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Quizá todas las suposiciones que había hecho sobre Valentín fueran erróneas. Esa posibilidad consumía a Caden por dentro. Valentín no había mostrado ningún comportamiento especialmente extraño después de aquello. No se reunía con desconocidos, no decía nada sospechoso, simplemente trabajaba con diligencia e iba y venía del trabajo puntualmente.

Tras varios días de vigilancia continua, la paciencia de Caden llegó a su límite. La investigación no avanzaba y Valentín no daba ninguna señal de ser sospechoso. Ya había sentido muchas veces la sensación de llegar a un callejón sin salida, pero ninguna había sido tan frustrante como esta.

—Caden.

Luke golpeó la mesa donde Caden estaba sentado. Caden, aprovechando que Valentín había salido de su puesto, había estado registrando a escondidas su escritorio, pero no había encontrado nada y estaba desanimado. Caden no respondió, solo le lanzó una mirada, y Luke, cruzando los brazos sobre el pecho, inclinó la cabeza. No era extraño que Caden estuviera sentado en el escritorio de Valentín, ya que en sus tiempos en activo no era la primera vez que ocurría, pero sí era claramente extraño que estuviera hurgando en sus cosas constantemente.

—Oye, ¿por qué andas tan raro últimamente?

—… ¿Yo, qué?

—Joy también lo dice… Qué estás raro.

Caden giró la vista naturalmente hacia donde le señalaba la mirada y vio a Joy, que sonreía con aire incómodo. Caden le hizo un gesto vago con la mano y se repantingó en la silla, estirando las piernas. Luke, viendo su postura, como si fuera a deslizarse de la silla, le dio unos golpecitos en las piernas estiradas.

—Estas cosas siempre son a largo plazo. No desfallezcas.

Le ofrecía consuelo sin saber siquiera a qué se refería. Seguramente Luke no sabía de quién estaba sospechando Caden. Si lo supiera, no podría consolarlo de esta manera. Caden lo miró fijamente y luego se frotó los ojos con sus dedos ásperos y gruesos.

—… Ya ni siquiera sé qué estoy buscando.

—¿Quieres ver esto? Son los mensajes que Maximilian Hapfel escribió en el foro.

Luke le tendió unas capturas de internet impresas. Había escrito tantas que el grosor del papel era considerable. Caden suspiró y empezó a hojear las hojas una por una. La mayoría eran tonterías. Pedir que le eligieran el menú del almuerzo, o contenido acosador con fotos robadas a dependientas que veía por la calle. La mitad eran cosas que solo de leerlas parecía que te contaminaban el cerebro, y la otra mitad eran sandeces…

—Es la primera vez que te veo tan agobiado.

Luke se sentó en el borde de la mesa, sonriendo sin ningún tacto. Con la intención de entablar una charla, Caden dejó a un lado los papeles que estaba leyendo.

—¿Ah, sí?

—Sí. Tú siempre eras… ¿cómo decirlo? Alguien fuerte, como Terminator.

¿Terminator? Cuando Caden frunció el ceño, Luke se apresuró a añadir que no quería decir que fuera un insensible. No sonaba muy bien de ninguna de las maneras, pero Caden sonrió y asintió para salir del paso. No serviría de nada ponerse a discutir con Luke, que no conocía la situación.

Si Luke supiera lo destrozado que había estado Caden durante un año, no diría algo así. En la comisaría no se sabía que Caden había intentado suicidarse. Era un asunto privado y, además, el Centro no filtraba información personal. Pero como para reincorporarse era necesaria la terapia, todos sabían que Caden seguía rechazando la terapia psicológica.

—¿No crees que ya va siendo hora de que te reincorpores?

—…

—La barba… bueno, la barba te sienta bien.

Caden no reaccionó, solo se limitó a sonreír. Incluso esbozar una sonrisa le suponía un gran esfuerzo. No quería explicarle a Luke lo mal que estaba, el tiempo de dolor y sufrimiento por el que estaba pasando. ¿Para qué iba a sacar su dolor y moldearlo en una forma fácil de entender para los demás? Si no lo entendían, que pasaran de largo. Aunque en el proceso tuviera que tragarse el grito que amenazaba con salir: “¿Y tú qué sabes?”.

—Cuando llegue el momento, me reincorporaré.

Solo daba respuestas ambiguas mientras volvía a bajar la mirada a los documentos. Mientras hojeaba el grueso fajo de capturas, un nombre de usuario entre los comentarios le llamó poderosamente la atención. Parecía tener confianza con Hapfel, su tono era familiar y la frecuencia con la que aparecía en los comentarios era alta.

—… ¿No dijo en su declaración que no conocía el foro?

Eso era lo que decía la declaración que había obtenido Valentín. Sin embargo, las capturas que Caden tenía en la mano decían lo contrario. Cuando Caden preguntó, Luke se encogió de hombros. No le parecía tan sorprendente que las declaraciones no coincidieran. Vamos, ¿cuántas veces no miente la gente en sus declaraciones? Si no hubiera estado sospechando de Valentín como Caden, seguramente habría pasado por alto este detalle con toda naturalidad.

—Eso dijo de palabra, pero cuando rebuscamos en su ordenador y móvil, salieron a montones.

—…

—Parece que Valentín metió la pata esta vez. Pero era un caso demasiado evidente como para indagar a fondo.

Cierto. Había sido arrestado en la escena del crimen y él mismo no lo negaba, así que el castigo se llevaría a cabo sin problemas. Era un caso difícil de imaginar que tuviera intenciones ocultas.

