Volumen 1: Niño Blanco
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Era esponjoso, completamente cubierto de un pelaje blanco y suave, y parecía un pequeño pollito blanco. Cuando recién salió del cascarón, Meng Jiuzhao no lo relacionó en lo absoluto con aquel huevo. Incluso pensó que sus “padres” le habían traído una reserva de comida. Fue recién cuando vio que Blake también alimentaba a aquel “pollito blanco” que se dio cuenta:
¡Podía ser otro huevo!
Este pollito blanco comía y dormía como si fuera su especialidad, y era extremadamente hábil robando comida. Para poder llenarse el estómago, Meng Jiuzhao no tuvo más remedio que aprender esa habilidad también. Por suerte, su padre era muy capaz. Ese tal Bai, el hombre alado, traía mucha comida todos los días. No todos los hogares tenían esa suerte.
El concepto de “hogar” aquí aún no estaba completamente desarrollado. Meng Jiuzhao notó que, salvo algunos casos como Blake y Bai, que vivían juntos, la mayoría de los hombres alados criaban a sus crías en solitario. Para su sorpresa, las parejas de hombres alados no tenían crías. No mostraban comportamiento de anidamiento; ambos salían a cazar todos los días, y el nido pasaba la mayor parte del tiempo vacío. En cambio, los nidos donde un solo hombre alado anidaba siempre tenían crías naciendo. Le tomó un buen tiempo a Meng Jiuzhao deducir la verdad: los hombres alados eran todos machos, y aquellos que criaban solos lo hacían porque la hembra se había marchado. Por lo tanto…
¿¡Sus padres eran en realidad esos legendarios “amigos íntimos” del mismo sexo!?
Meng Jiuzhao pensó, con algo de vergüenza, que sus padres eran pioneros en seguir las nuevas tendencias de su época.
En la historia de los hombres pterosaurio, machos y hembras evolucionaron en direcciones tan diferentes que eventualmente se convirtieron en dos especies completamente distintas. Durante un tiempo, los hombres alados estuvieron al borde de la extinción, hasta que, en algún momento, uno de ellos desarrolló órganos parecidos a los femeninos y dio a luz a la primera cría de dos padres masculinos. A partir de entonces, su número empezó a aumentar lentamente.
En la era en que vivía Meng Jiuzhao, ya no existía una distinción entre masculino y femenino. El género ni siquiera aparecía en los documentos de identidad. Los humanos mecánicos estaban en auge, y muchos humanos habían renunciado a su derecho a la reproducción para elegir la inmortalidad. Presenciar el nacimiento de una nueva vida era una experiencia sumamente valiosa para Meng Jiuzhao.
Ser un padre soltero criando a una cría era una tarea extenuante. Tras la partida de la pareja, debían quedarse inmóviles en el nido cuidando al recién nacido, tan frágil como una hoja. La mayoría de los alimentos que habían almacenado previamente estaban destinados a las crías, mientras que ellos mismos apenas comían o bebían. Sin embargo, no todos podían acumular suficiente comida antes de que su pareja se fuera. Algunos carecían de habilidad, otros simplemente no tenían suerte, pero en la mayoría de los casos, los nuevos padres carecían de experiencia. Al final, para alimentar a sus hambrientas crías, no tenían más remedio que abandonar el nido para cazar. Pero cazar siempre conlleva riesgos, más aún cuando uno está débil. Algunos no regresaban jamás. En esos casos, sus crías eran adoptadas por los demás miembros de la tribu (ese era el verdadero propósito de la pareja del grupo Longque —los Dragones Gorriones—, quienes, a pesar de no poder poner huevos, cruzaron montañas y ríos para asistir al encuentro). En casos más extremos, las crías eran simplemente robadas.
Meng Jiuzhao presenció un caso así. Un hombre alado aprovechó que el dueño del nido estaba ausente y se llevó a la cría. Lo hizo de forma muy discreta; Meng Jiuzhao no estaba seguro de si Blake lo había notado. Sin embargo, desde ese momento, Blake y su pareja comenzaron a vigilar aún más de cerca tanto a él como a Daimao1 (nombre que Meng Jiuzhao le puso al otro huevo del nido).
Al principio, Meng Jiuzhao no entendía por qué, si Blake había notado el robo de la cría ajena, no decía nada. El pobre padre regresó con comida y heridas en el cuerpo, solo para descubrir que su cría ya no estaba. No lloró. Solo la buscó por todas partes. Todos los padres eran increíblemente protectores con sus hijos, así que nadie le permitía acercarse. No tenía otra opción más que intentar acercarse una y otra vez, solo para ser rechazado cada vez.
Cuando Meng Jiuzhao estaba despierto, lo veía buscando. Dormía un rato, se despertaba y el hombre seguía buscando. Pero después de otro sueño, al despertar de nuevo, aquel hombre ya no estaba. Había desaparecido.