continuo:

—Director Lu, usted también es médico. Sabe perfectamente que su nivel de supresión ya había llegado al límite, ¿por qué siguió maltratando así su cuerpo? Si no quería ir a la Casa S, podía no ir. Solo era una recomendación, no una obligación. Pero de pronto dijo que quería ir, que tenía que ser de inmediato… y luego montó ese espectáculo, dejando a los demás sin saber dónde meterse. De verdad no lo entiendo.

Lu Kongyun guardó silencio.

Si hoy al chantajista lo hubiese interceptado el oficial Ding. Si quien lo hubiera llevado a la sala pequeña no hubiera sido él, sino otro alfa.

Lu Kongyun apretó con los dedos el borde del inodoro.

Aunque sus compañeros hubieran querido protegerlo, en el territorio de la Casa S, donde abundaban oficiales, en ese mundo animalizado, la máquina que defiende la ley y la justicia no es comparable con la máquina que defiende el poder del Estado.

Qué estupidez.

Tal vez su feromona ya estaba empezando a desbordarse. Se sentía roto. Especialmente irritado.

Ahora no solo era seguro que no podría ir al entrenamiento de la academia militar; también tendría que pedir licencia en el trabajo cotidiano.

Un desastre. Un desastre absoluto.

—Si no odias demasiado a tu sujeto de sensibilidad, podrías ceder un poco y usarlo —dijo Gao Yuting al no recibir respuesta—. Es el único remedio que te dio la naturaleza.

—Lo odio —murmuró Lu Kongyun, rozando los colmillos con la lengua—. Ojalá no vuelva a verlo nunca.

El doctor Gao rara vez lo oía hablar con tanta carga emocional. Quizá era la cercanía de la explosión del período de sensibilidad.

Pasó un momento y, de pronto, el doctor dijo:

—Oye, ¿conoces la compensación fraudulenta de las feromonas?

Lu Kongyun tardó unos segundos antes de responder:

—Sí. Simula el intercambio de fluidos, engañando el instinto del alfa para generar un efecto de apaciguamiento. Es la base teórica de algunos productos inhibidores que sirven para tranquilizar al alfa.

—Entonces, ¿no podrías conseguir el de tu sujeto de sensibilidad? —preguntó Gao—. Comprarlo, si hace falta. Podrías probar. Si te funciona, no irás al entrenamiento, pero quizá en unos días podrás volver a trabajar.

Hubo un avance en el caso, y la Tercera Unidad consiguió un mérito importante. El seguimiento del objetivo se entregó a otro equipo. Tras ordenar los documentos por la mañana, los de la Tercera Unidad recibieron día y medio libre. El director incluso pagó de su bolsillo una tarde de convivencia en la playa y una comida de mariscos.

Bajo el sol abrasador, Yu Xiaowen estaba recostado en una tumbona bajo una palmera, abrazando un coco fresco. Xu Jie y otros compañeros jugaban en la orilla; quienes tenían familia habían llevado a sus esposas e hijos. Un montón de gente corría y reía; todo era bullicio.

El coco estaba delicioso, más dulce que el que había tomado con la víctima la otra vez. Yu Xiaowen miró su short playero. También era de aquella ocasión en que obligó a la víctima a “salir de cita”.

Lástima que, por tener que perseguir al ladrón, la mayor parte del plan de “cita” se canceló.

Pensando en eso, sacó de inmediato el teléfono para escribirle a la víctima.

Cao: [Chantaje agravado: progreso 1 %. Para consultar el contenido de la misión, responda].
Cao: [Si no responde, revise la imagen adjunta].
Cao: [Foto con cuenta regresiva]

Víctima: [Di].

Cao: [ Mañana tengo el día libre. Acompáñame].

La víctima no respondió.

Yu Xiaowen chasqueó la lengua, ajustó la cuenta regresiva y redujo el tiempo de golpe. Luego hizo una captura de pantalla y se la volvió a enviar.

Esta vez, la víctima contestó:
[¿Puedes venir a mi casa un momento? Hay algo que quiero hablar contigo].
[Disfrázate un poco. Cuando llegues a la entrada, mándame un mensaje y le diré al guardia que te abra].
[Gracias].

¿…Gracias?

Yu Xiaowen se frotó las cejas con fuerza.

Escribió: [¿Cuándo?]

Víctima: [ Ahora. ¿Puede ser? ¿Estás ocupado?]

El tiempo de vida de Yu Xiaowen era limitado, así que solo podía priorizar lo verdaderamente prioritario. Por ello, renunció sin titubear a la convivencia playera con sus queridos compañeros y corrió a Orange Garden, sin el menor remordimiento por anteponer el romance a la amistad. Antes de ir, se dio una ducha rápida en las instalaciones de la playa y pasó por una farmacia para comprar un parche inhibidor rojo oscuro, que se colocó al instante.

Llegó con dos cocos nuevos bajo el brazo y llamó a la puerta de la casa independiente de la víctima.

Apenas tocó la madera, la puerta se abrió sola. Yu Xiaowen retrocedió un paso con los cocos en alto. Entonces la víctima apareció ante él. Llevaba un bozal para evitar morder y el rostro tenía un tono terrible.

Yu Xiaowen se quedó helado y preguntó en voz baja:

—¿Qué te pasó…?

Al mirar hacia abajo, vio que tenía las muñecas unidas por unas esposas peludas…

Rosas. Con orejitas.

—Ajá —murmuró, y sus ojos se elevaron con extrema lentitud… aunque al final volvieron a posarse en esas orejitas peludas y en las manos del médico, tan marcadas que se le veían las venas.

Siguiendo la dirección de su mirada, la víctima bajó la cabeza, observó un instante sus propias manos y luego alzó los ojos hacia él. Su voz sonó tranquila, aunque debilitada:

—Ahora soy muy peligroso. Es por tu bien. —Retrocedió un paso—. Entra.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x