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El puño de Fang Juexia se apretó con fuerza. Las emociones, al escuchar aquel asunto, se agitaron violentamente en su interior, casi ahogándolo.
Pero rápidamente recuperó la compostura. Al alzar la vista hacia Cheng Qiang y una punzada de culpa surgió en su corazón.
“Lo siento, Qiang-ge. Siempre he estado preparado para confesarles esto, pero nunca encontré el momento adecuado.”
Para Cheng Qiang, enterarse de esta noticia de golpe sí lo había sorprendido. Pero las recientes tormentas ya habían entrenado su capacidad de resistencia. Llevó a ambos a la oficina, les indicó que se sentaran y entonces habló: “Sé que debe ser difícil para ti revelar algo tan personal. Además, todavía no se ha hecho público directamente aun hay margen para maniobrar. Primero calmaremos a esa gente. Una suma tan grande para relaciones públicas requiere discusión con la empresa. Ellos no deberían soltar la información de inmediato.”
“Qiang-ge”, intervino Pei Tingsong, “pásame esa carta anónima. Haré que alguien la investigue.”
Cheng Qiang asintió. “Bien. Yo contactaré al equipo de relaciones públicas.”
“Yo me encargo”, dijo Pei Tingsong mientras tecleaba un mensaje en su teléfono. “Si vamos a contratar a alguien, que sea el mejor y más caro. Con toda esta mierda acumulándose, ya tenía ganas de ajustar cuentas.”
Cheng Qiang suspiró y miró a Fang Juexia. “Juexia, ahora que las cosas han llegado a este punto, necesito que me cuentes absolutamente todo.”
Fang Juexia luchó contra sí mismo. No era que no quisiera hablar, sino que enfrentar la verdad de su propio padre le resultaba insoportable. Pero no tenía otra opción.
Conteniendo la respiración, miró a Cheng Qiang e intentó relatar su pasado con las palabras más frías y objetivas posibles.
“Mi padre solía ser un bailarín con un futuro prometedor, pero un accidente en el escenario lo dejó discapacitado y arruinó su carrera. Después cayó en el alcoholismo, maltrató a su familia y se volvió adicto a las drogas. Hace diez años, nos abandonó a mí y a mi madre, llevándose todo el dinero de la casa. Hace poco lo volví a ver. Llevaba años consumiendo. Lo primero que hizo al verme fue intentar noquearme y secuestrarme para conseguir dinero para drogas. Al final lo llevamos a un centro de rehabilitación. Pensé que todo terminaría ahí, pero…”.
Relató los hechos con claridad, sin profundizar en detalles y sin el más mínimo rastro de emoción, como si narrara algo ajeno a él. Pero para Cheng Qiang, cada palabra sonaba a sangre y dolor. No podía imaginar que un padre fuera capaz de hacerle eso a su propio hijo.
Noquearlo. Secuestrarlo. Venderlo por dinero.
Todo eso le había ocurrido a Fang Juexia sin que ellos lo supieran. Desde el primer día que Cheng Qiang se hizo cargo de Kaleido, su mayor dolor había sido este chico: era el mejor en todo, pero siempre estaba callado, temeroso de cometer errores, viviendo cada día como si caminara sobre una cuerda floja.
No pudo evitar agarrarlo por los hombros, pero Fang Juexia solo negó con la cabeza. “No pasa nada. Solo lamento no habérselo dicho cuando apareció. Ahora todo es tan urgente…”.
Cheng Qiang esbozó una sonrisa amarga. “Aun si lo hubieras hecho, no habría cambiado mucho. Si alguien quiere vincular al un hijo con su padre drogadicto, por más que lo hubiéramos preparado desde el debut, no habríamos podido evitar el daño”.
Debut.
Esas dos palabras le secaron la garganta a Fang Juexia. Sintió como si miles de agujas heladas le perforaran el rostro.
Había nacido con una marca de nacimiento en la cara. Padecía de ceguera nocturna, un trastorno incompatible con los escenarios oscuros. Y cargaba con la bomba de tiempo de un padre adicto.
Una persona así. Él era así.
“Lo siento”, murmuró Fang Juexia, con los ojos enrojecidos. “En realidad… nunca debí debutar”.
Pei Tingsong le agarró la mano al instante. “¿Qué estás diciendo? Fang Juexia, te lo repito: naciste para el escenario. Si hasta alguien como tú no lo merece, entonces nadie lo merece.”
¿Cómo podía alguien tan precioso para él menospreciarse de esta manera?
