Capítulo 38: ¡Desbloqueando una nueva habilidad~!

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Volumen 1: Niño Blanco

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Pero…

Parece que había algo diferente mezclado allí. Después de parpadear para aclararse la vista y volver a mirar dentro de la tienda, vio cómo un león macho salía tan campante del lugar.

Espera un momento… ¿¡No se suponía que todos los de ese nido eran hembras!?

¿Ese no era claramente un macho?

Comparó de nuevo la cantidad de personas dentro de la tienda y concluyó que ese león debía ser una hembra llamada Andy. Ayer, cuando entraron al nido, ya lo había notado: entre todos, la que más parecía una hembra era justamente esa persona llamada Andy. Pero no esperaba esto…

¡Este mundo es demasiado confuso para él!

Sin comprender en absoluto el sufrimiento mental de Meng Jiuzhao, Xita agitó su gran mano y salió con paso firme, llevando al resto del grupo con él.

—¿De verdad vas a enseñarnos cómo construir un nido tan grande y cálido como ese? —preguntó Blake, algo emocionado.

Desde su punto de vista, enseñar una habilidad tan exclusiva como esa era prácticamente sabotear las propias oportunidades de atraer pareja. ¿Quién compartiría algo así?

—¡Claro que sí! ¡Todo lo que sé se los enseñaré! Si ustedes terminan su nido pronto, yo también podré llevarme a un macho a casa y tener por fin mi propio espacio para vivir feliz —respondió Xita con una gran sonrisa.

Realmente era una buena persona.

Blake y Bai, quienes habían crecido sin guía de adultos y nunca aprendieron a construir nidos, se sintieron profundamente conmovidos.

—Les aviso desde ya, construir un nido requiere fuerza. Solo quienes tienen fuerza suficiente pueden hacer que un nido sea verdaderamente sólido —añadió Xita, mirando a los dos jóvenes que además llevaban una cría consigo (una cría tan adorable, por cierto). Ya se había mentalizado para ayudarlos con las partes más pesadas del trabajo.

—¡No te preocupes! ¡Nos sobra la fuerza! —respondió Bai dándose golpes en el pecho, y hasta mostró orgulloso sus bíceps.

“…” Al ver esos brazos flacuchos, Xita guardó silencio.

Pero pronto, Blake y Bai lo dejaron boquiabierto: ¡eran buenísimos cavando! Tenían movimientos rápidos, precisos y eficaces. Como principiantes, el cimiento del nido que construyeron era, sin duda, uno de los mejores que Xita había visto. Podían levantar sin problema ramas del grosor de un brazo con una sola mano. Incluso su mascota, ese pollo llamado Louis, iba y venía cargando ramitas con el pico sin cansarse, haciendo decenas de viajes solo en una mañana.

Así, en tan solo una mañana, la mayor parte del nido ya estaba terminada.

Y no solo ellos: incluso Em, junto a su padre conejo, su hermano, su tía y su prima, lograron excavar un cimiento casi perfecto.

Pero…

—¡Blake, su nido está demasiado grande! Y tú, Em, ¡el de tu familia es demasiado pequeño! ¡Les dije que lo hicieran acorde a su tamaño! —frunció el ceño Xita.

—¡Nuestro tamaño es así! —respondieron Blake y Em, mirándose y sin ver nada malo en sus nidos.

Y así, nacieron el nido más grande y el más pequeño del clan Wash, uno al lado del otro. Extrañamente… se veían bastante armoniosos.

—Bueno, mientras estén cómodos, está bien… Pero realmente, ¡las apariencias engañan! —comentó Xita.

A nadie le cae mal quien sabe trabajar. El hecho de que parecieran frágiles no significaba que fueran inútiles. Al contrario, ¡eran mejores que la mayoría!

