[Amigos de la infancia 8]

Arco | Volúmen:

Arco VI

Estado Edición:

Sin Editar

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

[Amigos de la infancia 8] Posesión forzada en sueños y desvirgamiento del semental, embestidas violentas por detrás sujetando los hombros, llenando el pequeño orificio con densa eyaculación, el hombre heterosexual llora de placer (Alto H)

Con su marcado sentido del orgullo masculino, Lian Feiguang expresó una enérgica protesta contra la vergonzosa idea de ponerse un vestido de novia: —¡Ni hablar, absolutamente no!

No paraba de hablar: —En el peor de los casos, golpeamos al novio y lo obligamos a dejarnos salir.

He Shuqing, tras analizar las reglas del campo de pruebas, dijo: —El novio está siendo utilizado por el campo de pruebas; él tampoco puede hacer nada.

Por eso, el novio usaba los marcos de los cuadros para absorber a los humanos, como una forma indirecta de protección. Esperaba que, algún día, cuando el campo de pruebas terminara, se liberara a esas personas sumidas en el sueño.

Según el carácter de Lian Feiguang, probablemente sería la primera persona en causar problemas violentamente en el campo de pruebas. Pero He Shuqing quería averiguar por qué el novio, a quien nunca había conocido, sentía una obsesión tan profunda hacia él.

El anillo encajaba perfectamente en el dedo de He Shuqing, lleno del amor infinito y la desesperada búsqueda de esa persona. En la espera sin esperanza, no recordaba el rostro ni el nombre de He Shuqing, solo esa obsesión imposible de saciar, que finalmente se transformó en una novia perfecta. Quizás, en lo más profundo de su corazón, el novio sabía que la persona en la pintura no era más que una falsificación, y que el sueño inevitablemente se rompería. La obsesión del novio cayó en un ciclo infinito, siendo aprovechada por el campo de pruebas.

La contaminación de la esencia del mundo se debía a que esta obsesión no pertenecía originalmente a este mundo, y además había afectado a Lian Feiguang. Él se convirtió en un mujeriego, obsesionado con el vino y el sexo, solo porque su interior no podía llenar ese vacío.

Mientras tanto, Lü Chai no podía mover el marco del cuadro ni permanecer junto a la pintura de su hermana. Los innumerables retratos en el estudio resultaban demasiado inquietantes, y Xu Xingxing la sacó a la fuerza. Con una expresión suave pero firme, Lü Chai dijo: —Si eso puede hacer que mi hermana regrese, yo me pondré el vestido de novia.

He Shuqing, de naturaleza fría y distante, fue excepcionalmente amable esta vez: —No es necesario. Tu hermana es mi fan; yo la rescataré.

Los ojos de Lü Chai se enrojecieron, brillando con lágrimas, tan conmovida que apenas podía hablar: —Gracias —Sabía cuán significativa era esa promesa en este peligroso campo de pruebas de vida o muerte.

Lian Feiguang se sorprendió levemente. He Shuqing tenía demasiados admiradores y rara vez mostraba tanta paciencia, como si hubiera escuchado sus consejos. Pero al ver la buena atmósfera entre ellos, sintió una inexplicable irritación. Lian Feiguang atribuyó esto a que He Shuqing estaba usando otra vez su maldito encanto para hechizar a las chicas.

Vaya, qué poca fuerza de voluntad frente a un hombre tan guapo.

Xu Xingxing, extrañada, comentó: —Este vestido de novia no parece que lo pueda usar una chica común; es absurdamente largo.

He Shuqing aclaró: —La novia es un hombre.

Xu Xingxing: —¿Eh? Bueno, vale.

El hombre de las gafas se cruzó los brazos: —A mí no me queda —Haría cualquier cosa por sobrevivir, pero no se acercaría a ese peligroso novio.

Lian Feiguang asintió frenéticamente: —A mí tampoco me queda.

He Shuqing miró el vestido de novia, blanco e inmaculado, elegante y exquisito como hecho a su medida, suave y brillante. No le importaba su apariencia, pero le gustaba provocar a Lian Feiguang.

