Capítulo 120

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Al ver que las personas a su alrededor estaban tensas, Rostel, sin darse cuenta, empezó a observar el ambiente con cautela.

«De verdad debe de ser alguien temible».

Mientras pensaba eso, Pong, que estaba sobre su hombro, infló las plumas de su pecho y dijo con orgullo:

—[¡Como era de esperar, Richt es genial!]

Genial. Al oír esas palabras, Rostel reunió el valor que no tenía y enderezó la espalda. Él también quería que Pong le dijera que era genial. Mientras tanto, el tiempo siguió avanzando.

—Continúen.

Cuando Richt hizo un gesto con la mano, un caballero que salió al frente sujetó al conde Mentel. Él intentó seguir hablando, pero al final cerró la boca. Su rostro, que se había vuelto completamente pálido, estaba cubierto de sudor.

De la boca de Grael fluían sin cesar los crímenes del conde Mentel. Los nobles, que al principio murmuraban, se fueron quedando en silencio a medida que el discurso se alargaba. Y comenzaron a observar al príncipe heredero con cautela.

Richt recorrió con la mirada a los nobles ya silenciosos. Aquellos relacionados con el conde Mentel tenían el rostro lleno de terror. Cada uno de ellos.

Sabían que, si se recopilaban los crímenes que Grael estaba revelando, el castigo sería severo. Degradación de título, confiscación de bienes, exilio a la periferia. Las posibilidades eran muchas.

«La verdad, si fuera por mí, le cortaría la cabeza».

A menos que cometiera traición, a un noble no se le imponía la pena de muerte. Eso significaba que hacía falta añadir algo más a los crímenes que Grael había mencionado. Al principio, eso le preocupaba.

Antes de la reunión, Teodoro, Abel, Richt y Ban se habían reunido para hablar. En ese momento, Abel murmuró con disgusto:

—Si fuera posible, me gustaría enviarlo definitivamente por traición. Pero Rundel ha borrado las huellas con desesperación. Para añadir eso necesitaremos un poco más de tiempo.

—¿Cuánto?

Ante la pregunta de Teodoro, Abel extendió los dedos. Al verlo, Teodor soltó un pequeño suspiro.

—Tomará más tiempo del que pensaba.

—Esto ya es rápido. Estamos utilizando espíritus.

Parece que Loren estaba desempeñando un papel activo. En medio de eso, Richt preguntó:

—¿Quiere que sea por traición porque así sería mejor matar al conde Mentel?

—Así es. Es alguien que no se rendirá mientras esté vivo.

Teodoro, siempre hablaba con respeto hacia Richt desde que se volvió su maestro.

—Entonces, ¿no sería mejor enviarlo al exilio en la periferia y eliminarlo allí?

Ante las palabras de Richt, Teodoro parpadeó. Tenía una expresión como si no esperara oír algo así de él.

En realidad, Richt también había dudado antes de decirlo. Se preguntó si no estaría enseñándole algo extraño a un protagonista tan ingenuo.

—Es un buen método—. Abel sonrió y estuvo de acuerdo.

«Ese tipo escurridizo». Richt estaba seguro de que Abel había pensado en ese método antes que él. Y, aun así, no lo dijo, probablemente para poner a prueba a Teodoro.

—Ya veo. Existía ese método —Teodoro asintió.

—Yo me encargaré de la ejecución—. Abel habló con total naturalidad, lo que resultaba irritante.

Así fue como se decidió la muerte del conde Mentel.

Por supuesto, el conde Mentel no iría solo. Él y algunos otros con grandes crímenes serían exiliados y sufrirían un desafortunado accidente. En este mundo, eso era algo común.

Mientras tanto, Grael lo había dicho todo y, finalmente, el grito del conde Mentel estalló con retraso. Parecía haber superado la intención asesina de Abel ante la amenaza de muerte.

—¡Grael, tú! ¡Tú, maldito! ¡¿Cómo te atreves?!

El conde Mentel forcejeó como un loco. Cuando los caballeros lo arrastraron por la fuerza, la sala de reuniones volvió a quedar en silencio.

—Puede retirarse.

Grael, con el rostro lleno de miedo, se retiró. Las miradas de los nobles, que hasta entonces habían estado dirigidas al conde Mentel, se volvieron hacia Teodoro.

—Ahora que el asunto del conde Mentel está resuelto, pasemos al siguiente tema. —Mientras decía eso, Teodoro miró a Rostel—. El conde Mentel, que ha cometido actos atroces, ha perdido la calificación para ser el tutor del príncipe Rostel, pero aún es joven y necesitará a alguien que lo cuide. Por lo tanto, por el momento, confiaré ese papel al duque Devine, mi maestro.

Ante esas palabras, los nobles mostraron expresiones de sorpresa, pero ninguno se opuso. La facción imperial y los neutrales no tenían razón para oponerse, y la facción noble guardó silencio debido a lo ocurrido hacía poco.

—Era lo natural—. Richt sonrió levemente.

Cuando ese papel se discutió por primera vez, quien más se había opuesto había sido, en realidad, Teodoro.

~ ◊◊◊ ♦♦ ◊◊◊ ~

—No estoy de acuerdo. Me opongo.

—¿No soy yo la persona más adecuada?