Pero que solo en el caso de Valentín surgieran estas cosas que le chirriaban, ¿era casualidad o no? Caden frunció el ceño. Leyó en silencio los comentarios de la publicación más reciente de Hapfel. Era un mensaje preguntando cómo manejar a una pareja que no le hace caso. Los comentarios se dividían entre los que decían que debía imponerse con fuerza, como un hombre, y los que decían que fingiera que le hacía caso y luego hiciera lo que quisiera. Unos y otros eran basura.

Entre todos esos comentarios de vertedero, uno llamó su atención.

> FALLEN: [Mándame un mensaje privado. Te daré consejo].

—Este nombre me suena.

FALLEN, o sea. Ángel caído, o algo así. Dejando de lado que no le gustaba, el caso es que le sonaba. Caden frunció el ceño, cogió el móvil y entró en el foro. Al buscar “FALLEN”, aparecieron un montón de publicaciones suyas, entre ellas una que había visto antes sobre el “plan de exterminio de guías”.

—¿No se puede ver el historial de mensajes privados?

—Lamentablemente, los mensajes solo se conservan una hora y luego se borran los datos.

—… Qué clase de foro es este.

¿No era un foro perfecto para tramar cosas a escondidas? Para ser un foro creado para intercambiar reseñas de productos de limpieza, era bastante malsano. O quizá, a medida que la tendencia del foro se fue polarizando, hicieron alguna actualización. Caden, con el ceño fruncido, hojeó las publicaciones de “FALLEN” y buscó la más antigua. El foro se había trasladado hacía aproximadamente un año, un mes después del robo al banco. “FALLEN” empezó a escribir una semana después de que se creara el nuevo foro.

Caden hizo clic en la publicación más antigua de la lista. Sus dedos, que se movían sin pensar, se detuvieron al leer el contenido.

> Título: [Oye, ¿vosotros qué haríais en mi lugar?]

> Contenido: [No es que yo haya hecho nada malo, pero estaba hablando con otro y me dijo que la vida le iba mal, así que le di algunos consejos. Y el tío se lo tomó de forma extrema y la cagó. No hay pruebas de que hablara conmigo ni certeza de que lo que hizo fuera culpa mía, pero me tiembla el corazón de una forma… Vosotros, en mi lugar, ¿qué haríais? ¿Os entregaríais?]

> └Comentario: [No]

—…No.

└Comentario: [¿La has cagado bien gordo? Pues cierra el pito y ya está].

└Comentario: [He venido a elegir el menú del almuerzo y resulta que este tío va en serio].

└Comentario: [Si te entregas, ¿no serías idiota?]

Aparte de que esto era de hacía un año, no había nada más que resultara sospechoso. Sin embargo, Caden, por algún motivo, podía estar seguro.

Es este tío.

Este tío incitó a Gordon Walker.

Podía intuir, al menos vagamente, que este tal “FALLEN” había jugado algún papel en el proceso por el que Gordon Walker, que llevaba una vida más o menos normal, acabó atracando un banco tras ser despedido. Quizá no, y seguramente era más probable que no, pero…

—¿Qué pasa?

Al ver que la expresión de Caden cambiaba y se volvía seria, Luke cogió el móvil. Tras echar un vistazo al breve contenido del mensaje, Luke ladeó la cabeza sin darle importancia, pero solo cuando sus ojos se encontraron con los de Caden, su expresión se tornó grave. Luke releyó el mensaje y emitió un extraño gemido.

—Tú, ¿no creerás que esto…?

—…

—Oye, no puede ser. Por sentido común, ¿quién va a escribir algo así aquí…?

Caden se frotó la cara con sus ásperas manos. Su cabeza sabía que Luke tenía razón. Pero, al mismo tiempo, también era cierto que buscaba cualquier posibilidad, por remota que fuera. ¿Quién aseguraba que un idiota que quiere llevar a cabo un plan de exterminio de guías no fuera tan idiota como para confesar su crimen en un foro anónimo? Caden confiaba en su instinto.

—Entonces, ¿qué se supone que hagamos? ¿Seguimos perdiendo el tiempo sentados aquí?

—Caden, déjalo ya, por favor. La señora Anna no habría querido esto.

—¡¿Tú cómo lo sabes?!

Al gritar de repente, las miradas de otros policías se clavaron en él. Luke, apresuradamente, levantó las dos manos en señal de rendición. Ese gesto juguetón parecía burlarse de Caden, como si estuviera siendo demasiado susceptible. Caden, conteniendo a duras penas la ira y la irritación que le hervían en la garganta, se revolvió el pelo como queriendo arrancárselo. Las palabras que susurraba, ahogando la voz, hervían con una emoción que no disminuía, sino que aumentaba.

—No me menciones su nombre. Anna está muerta. Maldita sea. Estoy dispuesto a seguir hasta el fin del mundo a cualquier hijo de puta que haya contribuido a la muerte de Anna y cortarle el cuello, así que si tienes tiempo para sermonearme, elige entre ayudarme o callarte.

—… Caden, tú…

Luke pareció darse cuenta por fin de la gravedad de la situación. Mientras él parpadeaba atónito, Valentín, que había notado el alboroto, se acercó a ellos. Como Caden se había sentado en su silla mientras él estaba ausente, Caden se limitó a fulminar a Valentín con la mirada un momento y luego se levantó.

Todavía no había descartado por completo a Valentín de la lista de sospechosos. Pero, al mismo tiempo, también era cierto que deseaba que Valentín no fuera el culpable. No quería, después de perder a la persona que amaba con todo su corazón, sufrir también la traición de un amigo de veinte años.

—¿Pasa algo?

