Historia principal
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Ayudantes para arreglar el camino
Cuando ambos regresaron del pueblo, Zhuang Yan fue expresamente a casa del jefe del pueblo una vez más. Quería arreglar el camino de carros que solo llegaba hasta la entrada del pueblo para que llegara hasta la puerta de cada casa. Lo mejor sería que llegara recto hasta el pie de la montaña, así cuando las familias del pueblo tuvieran que subir a la montaña a cortar leña para venderla, les resultaría más práctico.
El pueblo de Shanghe tenía un terreno llano. El camino de carros desde la entrada del pueblo hasta cada casa no necesitaba grandes modificaciones, solo había que ensanchar el trazado ya existente.
Cuando Zhuang Yan mencionó lo de arreglar el camino, el jefe del pueblo primero se quedó quieto, pero luego soltó una carcajada y no era para menos, porque esa misma propuesta ya la había hecho él años atrás. Solo que en el pueblo las familias que tenían carros y caballos al fin y al cabo eran pocas, la mayoría no estaban dispuestas a esforzarse para beneficiar a otros.
El jefe del pueblo llevó a Zhuang Yan a un lado para que se sentara y le pidió a su hijo que entrara a la casa y sacara su vino. Lin Ping le dijo a su esposa que sacara pepitas y cacahuates. Los tres se sentaron en el patio y, mientras bebían, se pusieron a discutirlo.
Wan Tianning era friolento, por lo que ya hacía rato que se había metido en la cocina de la familia Lin a calentarse junto al fuego. En la familia Lin, los hermanos de ambos sexos no se ordenaban por separado. Lin Ping era el segundo de casa y la mayoría en el pueblo llamaban a su esposa Lin, la segunda cuñada, o también la esposa del segundo Lin o la de Lin Ping.
Wan Tianning era menor que Lin Ping y sus familias no tenían ningún parentesco, así que él seguía la costumbre de los jóvenes del pueblo y la llamaba Lin, la segunda cuñada. Pero a la esposa de Lin Ping ese tratamiento le sonaba extraño y distante, le pidió que la llamara hermana Fang.
La esposa de Lin Ping se llamaba Li Fang y su familia materna era de otro pueblo, así que en este pueblo no tenía parientes y era natural que pocos la llamaran por su nombre de pila.
“Hermana Fang”. Wan Tianning no era tonto y si podía estrechar lazos con la familia del jefel pueblo, estaba más que dispuesto. Cambió sin esfuerzo la forma de llamarla y la esposa de Lin Ping le sonrió de inmediato aceptando el cambio, para luego ordenarle a su cuñado pequeño que en adelante, cuando viera a Wan Tianning, lo llamara hermano mayor.
La familia Lin tenía tres hermanos. Aparte de la hermana mayor que se había casado y se había ido al pueblo, y de Lin Ping, todavía había un hermano menor. El hermano menor de Lin Ping se llamaba Lin An y ese año solo tenía diez años.
La madre de Lin Ping había vuelto a casa de sus padres. Sin la suegra presente, Li Fang estaba notablemente más a gusto. Mientras hablaba con Wan Tianning, no dejaba de sonreírle con alegría y de atender a Lin An, que estaba cerca, pelándole pepitas y asándole camotes.
Para cuando Zhuang Yan y los demás sacaron sus conclusiones, ya había pasado un buen rato. Cuando Zhuang Yan entró a buscarlo, Wan Tianning le puso en la mano un puñado de semillas de pepita. Él se metió unas cuantas en la boca y le sonrió. De camino de regreso a casa, Zhuang Yan fue metiéndole poco a poco en la boca a Wan Tianning todas las pepitas que llevaba en la mano.
Los frutos secos son grasas de alta calidad, si Tianning toma unos cuantos es bueno para la salud.
Pensando en frutos secos, Zhuang Yan se dijo que un día de estos iría al pueblo a ver si podía comprar nueces. Si las conseguía, con llevarse una o dos al día ya estaría bien.
Lo de arreglar el camino, Zhuang Yan se lo contó por encima a Wan Tianning. La idea del jefe del pueblo era que primero buscaran discretamente a las familias más influyentes del pueblo, y también a algunos ancianos de los clanes de apellidos más numerosos para discutirlo. Cuando hubieran convencido a los que tenían voz y peso, entonces congregarían a los aldeanos para hablarlo juntos, y para entonces lo más seguro era que ya no hubiera problemas.
El asunto del camino quedó aplazado, y lo más importante en casa en ese momento era sacar los camotes de la tierra.
