Extra III: un mundo sin ti

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Yunhang despertó sobresaltado por un penetrante olor a sangre.

El aroma metálico, mezclado con la esencia marina, irrumpió con furia en sus fosas nasales cubriéndolo por completo, filtrándose en cada poro.

Todos sus sentidos estaban aprisionados, obligándolo a tragar aquella atmósfera aterradora.

Un sudor fino brotó en su frente. Con esfuerzo, abrió los ojos.

“¿Despertaste?” Una voz familiar llegó desde no muy lejos, con un tono burlón.

Yunhang se quedó paralizado un par de segundos. El mareo le impidió reaccionar hasta pasado un momento. Entonces, todos los recuerdos previos a desmayarse inundaron su mente, el cielo cubierto de nubes, las olas rugientes, los humanos huyendo como hormigas en todas direcciones…

La sangre por todas partes, como flores que brotan del infierno.

Yunhang jadeó, conteniendo el agudo dolor de cabeza y miró al hombre frente a él.

“Cang Yue”.

El tritón de cola plateada y rosácea flotaba en silencio no muy lejos. Sus pupilas mostraban un rojo extraño. A sus espaldas, las olas erigían un alto muro de agua, listo para engullir la zona en cualquier momento.

Su cabello negro ondeaba sin control en el aire. El viento marino bramaba, levantando escombros.

El peligro se palpaba en el ambiente.

Yunhang se incorporó apoyando las manos en el suelo. Estas estaban pegajosas; no sabía de quién era la sangre derramada.

Abrió mucho los ojos al contemplar el paisaje a su alrededor. No había un alma. Edificios en ruinas, armas inservibles… todo anunciaba que allí se había librado un violento combate.

Cadáveres humanos yacían esparcidos. A algunos ya no se les reconocía la forma.

El corazón de Yunhang se aceleró. Había llegado al mundo donde Cang Yue se había corrompido.

Si no sucede nada inesperado, en el siguiente segundo, Cang Yue acabaría con él.

El tritón estaba cubierto de cicatrices. El extremo de su cola mostraba una curvatura rota.

El hueso, allí, estaba fracturado.

Cang Yue inclinó la cabeza frente a Yunhang. La aleta de una de sus orejas mutilada tembló.

Pero esa no era, por desgracia, una señal de bienvenida.

“Cuánto tiempo”.

Un dolor punzante atravesó el pecho de Yunhang. Extendió la mano para tocarlo. Su voz surgió ronca “Cang Yue”.

El tritón, sin preparación alguna, sintió toda su mano sujetada con firmeza. Se quedó helado un instante.

“Cang Yue”. La persona frente a él lo llamó de nuevo y de repente se irguió y lo abrazó con fuerza.

El cálido cuerpo del humano se pegó al suyo, tan frío. Una sensación extraña y desconocida.

Jamás había sentido algo así.

El tritón se quedó petrificado dejándose abrazar así, tontamente.

A Yunhang le embargó una tristeza inmensa, incapaz de articular palabra.

El trágico final de Cang Yue, lo que describía el libro, no alcanzaba ni una décima parte de la realidad.

“Lo siento”.

Las aletas del tritón temblaron. Su rostro mostró desconcierto.

Parecía no entender por qué aquel que le había hecho daño le decía esas palabras.

¿Acaso temía a la muerte?

Podía ser.

Los humanos siempre habían sido astutos y mentirosos. Con tal de sobrevivir, eran capaces de decir cualquier cosa.

Cang Yue se dijo a sí mismo que no debía caer en la trampa. Tenía que apartar a ese hombre de inmediato y acabar con él, como había hecho hasta ahora sin esfuerzo.

Sobre su hombro sintió una humedad. Ese humano estaba llorando.