—Ahora vamos a cubrir la parte superior del nido con nieve. Luego deben ir a la cocina y pedirle a Kela una olla grande de agua. Échenla encima. Cuando se congele, hará que el nido sea más resistente. Ah, y también enciendan una fogata dentro del nido para quitar la humedad. Si todo sale bien, podrán mudarse esta noche —explicó Xita, como un maestro dedicado.

No solo les enseñó a construir un nido, sino también muchos trucos útiles para la vida diaria.

—Cuando la fogata se apague, pueden retirarla y colocar una capa de paja encima. Dormir ahí será lo más cálido del mundo.

—Y mientras se calientan, pueden cavar un pequeño pozo cerca del fuego y llenarlo con nieve. Al día siguiente, tendrán agua caliente para beber.

Para Blake y Bai, estos pequeños consejos eran novedosos y extremadamente útiles. Para Kantas, nacidos y criados entre hielo y nieve, la palabra calor solo se relacionaba con los momentos de cachorro, acurrucado bajo el vientre de su padre.

Y claro, en comparación con otros Kantas que vivían solos desde que dejaban el nido, ellos, al decidir vivir juntos, ya habían comenzado a experimentar más calidez que la mayoría.

Cuando la fogata comenzó a arder con fuerza dentro del nido que habían construido toda la tarde…

—Cariño, ¡ya no tienes que preocuparte por tus alas sin plumas! —dijo Bai, con los ojos brillando de emoción mientras miraba a Blake.

—¡Tú tampoco! —respondió Blake, quien por primera vez mostró una pequeña sonrisa.

Los dos cachorros, profundamente unidos, se miraron a los ojos y vieron reflejada la preocupación mutua.

Blake y Bai se tomaron de las manos con fuerza.

Meng Jiuzhao sintió que él y Louis eran como dos bombillos de sobra. Se dio la vuelta e intentó rodar hasta un rincón menos visible… aunque sin alejarse del fuego, claro.

Qué cálido se sentía el fuego~

Antes pensaba que descubrir el fuego era un hito que solo lograría al crecer, ¡pero resulta que las bestias de este mundo no eran tan tontas!

—¡Chiu~! —quizás creyendo que Meng Jiuzhao quería jugar, Louis correteó tras él hasta junto al fuego.

—¡Louis! ¡Louis! —Sin otra cosa que hacer, Meng Jiuzhao comenzó a llamarlo por su nombre, aprovechando para practicar el habla.

—¡Chiu chiu~~~! —Louis chilló aún más feliz, y empezó a empujar a Meng Jiuzhao con el trasero, rodándolo por el suelo.

¡Oye! ¡Soy tu hermano, no una pelota!

—¡Mira qué bien se lo pasan Louis y Bebé! —comentó Bai, ese padre bobo, riéndose al lado.

—¡Louis no debería rodar a su hermano con el trasero! —¡Por fin alguien sensato! ¡Sabía que podía contar contigo, Blake!

Con los ojos dando vueltas por tanto rodar, Meng Jiuzhao no pudo evitar soltar una lágrima de emoción.

—¡Louis, tesoro! ¡No uses el trasero! ¡Usa las patas! ¡Empújalo con las patas para que ruede más parejito! —y en un segundo, esa emoción se convirtió en profunda indignación.

—Recuerdo que de pequeños también nos gustaba rodar el uno al otro —

Dijo Bai con nostalgia, mirando a los pequeños.

—Eso no es solo un juego —corrigió Blake con seriedad—. Rodar en la nieve ayuda a quitar los bichos pequeños que se esconden en las plumas. Ahora que lo dices… me pica algo.

Se miraron, entendiendo el mensaje sin necesidad de palabras.

Y en un segundo, dos cachorros gigantescos y sin plumas aparecieron en su nido cálido. El nido, hecho a la medida, les quedaba perfecto, y los dos comenzaron a rodar y revolcarse por el suelo cubierto de ramitas suaves.

Porque, al final, aunque fueran jóvenes padres, en esencia seguían siendo cachorros: dos pequeños que disfrutaban corretear, jugar y rodar juntos.

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