Desenterrar camotes era una labor del campo a la que Zhuang Yan estaba muy acostumbrado. Los dos trabajando en equipo iban rápido: Wan Tianning se encargaba de cortar las hojas de camote, quitándoles las raicillas y la tierra, mientras Zhuang Yan cavaba. Después de una mañana de trabajo, calcularon el tiempo y vieron que en cuatro o cinco días como máximo terminarían de sacar todos los camotes de casa.
Al día siguiente, cuando volvieron a la huerta de camotes, Wan Tianning no dejaba de sentir que alguien los observaba desde atrás. Cogió un puñado de tierra y lo arrojó hacia los tallos de maíz que estaban entre la maleza, al instante oyó unos leves crujidos.
“¿Quién anda ahí?” Zhuang Yan también había dejado de trabajar en ese momento. Miró a Wan Tianning que estaba tenso, y ya se disponía a ir a ver cuándo de detrás de los tallos de maíz asomó una cabeza. En un instante tres niños fueron saliendo uno tras otro.
“¡Jefe! No venimos a hacer nada malo, venimos a ayudar”. Los tres chicos tenían alrededor de diez años. A esa edad, si eran los mimados de la casa, todavía eran niños y podían no hacer ningún trabajo, pero si la familia pasaba apuros o no los querían mucho, ya no se les consideraba niños y tenían que acompañar a los mayores a labrar el campo.
A esos tres Zhuang Yan ya los había visto antes, eran los mocosos que habían ido a casa a causar problemas y a meterse con Tianning. Pero Zhuang Yan ya había olvidado cómo se llamaban los tres.
Zhuang Yan no recordaba sus nombres, pero Wan Tianning sí. Llamó a uno de los chicos, llamado Shuanzi, para que se acercara. El tal Shuanzi puso una evidente cara de alegría, y los otros dos niños se miraron el uno al otro, con la misma cara de anhelo al mirar a Wan Tianning. Ellos también querían ayudar.
Zhuang Yan tampoco temía que los tres chicos causaran problemas. Les hizo un gesto con la mano a los otros dos y les preguntó en qué podían ayudar, estando muy serio. En cuanto los dos chicos oyeron eso, corrieron hacia el montón de camotes ya desenterrados y se pusieron a quitarles los restos.
Quitar los restos de los camotes no era un trabajo pesado, así que Zhuang Yan no los detuvo. Dejó que los tres hicieran lo que quisieran y él siguió cavando. Simplemente les dijo que si trabajaban con esmero, les prepararía algo delicioso cuando volvieran a casa esa tarde.
Aquellos dos mu de tierra de camotes de la familia Wan estaban justo al pie de la montaña detrás de su casa, no muy lejos, y además no tenían que pasar por el interior del pueblo. A menos que alguien fuera a la montaña, no había oportunidad de encontrarse con nadie.
Zhuang Yan había pensado en un principio que esos tres niños no aguantarían mucho tiempo trabajando, y que cuando los mayores de sus familias los vieran, ellos mismos les ordenarían volver a casa. Quién iba a decir que hasta la hora de terminar los tres se pasarían trabajando con esmero. Así que Zhuang Yan tenía que cumplir su promesa y al volver a casa prepararles algo bueno de comer.
Parte de la carne de jabalí que Zhuang Yan había cazado antes la había frito y la tenía guardada. Le pidió a Wan Tianning que sacara dos trozos que tuvieran tanto magro como grasa, también mandó a los pequeños que escogieran unos cuantos camotes de piel lisa y brillante, iba a prepararles algo bueno.
Ya estaban en el duodécimo mes y los camotes de la tierra ya habían sufrido las heladas y la congelación. Esos camotes tenían un dulzor más intenso, además era un dulzor natural. Se podían preparar de cualquier manera y quedaban deliciosos, pero sobre todo fritos era como mejor estaban.
“Ustedes tres ahora vayan a avivar el fuego, así también entrarán en calor. En un rato les preparo algo delicioso, será algo que seguramente no habrán probado nunca”.
Los tres niños ya de por sí le hacían mucho caso a Zhuang Yan, al oír que podrían calentarse junto al fuego y además comer algo bueno, se pusieron muy contentos y se apresuraron a meterse todos juntos en la cocina.
Aquella comida deliciosa de la que hablaba Zhuang Yan en realidad eran camotes fritos. Pero también sacó un poco de harina, la mezcló con agua hasta hacer una masa bastante clara, cortó los camotes en rodajas, las rebozó en la masa y luego las frió. Incluso aplicó el mismo método a la carne frita que ya tenía, haciendo una sencilla carne rebozada crujiente, solo que a la masa con la que rebozó la carne frita le añadió un huevo.
