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FANG CHI RETIRÓ LA MANO tan rápido como si lo hubieran mordido y miró a Sun Wenqu con los ojos bien abiertos. Aquella doble sorpresa lo dejó sin palabras por un buen rato.
—Este… Sun-ge, ¿conoces a Xiao-Fang? —El líder del grupo los miró a ambos con cierta sorpresa.
—Es mi hijo —dijo Sun Wenqu, recostándose en el respaldo de su asiento con una sonrisa.
—¿Qué…? —El líder del grupo no parecía haber entendido del todo y giró la cabeza hacia Fang Chi en busca de una explicación.
Fang Chi se dio la vuelta al instante y miró por la ventanilla. ¡Ni siquiera aceptando un trabajo como guía pudo librarse del lunático de Sun Wenqu!
¡Demente!
—Está bro-bromeando —dijo la persona en el asiento del conductor, riéndose mucho.
Al oírlo, Fang Chi se volteó un instante y, como esperaba, ahí estaba Ma Liang. Este también giró la cabeza en ese momento, y cuando sus miradas se cruzaron, se rio aún más y le asintió.
—Sobrino mío, gracias po-por tu ayuda.
Fang Chi no sabía qué decir. Abrió la puerta y saltó fuera del auto.
—Liu-ge —le dijo al líder del grupo—, bájate y revisemos la ruta.
El líder del grupo también bajó del auto, pero antes de seguirlo, volvió la vista hacia Sun Wenqu con cierta duda.
—Este…
—¡La ruta! —insistió Fang Chi.
—Sí, sí, sí, la ruta, la ruta —respondió el líder, asintiendo con una sonrisa.
El grupo de amigos de Sun Wenqu no parecía ser de los problemáticos. Ninguno de ellos era un novato… Claro, con la posible excepción de Sun Wenqu.
No tenían demasiadas exigencias molestas, solo querían que el camino antes de entrar a la montaña fuera transitable para los autos. En algunos viajes anteriores, los habían dejado en la base de la montaña y tuvieron que subir a pie. Esta vez, después de comer en el pueblo, querían hacer una caminata junto al río y tomar algunas fotos, para lo cual se necesitaba un bote.
—¿Seguro que hay un camino por donde pueden pasar los autos? —preguntó el líder del grupo, buscando confirmar.
—Sí, como no ha llovido últimamente, se puede pasar —aseguró Fang Chi—, aunque hay que dar un pequeño rodeo.
—Eso está bien. —El líder del grupo asintió—. Excepto por las chicas, la mayoría de los hombres tienen algo de experiencia. Luo Peng y los otros ya son veteranos.
—Mmm —respondió Fang Chi con un leve asentimiento.
Cuando llegó el momento de ponerse en marcha, el líder Liu llevó a Fang Chi al auto. Era el mismo de antes. Sun Wenqu iba al volante, y Ma Liang y el líder del grupo en los asientos traseros. Como Fang Chi tenía que guiar el camino, le tocó sentarse de copiloto.
Apenas se acomodó en su asiento, Sun Wenqu le lanzó una mirada y volvió a reírse.
—Ya para, ¿no? —suspiró Fang Chi con resignación—. ¿De verdad te divierte tanto burlarte de mí?
—Por supuesto, así de fácil soy de complacer. —Sun Wenqu sonrió y encendió el motor.
Justo cuando estaban por arrancar, Luo Peng se acercó corriendo y se metió en su auto.
—¿Qué… qué pasa? —preguntó Ma Liang.
—No quiero estar apretujado con esas chicas —dijo Luo Peng, haciendo un gesto con la mano—. Ahora mismo, en el otro auto están discutiendo sobre protectores solares.
—Tú te lo pierdes. —Sun Wenqu se rio—. Podrías ayudarlas a aplicarlo.
—Todas tienen dueño. Además, soy un tipo muy decente. —Luo Peng chasqueó la lengua varias veces.
Después de salir de la ciudad, Sun Wenqu pisó el acelerador. Fang Chi calculó el tiempo; a esa velocidad, en unas tres horas llegarían. Luego de comer una comida campestre en el pueblo, subirían a la montaña.
Aprovecharía la parada para visitar a sus abuelos. Al día siguiente, en lugar de regresar con el grupo, se quedaría una noche en su casa y luego tomaría el autobús que iba a la ciudad.
