× Capítulo 51: Da un poco de pena separarse ×

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Al salir de la habitación interior, Wu Suowei parecía un hombre diferente, vestía un traje elegante, zapatos relucientes, maletín impecable y gafas de más de cien yuanes, correctamente ajustadas. Bajo la mirada deliberada de Chi Cheng, caminó con paso firme hasta estar frente a él y sonrió ligeramente.

—¡Vamos!

Una vez en el auto, Chi Cheng permaneció en silencio, mientras Wu Suowei sacaba un libro por su cuenta, colocándolo sobre sus piernas para leerlo con detenimiento.

—He descubierto que leer a Van Loon es como resolver acertijos; las constantes ironías, exageraciones, burlas, una verdadera herejía de los estudios históricos…

Chi Cheng simplemente pensó que era un pequeño monje cantando sutras y no tenía ningún interés en escucharlo. Xiao Cu Bao, en cambio, escuchaba atento, con los ojos girando sobre el libro de Wu Suowei, meneando la cola, hasta que se quedó dormido.

Tras avanzar un rato, Chi Cheng finalmente habló: 

—¿A dónde?

Wu Suowei cerró el libro lentamente. 

—La casa de té.

Al entrar en la casa de té y encontrar un rincón tranquilo, Wu Suowei sacó de nuevo ese libro indigerible, fingió leerlo un momento, se ajustó los lentes y actuó como si fuera algo serio.

—Dime, si la historia es tan dramática, ¿por qué la gente sigue leyendo novelas? —preguntó con genuino interés, mirando a Chi Cheng.

Chi Cheng simplemente lo ignoró por completo.

Wu Suowei mantuvo su sonrisa serena.

—¿Crees que la religión puede monopolizar la verdad?

Chi Cheng miró hacia afuera, sus dedos raspando la mesa con un sonido áspero, como un tigre afilando sus garras.

Wu Suowei no tuvo más remedio que suavizar la situación. 

—Creo que todos los actos de intolerancia provienen del miedo inherente a la naturaleza humana, especialmente aquellos en posiciones de autoridad. Por eso no dudan en engañar a las masas a cualquier costo, con lo que Nietzsche llamó como el fenómeno del “rebaño ciego”.

Chi Cheng masticó los restos de té en su boca antes de tragarlos.

—¿Tú qué opinas?—preguntó de nuevo Wu Suowei

Después de un largo silencio, Chi Cheng finalmente habló.

—Bien podrías hablarme de la «anatomía del ano» en lugar de hablarme de esto.

—…

 

[====×====]

 

Después del té, Wu Suowei invitó a Chi Cheng a un concierto, ese templo artístico donde la gente refinada disfruta de la música. Era la primera vez que Wu Suowei visitaba un lugar así, y el ambiente era tan cómodo que se durmió en menos de diez minutos.

Chi Cheng miró de reojo a Wu Suowei, viéndolo con la cabeza gacha, en actitud de rendición, su tersa frente brillando tenuemente en la penumbra… No pudo evitar sonreír. No es más que un chico de callejón, pero insiste en aparentar ser alguien de la alta sociedad.

Pensando esto, inclinó la cabeza de Wu Suowei sobre su propio hombro. Encontró un punto de apoyo y durmió más profundamente, el aire cálido de su respiración fluyendo directamente por el cuello de la camisa de Chi Cheng.

Cuando la pieza musical llegó a su clímax, con el intérprete absorto y los oyentes embelesados, Chi Cheng permaneció ajeno, sus oídos llenos únicamente del sonido de la respiración de Wu Suowei.

Cuántos años han pasado sin compartir mi cama con alguien. Pero, de repente, parece que el ritmo de la respiración dormida también resulta bastante agradable.

Cuando la cabeza de Wu Suowei resbaló del hombro de Chi Cheng, éste la atrapó con sus grandes manos y la apoyó sobre sus piernas. Comenzó a masajear distraídamente la frente de Wu Suowei. ¡Qué dura! ¿Cómo ha podido formarse esta capa de piel muerta?

El sueño de Wu Suowei estaba perfectamente sincronizado y despertó justo cuando cesó la música, rodeado de aplausos. Se incorporó de golpe y por reflejo, se unió a los aplausos con una expresión de absoluto disfrute.