Zhuang Yan cocinaba muy deprisa, en un momento tuvo todo listo. Para entonces, Wan Tianning ya tenía preparada la sopa de verduras secas y el arroz.
Después de que Zhuang Yan llevara a la mesa un gran tazón con todo lo frito, le pidió a Wan Tianning que pusiera los cuencos y los palillos, luego sirvió el arroz directamente en sus cuencos. Incluso les preparó expresamente arroz mezclado con manteca de cerdo. Al arroz recién salido se le pone un poco de manteca de cerdo, se espolvorea un poco de sal y después de mezclarlo bien se obtiene un aromático arroz con manteca. A su madre le gustaba darle de comer así cuando Zhuang Yan era pequeño.
Con todo ya preparado, los dos mayores y los tres pequeños apenas estaban saboreando unos deliciosos bocados de comida, cuando desde fuera llegaron unos golpes ensordecedores en la puerta. de solo oír esos golpes se notaba que quien los daba no venía con buenas intenciones. Wan Tianning y Zhuang Yan se levantaron casi al mismo tiempo. Les dijeron a los tres pequeños que siguieran comiendo y salieron rápidamente.
En cuanto se abrió el portón del patio, varias personas entraron directamente. Zhuang Yan protegió a Wan Tianning y retrocedieron unos pasos. Antes de que les diera tiempo a preguntar a esos aldeanos qué asunto los traía, aquellos empezaron a gritar varios nombres. Con aquel griterío, Zhuang Yan se enteró de que resultaban ser los padres de los tres niños.
Su expresión se relajó de inmediato. Zhuang Yan se disponía amablemente a invitarlos a pasar a comer algo, cuando una mujer empujó directamente a Wan Tianning y le dijo en un tono de lo más agresivo: “¿Cómo son tan desvergonzados? ¡Obligar a unos niños a trabajar para su familia, que maldad más grande! Huzi, ¿te has quedado sordo? ¡Sal inmediatamente!”.
“¡Erwa!”
Cada familia llamaba a sus propios hijos. Zhuang Yan respiró hondo varias veces y estaba a punto de explicarles el motivo, cuando los tres niños que estaban comiendo en la cocina asomaron la cabeza apoyándose en el marco de la puerta y se negaron enérgicamente a sus padres.
“Madre, ahora vuelvo, tú ve primero”.
“Madre, yo también vuelvo luego, me voy a la vez que Huzi”.
“Padre, yo vuelvo con Huzi y con Erwa”.
Los tres niños, asomados en el marco de la puerta, todavía masticaban ruidosamente, era evidente que estaban comiendo algo. Tras gritar a sus padres, volvieron a escabullirse dentro de la cocina.
Zhuang Yan empujó ligeramente a Wan Tianning para que entrara en la casa y, de nuevo con cortesía, preguntó a aquellas parejas si querían pasar a probar algo.
“¡No, no!” La voz de la mujer que antes había gritado a Huzi sonó notablemente más débil y ni siquiera se atrevió a mirar a Zhuang Yan. Solo dijo que iba a buscar a su hijo para que volviera a casa y se fue a la cocina de la familia Wan. Los demás fueron detrás.
Zhuang Yan los siguió, encogiendo los hombros con resignación. Ya se imaginaba por qué habían llegado a casa con tanta furia. Seguramente pensaban que él, siendo un adulto, se había aprovechado de los pequeños para hacerlos trabajar para él.
Zhuang Yan podía entender los sentimientos de unos padres preocupados por sus hijos, así que no se enfadó. Cuando entró con ellos a la cocina de casa, sintió que el espacio se volvía abarrotado, y más bien deseó que se marcharan cuanto antes, llevaba todo el día ocupado y quería comer a gusto.
Había pensado que aquellas personas se llevarían a sus hijos y se marcharían, pero al entrar, Zhuang Yan se encontró con que todas aquellas parejas tenían unas expresiones de lo más variadas, claramente ya no mostraban la furia de hacía un momento, sino una gran vergüenza en el rostro.
Al verlos así, Zhuang Yan lo entendió. Para colmo, esta gente había creído que él solo les había ordenado a los niños trabajar, sin intención de darles de comer.
“¿Ustedes también quieren un poco? ¿Probaran?” Zhuang Yan cogió un trozo de carne frita y se lo metió en la mano a uno de los hombres, luego volvió a sentarse. Le indicó con el mentón que probara rápido y hasta le dijo que era carne de jabalí, que no era algo que se comiera todos los días.