Por eso, cuando Valentín se acercó y preguntó extrañado, Caden no impidió que Luke le mostrara la pantalla del móvil. También le interesaba ver cómo reaccionaba Valentín. Si Valentín estaba realmente involucrado en este caso, ¿qué clase de reacción mostraría? Mientras Caden observaba en silencio, Luke, vigilando con cautela, soltó la charla.

—Es que Caden se ha enfadado al ver esto. Parece que cree que esta publicación tiene algo que ver con el caso… con lo de hace un año.

—¿Qué es esto…?

Aunque lo de no mencionar el nombre no significaba que no pudieran pronunciarlo en absoluto, Luke, después de presenciar la ira de Caden en directo, parecía extremadamente cauto. Valentín, mirando la pantalla del móvil, frunció el ceño. Mientras permanecía en silencio, Caden escrutó su expresión como lamiéndola. Esa boca firmemente apretada, esas cejas bien formadas, esas pupilas que se movían ligeramente y titubeaban. Se esforzó por encontrar en su expresión cualquier atisbo de miedo, confusión o sentimiento de culpa que pudiera delatarle.

Valentín, tras leer hasta los comentarios, tomó el móvil de las manos de Luke y se lo devolvió a Caden con una leve sonrisa. En su sereno rostro no había ni rastro de agitación.

—Parece que sí merece la pena investigarlo.

Si mentía o no. Era su compañero, al que había observado a su lado durante veinte años. Podría reconocer su expresión aunque la viera de pasada desde un coche en marcha. Podría encontrarle en una foto con miles de personas a simple vista, e incluso saber qué estaba sintiendo cuando le tomaron la foto. Bajo la mirada de Caden, Valentín asintió con calma.

—Le pediré a Joy que investigue.

—… ¿Puedes hacer eso?

—Sí. No debe ser difícil.

Caden parpadeó confundido. Valentín parecía no inmutarse en absoluto. No podía leer ninguna emoción en su rostro sereno. Su mirada, extrañamente serena, se dirigió hacia Caden. No podía saber de dónde provenía esa leve lástima y ese atisbo de culpa que contenía su mirada. Por primera vez, fracasó en leer la expresión de Valentín.

Caden, jugueteando lentamente con el móvil que tenía en la mano, apagó la pantalla. En la negra superficie se reflejó su propio rostro. A diferencia de Valentín, veía un rostro que mostraba estúpidamente todas sus emociones a la vista. Autodesprecio, triste conmoción, dolor e ira se enredaban formando un caos.

—… Te lo pido.

Fue lo único que pudo decir Caden.

Luke le dio una palmada en el hombro y pasó de largo. Valentín se dirigió a la sala de análisis en busca de Joy. Caden se quedó un momento aturdido en su sitio, y solo cuando Júpiter empezó a acercarse consiguió mover las piernas. Todo su cuerpo, rígido, parecía crujir. Sintió como si el corazón se le partiera, luego su cabeza se sumió en la confusión y, finalmente, todo se aclaró.

Sí, había sido una estupidez sospechar de un compañero de trabajo.

Al calmarse el shock y la tristeza, una cálida sensación de alivio se extendió por su pecho. Sus hombros, tensos, se relajaron. Pensar que había estado teniendo sospechas tan estúpidas casi le hizo reír. No entendía por qué había estado pensando eso, no comprendía a su yo del pasado. Valentín era su mejor amigo, y también era amigo de Anna.

Valentín no pudo haber instigado la muerte de Anna.

Sí, no es posible.

* * *

Caden dejó inmediatamente de vigilar la casa de Valentín. Cuando le pidió a Júpiter que condujera a casa, él arqueó una ceja y sonrió.

—Menos mal. Hoy por fin comeremos algo decente.

—Pero si hemos estado comiendo todo este tiempo.

—Hamburguesas o donuts, eso no es comida.

—Vaya, qué delicado.

Aunque le reprochaba, Caden sonreía. Últimamente, quizá en todo el último año, era el día que mejor se sentía. Era increíble que solo la certeza de que Valentín no era el culpable le hiciera sentir tan bien. Aunque no hubieran atrapado al culpable.

Claro que aún quedaba mucho camino, pero solo haber encontrado una pista ya le tenía ilusionado. Después de confirmar que Valentín hablaba con Joy, solo quedaba esperar. Le apetecía descorchar una botella de champán, pero sabía que aún era pronto para brindar, así que se contuvo a duras penas.

—¿Cenamos fuera? No tengo nada en casa.

—Bueno… supongo que eso está bien.

No pasaba nada por darse un capricho de vez en cuando. Cuando Caden asintió, Júpiter giró el volante. Parecía conocer algún restaurante, pues se movía con soltura buscando el camino. Tras atravesar la hora punta de la tarde, el coche se detuvo frente a un restaurante de aspecto bastante elegante.

Aun después de aparcar, Júpiter no se bajó inmediatamente. Al verlo sentado, agarrando el volante, Caden, que ya se disponía a bajar, volvió a sentarse.

—¿Qué pasa?

Cuando Caden preguntó extrañado, una mirada azul se volvió hacia él. Júpiter lo miró fijamente un momento y luego le tendió la mano. Cuando Caden se limitó a mirar la mano extendida en el aire sin comprender, incluso la agitó ligeramente para apremiarlo. Al ver que Caden no entendía nada, Júpiter habló.

—Te daré guía.

—… ¿Aquí?

—Tranquilo, solo un poco.

