Historia principal
Editado
No tengo miedo, conmigo nunca te has enfadado
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“¿¡Hongo malo!?”
Lin Ling nunca había recibido tal acusación. Estaba tan conmocionado que no podía ni hablar.
Miró a Shi Changyuan, que estaba frente a él y se devanó los sesos intentando demostrar que no era un hongo malo.
Pero todo lo que Shi Changyuan había dicho era verdad. No había mentido ni distorsionado los hechos.
No encontraba la manera de demostrarlo, así que, cabizbajo y resignado, aceptó el calificativo. Entonces, un pobre espíritu hongo sin un solo centavo, le preguntó a ese emperador que poseía todo bajo el cielo:
“Entonces… ¿qué tengo que pagarte?”
Lin Ling bajó la cabeza y pensó durante mucho tiempo, con expresión de preocupación: “Siento que no te falta nada”.
Shi Changyuan levantó ligeramente la mirada y volvió a estirar la mano para pellizcar la cara del hongo: “Es cierto, no me falta nada”.
Al recibir la respuesta afirmativa del otro, la preocupación en el rostro de Lin Ling aumentó. Shi Changyuan lo miró y soltó una leve risa: “Lo puedes dejar pendiente, no te voy a presionar”.
En cuanto Lin Ling lo oyó, se le iluminaron los ojos y llamó al otro “buena persona”.
Shi Changyuan recibía por primera vez el halago de buena persona. Se quedó atónito un momento cuando, de repente, un guardia secreto apareció en el estudio imperial.
Lin Ling vio a los sirvientes que se retiraban de repente y sintió curiosidad. Entonces oyó que Shi Changyuan suspiraba suavemente junto a su oído: “Su Majestad no es precisamente una buena persona”.
El guardia secreto, arrodillado sobre una rodilla, entregó una carta confidencial.
“Los funcionarios implicados en el caso de fraudes en los exámenes han sido todos investigados. El espía capturado también ha hablado. Hay cierta relación entre ambos asuntos”.
Lin Ling, aunque no entendía nada de lo que decían, percibió con agudeza que Shi Changyuan se estaba enfadando, muy enfadado. Así que, en silencio abrazó con más fuerza la maceta que sostenía entre sus brazos.
Pero Shi Changyuan no arrojó ni golpeó nada sobre la mesa. Solo soltó una risa fría y luego colocó la carta confidencial sobre la llama de una vela hasta que se consumió por completo.
Después de que el guardia secreto se fuera, Shi Changyuan se sacudió las mangas y volvió a su lugar. Entonces vio que Lin Ling se había encogido completamente en un rincón, abrazando con fuerza lo que tenía entre sus brazos.
“¿De qué tienes miedo?”
Al ver esto, Shi Changyuan bajó las pestañas, suavizó el tono de voz y lo sacó de allí: “Si no te he gritado”.
Lin Ling soltó un quejido y enumeró los antecedentes de Shi Changyuan: “No me has gritado, pero rompiste mi maceta”.
Shi Changyuan hizo una pausa, miró la maceta que Lin Ling sostenía entre sus brazos, los restos de sus emociones se disiparon, y dio una palmada en la frente de Lin Ling: “Rencoroso”.
Cuando el Hijo del Cielo se enfada, caen miles de cadáveres.
Otras personas, de alguna manera, se enteraron de la noticia. Desde los altos funcionarios y ministros hasta los eunucos y sirvientes, todos estaban temblorosos y llenos de miedo, con el temor de provocar el descontento de aquel que estaba sentado en el trono y causar daño a sus familias.
En la capital se reforzó la vigilancia sin que nadie lo notara. Los turnos de guardia diurnos y nocturnos se intensificaron, el toque de queda se adelantó media hora. Al caer el anochecer, los ciudadanos de la capital ya tenían puertas y ventanas bien cerradas.
Por un momento, se sintió que se avecinaba una tormenta.
Pero Lin Ling, que estaba en el centro mismo de la “tormenta”, el más cercano a Shi Changyuan, no sentía nada fuera de lo normal. Todo seguía igual.
Excepto que Shi Changyuan estaba tan ocupado que hacía mucho que no regaba la pequeña seta, y la seta estaba casi seca.
Lin Ling calculó el tiempo. Shi Changyuan debía de estar a punto de salir del tribunal. Agarró la maceta y decidió ir a esperarlo para recordárselo.
Los hongos aman la sombra y la humedad. No regarlos no está bien.
Lin Ling pensó que si iba despacio y con calma se encontraría con la salida del tribunal. Pero era muy extraño, en todo el camino hacia el Palacio Dorado todo estaba en silencio, no había sirvientes yendo y viniendo, los guardias de servicio tenían la cabeza baja, callados y apagados.
“¡Majestad, perdóneme! ¡Clemencia, Majestad!”
Los gritos de agonía en el salón del trono se oían incluso desde fuera de la sala lateral.
“¡Su sirviente reconoce su culpa, acepta su castigo! Pero su lealtad a la Gran Dinastía y a Su Majestad es inquebrantable, no tiene otras intenciones. ¡Que Su Majestad lo comprenda!”
El ministro cayó de rodillas con un “pum” y no dejaba de postrarse, hasta hacerse sangre en la cabeza. La sangre tiñó el mármol del salón del trono.
“¿Clemencia?”
Shi Changyuan bajó paso a paso las escaleras que simbolizaban su rango, caminó hasta el centro del salón del trono hasta ponerse delante de ese ministro, y dijo con un tono gélido: “Corrupción, soborno, ocultar información, dar oportunidad a los rebeldes”.
“¿Cómo pretendes que te perdone?”