Yunhang acarició con ternura su aleta mutilada, recorriendo con cuidado las cicatrices de su piel. Se culpaba “Lo siento, llegué tarde. Si hubiera llegado antes…”

Si hubiera llegado antes, “él” no habría pisoteado su cola hasta romperla, no habría arrebatado a esa persona la última esperanza en la humanidad.

Pero el destino ya era irreversible.

Yunhang no sentía miedo. Más bien, una profunda tristeza.

Alzó la vista. Vio la mano de Cang Yue levantada. Al segundo siguiente estaría muerto.

De repente, Yunhang esbozó una sonrisa y dijo con un tono juguetón “Me gustas mucho, ¿sabes?”

La mano alzada no cayó. Cang Yue no entendía.

Por qué le decía “me gustas”.

Era muy extraño.

¿Qué estaba haciendo ese humano?

El viento marino rugía con furia. El agua salpicaba por todas partes. El corazón del tritón no estaba en calma.

“¡Allí está! Tiene un rehén, ¡es el joven maestro de la familia Yun!”

El sonido de pasos apresurados se acercaba. Yunhang giró la cabeza y vio llegar al equipo de seguridad, armados. Se detuvieron a lo lejos blandiendo sus armas. Todos los rostros, pálidos, denotaban un miedo evidente al poder del tritón.

Entre la multitud, una espada de fulgor rojo brillaba con intensidad.

Era Tang Changyan.

Su mirada hacia ellos dos era completamente extraña. Apretaba el puño de su espada, listo para el combate.

Aunque no sabía por qué en ese mundo Tang Changyan había aparecido antes, era evidente que Cang Yue pronto libraría una lucha a muerte con él. Al final, moriría bajo su espada con su cola, cercenada; su vientre, abierto.

Yunhang rodeó con fuerza la cintura de Cang Yue. Tensó el rostro “Huyamos”.

La expresión de Cang Yue se volvió aún más confusa. Tras un instante “Te mataré”.

Yunhang “Sí”.

Cang Yue le recordó “Han venido a rescatarte”.

Yunhang “Sí”.

Y repitió “Huyamos”.

Cang Yue ya tenía demasiadas vidas humanas en sus manos. El gobierno no lo dejaría escapar y Tang Changyan mucho menos le permitiría seguir vivo en este mundo.

Yunhang intuyó que muy probablemente no podría cambiar el desenlace. Además, el cuerpo de Cang Yue ya no daba más.

No podía hacer gran cosa, solo esperaba poder regalarle, al final, un segundo de felicidad al tritón de este mundo.

Por primera vez, la expresión del tritón mostró un atisbo de vacilación. El gobierno aprovechó la debilidad “¡Ataquen!”

Yun Hang escuchó un sonido penetrante, aparentemente acompañado de un resplandor rojo.

Al segundo siguiente, se sintió envuelto y arrastrado al agua. Sus sentidos se nublaron, la asfixia lo hizo forcejear con violencia, pero Cang Yue lo llevaba cada vez más hondo.

Su visión se nubló. Quizás moriría ahogado.

Todo se volvió negro. Dejó de sentir.

Al despertar de nuevo, Yunhang parpadeó un par de veces al ver el entorno conocido.

Era la Ciudad del Desecho.

Pero estaba más en ruinas que en sus recuerdos. No quedaba un solo lugar intacto. El agua de mar ondulaba en los alrededores y la tierra mostraba manchas rojas de sangre.

El cielo sombrío acentuaba la desolación y el espanto del lugar.

Unos pasos se acercaron por detrás, hasta que sintió la punta de un pie pisar su ropa.

Yunhang se giró. Vio a Cang Yue mirándolo con frialdad.

Sin asomo de afecto. Solo curiosidad.

Jamás había visto esa expresión en el rostro de Cang Yue. Sintió un vuelco en el corazón.

Abrió la boca, pero al final solo pregunto “¿Estás herido?”

“¿Herido?” repitió Cang Yue en voz baja. Se tocó instintivamente el bajo vientre y respondió “No”.