Como la última vez que le había dado guía fue aquel enredo en la sala de reuniones, Caden desconfió por un momento, pero decidió confiar en las palabras tranquilizadoras de Júpiter. Aun así, sin apartar la mirada recelosa, puso la mano con cuidado y, en el mismo instante, unas ondas guía de baja intensidad comenzaron a fluir. Era una sensación como si nueva sangre circulara por sus venas. Caden, sin darse cuenta, apretó la mano de Júpiter con fuerza y relajó los hombros. Su mente se aclaró como si le lavaran los ojos. Esa felicidad densa que le llenaba no se hacía familiar por mucho que la sintiera.

—… Ya estás mucho más estable.

Parecía que mientras le sujetaba la mano, había estado evaluando sus ondas. Caden asintió en silencio. Sus ondas, que antes se desbordaban al mínimo impacto sin guía, se habían calmado mucho sin que se diera cuenta. Aunque no se podía decir que hubiera vuelto por completo a la normalidad, estaba a un nivel que no interfería en su vida diaria. Júpiter, que había estado acariciando lentamente los dedos de Caden, murmuró con una voz tranquila e inexpresiva.

—Ya ha pasado el período de peligro.

—Pero aún no estoy del todo estable.

Mientras respondía, Caden no sabía qué quería. Recordaba que, cuando él estuviera completamente estable, Júpiter se iría. Porque esto era solo temporal. Tampoco era que tuvieran un contrato que obligara a Júpiter a estar pegado a él mientras resolvía el caso.

Quizá se había acostumbrado a tener a Júpiter a su lado. Su vida en soledad era tan solitaria y miserable que, al menos, tener a alguien cerca le hacía la vida más llevadera. Quizá, al no poder ya estar solo, el calor que Júpiter le daba le resultaba demasiado grato.

Los dedos rectos y bien formados acariciaron lentamente el dorso de la mano de Caden. Las yemas de los dedos que recorrían las venas abultadas y los huesos prominentes del dorso de la mano destilaban un tenue deseo. Aun sabiéndolo, Caden no apartó la mano ni lo rechazó. No quería hacerlo.

Era difícil ponerle nombre a lo que sentía por Júpiter. Pero tampoco había razón para clasificar todos los sentimientos a la fuerza. A Caden no le disgustaba que Júpiter lo tocara, ni quería evitar los momentos en que hablaban o sus miradas se encontraban. Cuando estaba con Júpiter, no sentía que estuviera sumido en una desgracia tan terrible. No sentía que esta oscuridad le nublara la vista, y aunque el exterior estuviera oscuro, una suerte intangible parecía iluminarle claramente el suelo que pisaba.

¿No era suficiente con eso? No quería nada más. Si le preguntaban si le gustaba, seguramente diría que sí, pero no lo amaba con la pasión que Júpiter deseaba, y ya había pasado la edad para eso. La pasión solo parpadeaba lentamente, como una brasa remanente en las cenizas apagadas.

—…Me quedaré contigo hasta que este caso termine.

Júpiter susurró en voz baja. En el interior del coche, con el motor apagado y a solas, su voz se oyó con claridad. Quizá el sonido del corazón de Caden, hundiéndose, se superpuso y lo hizo parecer aún más fuerte. Como había pensado que sería feliz si las cosas seguían así, no había considerado el momento en que esta relación terminara, por lo que incluso temía las siguientes palabras de Júpiter.

Júpiter susurró lentamente.

—Después de eso…

Para empezar, era una relación temporal. No había razón para que durara mucho. Tampoco había motivo para que Júpiter sintiera apego por esta relación. Porque él era una persona egoísta que deseaba que Caden lo amara, pero él mismo no amaba a Caden.

Aun sabiéndolo, por algún motivo sintió una sensación de traición. Quizá era porque Júpiter, mientras acariciaba el dorso de su mano y elegía las palabras, se mostraba terriblemente dulce, hasta el punto de hacerle llorar. Si Júpiter se separaba de Caden, se iría con Bryce. O quizá con otro esper. Con un esper que le amara, como tanto deseaba Júpiter.

—Bien.

Caden cortó lo que iba a venir a continuación y respondió. La mano que sostenían se volvió incómoda con la misma claridad con que su corazón se había vuelto incómodo, y al soltarla, la mirada de Júpiter la siguió. Esa mirada, que lo perseguía con tenacidad como si aún tuviera algo que decir, solo se desvió cuando Caden agarró la manija de la puerta.

—Era lo acordado, ¿no?

—…

—¿Tienes reserva? Este restaurante parece bastante popular.

Los labios de Júpiter se entreabrieron por un momento, como si fuera a decir algo, y luego se cerraron. Lo miró fijamente, atónito, y tras frotarse la cara con las manos, desbloqueó las puertas del coche. Caden pensó que diría algo más, pero Júpiter no dijo nada. Bajo su palma, el seguro se desbloqueó con un clic.

Caden supo que había cortado alguna posibilidad. Pero, al mismo tiempo, pensó que dejar que las cosas siguieran su curso así era mejor que cualquier posibilidad que pudiera surgir. Las posibilidades eran solo eso, y no había garantía de que la situación fuera a favorecerle a él.

Para empezar, ni siquiera sabía qué situación le favorecería.

—…

Caden miró a Júpiter antes de bajarse del coche. ¿Debería haber escuchado lo que iba a decir? Pero Júpiter ya había puesto una expresión completamente normal, como si nada, y se estaba bajando del coche. Caden, con el corazón agitado sin motivo, lo siguió y se bajó fingiendo que no pasaba nada.

Aunque era un día laborable, al ser hora de cenar, había bastante gente. Era un restaurante francés que había salido incluso en revistas. Parecía que Júpiter pagaría en lugar de Caden, que aún tenía las tarjetas bloqueadas, pero, por desgracia, no había mesas libres a pesar de tener reserva. Cuando el gerente negó con la cabeza con expresión severa, Júpiter, que no había previsto esta situación, se quedó helado. Caden, con apuro, golpeteó el suelo con la punta del pie.