El gran duque Graham, Abel, era el tutor del príncipe heredero. No podía encargarse también de Rostel.

—Se lo pueden confiar a otro noble de la facción imperial.

No era incorrecto, pero entre los nobles de la facción imperial, excluyendo al gran duque Graham, quien tenía mayor poder era Devine. Además, ahora que el príncipe heredero conocía sus puntos débiles, difícilmente podría traicionarlo.

«Aunque no tengo intención de traicionarte».

En esa situación, también era más seguro que Richt se encargará de fingir la muerte de Rostel. Sin embargo, Teodoro se opuso con firmeza.

—Absolutamente no.

—¿Cuál es la razón?

No sería que estuviera preocupado por Richt, cuya reputación ya estaba por los suelos.

«¿O sí? ¿Será eso?»

Teodoro era más ingenuo de lo que parecía. Mientras Richt organizaba sus pensamientos, Teodoro abrió la boca con una expresión algo enfurruñada.

—Rostel es joven y adorable, ¿no?

Eso era obvio, porque era joven. Además, como llevaba sangre imperial, se parecía mucho a Teodoro. Eso significaba que era más guapo que la mayoría de los niños.

—Eso es cierto, pero…

—Por eso no puede ser.

—¿Eh?

«¿Esa era una razón?»

Mientras Richt se quedaba desconcertado, Abel se dobló de risa. Su risa resultaba sumamente irritante. Le daban ganas de golpearle la espalda, pero quién saldría perdiendo sería Richt. La espalda de Abel estaba cubierta de músculos firmes.

—Nuestro príncipe heredero es adorable.

Abel habló con tono burlón, y Teodoro frunció el puente de la nariz con disgusto. En ese punto, Richt finalmente comprendió la razón de Teodoro.

«Está celoso».

Teodoro había crecido mucho, pero seguía siendo un niño que aún debía madurar. Podía sentir celos ante la idea de que le arrebataran el afecto de Richt.

—A mi maestro le gustan los niños pequeños.

Qué manera de decirlo. Cualquiera que lo oyera podría malinterpretarlo.

—Parece que lo querrá más que a mí.

Richt no pudo evitar soltar una carcajada. Al verlo reír junto con Abel, la expresión de Teodoro se torció aún más. Richt extendió la mano y alisó con el dedo el puente arrugado de su nariz. Era un gesto algo irrespetuoso, pero parecía gustarle a Teodoro.

Cada vez que Richt le alisaba el ceño, él arrugaba el rostro a propósito para que se formara de nuevo.

—Deténgase. Aunque no haga eso, usted ya es lo suficientemente adorable, señor Teodoro.

Ante la voz amable, su voz se suavizó.

—¿Y Rostel?

—El segundo príncipe también es adorable. Pero, ¿acaso usted no ha estado más tiempo conmigo?

—Entonces, ¿me querrá más a mí?

—Por supuesto.

Ante las palabras de Richt, los ojos de Teodoro brillaron. Abel ya estaba golpeando la mesa con la mano. Parecía que se iba a quedar sin aliento de tanto reír. Pero Richt y Teodoro lo ignoraron y se miraron entre sí.

—¿Lo promete?

Teodoro extendió tímidamente el dedo meñique. Richt enganchó el suyo con el de él. Así fue como Richt terminó a cargo de Rostel.

—Como no hay nadie que se oponga, a partir de hoy el tutor del príncipe Rostel será el duque Devine.

Con eso, la reunión de ese día terminó. Aún quedaban asuntos pendientes, pero no era el ambiente para continuar.

Teodoro fue el primero en retirarse, seguido por Rostel y Richt. Abel fue el último en abandonar la sala.

—¿Cómo está el ambiente?

—Hecho un desastre —Abel respondió levantando una comisura de los labios.

Con esto, la facción noble permanecería en silencio por un tiempo. Detrás de escena estarían desesperados por ocultar lo que habían hecho, pero ya se habían enviado tropas a registrar sus mansiones. Incluso si corrían ahora hacia sus residencias, ya sería demasiado tarde.

—Entonces te lo encargo.

—Bien—. Abel asintió y se dirigió en dirección opuesta.

Richt lo observó un momento y luego desvió la mirada. A su lado estaba el segundo príncipe, Rostel. Richt agitó ligeramente la mano hacia Pong, que estaba posado en su hombro, y abrió la boca.

—Su Alteza, príncipe. Aunque sea tarde, permítame presentarme formalmente. Soy Richt, cabeza de la familia Devine. Comúnmente me llaman duque Devine, pero llámeme como prefiera.

Rostel parpadeó lentamente antes de hablar.

—Entonces, ¿puedo llamarte por tu nombre?, ¿puedo?

—Puede hablarme con familiaridad.

—Mm.

Rostel se movió dócilmente siguiendo a Richt.

—A partir de hoy se alojará en otro palacio.

—Mm.

—Es un palacio que antes usaba otro príncipe. Está bien cuidado. Le gustará.

—Mm. Pero ¿puedo preguntar algo?

—¿Qué desea saber?

—¿De verdad eres amigo de Pong? —Rostel preguntó casi en un susurro, mirando de reojo a Pong.

El espíritu, como si hubiera oído, levantó la cabeza con orgullo.

—Sí, somos amigos —Richt asintió.

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