—¡Sin duda es un verdadero banquete musical!

Chi Cheng echó un vistazo con el rabillo del ojo; el tipo tenía la marca de un botón grabada en la mejilla derecha, pero sus palabras de elogio salían sin la menor vacilación. Le entraron unas ganas brutales de tirarlo debajo de él y follárselo duro. ¡Este chico era jodidamente adorable!

Afuera había una heladería. Chi Cheng se detuvo frente a ella y volviendo la cabeza hacia Wu Suowei, preguntó: 

—¿De qué sabor lo quieres?

—De vainilla —respondió Wu Suowei.

—Dos de vainilla.

Mientras caminaban por la calle, Chi Cheng no probó su propio helado, limitándose en fijar la mirada en el de Wu Suowei.

—Déjame probar el tuyo —dijo Chi Cheng.

Wu Suowei le lanzó una mirada de desprecio: 

—¿No son del mismo sabor?

Chi Cheng insistió obstinadamente en que sabían diferente.

Con cara fría Wu Suowei le entregó el cono de helado que tenía en la mano .

Pero, para su sorpresa, Chi Cheng esquivó el helado y fue directo a la boca de Wu Suowei. Antes de que pudiera reaccionar, le abrió los labios a la fuerza y le robó el trozo que acababa de morder.

La cara de Wu Suowei se tiñó al instante de rojo escarlata. Aún furioso, vio cómo Chi Cheng se acercaba de nuevo, por lo que giró la cabeza bruscamente para evitarlo. Como resultado, cuando por fin se volvió de nuevo, descubrió que en su mano solo quedaba un minúsculo trozo del cono de helado.

Los cuatro quintos restantes estaban completamente en la boca de Chi Cheng.

—¡Joder, tu boca es demasiado grande!! —Wu Suowei, entre el enojo y la sorpresa, no podía evitar sentirse sorprendido.

Chi Cheng, con tono de experto, dijo: 

—Solo si es grande, puedes meterlo entero en la boca.

Diciendo esto, llevó de nuevo el helado que sostenía en su mano hasta la boca y, como un glotón devorador, lo introdujo desde la punta hasta la base, mientras su mirada oscura sondeaba deliberadamente a Wu Suowei. Los músculos de su mandíbula se contrajeron con fuerza, su nuez de Adán se movió dos veces, y el helado entró por completo. Su lengua gruesa y poderosa salió, barriendo varias veces la comisura de sus labios firmes, hasta que todo el líquido blanco residual se deslizó dentro de su boca.

Bajo el cielo, probablemente solo el calvo Chi podría comer un helado con tal ferocidad y a la vez con tanta obscenidad.

Wu Suowei tragó saliva con fuerza.

La impaciencia arruina los grandes planes. Debería sentirme agradecido por todo esto.

  

[====×====]


Cuando Chi Cheng llevó a Wu Suowei de vuelta a la clínica, Jiang Xiaoshuai ya se había ido, no se sabía si a propósito para dejarles espacio, pero hoy se había ido temprano. Al sentir que Chi Cheng entraba detrás de él, Wu Suowei sintió escalofríos en la espalda. Aunque era el otro quien tenía malas intenciones, al estar a solas en la habitación, era él quien sentía el pánico.

Por supuesto, en momentos como éste lo más importante era no mostrar debilidad. Wu Suowei lo sabía bien, así que mantuvo una expresión serena mientras se dirigía a la habitación interior, desanudando su corbata con calma.

De pronto, alguien le abrió el pantalón de un tirón.

Wu Suowei delató al instante su nerviosismo y sus manos se aferraron con fuerza al cinturón, apartándose como si hubieran recibido una descarga eléctrica, mientras su mirada en alerta máxima se clavaba ferozmente en las dos grandes manos de Chi Cheng.

—¡Sé un poco más respetuoso! —advirtió con voz firme y contundente.

Chi Cheng parecía bastante inocente: 

—¿Quién te ha faltado al respeto?

Wu Suowei, con el cuello tenso: 

—¿Por qué me jalas los pantalones?

—Sólo quería ver si llevabas puestos los calzoncillos que te compré.

