Extra II: el bebé, sin embarazo [2]

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Yunhang sintió que lo entendía, pero a la vez como si no lo entendiera del todo.

“¿Qué… quieres decir?”, dijo. “Es imposible que yo me embarace”.

Lan Yin explicó “El período de celo de las sirenas existe para poder concebir descendencia con éxito. Si un macho no logra que su pareja se embarace, entra en un periodo de tiempo de gran agitación”.

Xia Er: “En otras palabras, empieza a dudar de sí mismo”.

Yunhang: “…”

“Durante este tiempo, el macho simula las distintas etapas del nacimiento de un bebé. En condiciones normales, solo hay que superarlo. Pero es la primera vez que vemos un caso con amnesia como el de Cang Yue”.

Lan Yin supuso que era por la sangre del Dios de la Guerra, que hacía que muchos de los comportamientos de Cang Yue superaran con creces los de una sirena común.

“Debe de haber tomado esa bola de peluche blanca por su bebé. Por eso se enfadó tanto cuando Xia Er la tocó”.

Las sirenas comunes ya cuidan con mucho celo a sus propios bebés, y más aún Cang Yue.

Lan Yin echó un vistazo a Xia Er, con una expresión que decía menuda suerte has tenido “El hecho de que no te matara en el acto ya es de por sí un gran autocontrol”.

Xia Er palideció, dándose cuenta de lo sucedido con retraso y esbozó una sonrisa resignada “Otra vez he salvado el pellejo”.

Yunhang se quedó sin palabras.

Repasando mentalmente el comportamiento anterior de Cang Yue… la verdad es que, efectivamente, se parecía bastante a incubar un huevo.

Por eso le prestaba tanta atención a los ruidos de su vientre, por eso no soltaba la bola de peluche, por eso había sido tan tierno con aquel bebé de sirena.

Todo encajaba.

A Yunhang le empezó a doler la cabeza.

“Pero es que yo no puedo parir”.

“Pueden irse a la Casa de Acogida”, sugirió Lan Yin. “El gobierno ha implantado muchas políticas de protección para las sirenas. Los huevos huérfanos sin padres se crían allí. Pueden adoptar uno”.

Llevaba ya bastante tiempo sin que se le pasara la fase de agitación, y no se sabía qué podía pasar en el futuro. Era imposible predecir si sería para bien o para mal.

Tras despedir a Lan Yin y Xia Er, la mente de Yunhang era un caos.

No es que no quisiera adoptar, sino que… no estaba preparado para ser padre.

Si traía a una bebé a casa solo para que a Cang Yue se le pasara el período de incubación, sería terriblemente irresponsable.

Yunhang volvió al dormitorio. Cang Yue no estaba. Fue a la habitación de la bola. Allí estaba Cang Yue, sentado junto a la camita, con la bola de peluche reposando plácidamente entre su cola de sirena y su vientre.

Al verlo entrar, levantó la cabeza. Sus aletas de sirena se movieron “Hanghang”.

“Sí”. Yunhang se sentó a su lado y le dio un toquecito a la bola.

Cang Yue la protegió al instante, con una mirada de leve resentimiento y reproche.

Yunhang “…”

Vaya, todavía no había salido de la fase de incubación.

Nunca había visto a Cang Yue así, y no pudo resistirse a molestarlo un poco.

“Tapándola así, ¿no tendrá calor?”

“Si tiene calor, ¿la meterás en el agua?”

“¿Cuánto falta para que salga del cascarón? ¿Queda mucho?”

Hasta el propio Yunhang se sintió pesado. Las orejas de Cang Yue ya se habían caído, y parecía querer tapárselas con algo. Optó por darse la vuelta e ignorarlo.

Yunhang: “¿Puedo agarrarla un momento?”

Cang Yue dudó un segundo, pero al final se giró y le tendió la bola de peluche con cuidado, sujetándola en la palma de su mano.

El corazón de Yunhang se derritió.

La tomó con delicadeza y cooperó de buena gana “Es muy lindo”.

Las aletas de Cang Yue se agitaron con alegría y una sonrisa se dibujó en su rostro. Parecía más contento que si le hubieran halagado a él mismo.

Yunhang acarició la bola de peluche que sostenía en sus manos y bajó la mirada “¿Te gusta mucho?”

Cang Yue no entendió por qué le preguntaba aquello. ¿Acaso no era obvio?

Pero como Hanghang se lo preguntaba, respondería. Así que asintió.

“Ya veo…” Yunhang sonrió levemente mientras miraba la bola de peluche. Sus pestañas temblaron.

Finalmente, alzó la vista hacia Cang Yue “Entonces vas a tener que esforzarte mucho a partir de ahora”.

Cang Yue ya estaba preparado. Parecía que no había razón para impedírselo.

Cuando Cang Yue recuperó la consciencia, efectivamente no recordaba lo que había hecho en la habitación de la bola. Su expresión era sombría.

Como sirena, sabía perfectamente que algo le pasaba a su cuerpo. Al pensar en su extraño estado mental de los últimos días, Cang Yue se sintió un poco frustrado por haberle dado más problemas a Yunhang.