—Hemos venido a un sitio demasiado bueno.

—… Es la primera vez que vengo a un sitio sin reserva.

Júpiter murmuró como disculpándose. Por algún motivo, parecía que la punta de sus orejas se había sonrojado. Visto así, no es que no tuviera su lado adorable. Caden resopló y le dio una palmada en la espalda.

—Ya está, no es el único restaurante que hay. Deja de fruncir el ceño. Podemos ir a otro lado.

—Eso es cierto, pero…

Júpiter refunfuñó con desgana y suspiró. Tras dudar un momento, acabó rindiéndose ante la severa cara del gerente. Mientras él sacaba el móvil para buscar otro restaurante, Caden esperó tranquilamente apoyado en el coche, hasta que vio una cara conocida dirigiéndose al restaurante y frunció el ceño. Una pareja familiar se acercaba con un aspecto poco familiar.

—¿Joy? … ¿Luke? ¿Vosotros dos… eh?

—Oh, ¿Caden?

Joy y Luke, vestidos de una forma que a cualquiera le parecería una cita, se acercaban armoniosamente y se detuvieron. Era una combinación que nunca habría imaginado, y Caden parpadeó atónito antes de soltar una risa sarcástica. Esto es una cita, por mucho que lo mires. Quién iba a pensar que dos amigos saldrían juntos.

—¿Vosotros dos sois… algo?

—No.

—Sí.

Por un momento, hubo silencio. Quien dijo que no fue Joy, y quien dijo que sí fue Luke. Caden, viendo cómo intercambiaban miradas mezcla de traición y confusión, se rio entre dientes. Parecía entender en qué fase estaban.

—Bueno, daremos por hecho que es algo así.

—No es “algo así”… Bueno, da igual.

—Lo mantendréis en secreto, ¿verdad?

Joy agarró la mano de Caden con desesperación. Sintió la mirada de Júpiter posarse en su mano por un instante, pero cuando Caden se volvió, él solo sonreía con serenidad. Joy, al notar la extraña corriente, se apresuró a añadir:

—Mantengámoslo en secreto mutuamente, ¿vale? ¿Qué tal?

—Nosotros no somos nada…

Iba a decir que no, pero Caden farfulló y cambió rápidamente de tema. Para decir que no eran nada, su conciencia le remordía de forma extraña. Claro que Júpiter había dicho que no sentía nada romántico, y el propio Caden no tenía la más mínima intención de tener una relación romántica.

Pero, más que eso, ¿y qué si lo fueran? ¿Acaso no es común que las relaciones guía-esper se conviertan en eso? Pensó con descaro, pero el pensamiento desapareció rápidamente, y Caden sacó otro tema.

—Oye, ¿habéis sacado algo de ese usuario del foro?

—¿Quieres hablar de trabajo aquí?

Luke respondió con brusquedad. Parecía que aún le afectaba haber sido increpado por Caden en el trabajo. No tenía intención de disculparse. Caden se encogió de hombros y miró a Joy, pero él tenía una expresión desconcertada.

—¿Qué usuario?

—¿No te pidió Valentín que lo investigaras?

—… ¿Valentín?

Ante su reacción de no tener ni idea, Caden frunció el ceño con inquietud. Estaba seguro de haber visto a Valentín hablar con Joy antes de irse. Además, Valentín, cuando volvió a su puesto, le dijo que no se preocupara, que Joy se encargaría.

—El usuario, “FALLEN”.

—Eh…

Aunque le dijo el nombre, Joy seguía desconcertado. Parecía que, al desarrollarse una historia que solo él desconocía en torno a él, se había asustado un poco. Joy miró a Luke como pidiendo ayuda. Luke, que había visto el nombre con Caden, parecía no entender por qué Joy fingía no saberlo, y Joy se puso al borde de las lágrimas.

—Es la primera vez que lo oigo. Es verdad que hablé con Valentín por la tarde, pero fue de otro tema…

—¿Que Valentín no te habló de ese usuario?

No podía ser un error. Seguro que lo hizo a propósito. Caden miró a Joy atónito y, de repente, sus ojos se encontraron con los de Júpiter. Un escalofriante destello de comprensión le cruzó el pecho.

Caden sacó el móvil apresuradamente y marcó el número de Valentín. Sus dedos temblaban al marcar cada dígito, por lo que tuvo que repetirlo varias veces. La palma de su mano estaba sudorosa y el móvil no dejaba de resbalarse.

—”En este momento no podemos atender su llamada…”

—¡Maldita sea!

¿Dónde se había equivocado? No sabía en qué momento se habían torcido las cosas. Caden colgó ante el seco mensaje de no disponible y accedió al foro de Washton Bunker. Hojeó la primera página, pero no parecía haber habido ningún revuelo ni que hubieran cerrado el foro de nuevo. Todo era la misma corriente de odio vulgar que había estado observando últimamente. Sintió alivio y repulsión a la vez.

—¿Qué pasa?

Luke, que aún no entendía la situación, preguntó estúpidamente. Caden ignoró la pregunta y tecleó el nombre en el buscador. Cada vez que escribía una letra de la sencilla palabra que había memorizado, su corazón se oprimía y se relajaba una y otra vez. Sus yemas, sudorosas, no dejaban de resbalarse por la pantalla.

No puede ser, no será. No es posible. Pero si realmente es así…

—Caden.