No le había comentado ese plan al profesor Li, y tomando el autobús seguro que se perdería las dos primeras clases.
El profesor Li seguro lo llevaría de una oreja a la dirección otra vez, pero no importaba.
Pensar en ver a sus abuelos hizo que Fang Chi, con los ojos cerrados y apoyado en el respaldo del asiento, soltara una risita sin darse cuenta.
Al siguiente segundo, intentó ponerse serio y miró de reojo a Sun Wenqu. Este seguía concentrado en la carretera, sin mirarlo, pero la sonrisa en la comisura de sus labios era evidente.
Llegaron a la entrada del pueblo cerca del mediodía. Aunque en los últimos años se había promovido el turismo, aún estaba lejos de ser un destino desarrollado. Apenas habían nivelado un terreno y esparcido algo de grava para utilizar como estacionamiento. Al subir con el auto, se levantaba una nube de polvo blanco.
Sin embargo, precisamente ese ambiente poco desarrollado era lo que más atraía a los visitantes.
—Este pueblo tiene un paisaje espectacular y muchas construcciones antiguas que vale la pena recorrer —explicó el líder del grupo—. Detrás del pueblo hay un río y un bosque de bambú. Vamos a empezar por ahí. Ya tenemos alquilados unos botes para bajar dos kilómetros río abajo hasta una pequeña cascada donde podemos jugar un rato. Luego, pueden regresar caminando o en bote. Por la tarde subiremos a la montaña y cenaremos allí.
El grupo estaba muy entusiasmado. Se quedaron un rato admirando el árbol centenario y el pozo junto a la entrada antes de seguir al líder del grupo hacia el pueblo.
Fang Chi caminaba en silencio al frente cuando, sin darse cuenta, Sun Wenqu se colocó a su lado y le preguntó:
—¿Creciste aquí?
—Ajá. —Fang Chi le dio una mirada rápida.
—¿Aún tienes familiares aquí? —Sun Wenqu observaba a su alrededor con curiosidad. La carretera de entrada había sido renovada, y muchas casas eran nuevas, pero los senderos laterales revelaban su antigüedad. También había bastantes casas viejas, lo que le daba un encanto especial al lugar.
—Mis abuelos y mi tía siguen aquí —respondió Fang Chi. Tras un momento, frunció el ceño—. ¿Por qué no dijiste que estos eran tus amigos, que vendrías con ellos?
—Ese día te pregunté en qué club entrenabas —repuso Sun Wenqu con una sonrisa—. Si me lo hubieras dicho, yo también habría hablado. Pero como no quisiste decirme, aquí estamos.
—Yo… —Fang Chi abrió la boca, pero no supo cómo responder. Optó por no decir nada más.
En el pueblo había dos restaurantes familiares junto al río. Algunos visitantes ya estaban en los corredores junto al agua, comiendo mientras disfrutaban del paisaje. Parecían ser familias con niños.
Cuando el grupo de más de veinte personas llegó, ocupó todas las mesas restantes. Como el líder del grupo había reservado con anticipación, los dueños empezaron a ocuparse de la comida de inmediato.
Pescado, pollo de corral y pato de granja. Luo Peng los ayudó a elegir.
Fang Chi también pasó por la cocina. Al verlo, el dueño del restaurante sonrió.
—Xiao-Chi, ¿aprovechaste este viaje para visitar a tus abuelos?
—Sí. —Fang Chi también sonrió y tomó una tira de salchicha al vapor de la olla antes de darle un mordisco—. Está buena.
—Tu abuelo acaba de volver a casa. Lo vi cuando venía para acá —le dijo el dueño, pasándole un trozo de carne seca—. Esta quedó bien esta vez, no tan salada.
—Voy a verlo. Usted siga con lo suyo. —Fang Chi salió por la puerta trasera de la cocina.
La casa de sus abuelos no estaba lejos, solo a cinco minutos de allí.
Cada paso que daba le resultaba familiar: el suelo, las casas, el aire, los ancianos charlando en sus puertas, los perros echados al sol junto a las paredes.
Fang Chi caminaba muy contento y, tras unos diez pasos, no pudo evitar dar varios saltitos.
—Ahora sí que pareces de catorce años —dijo una voz perezosa detrás de él—. Hasta broncas de alegría.
Fang Chi se sobresaltó y, al volverse, se sorprendió al ver que Sun Wenqu lo había seguido.