Tenía muchas ganas de ignorar esa bola de peluche, pero cada vez que la veía, no podía evitarlo.

Era un cariño que brotaba de lo más profundo, imposible de resistir.

Yunhang lo consoló “Es solo una pequeña molestia, te curaras rápido”.

En ese momento iban en el coche. El paisaje por la ventana se desvanecía a gran velocidad.

“¿A dónde vamos?”, preguntó Cang Yue.

Yunhang le sujetó la mano, sin decirle nada aún.

El coche se detuvo. Cang Yue vio el gran cartel de “Casa de Acogida”. Con expresión confundida, miró a Yunhang.

“Hemos llegado”. Yunhang lo tomó de la mano y lo condujo hacia el interior. Tenía muy buen humor “Vamos a echar un vistazo”.

Había pedido cita con antelación, e incluso había pedido a Yun Jiang que ayudara con los preparativos. Ya los esperaba un voluntario en la puerta.

Los llevaron a una habitación. Tras pasar por un minucioso proceso de desinfección, el personal los dejó pasar.

El voluntario sonrió con disculpas “Hay un bebé que no está en buenas condiciones. Para evitar contagios, espero que lo comprendan”.

Antes de venir, Yunhang había recibido los datos y las fotos que la Casa de Acogida le había enviado, y no había oído nada sobre este asunto. No pudo evitar sorprenderse “¿Qué ha pasado?”

“Empeoró de repente ayer. El padre de este bebé era humano, pero falleció accidentalmente mientras su pareja estaba embarazada”, explicó el voluntario. “Su pareja no pudo soportar el golpe y, después de poner el huevo, se fue con él”.

Yunhang murmuró “¿Cómo pudo pasar…?”

El voluntario suspiró “La mayoría de las sirenas tienen una sola pareja en toda su vida, ya sabes. Este huevo fue puesto en una grieta entre las rocas. Cuando nuestros patrulleros de rescate lo encontraron, ya llevaba una semana completamente solo”.

Los huevos de sirena recién puestos son extremadamente frágiles. El que hubiera sobrevivido una semana sin el cuidado de sus padres ya era un milagro.

Cuando trajeron a este bebé, tras ser atendida, en principio no tenía mayores problemas y todos sus parámetros eran normales. Pero ayer, de repente, su ritmo cardíaco se debilitó y sus constantes vitales cayeron en picado.

El voluntario negó con la cabeza, apenado.

Era como se temían, los bebés que nacían sin el cuidado de sus padres no lograban salir adelante.

Mientras hablaban, llegaron a la sala de bebés.

Como en el pasado el gobierno no prestaba atención a la raza de las sirenas, no muchas habían logrado sobrevivir. La cantidad de huevos de sirena en la sala era menor de lo que imaginaban.

La mayoría estaban en incubadoras, donde solo necesitaban simular la sensación de ser abrazados por sus padres.

Solo había uno especial. Estaba en una caja transparente especial llena de agua de mar, con muchos aparatos funcionando a su alrededor y una pequeña pantalla que monitorizaba su estado.

Yunhang vio una silueta en su interior, acurrucada, donde se distinguía vagamente una cola de sirena apenas formada.

Se giró hacia el lado “Cang Yue”.

Desde que había entrado en esa sala, Cang Yue estaba como atontado. Había bebés de sirena por todas partes, y no sabía a dónde mirar.

Sus aletas auriculares se agitaban inquietas de un lado a otro, e incluso había reducido el paso, caminando con mucho cuidado.

Al oír que Yunhang lo llamaba, se quedó completamente embobado.

Yunhang dijo “¿Llevamos un bebé a casa?”

Cang Yue miró sus ojos, y sus aletas se agitaron con frenesí.

Yunhang casi se echó a reír, pero se contuvo “Llevemos un bebé a casa. Un bebé tuyo y mío”.

Cang Yue abrió la boca. Su mandíbula se tensó formando una línea recta por los nervios. Tardó un buen rato en articular la palabra “Un bebé… nuestro”.

“Sí”. Yunhang lo abrazó, con los ojos brillantes “¿La quieres?”

Cang Yue se quedó casi paralizado.

Siempre había creído que él y Yunhang no podrían tener un bebé propio. Sin embargo, su instinto racial lo hacía anhelarlo profundamente. Por eso, a pesar de su poderosa sangre, no había podido escapar del período de incubación.

Pero ahora, pronto tendría un bebé suyo y de Yunhang.

Hasta la respiración de Cang Yue se entrecortó.

De repente, abrazó a Yunhang con fuerza, sin dudarlo ni un instante “La quiero”.

Yunhang sintió su cuerpo tembloroso y se alegró de haber tomado esta decisión.

Descontando los bebés que ya estaban reservados para adopción, no tenían muchas opciones. El voluntario les dejó medio día para interactuar con ellas.

No solo ellos elegían al bebé, sino que el bebé también debía elegirlos a ellos.

Cang Yue observaba con mucho detenimiento, sin perdonar ni los dibujos de las cáscaras. Tenía que encontrar al bebé que sería suyo y de Yunhang.