Júpiter le agarró la mano, que temblaba sin control, envolviéndola con la suya. Al sentir el calor en sus fríos dedos, le dolió como si le quemara. Era como si le desollaran la piel, pero no quiso soltarse. Con la mano de Júpiter agarrada, Caden hizo un esfuerzo por mantener la calma, escribió el nombre y pulsó el botón de búsqueda.

—… Joder.

La lista de publicaciones de “FALLEN” había desaparecido por completo.

La pantalla vacía le oprimía la garganta. Se sentía tan angustiado que parecía que se ahogaba. Caden soltó un improperio y apretó el móvil con fuerza. Dentro de su puño, que se estaba volviendo negro, la pantalla se agrietó, se deformó horriblemente y, con una pequeña explosión, el móvil quedó destrozado como un trozo de papel. No le importó que el móvil se hubiera roto. En su cabeza, vacía como una pizarra limpia, surgió una certeza clara.

Valentín es el culpable.

Se sintió como si le hubieran golpeado por la espalda. Caden arrojó el móvil, convertido en basura, y se subió al asiento del conductor. Júpiter, que debería haberlo detenido, se sentó en silencio en el asiento del copiloto. En cuanto Júpiter se abrochó el cinturón, el coche salió disparado. Con un agudo rugido del motor, el coche desapareció callejón abajo.

—… ¡¿Pero qué pasa?!

En el callejón donde se habían ido, solo quedaron resonando en el aire el jadeo helado de Joy y la estúpida pregunta de Luke.

* * *

No podía pedir refuerzos a la comisaría. Caden estaba oficialmente de baja y, además, no tenía pruebas concretas. Solo tenía intuiciones. La intuición de que Valentín había manipulado pruebas e incitado a Gordon Walker. Y las publicaciones que había, las únicas pruebas, habían sido borradas, así que realmente no quedaba ninguna.

—Malditas pruebas… Que les den.

Pero, ¿acaso había una prueba más clara que esta? En cuanto le mencionó lo de las publicaciones a Valentín, estas desaparecieron, y a Joy, que debería haber rastreado al usuario, no le dijo ni palabra. Habría sido mejor haber sospechado de Valentín desde el principio, siguiendo su intuición. Le embargó el remordimiento y la ira por su propia torpeza. Caden, mascullando improperios, se dirigió a casa de Valentín. Debido a su conducción temeraria, los cláxones sonaban por todas partes, pero no redujo la velocidad.

A su lado, Júpiter jugueteaba con el móvil. Tras enviar un mensaje a Joy resumiendo la situación, presionó ligeramente el hombro de Caden. Unas ondas guía, con la clara intención de calmarlo, comenzaron a fluir, pero Caden apartó la mano de Júpiter. Júpiter frunció el ceño.

—Caden.

—Ahora no es el momento.

Aunque Júpiter lo llamó con tono de advertencia, a Caden no le importó. Sentía que perdía la cabeza. Por mucho que intentara pensar racionalmente, su cabeza ardía y no podía tener un pensamiento coherente. No sabía qué era real y qué ocurría solo en su cabeza. Mientras conducía de forma tan temeraria que era un milagro que no tuviera un accidente, frases similares no dejaban de surgir en su mente, enredándose y mezclándose una y otra vez.

Valentín mató a Anna.

Valentín Evermoore, su amigo y compañero de veinte años, mató a Anna Wolf.

A Anna Wolf, su amada esposa y su única e inigualable guía…

—Caden.

Júpiter volvió a alargar la mano. Solo entonces Caden se dio cuenta de que la punta de sus dedos se estaba volviendo negra. Le estaban saliendo uñas bestiales y los nudillos se alargaban. La guía de Júpiter recorrió su interior y, por fin, volvieron a ser humanos, pero no pudo evitar que sus propias ondas se agitaran violentamente dentro de su cuerpo. Al mezclarse con sus emociones alteradas, la guía tampoco surtía mucho efecto. Para empezar, no era una buena situación para dar guía.

—Tranquilo, Caden.

Susurró Júpiter. Sujetando juntos el volante, que no dejaba de temblar. Solo entonces Caden se dio cuenta de que no estaba respirando.

—Estaré a tu lado.

—…

—Tranquilo.

Sorprendentemente, esas palabras parecieron calmarle un poco la cabeza. Su visión, teñida de rojo, volvió lentamente a la normalidad. Caden logró aparcar el coche frente a la casa de Valentín y jadeó, con la respiración atascada en la garganta. Ni siquiera recordaba cómo había llegado hasta allí. Solo recordaba vagamente haberse saltado varios semáforos en rojo.

—Ya le he explicado la situación al señor Barnes, así que pronto vendrán a ayudarnos.

—…

—No entres solo… ¡Caden!

En cuanto abrió la puerta, el frío viento le azotó las mejillas. Se acercaba el invierno. Qué extraño era sentir el cambio de estación en un momento como este. Cuando perdió a Anna, no sintió el paso del tiempo ni las estaciones; solo en el momento de ir al encuentro del asesino de Anna sintió en su aliento el frío aroma del invierno.

Las ventanas de la casa de Valentín, hacia donde alzó la vista, estaban a oscuras. Tras las cortinas reinaba la negrura. La decepción y la ira estaban a punto de desbocarse, sin rumbo, cuando un destello, como la luz de un móvil, cruzó fugazmente la ventana. Alguien se movía a escondidas dentro de la casa de Valentín.

Sin tiempo para pensar, su cuerpo se movió primero. Incapaz de esperar a que bajara el ascensor, subió las escaleras corriendo. Su corazón parecía latirle dentro de la cabeza. “Pum. Pum. Pum”. Un latido incesante, como si golpearan con un mazo gigante. A sus espaldas, sintió que Júpiter lo seguía, llamándolo en voz baja, pero no le importó. Ni siquiera intentó ocultar el ruido de sus pasos. Tampoco pensó que Valentín pudiera huir al oírlo. Su razón se había detenido por completo.