La mirada de Yunhang se posó en su mano. La ropa hecha jirones ocultaba el cuerpo de Cang Yue. No podía ver nada.

Extendió la mano y la posó suavemente sobre él.

Las pupilas rojas de Cang Yue se contrajeron violentamente. Retrocedió dos pasos.

Yunhang apretó los labios y retiró la mano, algo cohibido.

Sabía muy bien que el tritón de este mundo no sentía nada por él, pero no pudo evitar sentirse dolido “¿Qué haces? No puedo vencerte…”

La expresión del tritón era aún más desconcertada que la suya.

Sus experiencias pasadas no le daban pistas de cómo afrontar aquella situación.

Verlo así le partía el corazón a Yunhang. Respiró hondo para calmarse y propuso “ Ya que vas a matarme de todas formas, ¿podrías concederme tres deseos antes de morir?”

Cang Yue debería haberlo rechazado y acabar con él allí mismo.

Quizás la expresión de Yunhang era demasiado sincera. Tras unos segundos de silencio, asintió.

“De acuerdo”.

Que un humano le pidiera algo, también era una experiencia interesante.

Yunhang se levantó del suelo y pidió el primer deseo.

Quería peinar a Cang Yue.

El tritón abrió los ojos como platos, incrédulo. Su cabello negro se agitó con más fuerza.

“Ya lo has prometido”, insistió Yunhang sin ninguna vergüenza, empleando el encanto y la labia.

El tritón de este mundo, que jamás había vivido algo así, se sintió desarmado.

Finalmente, su negro cabello cayó dócil. Yunhang encontró un peine roto entre un montón de escombros.

Sobre una roca baja, rodeada de cascotes, el tritón estaba sentado con el cuerpo completamente tenso. Yunhang, de pie detrás de él.

El cabello estaba tan seco, como hierbajos. El peine al que le faltaban púas, no era nada manejable, pero Yunhang igual ponía cuidado, con paciencia y esmero.

“Qué pelo tan bonito”, lo halagó Yunhang.

El tritón apretó los puños sobre las rodillas en silencio.

Nunca lo habían halagado. No sabía qué responder. Solo sus aletas temblaban sin control.

Peinar a Cang Yue era algo que Yunhang hacía con habilidad. En la Ciudad del Desecho no había gomas para el pelo. Cogió un palito del suelo y le sujetó la melena.

“Listo”. Yunhang contempló su obra con satisfacción. “Ahora quiero pedir el segundo deseo”.

Cang Yue estaba junto al agua con la mirada baja. En ella vio reflejada su propia imagen.

“Llevame a nadar”. Yunhang hizo hincapié “Y no vale ahogarme por rencor”.

Cang Yue lo miró de reojo, impasible.

Se levantó y se zambulló en el agua. En cuanto transformó su cola de sirena, la persona de la orilla se le echó encima, rodeándole el cuello con los brazos.

Como si lo hubiera hecho mil veces.

Cang Yue frunció el ceño, sin poderlo evitar. Una sensación extraña le invadió el pecho.

Instintivamente, sujetó a Yunhang. Su esencia lo envolvió y ambos se hundieron en las profundidades.

Yunhang giró la cabeza y le sonrió. Cang Yue vio sus labios moverse, pero no oyó lo que decía.

Iba a acercarse, pero Yunhang ya había cerrado la boca.

Soltando la mano de Cang Yue, nadó hacia el fondo solo. De vez en cuando, se volvía y le hacía señas para que lo siguiera.

El tritón, inexpresivo, se disponía a bajar, cuando un dolor agudo le atravesó la cola.

Otro hueso se le había roto. Recuerdos insoportables afloraron a su mente.

Arrastrado como un perro, el pie de alguien pisoteando su cola con saña, las risas celebrándolo mientras él gritaba.

Así se divertían ellos.

El tritón se quedó quieto, como si de repente hubiera despertado.

Claro. Su estado actual, todo se lo debía a los humanos.