Cheng Qiang entendió que sus palabras anteriores habían desencadenado esa reacción en Fang Juexia. Lleno de remordimientos, dijo: “No es así, Juexia. Esto no es tu culpa. Sin ti, Kaleido no estaría donde está hoy, ¿entiendes? Además, esto no es irreparable. Si es necesario, pagaremos el dinero para silenciar bocas, minimizaremos el daño”
“No.”
Fang Juexia se obligó a calmarse y analizó la situación: “Si ya se atrevieron a chantajearnos una vez, lo harán una segunda vez. Tapar el sol con un dedo solo dejará una bomba de tiempo. Un escándalo así no se callará con unos simples siete millones de yuanes. Si en el futuro soy más famoso que ahora, seguirán extorsionándonos, usando esto como mi punto débil.”
Su mirada se endureció. “Pero yo no hice nada malo. Soy una víctima. Así que lo de mi padre… hay que decirlo. Y debo ser yo quien lo diga.”
Era un camino demasiado arriesgado.
Cheng Qiang rechazó la idea de inmediato: “¿Cómo va a funcionar eso? ¿Sabes cuántos haters y competidores usarán esto para atacarte? Podrían hasta difamarte, diciendo que tú también consumes.”
“Lo sé.” Desde el primer momento, Fang Juexia ya había imaginado todas las calumnias posibles. Nadie conocía mejor el sabor del fango lanzado.
Estos años, las difamaciones habían sido como manchas en su piel: por más que se frotara, no salían. Los rumores malintencionados se habían convertido en llagas que le dolían al menor contacto. Por más que se explicara, que gastara energía aclarando, solo recibía más escupitajos e insultos.
Al principio no entendía por qué. ¿Por qué la gente se niega a creer la verdad? pero con el tiempo, se acostumbró. En este mundo, el odio rara vez tiene razón. La verdad es lo que menos importa.
Así que su corazón se enfrió poco a poco. Dejó de debatir inútilmente, limitándose a responder con los mejores escenarios posibles.
Esas llagas repugnantes habían crecido con él hasta hoy.
“No hay otra salida. Lo único que puedo hacer es cortar el hueso para sanar el veneno.”
No soportaba más vivir así. Quería extirpar esas heridas latentes de una vez.
“Si seguimos ocultándolo, nadie sabe qué pasará después. No puedo dejar que esta bomba se vuelva incontrolable. Sobre los rumores de que yo consumo… podemos hacer pruebas. Mostrar evidencia.”
Mientras Cheng Qiang reflexionaba, Pei Tingsong intervino: “Ya he contactado al equipo de relaciones públicas más prestigioso del medio.”
“¿Cuánto costó?”, preguntó Fang Juexia.
“Eso no es problema suyo.” Pei Tingsong continuó: “Están listos para una videollamada y proporcionar estrategias. Pero… su recomendación coincide con la de Juexia.” Miró a Cheng Qiang. “Dicen que debemos dar el primer golpe.”
Kaleido era el primer grupo que Cheng Qiang dirigía realmente. Cada tormenta la había enfrentado junto a ellos, así que su instinto era ser prudente. Sin embargo, entendía la gravedad de la situación.
“Entiendo. Hagamos una reunión urgente. Llamaré al departamento de relaciones publicas de la empresa y avisaré a los miembros.”
“Mmm.”
El asunto de He Ziyan había ocurrido no hace mucho, y ahora le tocaba al verdadero top del grupo. La empresa lo tomó muy en serio, incluso Chen Zhengyun, que acababa de regresar de un viaje de negocios, se apresuró a volver a la oficina. El equipo de relaciones públicas habló con Fang Juexia durante una hora entera, y después de entender todos los detalles del caso, propusieron un plan general.
El director a cargo del equipo, a través del video, dijo:
“En realidad, la idea del señor Fang es correcta. Primero, debemos revelar la verdad antes de que la otra parte la haga pública, para evitar que ellos lleven la iniciativa al exponerlo. Si nosotros atacamos primero, con el señor Fang haciendo la revelación, y luego coordinamos artículos y guiamos la opinión pública para cambiar el enfoque de ‘el padre de un idol consume drogas’ a ‘una familia disfuncional trágica, con privacidad violada repetidamente causando daño secundario’, podremos minimizar las pérdidas.”
El involucrado en el incidente estaba sentado al borde de la mesa. La luz pálida de la luna de la madrugada caía sobre su espalda, envolviendo todo su cuerpo en sombras. Pei Tingsong solo sentía que su corazón se partía. En el pasado, tal vez ya habría contraatacado en línea, pero ahora entendía que eso no era la solución. Tenía que crecer para proteger a la persona que más amaba.