Con expresión conflictiva, llevando la actuación del sacrificio forzado al extremo, He Shuqing preparó la trampa para Lian Feiguang con calma: —Yo puedo hacerme pasar por la novia, pero deben aceptar dos condiciones.

Lian Feiguang, entre la curiosidad alegre por la desgracia ajena y una inexplicable emoción, preguntó: —¿Cuáles? —¡Probablemente sería la única vez en su vida que vería a He Shuqing con un vestido de novia!

He Shuqing enumeró: —Primera: no tomar fotos ni difundirlas. Segunda: cuando se me ocurra la otra, se las diré y no podrán rechazarla —Su aura era poderosa, como si tuviera el control total para completar la misión y salir del campo de pruebas.

Lian Feiguang sintió un poco de pena: —Oh —Había querido grabar un video para burlarse después y usar ese pasado vergonzoso de He Shuqing.

Las dos chicas no pudieron evitar sonreír. Ver al actor He sacrificarse así por ellas, manteniendo su imagen con seriedad, les hacía sentir que por un momento volvían a la realidad, olvidando temporalmente la amenaza a sus vidas.

El monstruo, tras la paliza que le propinó Lian Feiguang, no se atrevía por ahora a buscar más sufrimiento. Y gracias al acuerdo entre He Shuqing y el novio, los marcos de los cuadros finalmente fueron retirados.

Por primera vez, todos pudieron dormir sin miedo constante.

Sin embargo, el sueño de Lian Feiguang no fue nada tranquilo.

En el sueño, superaba el campo de pruebas con violencia, su habilidad mejoraba, su carrera prosperaba, humillaba a sus enemigos con satisfacción y ganaba el apoyo de poderosas facciones. Pero en su interior siempre había una insatisfacción, como si hubiera heredado el instinto del novio de buscar algo, persiguiendo constantemente a mujeres hermosas. Sin embargo, tras los placeres carnales, solo quedaba un vacío infinito. Poco a poco perdía su esencia, rodeado de innumerables bellezas, sumido en el vino, el sexo y el placer, su corazón perdía la sensibilidad inicial, volviéndose insensible e indiferente.

Su buen amigo He Shuqing lo ayudaba en silencio, alejándose discretamente cuando Lian Feiguang ya no lo necesitaba. Hasta que un día, mientras Lian Feiguang bebía y jugaba con sus amantes, alguien mencionó sin querer: —El actor He murió en un accidente de coche. Sus fans están destrozados.

El sueño era tan real que el corazón de Lian Feiguang se estremeció, invadido por una tristeza profunda. Quería ver a He Shuqing. Sin embargo, su cuerpo físico sonrió con indiferencia: —Qué lástima —Tomó de la mano a la mujer a su lado—. No aguemos la fiesta, sigamos jugando, ¡jajaja!

Entre risas y alegría, el alma de Lian Feiguang, como un espectador, observaba al hombre rodeado de esposas y concubinas, con numerosos descendientes, pero sin un ápice de sinceridad: —No, este no soy yo…

A Lian Feiguang le gustaban las mujeres hermosas, pero jamás habría ignorado la vida o muerte de He Shuqing. Juntos habían enfrentado la vida y la muerte, confiándose mutuamente sus espaldas; eran los mejores amigos.

Murmuró para sí, con lágrimas corriendo por su rostro: —¿Cómo podría morir Shuqing? Es falso, ¡todo es falso!

Lian Feiguang se abofeteó repetidamente con fuerza, sin detenerse aunque le doliera: —¡Despierta, despierta!

Como si el cielo hubiera escuchado sus súplicas, al abrir los ojos de nuevo, estaba tumbado en la cama. La luz tenue de la mesilla iluminaba el rostro impecable de He Shuqing, que dormía plácidamente, con una serenidad fría y seductora.

Lian Feiguang se pellizcó con fuerza el brazo, el dolor le hizo contener la respiración. Entre lágrimas y risas, dijo: —Shuqing, ¡sabía que era un sueño! Ya te dije que una calamidad1 como tú debería vivir mil años —Había regresado al momento justo después de salir del campo de pruebas, tan feliz que arrastró a He Shuqing a beber juntos.