Era una casa en la que había estado innumerables veces en veinte años de amistad. Incluso había ayudado a Valentín a mudarse allí. No le costó encontrar la puerta.

Pero abrir el picaporte era otro asunto. Caden, de pie frente a la puerta, jadeaba aturdido. Dentro de su pecho aún se agitaba una débil esperanza. Que no fuera Valentín. Que hubiera un malentendido. Vanas esperanzas, como que la puerta estuviera cerrada con llave. Incluso la esperanza de que lo que encontrara al abrir la puerta fuera completamente diferente de lo que imaginaba.

—Caden.

Júpiter, que había llegado justo a su lado, le agarró el brazo e intentó detenerlo, pero Caden no se movió. Sin ser consciente, había reforzado su cuerpo; sentía cómo, desde la punta de los dedos hasta los hombros, se hinchaba y endurecía. En la mano que lentamente agarraba el picaporte, le habían salido largas y horribles garras.

—Caden, espera un poco antes de entrar. Hasta que lleguen los refuerzos…

—… Apártate.

—Caden.

Júpiter susurró con impaciencia, pero a Caden no le importó. Su mano, ya no humana, hizo girar lentamente el picaporte. El pomo, agarrado por sus largas garras, chirrió débilmente mientras giraba.

La puerta no estaba cerrada con llave.

—…

En el momento en que, lentamente y sin hacer ruido, abrió la puerta, una silueta de pie en medio del salón se hizo visible. A contraluz de la tenue luz de la farola que se filtraba por la ventana, no podía ver bien esa cara, pero era sin duda Valentín. A sus pies había objetos esparcidos, como si hubiera estado haciendo las maletas apresuradamente. Valentín, como si supiera que Caden entraba, estaba quieto, mirándolo. Alcanzó a ver que levantaba una mano.

Caden dio un paso hacia el interior. Al adentrarse en la oscuridad, pudo ver lo que Valentín sostenía. Una pistola reglamentaria. Aquel pedazo de metal apuntaba hacia él.

Con la boca del cañón frente a él, Caden miró a Valentín en silencio. Sintió la mano de Júpiter en su espalda. Sintió su respiración tensa, y, sin embargo, Caden notó cómo su corazón se calmaba. Pensó que era el peor de los escenarios, pero al enfrentarse realmente a la situación, su mente se despejó. Las emociones, llevadas al límite, fueron reprimidas y la razón ocupó su lugar.

Quien no pudo soportar el silencio fue Valentín.

—No es mi culpa.

La voz de Valentín temblaba, lastimosa.

—Quien le disparó a Anna fue ese tipo. ¿Por qué me lo haces a mí? Yo no hice nada.

—… Incitaste a Gordon Walker.

Era una frase lanzada con la convicción de que “FALLEN” era Valentín, y con el deseo de que no lo fuera. Como siempre, sus expectativas fueron traicionadas. Valentín, de quien siempre se decía que era tranquilo e inteligente, perdió por completo la razón y gritó.

—¡¿Y qué más da?!

—…

—¿¡Qué se supone que le dijera a un tío que dice que hay que acabar con esper y guías!? ¡Solo asentí con unas cuantas palabras! ¡Yo no hice nada malo!

Esta no era la respuesta que Caden esperaba.

Una simple palabra, que fue un malentendido, habría bastado. Que él no había escrito en el foro, y que lamentaba la muerte de Anna. Que aunque la situación fuera mala, no era para sospechar de él. Incluso podría haberse enfadado un poco. Entonces, quizá Caden le habría creído de buena gana. Nadie estaba tan profundamente entrelazado en su vida como Valentín. La que estaba antes que Valentín, Anna, se había ido a un lugar lejano.

Más que traición, primero sintió tristeza; más que tristeza, primero sintió dolor. Caden tuvo que respirar conscientemente. Si no lo hacía, sentía que se ahogaría y moriría. Le dolía como si le aplastaran los pulmones.

—Has conocido a Caden durante mucho tiempo. ¿Cómo pudiste estar de acuerdo con esas palabras?

Júpiter, mientras atraía hacia sí a Caden, que no podía hablar, lo acusó. Caden solo se dio cuenta de que estaba temblando cuando estuvo medio abrazado por Júpiter. Su cuerpo se había helado con algo que no sabía si era ira o tristeza. Júpiter infundió ondas guía, pero debido al shock, su cuerpo no las aceptaba bien y las repelía.

—Caden es la excepción. Yo… siempre he odiado a los superdotados. Son como bichos asquerosos, parásitos de la sociedad…

—Nosotros no te hemos hecho ningún daño.

—¡Su propia existencia es errónea! ¿Acaso no lo sabes? Mutantes como vosotros estáis contaminando este mundo. Como basura…

Aunque murmuraba improperios con voz temblorosa, la pistola se mantenía firme. Si estuviera ebrio y tambaleándose, sería menos duro de llevar, pero Valentín estaba sorprendentemente en sus cabales. Excepto por el hecho de que su retorcida mentalidad de víctima le carcomía el cerebro.

Caden no podía entender por qué Valentín pensaba así, por qué tenía esa mentalidad de víctima. A pesar de haberlo observado durante veinte años. Valentín siempre fue una persona racional y justa con las víctimas. No, en realidad, ya ni siquiera podía imaginar cómo era Valentín. No sabía cuál de los dos, el Valentín que había conocido hasta ahora o el Valentín que tenía delante, era el verdadero.