Y él estaba jugando con uno estúpidamente.

Todos los humanos que lo habían humillado merecían morir. Yunhang también.

Ahogado por él, muerto por él… daba igual.

El pecho del tritón se agitaba. Sus hombros se tensaron.

Finalmente, la esencia que había liberado se disipó.

Con un movimiento de su cola, volvió a la orilla.

Afuera, ni un solo destello de luz iluminaba el cielo, que parecía aún más sombrío que antes de sumergirse.

Cang Yue permaneció en la tierra de la Ciudad del Desecho, mirando fijamente el agua.

Pasó un momento, otro momento y otro más.

La superficie del mar, tranquila, no mostraba nada extraño.

Ese humano no había subido.

Quizás había muerto, quizás había escapado a escondidas.

Después de todo, Yunhang parecía nadar muy bien.

Efectivamente, todo lo de antes había sido un engaño para confundirlo.

La amabilidad era fingida, los halagos eran fingidos, el abrazo era fingido.

Solo intentaba que bajara la guardia.

Nadie podía llegar a quererlo.

Humanos astutos.

Pero ¿y si había muerto?

Si hubiera muerto…

Cang Yue retrocedió unos pasos. Sin saber por qué, ya no quería quedarse allí.

Sus harapientos ropajes temblaban con el viento. Se dio la vuelta para alejarse rápidamente.

El agua del mar golpeó la orilla con un chapoteo. Se oyó un forcejeo, como de alguien arrastrándose.

Sus pasos se detuvieron. Cang Yue miró de repente hacia atrás.

Yunhang, agarrado al borde de la orilla, respiraba con dificultad. La mitad de su cuerpo aún estaba sumergido, sin fuerzas para salir. Visiblemente agotado.

Al ver al tritón no muy lejos, se esforzó por darle lo que sostenía en la mano “Cang Yue, para ti”.

Era una concha blanca y pura. En la oscuridad que envolvía el Continente Marino, brillaba más que la luz.

Ese humano no había muerto. Tampoco había escapado.

Se había sumergido en las profundidades del mar, solo para traerle una concha.

El corazón de Cang Yue latió con fuerza.

Al ver que no la aceptaba, Yunhang descansó un instante y se apoyó en los codos para intentar salir por sí mismo. Entonces, alguien lo levantó. Cang Yue lo había sacado del agua.

El tritón apretó los labios. Quería coger aquella concha, pero no se atrevía.

Yunhang esbozó una sonrisa radiante “Un regalo”.

Cang Yue se quedó en silencio un largo rato, completamente desconcertado.

No sabía cómo enfrentarse a aquello. Solo dijo con voz seca “Puedes pedir el tercer deseo”.

Yunhang preguntó “¿Puedes no matarme?”

Cang Yue dudó “No”.

Yunhang “Has dudado”.

Cang Yue no respondió.

Yunhang hizo un mohín y levantó la vista hacia el cielo.

El gobierno ya había localizado su paradero. Las luces de los patrulleros sobre la Ciudad del Desecho eran cada vez más densas.

Como una señal de cuenta atrás.

“El tercer deseo”. Yunhang hizo una pausa. “Déjame quedarme contigo”.

Cang Yue “¿Qué?”

“Eres bueno, Cang Yue”.

“En la próxima vida, me aseguraré de encontrarte antes”.

Un haz de luz roja cayó del cielo, apuntando directamente al tritón.

El tritón aún estaba sorprendido. Cuando sintió la intención asesina, levantó al instante una enorme ola, pero ya era tarde.

En ese instante apartó a Yunhang impulsivamente, que estaba cerca.

Aunque fuera una artimaña humana, lo admitía, habían tenido éxito.

Pero Yunhang, tambaleante, recuperó el equilibrio enseguida y se abalanzó sobre él, abrazándolo con fuerza.

El tritón abrió mucho los ojos.