Finalmente, los dos terminaron acostados juntos, completamente ebrios.

La voz de He Shuqing se escuchó, alterada; frunció ligeramente el ceño y abrió sus fascinantes ojos:

—¿A quién llamas “calamidad”? —Evidentemente, se había quedado con la última frase de Lian Feiguang.

Si Lian Feiguang estuviera un poco más sobrio, tendría la astucia de no provocar a un He Shuqing que acaba de despertar con mal humor. Pero, sin darse cuenta de nada, se dedicó a buscarse la muerte con alegría, palmeando el hombro de He Shuqing y soltando con insolencia:

—A ti, pues. Si no vives cien o doscientos años, decepcionarías a tu fama de ser una calamidad.

—Lian Feiguang —He Shuqing entrecerró los ojos con una sonrisa tan seductora como peligrosa—. ¿Olvidaste lo que dije? Si sigues de provocador, te follaré hasta que llores.

Lian Feiguang sintió un hormigueo en las yemas de los dedos:

—Eso no fue más que un sueño…

He Shuqing no le dio tiempo a reaccionar. Se dio la vuelta, presionando al joven contra la cama con total seriedad:

—Pídeme clemencia y llámame “papá”, y te soltaré.

Lian Feiguang, aplastado por el peso de aquel hombre, apenas podía respirar:

—¡Mierda, sigue soñando!

Intentó detenerlo, pero ya era tarde; comenzó una pelea en la cama con He Shuqing, ambos llenos de espíritu combativo. En el mundo real no podía usar sus poderes, y He Shuqing era tan fuerte que resultaba anormal. Ambos terminaron jadeando y empapados de sudor.

He Shuqing se apartó el cabello de la frente, revelando un rostro de una apariencia sin igual y unos ojos profundos como estrellas con un rastro de salvajismo. Una gota de sudor cayó de su mandíbula directamente sobre la clavícula de Lian Feiguang; fue como si quemara el corazón del joven, provocándole un temblor de puro nerviosismo.

He Shuqing inmovilizó las muñecas de Lian Feiguang y separó sus piernas con la rodilla. Con una actitud dominante, frotó su pelvis contra la del joven, provocando el deseo a través de la fina tela de la ropa. La voz de He Shuqing sonó clara y sexy:

—¿Es que nunca aprendes la lección?

—Mierda, te has vuelto loco —a Lian Feiguang le picaban los oídos. Joven y vigoroso como era, y en pleno frenesí de la pelea, sentía la sangre hervir. Su parte baja no pudo resistir ese roce intermitente y comenzó a expandirse, endureciéndose en una erección que buscaba desesperadamente desahogo.

Forcejeó frenéticamente, pateando las sábanas hasta arrugarlas, con el rostro encendido de rabia y vergüenza:

—¡Suéltame! —estaba a punto de morderlo. He Shuqing era elegante y hermoso, pero su presencia era tan pesada como una montaña. Con el deseo aumentando y sus extremidades entrelazadas de forma peligrosa, el temperamento de Lian Feiguang se volvió más volátil y soltó sin pensar—: Si me vuelves a tocar, tu padre se va a correr encima de ti.

He Shuqing, lejos de enojarse, soltó una carcajada y le mordió la oreja:

—Está bien. Entonces yo me correré dentro de tu cuerpo, llenaré tu vientre con mi semen y haré que llores mientras me das un hijo.

Lian Feiguang se quedó mudo del impacto. Maldita sea, He Shuqing era mejor que él diciendo obscenidades. Ese contraste en un caballero tan refinado era increíblemente sexy y vergonzoso a la vez:

—¡Mierda, que soy un hombre!

He Shuqing respondió:

—A los hombres es a los que me follo.

La escena que siguió fue un caos total. He Shuqing lucía un aspecto salvaje con la ropa ligeramente desordenada, mientras que Lian Feiguang había sido despojado de toda su ropa inferior. Su “hermanito”, atrapado en la mano de He Shuqing, no tuvo más remedio que “llorar” de placer; entre el goce y la humillación, eyaculó liberando toda la tensión, dejando su mente en blanco.