—¿Qué haces aquí? —le espetó, mirándolo mal—. Deberías estar comiendo en el restaurante. Después pueden descansar un rato, tomarán los botes y…
—No quiero comer ahí —Sun Wenqu se acercó con una sonrisa, se estiró y respiró hondo—. El aire aquí es buenísimo.
—Entonces, ¿qué quieres comer? —Fang Chi ya no sabía cómo lidiar con ese hombre.
—Quiero comer en casa de tus abuelos —respondió Sun Wenqu, risueño—. Eso es comida auténtica de campo. Comeré lo mismo que tú.
—Pues yo como… —Fang Chi casi suelta un «yo como mierda, ¿tú también?», pero se contuvo.
Como tenía prisa por ver a sus abuelos, no quiso discutir más. Se dio la vuelta y apresuró el paso hacia la de sus abuelos.
—Oye, ¿ya no brincas? —Sun Wenqu lo siguió a un ritmo tranquilo—. Solo quiero comer, no estoy tramando nada. ¿Te molesta tanto que hasta se te quitaron las ganas de saltar?
Fang Chi no respondió ni miró atrás. Mientras caminaba, volvió a dar un par de saltitos.
Sun Wenqu se rio un largo rato.
Cuando estaban a unos cien metros de la casa de sus abuelos, Fang Chi escuchó ladridos. Luego, vio a un perro grande de color amarillo corriendo hacia él como si fuera un vendaval.
Era el perro de la familia, un cruce de perro mestizo y pastor de Shetland. Y aunque su abuelo le puso de nombre «Chico», en realidad era hembra. Llevaba casi diez años con ellos.
Fang Chi se agachó y aplaudió. Chico corrió con más entusiasmo, con la lengua colgando como si estuviera a punto de alcanzar la parte de atrás de su cabeza.
—¡Maldición! —Sun Wenqu soltó un grito—. ¡Qué perro tan grande! ¿Es tuyo?
—Ajá. —Fang Chi miró hacia atrás y descubrió que Sun Wenqu, que antes caminaba con mucha tranquilidad, ahora estaba pegado a la pared con cara de preocupación. Al instante, sintió un placer indescriptible y no fue capaz de refrenar su sonrisa—. ¿Te dan miedo los perros?
—No exactamente. —Sun Wenqu frunció el ceño, con una expresión seria—. Me dan miedo… los perros grandes.
Apoyado contra la pared, Sun Wenqu miró cómo el perro corría envuelto en una ráfaga de viento hasta llegar a Fang Chi. Movía la cola con entusiasmo, chocando y restregándose contra él, emitiendo unos emocionados gemidos agudos. Hasta sus orejas erguidas se habían aplastado hacia atrás en su cabeza.
—Qué buena niña, Chico. —Fang Chi se arrodilló y le revolvió el pelaje con fuerza—. ¿Me extrañaste?
—¿Xiao-Chi? ¡Xiao-Chi! —Desde el patio de adelante salió una anciana regordeta, llamándolo con una voz estridente—. ¡Ah, eres tú, pequeño revoltoso! ¿Cómo es que volviste?
—¡Abuela! —Fang Chi alzó la cabeza para responder, con alegría en la voz. Luego le dio una palmada en la cabeza al perro y señaló a Sun Wenqu—. Chico, vigílalo, este es tu… tío Sun.
—¡Te estás aprovechando de mi debilidad! —protestó Sun Wenqu.
Fang Chi lo ignoró y salió corriendo hacia el patio.
Sun Wenqu se quedó en su sitio, en un silencioso cara a cara con el enorme perro amarillo, que al parecer se llamaba Chico.
Cuando el perro vio a Fang Chi, estaba tan emocionado que parecía a punto de orinarse, pero en este momento, en lugar de seguirlo, se había plantado justo frente a él.
—Te lo advierto… —Sun Wenqu se movió un paso hacia un lado. El perro lo imitó, así que tuvo que detenerse—. ¿Qué te pasa? No, ¿qué le pasa a él?
El perro meneó la cola, sin dar señales de querer morderlo, pero tampoco con intención de hacerse a un lado.
Sin más opción, Sun Wenqu volvió a apoyarse en la pared e intentó dar un paso en dirección al patio.
El perro se movió con él.
Sun Wenqu se detuvo. El perro tampoco se movió. Dio otro paso.
Esta vez, el perro se levantó y caminó hasta quedar junto a su pierna.