De repente, el dolor de su cola dejó de doler tanto.

Justo antes de ser destrozado por completo, algo suave y cálido pareció tocar sus labios.

Fue la experiencia más hermosa que el tritón vivió en toda su vida.

── .✦

Cuando Cang Yue despertó, aún estaba atrapado en la pesadilla.

Había tenido un sueño terrible. Un sueño en el que quería matar a Hanghang.

Con el rostro pálido, giró la cabeza hacia un lado.

Yunhang seguía profundamente dormido. Las marcas en su piel eran evidentes.

Él las había dejado a propósito.

El cuerpo bajo las mantas se movió. Yunhang, como si percibiera su estado de ánimo, entreabrió los ojos somnolientos “¿Cang Yue?”

Al instante, se sintió envuelto en un fuerte abrazo.

El cuerpo de Cang Yue temblaba.

Yunhang le acarició la espalda, con voz suave “¿Qué te pasa?”

Cangyue negó con la cabeza violentamente.

“¿Has tenido una pesadilla?”

El tritón dudó y luego asintió.

“Los sueños son mentira, no tengas miedo”. Yunhang acarició sus aletas para relajarlo. “¿Quieres contármelo? Contarlo siempre ayuda”.

Cang Yue mantuvo la cabeza gacha, sin hablar.

Yunhang intentó sonsacarle un rato, pero al ver que no lo conseguía, desistió.

Sin embargo, durante todo el día, Cang Yue estuvo distraído. Como si algo le diera miedo, no se separaba de Yunhang ni un instante. Más pegajoso que un cojín gigante.

Cuando Yunhang recogía unas cosas, apartó sin pensar la caja donde guardaban los adornos de conchas. Cang Yue, en cambio, la recogió con sumo cuidado y la metió en la caja fuerte.

Yunhang: ¿?

Al mediodía, hacía calor y solían ir a refrescarse al agua. Pero ese día, Cang Yue se negaba a dejar que Yunhang se metiera.

Preguntado por qué, balbuceaba sin dar una respuesta clara.

Su extraño humor había comenzado por la mañana. Yunhang relacionó enseguida la actitud de Cang Yue con la pesadilla.

“Si no me lo cuentas, me preocuparé”.

El tritón bajó la cabeza “Temo que te asustes”.

Finalmente, se lo contó todo. Mientras hablaba, observaba la expresión de Yunhang, temiendo que se enfadara o se sintiera incómodo.

Pero Yunhang se mostró en todo momento sereno. Ni siquiera cuando oyó que en el sueño quería ahogarlo mostró signo alguno de enfado.

Cang Yue balbuceó inquieto “Yo, yo no haría eso…”

“Lo sé”. Yunhang bajó la mirada hacia sus largos y delicados dedos, no pudo evitar pellizcarlos uno a uno. Preguntó “Y al final, ¿qué tal te sentiste?”

Cang Yue inclinó la cabeza, sin entender.

Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Yunhang “Quiero saber si ese yo de tus sueños consiguió hacerte feliz, aunque fuera un poco”.

Cang Yue dudó, y asintió.

La aparición de Yunhang, para ese yo sumido en el odio y la oscuridad, fue como abrir una brecha en el muro que lo aprisionaba, como tender una mano a quien se ahoga.

“Me alegro”. La sonrisa de Yunhang se mantuvo. “Así que ese yo del sueño no fue del todo en vano, ¿no?”

El sueño había sido tan real, como si hubiera ocurrido en algún lugar.

No sabía cómo explicarle esa sensación a Yunhang.

“Aunque fuera real, no importa. Al final estaré contigo”. Yunhang, que parecía haberle leído el pensamiento, dijo de buen humor “No tengas miedo, Cang Yue”.

Cang Yue asintió con un “mm”.

Con tal de que Hanghang estuviera a su lado, todo iba bien.

Extendió los brazos hacia su compañero, mimoso: “Abrazo”.

FIN

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