Pero todas las cáscaras eran blancas y los dibujos muy parecidos. No se distinguía nada. Cang Yue estiró la mano con cuidado para tocarlas, pero lamentablemente no obtuvo respuesta.

Los bebés parecían dormidos, no le hacían ningún caso.

Las aletas de Cang Yue cayeron. Miró a Yunhang desamparado.

Yunhang se acercó para interactuar con los bebés junto a él.

Quizá porque sintieron que sus dos padres estaban allí, al fin uno de los huevos se movió. Se balanceó un par de veces y luego rozó el dedo de Cang Yue, como si lo besara.

Cang Yue abrió mucho los ojos, se quedó completamente inmóvil, sin saber qué hacer.

Yunhang sonrió “Parece que le gustas mucho. Pregúntale si quiere venir a casa con nosotros”.

Cang Yue apretó los labios y preguntó en voz baja “¿Quieres venir a casa?”

El huevo de sirena volvió a moverse.

Los ojos de Cang Yue se iluminaron de repente “Ha aceptado, Hanghang”.

Murmuró para sí, como si no pudiera creerlo “Ha aceptado…”

Yunhang, contagiado por su emoción, sonrió también “Sí, lo he visto”.

Una vez confirmada la adopción, no podían llevarse al bebé a casa de inmediato. En la Casa de Acogida debían hacerles un chequeo más exhaustivo, preparar un plan de crianza adecuado y, además, realizar los trámites. Lo más pronto que podrá hacerlo es mañana.

Aunque estaban impacientes, los dos futuros padres tuvieron que contenerse.

Cuando estaban a punto de irse, el huevo de sirena de la caja de agua de mar se movió de repente, salpicando un poco de agua.

La expresión del voluntario se volvió seria al instante “Lo siento, voy a ver qué pasa”.

Yunhang quiso acercarse a mirar, pero el personal no les permitió aproximarse.

Al poco, llegó también un médico.

Por lo que oyó de sus conversaciones, la situación de ese huevo parecía haber empeorado. Uno de los miembros del personal médico frunció el ceño.

“Al final, la simulación no es suficiente. Si alguna sirena estuviera dispuesta a llevárselo a casa, sería mejor…”

“Su estado es demasiado malo, si se lo llevan no se sabe si sobrevivirá, es un riesgo muy grande”.

“Pero si sigue así, no sabemos si llegará a mañana…”

Los aparatos emitían pitidos, como si contaran los últimos segundos de vida.

A Yunhang sintió una tristeza indescriptible. Miró a la persona a su lado “Cang Yue”.

Cang Yue observaba aquella caja. Parpadeó y luego dijo “¿Nos lo llevamos a casa también?”

Al oír que Yunhang quería llevarse dos bebés a casa, en la Casa de Acogida dudaron.

Por el bien del entorno de crianza de las sirenas, normalmente no se permitía adoptar dos a la vez.

Y más teniendo en cuenta que una de ellas estaba al borde de la muerte.

Pero la situación de Yunhang y Cang Yue era diferente. Yunhang provenía de una familia acomodada, y Cang Yue era descendiente del Dios de la Guerra. Esto les hizo vacilar.

El director acudió personalmente y llamó a los responsables del Departamento de Gestión de Razas No Humanas. Tras asegurarse repetidamente de que tratarían a los dos bebés por igual, accedieron a su petición.

En cuanto a la bebé enferma, los médicos recomendaron llevarla directamente a casa.

“Ahora que tiene un padre tritón, recibir el consuelo de su propia raza es de vital importancia para ella”.

Pero si se llevaban a esta, la otra se quedaba en la Casa de Acogida. Los trabajadores temían que luego se echaran atrás y no quisieran quedársela.

Hubo un pequeño forcejeo entre ambas partes.

Finalmente, el responsable de Gestión de Razas No Humanas intervino: “Llévenselas las dos a casa. Los trámites los hacemos mañana”.

El asunto quedó zanjado así. Yunhang no tuvo ninguna objeción.

Los dos huevos de sirena fueron colocados en cajas especialmente diseñadas y subidos al coche. Cang Yue las sujetaba con fuerza contra su pecho.

El interior del vehículo se llenó de la esencia marina, una esencia suave, impregnada de un cuidado y una calma extremadamente delicados.

Una mano sujetó la suya. Cang Yue lo guio para que, junto a él, protegiera también las cajas.

Incluso deseaba, en ese mismo instante, poder transformar su cola de sirena.

Yunhang, solo entonces, sintió la realidad.

Él y Cang Yue ya tenían sus propios bebés.

Deslizó los dedos suavemente sobre la superficie de la caja. La yema de su dedo rozó una pequeña vibración, como si el huevo del interior lo saludara.

Yunhang contuvo la respiración y esperó un momento, pero no volvió a pasar nada.

Pasados unos segundos, de repente le pareció un poco gracioso.

Antes creía que no estaba preparado, sin embargo, la llegada de los bebés lo llenaba de ilusión.

Inclinó la cabeza y continuó acariciando la caja con suavidad, susurrando en voz baja al huevo del interior.

“Pequeño, soy papá”.

“A partir de ahora, cuento contigo, ¿eh?”

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