—¡¿Pero qué haces?! —Sun Wenqu se llevó un buen susto. De pie, la cabeza del perro le llegaba hasta el muslo..
El perro se volvió a sentar, pegado a su pierna.
Fang Chi estuvo abrazando y hablando con la anciana regordeta durante una eternidad. Justo cuando Sun Wenqu quiso agitar la mano para recordarle que todavía había una persona asediada aquí, vio con horror cómo Fang Chi y la anciana entraban juntos a la casa.
Sun Wenqu sintió que se le subía la sangre a la cabeza y no pudo contener su rugido:
—¡Fang Chi!
Ese rugido fue tan potente que incluso el perro se asustó y se puso en guardia, alzando la cabeza para mirarlo.
—No era contigo… —Sun Wenqu apoyó la espalda en la pared—. Ve a llamar a tu amo, Chico. Te llamas Chico, ¿verdad? Sé un buen perro, Chico. Ve y llama a ese pequeño revoltoso de Fang Chi.
El perro ladeó la cabeza.
Sun Wenqu chasqueó la lengua.
—No te hagas el tierno. Con ese tamaño, de tierno no tienes nada.
—¡Chico! —Por fin, Fang Chi reapareció desde el patio, con algo en las manos.
El perro saltó y corrió hacia él, ladrando de emoción.
—Mierda… —Sun Wenqu frunció el ceño y exhaló un suspiro de alivio.
—Prueba esto. —Fang Chi se detuvo frente a él y le tendió una mazorca de maíz.
—No quiero. —Sun Wenqu lo miró con mala cara—. ¿Qué te pasa? ¿Te estás vengando?
—Es maíz dulce, muy dulce, casi como una fruta —le explicó Fang Chi—. Mi abuelo lo acaba de hervir.
—No me lavé las manos… —Sun Wenqu miró la mazorca. Tenía un aspecto excelente y olía aún mejor.
—Agárralo del hueso. —Fang Chi le alisó la cáscara que aún quedaba—. No me digas que tampoco sabes morder un maíz.
—¡Dámelo! —Sun Wenqu lo agarró y le dio un mordisco.
Estaba dulce de verdad, jugoso y tierno.
—Ni avisaste que ibas a traer a un amigo —dijo una voz al entrar en el patio. Sun Wenqu levantó la vista y vio a un anciano delgado salir de una habitación interior, con una sonrisa en el rostro—. Te lo he dicho antes, si vienes, avisa con tiempo para que pueda prepararme.
—No hace falta preparar nada. Comeremos cualquier cosa. En la tarde tengo que llevar al grupo a la montaña —respondió Fang Chi.
—¿Y cómo se llama este amigo? —El anciano delgado debía ser el abuelo de Fang Chi, tenía ciertos rasgos similares y parecía muy afable.
—Mi apellido es Sun, soy Sun Wenqu. Mucho gusto, abuelo, abuela —los saludó Sun Wenqu con una leve inclinación. Luego echó un vistazo al perro, que se había quedado a un lado meneando la cola sin parar.
—No tengas miedo, no muerde. Es un perro muy obediente —le dijo la anciana, sonriendo—. ¡Chico, aléjate! ¡Mira cómo lo asustaste!
—Es… muy obediente, sí. —Sun Wenqu sonrió. Solo después de ver al perro alejarse, se permitió tomar asiento en un pequeño banquito del patio—. Hoy vinimos de imprevisto y no les avisamos con anticipación. Abuelo, abuela, no se enojen con nosotros. Lo que pasa es que Fang Chi insistió en que la comida de su casa era la mejor y me arrastró hasta aquí…
Fang Chi lo miró con desagrado.
—¡Ay, ese pequeño revoltoso! Se la pasa presumiendo que la comida de su abuelo es la mejor, se lo dice a todo el mundo. —La abuela chasqueó la lengua y se dirigió a la cocina del patio—. Pero en realidad es malísima. ¡Yo cocino mejor! Voy a cocinar para ustedes ahora mismo.
—Dijo que mi comida es la mejor. —El abuelo la siguió de inmediato.
—¿Cuándo dijo eso? ¡Él dijo que la comida de su casa era la mejor! —La abuela aceleró el paso.
—¡Tú misma lo dijiste! Que Xiao-Chi siempre presume de que la comida de su abuelo es la mejor. —El abuelo empezó a trotar y se adelantó para entrar a la cocina antes que ella.