Todos discutían el asunto, expresando sus opiniones y sugerencias, pero Fang Juexia, en el centro del torbellino, permanecía en silencio, escuchando sin hablar, como si estuviera reflexionando sobre algo.
Pasó mucho tiempo antes de que hablara, justo cuando el equipo de relaciones públicas comenzaba a contactar redactores y otras fuerzas de influencia mediática: “Hay algo más.”
Cheng Qiang lo miró confundido, mientras Chen Zhengyun detuvo la reunión de inmediato: “Dilo.”
“Desde hace un tiempo he estado pensando si esto podría ser obra de mi padre, porque ya tiene antecedentes de extorsión” dijo Fang Juexia, negando luego con la cabeza. “Pero creo que es poco probable, porque ahora está en el centro de rehabilitación, aislado del mundo exterior. Sin embargo, aparte de mí, mi madre y Xiao Pei, que me ayudó a manejar esto hace un tiempo, nadie más debería saberlo. ¿Cómo se enteraron? Eso es lo que me desconcierta.”
Ese también era el punto que Pei Tingsong había estado considerando. Él había encerrado a Fang Ping en el centro de rehabilitación con el control más estricto, asignando personas para vigilarlo las 24 horas, completamente aislado. Era imposible que tuviera otra oportunidad de causar problemas.
“Cuando me extorsionó, le pregunté y negó haber contactado a ninguna empresa o medio, pero ahora dudo de eso” los ojos de Fang Juexia se entrecerraron ligeramente. “Dijo que había gastado todo su dinero para venir a Pekín a buscarme. Eso es extraño, porque antes del intento de secuestro, me había estado siguiendo durante casi una semana. ¿Cómo sobrevivió durante ese tiempo, especialmente siendo un adicto?”
Pei Tingsong también había reflexionado sobre eso. “¿Sospechas que, antes de encontrarte, ya se había topado con alguien más? ¿Qué esas personas obtuvieron información de él y le dieron dinero para sobrevivir?”
Fang Juexia asintió. “Eso creo. Cuando le dan ataques de abstinencia, ya ni siquiera parece humano. Haría cualquier cosa con tal de conseguir dinero para drogas. Vender nuestra relación, o cualquier otra cosa, es posible.”
Chen Zhengyun, que había estado escuchando en silencio, de repente captó lo esencial: “¿Otra cosa?”
“Sí” Fang Juexia lo miró. “Eso es lo que quería agregar. Jefe, hay algo que les he ocultado todo este tiempo.”
Bajo la mesa, sus manos estaban apretadas con tanta fuerza que los nudillos se veían blancos, pero en la superficie, seguía siendo el Fang Juexia sereno de siempre: “Tengo ceguera nocturna congénita. En entornos con poca luz, mi visión disminuye drásticamente, casi hasta quedar ciego.”
Pei Tingsong se quedó paralizado. No esperaba que Fang Juexia revelara esto también. Era como si estuviera desenterrando el mayor secreto que había cargado solo durante tantos años. Su resistencia, su cautela, todos esos años de práctica diligente, todo parecía convertirse en espuma.
Cheng Qiang no podía creerlo: “¿Ceguera nocturna? Entonces, en el escenario…”
“Si la iluminación no es suficiente, no puedo ver nada. Solo confío en mi intuición para bailar. Aunque la mayoría de los escenarios tienen buena iluminación.” Luego, los miró con una expresión opaca y se disculpó de nuevo. “Lo siento, lo había ocultado.”
Chen Zhengyun, con las manos sobre la mesa y el rostro serio, asimiló la noticia. Recordó la primera vez que vio a Fang Juexia. Aunque era evidentemente talentoso, siempre cargaba un peso enorme sobre sus hombros; delgado y silencioso, siempre estaba practicando incluso antes del debut, había dormido en el suelo del salón de ensayos durante semanas.
Finalmente entendió el porqué.
“Esto no es tu culpa.” Chen Zhengyun esbozó una sonrisa. “Por suerte lo ocultaste, o nos habríamos perdido de un prodigio.”
Fang Juexia nunca se había permitido quejarse, pero las palabras de Chen Zhengyun le hicieron sentir un nudo en la garganta.
Cada día desde su debut, y en cada presentación, Fang Juexia había vivido con el temor de equivocarse, y hasta en sus sueños, se veía a sí mismo fallando en un escenario oscuro y causando la ruina de todo el grupo. En sus pesadillas, sufría las críticas de todos a su alrededor.
[¿Por qué quisiste debutar? No mereces bailar en el escenario, ¿lo entiendes?]
