Capítulo 36: La gran olla de Xita

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Volumen 1: Niño Blanco

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Probablemente por la historia que había contado Em, tanto Blake como Bai se relajaron por primera vez en mucho tiempo. En sus corazones rebosaban los recuerdos de su padre y el amor por sus propios cachorros. Se sentían increíblemente afortunados de estar juntos en ese momento, rodeados de calor junto a una fogata. La familia entera se acurrucaba, y los pequeños durmieron profundamente, calientes y seguros.

—¡Arriba! ¡Arriba ya! —En sueños, alguien gritaba. Blake quería seguir durmiendo un poco más. Soñaba con su padre; cuando él aún estaba, también solía despertarlo así cada mañana. Después de su partida, Blake había sido el primero en levantarse cada día, y ya nadie más volvía a despertarlo. Aquí hacía tanto calor… era difícil querer despertar…

¡Un momento! ¿Calor? Blake se incorporó de golpe.

Sintió como si algo hubiera salido volando de su cuerpo. Giró el cuello, y entonces vio a todo un grupo de personas de Xita tiradas por el suelo alrededor suyo, en posiciones totalmente desordenadas.

El nido había sido abierto apenas por una rendija, y a través de ella Blake podía ver que afuera ya estaba completamente claro. Enderezándose con seriedad, dijo:

—Ya es tarde. No deberían quedarse dormidos.

Xita se frotó la espalda mientras se sentaba, con el rostro completamente sombrío.

—¡Nosotras ya estábamos despiertas! ¡Ustedes, malditos flojos! ¡No había forma de despertarlos, ni siquiera moviéndolos, parecían piedras! ¡Tuvimos que empujarlos entre todos, y tú encima nos arrojaste por los aires!

—¿Qué demonios comieron, conejos del infierno? —pensó Xita, frustrada.

¿Cómo podían ser tan imposibles de mover?

Xita no podía evitar preguntarse qué había pasado… pero sobre todo, ¡estaba furiosa!

—¿Eh? —Meng Jiuzhao asomó su cabecita desde el pecho de Blake. Tiró suavemente de su ropa, indicando que tenía hambre.

—¡Dios mío! ¿¡Qué es eso!? ¡¿Por qué no nos dijeron que llevaban un cachorro!? —Toda la atención de Xita se dirigió de inmediato hacia Meng Jiuzhao.

En esta tierra cruel, los cachorros eran algo raro y precioso. El clan Wash era un grupo joven que sobrevivía en uno de los entornos más extremos y helados de este continente. Allí, era muy difícil para los ancianos y los cachorros sobrevivir. Todos los miembros del clan eran supervivientes, y decidieron agruparse para vivir juntos. Así nació el clan Wash.

Así que cuando apareció un cachorro tan preciado como Meng Jiuzhao, todo el clan Wash se agolpó a observarlo:

Cabello negro y ligeramente rizado, unos enormes ojos aún húmedos por el sueño, y ese cuerpo diminuto, acurrucado sobre el pecho de Blake, proporcionado como un personaje de “tres cabezas1.

Xita quedó completamente hechizada por él.

—¡Qué adorable! ¡Un cachorro tan lindo sin duda debe ser macho! —exclamó con los ojos brillando ().

Antes de que pudiera extender la mano, la misma que el día anterior había sido el primero en molestar a Em se levantó de un salto del suelo. Mientras gritaba emocionada, estiró la garra hacia Blake… y fue rechazado de inmediato por el propio Blake, quien reaccionó con total alerta.

Meng Jiuzhao se frotó las lágrimas con sus manitas y frunció un poco la boca.

En realidad, no quería estar actuando de forma adorable. Pero con este cuerpo… probablemente todo lo que hiciera daría ese resultado.

—¡Aquí! ¡Toma! ¡Esto es para el cachorro! ¡Es carne seca hecha con carne de bestia Tǎtǎ que tenía guardada! —Una hembra del clan tigre, que llevaba mucho rato revolviendo en un rincón, apareció con un montón de carne seca que sacó de algún lugar indeterminado.

—¿¡Qué!? ¿¡Amy, tú tenías reservas!? ¿¡No dijiste que ya no tenías carne seca!? —otra hembra gritó sorprendida.

—Carne seca para ti no tengo~, pero para el cachorro sí que hay~ —respondió Amy con una sonrisa altanera.

—¡No le den su carne seca! ¡Que pruebe la mía! ¡Está hecha con las frutas Wūlā más dulces del otoño! ¡Los bebés necesitan comer más frutas! —otra hembra, esta vez del clan león y de complexión imponente, se abrió paso a empujones. Su objetivo era meterle dos ridículamente cortas barritas de fruta seca en las diminutas manos de Meng Jiuzhao.

—¡Ustedes, ignorantes, apártense todos! —gritó Xita con furia. Su imponente figura apareció de golpe en la entrada del nido, empujando sin piedad a toda la competencia. Llevaba en brazos una olla humeante de un metro de diámetro, avanzando a paso firme y directo hasta quedar frente a un atónito Blake.

—¡Los cachorros tienen que tomar~ sopa~ de~ arroz~! ¡Eso decía mi mamá! ¡Solo tomando sopa de arroz todos los días se puede crecer tan fuerte como yo! —rugió con orgullo.

Finalmente, con tal de ser quien alimentara al cachorro, Xita abandonó por completo sus principios… y dijo las palabras que más le costaba admitir.

Blake y Bai miraron a Xita… luego se miraron entre ellos… y al final, eligieron la gran olla de Xita.

Notas del Traductor

  1. 头身, proporción típica de personajes tiernos o chibi.
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