Junseong se sobresaltaba cada vez que Hanseo presionaba el pequeño orificio entre sus nalgas, debido a la extraña sensación que le provocaba. Ya era bastante con lo de adelante, pero nunca en su vida había imaginado que alguien tocaría una parte tan íntima por detrás, y la vergüenza que sentía era indescriptible.
—Ya basta, ¡basta…!
—Si sigues reaccionando así de sensible, me dan ganas de devorarte.
—¡Deja de hablar de comer todo el tiempo!
Cada vez que Hanseo mencionaba eso de ‘comer’, una sensación escalofriante lo recorría. Un miedo que le decía que debía escapar de sus manos cuanto antes sacudía los hombros de Junseong.
Clac.
Su oído, agudizado, captó el sonido de una puerta abriéndose.
Junseong empujó con fuerza a Hanseo y salió de debajo de la manta que los cubría. Tragando su respiración agitada, giró rápidamente la cabeza y vio a Jian asomándose.
—Oppas, ya terminamos de hablar.
—Sí, ya voy.
Quizá por la rapidez de Junseong, Jian no pareció notar que estaban abrazados. Además, la única luz era la que salía por la ventana de la oficina contenedor, lo que ayudó a que no se notara el color del rostro de Junseong.
Inmediatamente después de que Jian volviera a entrar en la oficina, Junseong le dio un puñetazo bastante fuerte a Hanseo en el pecho y lo miró con furia.
—Al menos cuando te estoy elogiando, quédate quieto, maldito perro.
Hanseo se quedó mirando fijamente a Junseong mientras este regresaba a la oficina, y luego bajó la mirada hacia su mano.
Hace un momento, esa mano había estado llena de una carne suave y elástica. Recordando esa sensación, cerró y abrió la mano varias veces, relamiéndose brevemente. La sensación de aquel pequeño orificio entre esas nalgas provocó su deseo de conquista oculto.
«La próxima vez no creo que pueda contenerme.»
Hanseo miró hacia abajo su parte frontal, que ya se había endurecido, y soltó una pequeña risa.
«En serio, Kang Junseong… con solo tocarlo en algún lado, me deja así»
Más que pensar que era su culpa, creía que la razón, era porque Kang Junseong era provocativo y adorable. Ahora que lo veía, más que su calmante, Junseong parecía su estimulante.
Quitándose la manta de los hombros y colgándola del brazo, Hanseo miró el cielo oscuro. Tenía intención de entrar solo después de que Kang Junseong se calmara un poco, para no avergonzarlo.
De repente, su visión se nubló.
Tambaleándose ligeramente, Hanseo se agachó y se sostuvo la frente. Aunque estaba oscuro, podía notar cómo todo giraba.
«Qué fastidio…»
Era temporal, pero suficiente para arruinarle el buen humor.
Era su molesta anemia, algo que lo había acompañado desde niño. Con los años había disminuido la frecuencia, pero últimamente se había exigido demasiado, y el día anterior incluso había perdido sangre. Aunque no había sido mucha, considerando su condición, era suficiente para afectarlo.
Hanseo se quedó ahí, sosteniéndose la frente, esperando que el mareo pasara mientras el viento frío lo envolvía.
Dentro de la oficina, Junseong miró los rostros de los tres. Todos estaban serios, pero, afortunadamente, no había señales de desconfianza.
—¿Han decidido creerme? —Preguntó mientras se sentaba entre ellos, y Changmin respondió con una sonrisa amarga:
—Para ser sincero, no tenemos otra opción. Antes de que lo dijeras, ya lo sospechaba.
Cuanto más repasaba todo desde que Junseong lo salvó hasta ese momento, más claro tenía que no había otra opción que creerle. Sobre todo, porque predecía con exactitud lo que iba a pasar.
—Y más importante aún, tú nos salvaste.
La razón más grande para creer en Kang Junseong.
Él era su salvador.
—Si no fuera por ti, ya estaríamos muertos.
Sabían perfectamente que, si Junseong no hubiera arriesgado su vida, ninguno de los tres seguiría con vida.
Junseong sonrió levemente al ver que los tres asentían en silencio.
—Gracias por creerme. Sabía que el señor Gyeongo lo haría, pero con ustedes dos, la verdad, estaba un poco nervioso.
Gyeongo, rascándose la nariz con timidez, levantó el inhalador que tenía en la mano.