Pero Caden sabía una cosa. Ciertos odios a menudo surgen sin razón alguna. Aunque no se haya sufrido ningún daño, a veces la idea de haberlo sufrido se clava en la cabeza. Valentín debía ser uno de esos casos.

Júpiter asintió con calma. Parecía querer ganar tiempo. Caden tomó el móvil que Júpiter le tendía a escondidas. En la pantalla apareció y desapareció un mensaje de Joy diciendo que estaría allí en diez minutos.

—Así que fue entonces cuando ideaste el plan de exterminio.

—Yo no inventé ese plan. Solo… sabía de su existencia. Me pareció una buena idea.

—¿Te alegraste cuando Anna murió?

Un coche pasó por la calle y proyectó un destello de luz sobre la espalda de Valentín. Su rostro, hundido en la oscuridad, era ilegible. El cañón que apuntaba a Caden se movió lentamente hacia Júpiter. Caden maldijo para sus adentros y, rodeando la cintura de Júpiter, tiró de él hacia atrás, pero Júpiter no se detuvo.

—Ella era alguien que conocías. Tampoco a ti te habrá hecho gracia. Ese plan es tan…

—¡¡Cállate!!

Un grito desgarrador resonó. Incluso el cañón, que hasta entonces se mantenía firme, comenzó a temblar. No sabía cómo reaccionaría si lo provocaban más. Caden intentó arrastrar a Júpiter detrás de él, pero Júpiter, con una fuerza inusitada, se mantuvo firme y no se movió. Estaba hurgando en la herida de Valentín una y otra vez para ganar tiempo hasta que llegara Joy.

—Tú también sabías que ese plan estaba mal.

—¡Que te calles! Yo, yo, joder. ¡Yo no hice nada malo!

—No querrías que Caden se suicidara por la muerte de Anna, ¿verdad, Valentín?

Un jadeo áspero llenó la oscuridad. Valentín, temblando, apuntaba alternativamente con la pistola a Júpiter y a Caden. La confusión y la desesperación que lo embargaban se transmitían claramente a Caden y Júpiter, que lo tenían enfrente. Valentín, en silencio, parpadeaba rápidamente mientras los miraba fijamente. Más que una mirada de odio, era una mirada de reproche.

Caden volvió a tirar de Júpiter hacia atrás. Esta vez, Júpiter retrocedió dócilmente. Caden, levantando lentamente las dos manos, miró fijamente el rostro de Valentín, hundido en la oscuridad. Aunque no veía su expresión, podía imaginarse claramente su rostro deformado por la angustia.

—Valentín.

—Yo, ghh, yo… yo… no era mi intención.

—Suelta el arma.

Podría haberle dicho que lo perdonaría, que podría arreglarlo, pero Caden no lo hizo. No podría perdonar a Valentín, y la oportunidad de enmendar su error ya había pasado. El hecho de que hubiera ocultado su culpa durante un año sin confesarlo, era ya un pecado imperdonable. Durante más de un año podría haber confesado, podría haberle hablado a Caden. Pero lo único que había hecho era manipular pruebas y eliminar a un testigo asesinándolo.

—Suelta el arma. Haz al menos una cosa bien.

Así que lo único que podía decir Caden era persuadirlo para que no cometiera más errores. Cuando dio un paso adelante con cautela, Valentín dio un respingo y retrocedió. Al acercarse a la ventana, la luz bañó su rostro. Sus ojos y su frente, ahora visibles, estaban terriblemente deformados. Tenía una expresión que imposibilitaba por completo un pensamiento coherente. A sus espaldas, Júpiter tiró suavemente del brazo de Caden. Caden, con calma, dio otro paso adelante.

—Valentín Evermoore.

—Yo…

Valentín jadeaba, mirando alternativamente a Caden y a Júpiter. Sus ojos, llenos del miedo que él mismo había engendrado, se agitaban sin control. Todas las emociones que experimentaba eran, al final, fruto de sus propias acciones; solo Valentín, en esa habitación, no lo comprendía.

Caden alargó la mano lentamente. Muy lentamente, su mano, ya no del todo humana, se dirigió hacia su viejo amigo.

—Suelta el arma.

Ojalá, solo por esta vez, las expectativas de Caden se vieran recompensadas.

En el instante en que la mandíbula de Valentín, débilmente iluminada por la luz, se tensó, un disparo como una explosión resonó. Debido al excesivo silencio, sonó como si se desgarrara el tiempo.

Al mismo tiempo, el cuerpo de Caden se fue hacia atrás. Sintió el fuerte brazo de Júpiter rodearlo y tirar de él. Caden vio, muy lentamente, con una lentitud infinita, pero también en un brevísimo instante, cómo un chorro de sangre brotaba del cuerpo de Júpiter. Un líquido caliente le salpicó la mejilla. No quería saber de dónde provenía ese líquido.

Júpiter cayó, y Caden cayó a su lado. Un silencio absoluto. Tardó mucho en ser consciente de la situación. Quizá fue solo un instante. Un instante larguísimo pasó.

—… Asquerosos.

Al oír las palabras que Valentín escupió, la sangre le hirvió.

El latido de su pulso resonó como un trueno. Su cabeza zumbaba, su corazón parecía desgarrarse. Cada vez que sentía la pulsación en sus venas, una vibración con forma parecía a punto de estallar, atravesándolas.

Y aquel latido, con forma de dolor, adoptó la apariencia de un demonio. Con una sonrisa que le desgarraba la boca, le agarraba del cuello y le susurraba:

“Por fin”.

“Por fin me invocas “.

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