El pecho de Lian Feiguang subía y bajaba violentamente, cubierto de un sudor fino por el intenso placer. Cuando recobró el sentido, los hermosos y largos dedos de He Shuqing habían recogido el líquido turbio y comenzaban a introducirlo, lenta pero firmemente, en su orificio posterior.

—Ah… —el cuerpo de Lian Feiguang se tensó por el calor y la extraña sensación de plenitud—. ¿Por qué vuelves a jugar con ese lugar?

Jamás imaginó que llegaría el día en que su mejor amigo lo sometería para jugar a su antojo con su cuerpo.

He Shuqing movía sus dedos dentro del estrecho y suave conducto, rozando la carne sensible una y otra vez, logrando que el joven jadeara mientras su miembro volvía a levantarse honestamente:

—Joven Lian, ¿sientes tanto placer con solo unos dedos? —El uso de ese título respetuoso solo hacía que Lian se sintiera más humillado.

—Hijo de… saca eso de ahí —Lian Feiguang empujó los hombros de He Shuqing. No podía explicar esa sensación extraña, un placer punzante que se extendía por todo su interior. He Shuqing había despertado un deseo voraz de una forma muy peculiar, y Lian Feiguang, sin poder evitarlo, empezó a anhelar una fuerza más intensa.

—Como desee el joven amo —He Shuqing aceleró el ritmo de sus dedos, lubricando y relajando el interior. Con tono respetuoso pero una sonrisa ambigua, retiró los dedos y le dio la vuelta al joven por la fuerza. Sujetó la cintura de Lian, y su enorme y ardiente miembro se presionó contra la hendidura de sus glúteos. El roce intermitente de la punta dejó la entrada húmeda y brillante, en una imagen cargada de erotismo—. Dígame… ¿está listo, joven amo?

—Ah… —Lian Feiguang fue obligado a hundir la cara en la almohada con el trasero en alto. Sintió el roce del glande rígido contra su entrada; el peligro era inminente. Se despejó de golpe e intentó levantarse de un salto—: ¡Estás loco! ¡No soy una mujer, deja de jugar!

He Shuqing reprimió con violencia a la presa que ya tenía en la boca. Su miembro, listo para disparar, se abrió paso a la fuerza en el apretado conducto. La entrada estrecha envolvió firmemente la parte más sensible, y la resistencia del hombre bajo él solo aumentó su deseo de conquista. He Shuqing jadeó con una voz ronca y sexy:

—No es un juego. Cumplo lo que prometo: voy a follarte hasta que llores.

—¡Mmm! —el cuerpo de Lian Feiguang fue abierto a la fuerza. Las paredes internas fueron invadidas por ese objeto enorme y ardiente; el dolor y el hormigueo no eran nada comparados con la extrema vergüenza y la furia. Las lágrimas asomaron a sus ojos mientras apretaba las sábanas—. Ah… mierda… sácalo…

Siendo un hombre, verse sometido y penetrado por otro era perder toda la dignidad.

—Vaya, el joven amo aprieta mucho —He Shuqing comenzó a masturbar a Lian Feiguang, provocando que su interior se volviera ansioso y suave. Deslizó sus manos bajo la ropa del joven, amasando su abdomen y pecho, jugando con sus pezones hasta dejarlos rojos, hinchados y sensibles.

—Ah… —Lian Feiguang sintió un hormigueo extraño en el pecho; los dedos frescos de He Shuqing eran como corrientes eléctricas. Sus piernas temblaban y sacudía la cabeza, muerto de rabia—. ¿Estás borracho? Si no quieres mujeres, ¿por qué me haces esto a mí? En cuanto me levante, te voy a matar.

Nunca hubiera imaginado que terminaría en la cama con su amigo, siendo poseído hasta perder el juicio.

—Veremos quién acaba con quién primero —He Shuqing soltó una risita seductora. Apretó la cintura de Lian, que ya estaba de un tono rosado. La espalda del joven era suave y de líneas fluidas, sus glúteos eran blandos y tentadores, y sus orejas estaban rojas; el impacto visual era total. He Shuqing empujó su enorme miembro hasta la mitad; el conducto sufrió espasmos frenéticos ante el placer extremo de ser reclamado por primera vez.