Wu Suowei se sintió bastante avergonzado: 

—Con todos los calzoncillos que tengo, ¿cómo sabes si son los que compraste?

Chi Cheng, apoyado contra el escritorio, se llevó a la boca el cigarrillo que tenía detrás de la oreja y miró a Wu Suowei entrecerrando los ojos.

—Esos calzoncillos los escogí uno por uno. Verifiqué cuidadosamente cada marca, cada talla, cada tipo de tela. ¿Crees que los traje del mercado mayorista?

Wu Suowei sintió un vuelco en el pecho y desvió la mirada.

Chi Cheng vio nuevamente las figuras de azúcar en el armario de madera y dijo: 

—Hazme otra figurita de azúcar.

Con rostro frío, Wu Suowei respondió: 

—No voy a hacer más.

Chi Cheng insistió: 

—La última vez que llevé una a casa, a mi novia le encantó. Sopla una para ella.

—¿Tu novia? —Los nervios de Wusuowei se tensaron al instante. 

—¿Yue Yue?

—¿Eh? —Chi Cheng pareció sorprendido. 

—¿Cómo lo sabes?

Wu Suowei maldijo en su interior, ¿Por qué mierda estás fingiendo? ¿Acaso no fue ella quien te instigó a aprovecharte de tu posición para hacerme la vida imposible? Por supuesto Wu Suowei, no lo dijo en voz alta. Si lo hacía, Chi Cheng descubriría sus motivos. Lo mejor sería seguirle el juego y actuar como un tonto.

Al ver a Wu Suowei tan apático, Chi Cheng sintió una repentina satisfacción.

Sopló una bocanada de humo directamente en su rostro: 

—¿Te molesta que se lo regale a mi novia?

¡Tonterías! ¡Esa maldita es mi ex! ¿Cómo carajos voy a estar contento de que uses mi obra para hacerle regalos a otros?

Pero permaneció en silencio.

Chi Cheng de repente encontró a Wu Suowei en este estado particularmente adorable y no pudo evitar mirarlo un rato más.

—Sé obediente y sopla uno para ella.

Al final, Wu Suowei realmente sopló una figurita, una figura de excremento, tan realista que casi parecía lista para metérsela a Chi Cheng en la boca.

—¡Toma esto y sal rápidamente!

Wu Suowei señaló la puerta.

Pero los pies de Chi Cheng siempre habían estado bajo su propio control, inmunes a las señales de cualquiera. Caminó directamente hacia la farmacia interior. Wu Suowei lo detuvo con un grito:

—¡No toques las cosas de los demás imbécil!

Chi Cheng echó un vistazo a los estantes de medicamentos, encontró una pomada para activar la circulación sanguínea y dispersar hematomas, y al salir, agarró el cinturón de Wu Suowei, lo empujó sobre una silla, aplicó un poco de pomada en su frente y la frotó con fuerza.

Wu Suowei empujó a Chi Cheng: 

—¿Qué estás haciendo?

—¡Quédate quieto!

Chi Cheng de pronto rugió sordamente, como un trueno en tierra firme, con un poder disuasorio infinitamente grande.

—¡Toda tu frente es piel muerta! Si no te aplicas medicina, ¡quedarás inservible!

Tras comprender las buenas intenciones de Chi Cheng, Wu Suowei de repente se sintió incómodo.

—¿Por qué eres tan bueno conmigo?

Chi Cheng le devolvió la pregunta:

—¿Tú qué crees?

Con el rostro tenso, Wu Suowei respondió: 

—No lo sé.

—¿Con tan poca perspicacia todavía tienes la cara de ser el amante? —se burló deliberadamente.

Wu Suowei casi escupe sangre en la cara de Chi Cheng. ¡Maldito seas! ¿Quién diablos es realmente el amante aquí?

Al regresar a casa, Chi Cheng frotó el palillo de bambú entre sus dedos mientras sus ojos seguían la figura de azúcar.

Sabía que con solo mostrarle esto a Yue Yue, su novia sonreiría y el malentendido previo con los padres quedaría resuelto. Era así de simple; con que cierto alguien inflara las mejillas, él tendría un problema menos.

Pero al final, terminó clavando la figurita de azúcar en la caja de madera.

Era demasiado preciosa, le daba un poco de pena separarse de ella.

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