[Fang Juexia, mírate. Naciste para equivocarte en el escenario]
[¡¿Para qué practicas? Por más que lo intentes, nunca dejarás de cometer errores!]
[¿Quieres hundir a los demás, verdad?]
Cheng Qiang asintió: “Ahora los demás no están aquí, pero si lo estuvieran, todos te agradecerían. Juexia, tú eres el pilar de Kaleido, ¿lo entiendes?”
Fang Juexia hizo un esfuerzo por sonreír, asintiendo, tratando de aceptar su reconocimiento. “Esto también puede ser un punto débil que otros usen en mi contra. Creo que mi padre ya se lo ha dicho a alguien más, por lo que tendré que revelar esta parte también.”
El equipo de relaciones públicas guardó silencio por un momento antes de responder. “No te preocupes; esto no debería ser un problema grave. Una condición genética es un tema privado, y no afecta a nadie más. Además, en todos estos años, nunca has cometido errores por esa razón.”
Nunca.
Fang Juexia apretó los dientes y asintió.
Pei Tingsong se sentía impotente y frustrado. Había intentado evitar que Fang Juexia enfrentara tanto sufrimiento, pero ese dolor parecía inevitable. Aquellas pesadillas que lo habían atormentado durante años ahora se revelaban como un monstruo dispuesto a devorarlo por completo, sin escapatoria posible.
Apenas Fang Juexia hizo pública su decisión de contar la verdad, uno de los miembros del equipo de relaciones públicas que monitoreaba la reacción pública le dijo: “Señor Fang, tenía razón en preocuparse, ya comenzaron los rumores.”
Mostraron capturas de los mensajes, todos expresados de manera ambigua y malintencionada.
[¡Nuevo escándalo del recién coronado ‘top’ FJX! Completamente real. Lo reveló alguien muy cercano a él (pronto sabrán quién). Tiene una enfermedad oculta por años del tipo que arruina carreras. ¡Esperen a que desentierren la evidencia!]
[¿Enfermedad? ¿Qué clase de enfermedad podría arruinar su carrera?]
[No será SIDA… ¿verdad?]
[¡Podría ser! Se rumoró sobre qué usó “favores” para escalar en la industria, y parece que ahora se confirma.]
[¿SIDA? Entonces, todo su grupo… tsk, tsk, tsk, ¡qué desastre!]
[¡Así que los rumores de que uso ‘favores’ para debutar no eran infundados! ¿Por qué solo dicen eso de ti, fjx, y no de los demás? ¿Será porque eres el más bonito y caro?]
“¿Qué les pasa a estas personas? ¿Acaso no temen que los denunciemos uno por uno?” Cheng Qiang estaba furioso. “¡Contacten con los moderadores ahora mismo!”
Pei Tingsong miró a Fang Juexia. Lo vio contemplar con frialdad los comentarios maliciosos proyectados en la pantalla, sin el más mínimo rastro de emoción.
El hábito era algo aterrador.
Pero él ya estaba acostumbrado.
Incluso si hoy difundieran el rumor de que Fang Juexia se había suicidado en su dormitorio, no habría reaccionado.
El equipo de relaciones públicas explicó: No es grave. Sabiendo que es ceguera nocturna, con solo mostrar los informes médicos, podemos aclararlo. Seguro el señor Fang los tiene.
Fang Juexia asintió. Entregó toda la evidencia que pudo encontrar e incluso preguntó: “¿Necesitan que me haga un examen médico completo?”
Esas palabras atravesaron el corazón de Pei Tingsong como un cuchillo.
El equipo de relaciones públicas también se sintió especialmente conmovido. Habían manejado infidelidades, matrimonios fracasados y escándalos más sórdidos. Su profesionalismo les permitía limpiar esos desastres y devolverle la dignidad a sus clientes.
Pero ahora, frente a ellos, un chico inocente que se desnudaba literalmente, arrancándose hasta la piel para demostrar que su interior no era negro ni sucio, como el mundo afirmaba.
Muchas palabras pueden fundir el metal, hasta que cada hueso sea derretidos, uno por uno.
“Antes de publicar en Weibo, debo hablar con mi madre” dijo Fang Juexia, calmándose lo suficiente para levantarse y salir de la sala de reuniones.
Pei Tingsong se puso de pie de inmediato. “Lo acompañaré” le dijo a Cheng Qiang, quien asintió.
La silueta de Fang Juexia era delgada y frágil, como una hoja marchita en el pasillo mal iluminado. Se detuvo en la esquina de las escaleras, sus manos temblorosas intentando marcar el número.