A continuación se oyó un enorme y desgarrador grito. Lin Ling, que estaba tras la puerta lateral del gran salón, aun a través de varios biombos y cortinas colgantes puedo ver aquella mancha de sangre.
Sus pasos se detuvieron en seco y se quedó paralizado en el acto.
Varios guardias imperiales con armaduras de guerra se adelantaron de inmediato y, a rastras, sacaron del gran salón a aquel prisionero ya inconsciente.
Las salpicaduras de sangre, junto con los sollozos y gemidos de quien ya no podía ni suplicar clemencia, fueron arrastradas desde el salón del trono hasta la misma entrada del palacio.
Las manchas de sangre atravesaron el umbral del gran salón y las losas de piedra verde. Era una advertencia evidente y también un absoluto escarmiento.
Shi Changyuan se sacudió las manchas de sangre de las manos. Shunde, con ambas manos alzadas por encima de la cabeza, le ofreció un pañuelo, pero Shi Changyuan no lo tomó.
Regresó paso a paso hacia la plataforma elevada. La sangre tiñó las barandillas de jade blanco, tiñó el apoyabrazos del trono, hasta llegar finalmente al trono del dragón.
“Respecto a este caso, honorables ministros, si hay algo que informar, preséntenlo; si no, retírense de la corte”.
En el gran salón, todos estaban postrados en el suelo y nadie respondió.
Shunde al ver la expresión de Shi Changyuan, grito “se da por terminada la audiencia” y siguió al emperador, dejando atrás a la multitud de ministros y saliendo por el lateral.
Pero apenas acababan de rodear el biombo y apartar las cortinas colgantes, se encontraron a Lin Ling abrazando una maceta, con la mirada perdida detrás de la puerta.
Shi Changyuan se detuvo en seco. “¿A qué has venido?”
Lin Ling parpadeó con lentitud y respondió en su tono habitual: “A buscarte”.
Dicho esto, Lin Ling le puso la maceta delante a Shi Changyuan. “Hace mucho que no la riegas, los hongos están a punto de morirse”.
Shi Changyuan bajó la mirada hacia el joven que tenía enfrente. El propio Lin Ling no notó nada, pero Shunde a un lado estaba sumamente tenso.
Aunque era cierto que Su Majestad era muy indulgente con aquel joven que tenía delante, acababa justo de chocar con su furia…
Shunde observó a escondidas. En efecto, el emperador que tenía enfrente no cogió la maceta, sino que preguntó con tono frío: “¿Y qué pasa si se muere?”
“No lo sé”. Lin Ling, desconcertado por la pregunta, miró embobado el pequeño hongo que tenía en las manos. “Nunca le he dado las esporas a nadie”.
Shi Changyuan, al ver la expresión vacilante de Lin Ling, hizo que todos se retiraran expresamente y se quedó esperando la continuación de lo del hongo.
“Mmm… podría perder mi cultivo espiritual y volver a mi forma original”. Lin Ling, viendo que ya solo estaban él y la otra persona, contestó en voz baja a modo de suposición. “¿O quizá salir herido?”
“En cualquier caso, seguro que algo malo pasaría, así que de ninguna manera puedes… ¡no puedes tomártelo a la ligera!”
Shi Changyuan no esperaba que un espíritu pudiera entregar así de fácil su propio punto débil. Guardó silencio un instante. “Entonces, ¿cómo te atreviste a dármelo a mí para que lo cuidara?”
“¡No importa!” Lin Ling abrió la boca casi sin dudarlo y volvió a empujar la maceta hacia adelante. “Con que tengas un poquito de cuidado no se te morirá”.
Shi Changyuan, por instinto quiso extender la mano para agarrarlo, pero en el momento en que su mano comenzó a alzarse, dejó al descubierto las manchas de sangre que tenía. Era una visión impactante y al instante se quedó rígido.
“¿No tienes miedo?”
Shi Changyuan mantuvo aquella postura por dos o tres segundos y luego preguntó.
Lin Ling ladeó la cabeza; todavía estaba esperando a que la otra persona recibiera la maceta, y no entendía muy bien aquella pregunta tan abrupta. “¿Miedo de qué?”
Miedo de un soberano cruel y brutal, que disfrutaba quitando la vida a otros con severos castigos y torturas.
O quizá, miedo de entregar su propio punto débil en manos de alguien que no merecía suficiente confianza.
Shi Changyuan pensó muchas cosas, pero nada de eso lo dijo en voz alta, solo suspiró en silencio.
“Olvídalo”.
Aunque lo dijera, tampoco lo entendería.
Un espíritu así de ingenuo, una vez que confiaba en alguien, aunque de verdad se le muriera el hongo y perdiera todo su cultivo espiritual, probablemente pensaría que la otra persona lo hizo sin querer.
Shi Changyuan hizo un gesto con la mano para que Shunde volviera a acercarle el pañuelo y delante de Lin Ling se limpió con sumo cuidado la suciedad de las manos, sin ocultarle nada en absoluto.
Lin Ling también miraba fijamente los movimientos de las manos de Shi Changyuan. Aquellas pupilas serenas eran como si lo que Shi Changyuan estuviera limpiando no fuera más que unas gotas de agua corriente.
“Ya está”.
Shi Changyuan se limpió ambas manos y le dijo a Lin Ling: “Dámelo”.
Lin Ling depositó la maceta en las palmas de Shi Changyuan, parpadeó, y de repente dijo: “No tengo miedo”.
Shi Changyuan, al oírlo enarcó una ceja, algo sorprendido. Aquel hongo no muy inteligente había tardado, pero al final había entendido su pregunta anterior.
“¿Por qué tener miedo?” Los ojos del joven estaban llenos de brillo. “Si conmigo nunca te has enfadado”.