Todo el pueblo sabía que Zhuang Yan había cazado jabalíes y los había traído a casa, e incluso hubo aldeanos que fueron a casa de los Wan a comprar carne de jabalí. Aquel hombre al que Zhuang Yan le había metido en la mano la carne frita había ido antes a comprar, solo que Zhuang Yan lo había olvidado.
El sabor de la carne de jabalí era algo que aquel hombre recordaba bien. Él había pensado que aquello no era más que un pedazo de masa, y no esperaba que fuera carne frita. Se apresuró a darle un mordisco y descubrió que no solo era carne frita, sino que además tenía un sabor exquisito como nunca antes había probado.
“Zhuang Yan, ¿cómo se hace esto? Está delicioso”. Mientras decía esto, el hombre se colocó detrás de su propio hijo. Al verlo comer con la boca llena de grasa, en ese momento también se fijó en que lo que tenía en el cuenco era arroz con manteca de cerdo. El rubor volvió a teñirle el rostro y a escondidas le lanzó una mirada de reproche a su mujer.
Zhuang Yan no conocía bien a la gente del pueblo, pero Wan Tianning sí. Al ver que aquellos ya no buscaban pelea, rápidamente tiró de la ropa de Zhuang Yan. Zhuang Yan entendió al instante lo que Wan Tianning le quería decir, así que se apresuró a sacar unos cuantos taburetes más y les ofreció asiento.
Aquellos aldeanos habían venido con prisas al oír que Zhuang Yan estaba maltratando a sus hijos, pero ahora que no solo no veían a sus hijos afligidos, sino que veían a Zhuang Yan tratarlos tan bien, se sintieron profundamente apenados.
Las parejas en un principio querían disculparse con él y llevarse a los niños. Ya no les importaba nada el asunto de mandar a los niños a trabajar. Si él les había preparado algo tan especial a los niños, lo natural era que los chicos hicieran algo de trabajo.
Como tenían que disculparse, en ese momento no lograron irse. Los niños no estaban llenos y no querían marcharse. Zhuang Yan aprovechó la ocasión para hacerlos sentar y rápidamente cortó más camotes, al instante frió otro gran tazón de camotes.
No era posible que la carne de jabalí alcanzara para todos, pero sí los camotes. Solo que ese día los camotes, que en el pueblo no faltaban en ninguna casa, se convirtieron también en una delicia poco común, para gran sorpresa de aquellas parejas que, al tratarse de camotes, se quedaron sin reparo a comer.
Lo que en un principio era una cena sencilla se volvió animada. Cuando aquellas parejas se fueron con sus hijos, la luz del día ya se había oscurecido por completo y al marcharse la forma en que se dirigían a Zhuang Yan había cambiado.
La mujer que antes había empujado a Wan Tianning incluso lo acompañó hasta la puerta rodeándolo con familiaridad y le dijo que al día siguiente les llevaría hongos secos. La hija de su casa recogió hongos en la montaña ese verano, por lo que había preparado una buena cantidad de hongos secos. Esos hongos secos eran deliciosos sin importar cómo se prepararan, también eran algo difícil de conseguir.
Después de despedir a aquellas familias, Zhuang Yan le sonrió a Wan Tianning: “Tianning, ellos son de los que tienen influencia en el pueblo, ¿verdad?”.
“Sí, el abuelo de Huzi es el médico del pueblo, nadie en el pueblo se atreve a ofenderlo”.
El pueblo estaba lejos de la ciudad, además el médico de la ciudad era caro. Si algún aldeano tenía un dolor de cabeza o un poco de fiebre, el médico del pueblo era la mejor opción. Recordando las palabras del jefe del pueblo, Zhuang Yan tomó de inmediato el rostro de Wan Tianning entre sus manos y le dio un fuerte beso en la mejilla.
“¡Tianning, eres muy listo!”
Zhuang Yan y Wan Tianning deseaban que el asunto del arreglo del camino fuera aprobado en el pueblo, así que estaban muy contentos. Y las familias que habían regresado contentas esa tarde, casi todas les hicieron la misma pregunta a sus hijos, la respuesta que obtuvieron fue la misma: sus hijos solo habían limpiado un poco los camotes.
“Solo por limpiar un poco los camotes, les preparó cosas tan buenas de comer, y yo encima insulté al Joven Wan. Mañana tengo que llevarle algo, si no, no me quedaré tranquila”. La madre de Huzi frunció el ceño, visiblemente algo disgustada. Después de darle vueltas un buen rato, no logró tragarse el enfado que llevaba y se quejó: “¡Esa muchacha de la familia Wang tampoco es de fiar! No sabe nada y ya se pone a hablar. Zhuang Yan no es como aquel abusón de la familia Zhang, vaya forma de soltar disparates”.