Pei Tingsong lo alcanzó y le agarró la muñeca. “Juexia, no tengas miedo. Estoy aquí” dijo, sin darse cuenta de que su propia voz también temblaba.
Eran las dos y media de la madrugada, y el teléfono no dejaba de sonar sin respuesta. Fang Juexia bajó la cabeza y, después de varios intentos fallidos, volvió a intentar llamar. Las lágrimas comenzaron a caer sobre sus manos y su pantalla, y su visión se volvió borrosa.
Las lágrimas que había contenido toda la noche finalmente brotaron por su madre.
“¿Qué hago…?” Fang Juexia, siempre imperturbable, por primera vez mostró debilidad frente al hombre que amaba. “Pei Tingsong, ¿qué hago? Tengo que decírselo, pero…”
El corazón de Pei Tingsong se encogió. Era como si volviera a aquella noche de lluvia de verano, viendo a su amor, ya lleno de cicatrices, acercarse de nuevo al abismo.
Pase lo que pase, esta vez, él sería el primero en abrazarlo.
Pei Tingsong atrajo a Fang Juexia hacia su pecho, con una voz tan suave como la seda: “Juexia, ven aquí.”
De pronto notó que Fang Juexia estaba aún más delgado. Este chico, a pesar de ser mayor que él, parecía un niño frágil en sus brazos. Tan pequeño. Tan lastimoso. Hasta acariciar sus hombros le daba miedo, como si pudiera romperse con demasiada fuerza: “¿No me dijiste que no querías que tu madre siguiera esperando inútilmente toda la vida?”
“Es mejor un dolor corto que uno largo. Aunque lo ocultes ahora, ¿Qué harás después?”
Fang Juexia, con el rostro enterrado en su hombro, sentía cada palabra de Pei Tingsong resonando en su corazón cerrado a cal y canto.
“¿Dejarás que llegue al final de sus días sola, aferrada a un fantasma que nunca volverá?”
Él sostenía el final trágico de este cuento de hadas, pero nunca se había atrevido a contárselo a su madre.
Tenía demasiado miedo de defraudarla.
Los sollozos silenciosos de Fang Juexia empaparon el hombro de Pei Tingsong. Toda la amargura, el dolor y el miedo se los entregó a él. Sabía que no era justo. Debería ser más fuerte. Debería cargar solo con todo.
Pero en este momento, en todo el mundo, solo quería refugiarse en los hombros de Pei Tingsong.
Aunque fuera solo por un minuto.
“Debes entender” murmuró Pei Tingsong, acariciando su espalda “que para tu madre, lo más importante nunca será un amor muerto. Eres tú.”
El teléfono vibró. Era la respuesta de su madre a las 2:30 a.m. Fang Juexia se separó a regañadientes del abrazo, se secó las lágrimas y contuvo todas las emociones antes de atreverse a responder.
“¿Qué pasa, cariño?” la voz de su madre sonaba agitada, preocupada. “¿Estás enfermo? Mamá ya está despierta.”
Fang Juexia contuvo el llanto: “Mamá, pasaron muchas cosas. Ahor tengo que manejar una crisis. Hay algo… algo que debo decirte” Apretó los párpados. “En junio… papá vino a buscarme.”
“¿Qué…?” la voz de su madre se quebró. “¿Por… por qué no me lo dijiste antes?”
“Porque…” la voz le tembló al recordar la escena sangrienta “Ese día, estaba drogado. Llevaba una barra de acero… quería noquearme. Secuestrarme. Porque no tenía dinero para drogas. Pero… había guardaespaldas y lo detuvieron. Lo enviamos a rehabilitación forzada.
El silencio en la línea fue devastador. Fang Juexia sentía un dolor insoportable en el pecho.
“Ahora… alguien quiere chantajearnos con esto. Tengo que… debo hacerlo público.” Cada palabra que decía era como un taladro en el corazón de su madre. Pero no tenía opción. Ojalá todo fuera solo una pesadilla.
Cuánto deseaba no tener ese padre. No tener esta enfermedad que lo atormentaba desde hace más de diez años. No cargar con esta agua sucia que nunca se secaba, que nunca podía lavar por completo.
“Tenía miedo de que lo vieras en las noticias… por eso… tenía que decírtelo yo primero.”
“Mamá… lo siento.”
Lo siento. Al final, yo…
Fui quien destrozó tu sueño.
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☆ Nota de la traductora:
Muchas palabras pueden fundir el metal es una traducción literal del proverbio chino 众口铄金 (zhòng kǒu shuò jīn), que significa que los rumores pueden destruir incluso lo más sólido.