—¿Cómo ibas a saber justo cuándo lo necesitaba y prepararlo?
Además, enviar el dron hacia el puente había sido impulsivo. Sin decir nada, le había mandado el inhalador en el momento justo, y después parecía conocer perfectamente todo lo que tenía.
Decir que era coincidencia era menos creíble que decir que había tenido sueños premonitorios. Según Changmin y Jian, incluso cuando los salvó o cuando irrumpió en su apartamento, actuaba como si ya conociera el futuro.
Gyeongo no podía olvidar la mirada de Junseong cuando habló de haber vivido todo eso en sueños. Sus ojos firmes y su tono serio no parecían una broma.
Changmin y Jian pensaban igual que él.
Antes, habían atribuido lo ocurrido a coincidencias. Lo habían considerado como una gran habilidad de estrategia y capacidad para enfrentar la situación por parte de Junseong, pero lo que vieron al rescatar a Gyeongo no podía explicarse tan fácilmente.
Especialmente Changmin, que había estado con él, no tenía más opción que confiar.
Tras aceptar las habilidades de Junseong de esa manera, empezó a surgir una especie de confianza. en lugar de ansiedad.
La certeza de que, siguiendo a Kang Junseong, podrían acabar con esta situación.
Como miembro de la unidad especial 707 que está altamente entrenada en la defensa de la patria, Seo Changmin, no tuvo más remedio que priorizar la resolución de esta situación por encima de todo, incluso aunque ocurriera durante su permiso. Por lo tanto, decidió colaborar con Kang Junseong, quien conocía la clave para solucionar el problema, para que lo ayudara.
De hecho, aunque Jian había oído muchas cosas absurdas, no estaba particularmente preocupada. Claro que no era la primera vez que dudaba de las palabras de Junseong, pero nunca había sufrido ninguna pérdida por seguir sus consejos.
Si no le hubiera hecho caso a sus consejos ¿no estaría ya muerta?
Eso era lo único que importaba para ella. Era su salvador. ¿Cómo no creerle?
Aún recordaba cómo sus amigas la empujaron hacia los zombis para salvarse ellas mismas. No sabía si seguían vivas, pero comparadas con eso, lo de Junseong era mucho más creíble.
Changmin miró a Junseong y preguntó:
—Entonces, ¿qué hacemos ahora? Aunque el señor Gyeongo modifique el dron, no será inmediato.
Antes de que Junseong respondiera, Gyeongo habló:
—Gracias a que viste el futuro, no tardará una semana, pero aun así llevará tiempo.
En el sueño, le había tomado una semana modificar el dron para que fuera capaz de volar largas distancias.
Hubo ocasiones en las que Junseong tuvo que volver al apartamento porque le faltaban algunos materiales y en otras ocasiones, incluso llegó a asaltar una tienda que vendía repuestos para drones. El tiempo necesario para las pruebas tampoco debía pasarse por alto.
Junseong planeaba reducir ese tiempo a un solo día.
—Aunque lo vi en sueños, no recuerdo cada detalle, pero sí todas las piezas y el orden. Lo escribiré todo.
Si lo hubiera presenciado de primera mano en la realidad, sería comprensible que olvidara más de la mitad, pero los recuerdos experimentados en sueños eran diferentes.
La hora que vio por casualidad. El proceso de trabajo que vislumbró por un instante; un comentario pasajero que alguien dejó escapar brevemente.
Cada detalle estaba grabado con claridad. Por eso también recordó cada patrón que había experimentado en sus sueños durante dos meses.
—Así que no hay mucho tiempo. Debe terminarlo mañana por la noche. A más tardar, pasado mañana en la mañana debemos poder usar el dron.
—¿Mañana por la noche… será posible?
Era normal que Gyeongo dudara. Nunca antes había modificado un dron para que recorriera largas distancias. Y menos en hacerlo en un solo día.
—Tranquilo. En el sueño, al séptimo día, desmontaste todo y lo armaste en medio día.
Al oír esas palabras, Gyeongo pareció sentirse un poco más tranquilo.
Junseong entonces miró a los otros dos.
—Me gustaría que ustedes dos cuidaran de este lugar mañana mientras él trabaja.
—Claro pero, ¿y ustedes?
Junseong señaló a Hanseo, que acababa de entrar.
—Mañana, nosotros dos tenemos que ir a otro lugar.
La palabra ‘nosotros dos’ hizo que los ojos de Hanseo brillarán por un instante.