Dentro del conducto, el miembro rígido rozó un punto específico de las paredes internas; el jadeo de Lian Feiguang cambió de tono mientras un placer extraño e intenso se propagaba por su cuerpo:

—Ah…

Sentía una vergüenza profunda e increíble: ¿de verdad He Shuqing lo estaba follando tan bien que le gustaba?

—No… —Lian Feiguang se aferró a la cabecera de la cama, intentando apoyar la parte superior de su cuerpo para gatear hacia adelante. Su orificio posterior parecía querer retener y, al mismo tiempo, rechazar aquella invasión descomunal; estaba completamente abrumado.

—Ya te lo dije, suplicar no servirá de nada —He Shuqing se inclinó, sujetó a Lian Feiguang por los hombros y, alzando la cadera, embistió con fuerza. Se hundió por completo, atravesándolo hasta lo más profundo del intestino.

Comenzó un ritmo frenético de embestidas, azotando sin piedad sus puntos más sensibles. El sonido de la carne chocando violentamente —pa, pa, pa— resonaba en la habitación, mientras los bordes del orificio, frotados por el miembro feroz, se tornaban rosados y se abrían ligeramente. El sonido húmedo y viscoso de la fricción se amplificaba, llenando el aire de una atmósfera obscena y cargada de deseo.

—¡Mmm! Ah… —Lian Feiguang, atrapado en los brazos de He Shuqing, rebotaba de arriba abajo. El pene golpeaba con saña la parte más estrecha de su interior, como si se clavara centímetro a centímetro en su propia alma.

Las paredes internas, suaves y delicadas, delineaban con claridad el enorme miembro que lo invadía; sentía el calor de las venas pulsantes y cómo el glande redondeado conquistaba cada rincón, estirándolo tanto que parecía que iba a romperlo. Lian Feiguang sentía tanto dolor como placer; entre el goce y la humillación, no podía detenerse:

—Ah, ah, ah… ¡Ya basta!…

En medio del intenso coito sobre la cama, Lian Feiguang no paraba de soltar insultos, pero al mismo tiempo era incapaz de evitar correrse mientras lo follaban. Tras varios orgasmos seguidos, su semen se había vuelto ralo y él estaba empapado en sudor, hecho un desastre.

En pleno delirio pasional, con los ojos enrojecidos, Lian ya no podía soportar ese placer devastador. Sentía que He Shuqing iba a matarlo a folladas en esa cama; tenía el cuerpo cubierto de marcas de sexo y su retaguardia ardía por la estimulación de la penetración. Temiendo morir literalmente de agotamiento sexual, terminó llorando y suplicando entre dientes:

—Te llamo… papá… ¿contento? ¡Para ya!…

—Buen chico —He Shuqing bloqueó la punta del miembro de Lian Feiguang mientras seguía dándole estocadas brutales, haciendo que el joven llorara y gritara con la voz ya ronca.

Finalmente, descargó su semen espeso e hirviente dentro de Lian Feiguang, eyaculando con tal fuerza que el bajo vientre del joven se abultó ligeramente. Las paredes internas sufrieron un nuevo espasmo de placer, expulsando fluidos que escurrieron por la cara interna de sus muslos en una escena puramente erótica.

En cuanto He Shuqing lo soltó, Lian Feiguang experimentó un doble orgasmo tan intenso que le dolió el pene y terminó desmayándose por el placer:

—¡Ahhh, ahhh!…

Al día siguiente, Lian Feiguang abrió los ojos de golpe. He Shuqing estaba acostado en la cama de enfrente, durmiendo tranquilo e inofensivo.

El cuerpo de Lian Feiguang estaba limpio, sin una sola marca.

Se cubrió la cara con pesadez, cuestionándose su propia existencia.

¡Mierda!

¡¿Es que esto ha sido otro puto sueño encadenado?!

Notas del Traductor

  1. En chino existe el dicho “Las calamidades viven mil años” (祸害遗千年), que significa que la mala hierba nunca muere.
Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x