—¡Cualquiera se equivoca! —La abuela también se metió enseguida.
Fang Chi, riendo, miró a los ancianos pelearse por la cocina. Luego giró la cabeza y, al ver a Sun Wenqu, volvió a sentirse molesto.
—¿Cómo que te arrastré aquí?
Sun Wenqu tenía una sonrisa en los labios mientras miraba a la pareja discutir en la cocina. Al escuchar eso, solo le dirigió una mirada de reojo a Fang Chi antes de volver a mirar a la cocina.
—¿Cuándo te arrastré hasta aquí? —insistió Fang Chi.
—Vine yo solo, te rogué de rodillas para venir —dijo Sun Wenqu—. Anda, ve y dile a tu abuelo que no dijiste que la comida de tu casa era la mejor ni que arrastraste a alguien a comer.
Fang Chi le lanzó una mirada de soslayo, pero no dijo nada. Solo levantó la mano y llamó a Chico.
—Saluda a tu tío. —Fang Chi señaló a Sun Wenqu.
De inmediato, Chico echó las orejas para atrás y le ladró dos veces.
—Oh, mierda. —Sun Wenqu pegó un salto y arrastró el banquito unos dos metros hacia atrás. Apenas se había sentado de nuevo cuando sintió algo golpearle la mano. Giró la cabeza y vio a un enorme gallo estirando el cuello para picotear su mazorca de maíz por segunda vez. Se levantó de golpe—. ¡Oye!
—Oh, no te darán miedo los pollos, ¿verdad? —preguntó Fang Chi.
—Por supuesto que no. —Sun Wenqu espantó al gallo con la mano y volvió a sentarse—. Antes…
Quiso decir que, antes, cuando su padre lo exilió a las montañas para supervisar las excavaciones de arcilla, y aún vivía en la planta baja, los pollos, después de cacarear un rato a todo pulmón, podían pasearse hasta su habitación como si nada.
Sin embargo, las palabras no salieron de su boca. De repente, no tenía ganas y pensó que carecía de sentido.
En la cocina, los abuelos peleaban mientras preparaban la comida. Fang Chi estaba jugando con el perro bajo el sol, escuchando las conversaciones familiares, sintiéndose muy a gusto.
—¿Tus padres viven en la ciudad? —le preguntó Sun Wenqu de repente.
—No. —Fang Chi lo miró—. Tienen una tienda en el condado del pueblo.
—Oh, ¿entonces tu familia está dividida en tres lugares?
—Mmm —asintió Fang Chi.
—¿Tienes más maíz? —Sun Wenqu miró la mazorca que ya había terminado.
Fang Chi fue a la cocina y regresó con otra.
En poco tiempo, el aroma de la comida salió de la cocina y se mezcló con el inconfundible olor del fogón de leña, despertando el apetito.
—Deberíamos haber traído a tu tío Liang-zi —murmuró Sun Wenqu con un deje de pesar—. Se lo perdió.
—¿Saben ellos que viniste? —preguntó Fang Chi. Si se había ido sin avisar; el líder del grupo debía de estar llevándose un buen susto.
—Lo saben. Les dije que estoy practicando bigu y que saldría a caminar un rato.
—¿Qué culo?[1] —Fang Chi frunció el ceño.
—La ignorancia es aterradora —suspiró Sun Wenqu—. Dije que me duele el culo y que caminar me ayuda a aliviarlo.
Fang Chi lo miró fijamente durante un rato, aún con el ceño fruncido.
—¿Oh, bigu? ¿Eso de no comer?
—Me conmueve que hayas logrado deducirlo —dijo Sun Wenqu.
—¡Pequeño revoltoso, ven a llevar los platos! —gritó la abuela desde la cocina.
—¡Ya voy! —contestó Fang Chi, y corrió primero a sacar una mesa al patio antes de ir a la cocina por los platos.
—Yo… —Sun Wenqu dio un par de pasos hacia la cocina, queriendo ayudar.
—Siéntate y no estorbes —le ordenó Fang Chi, señalando el banquito.
—Ni pensaba moverme, solo estoy esperando para comer. —Sun Wenqu se sentó de inmediato.
Los abuelos de Fang Chi eran muy hospitalarios. Aunque no habían preparado nada especial, los platos eran abundantes y estaban hechos con ingredientes de su propia granja. Hasta una simple sopa de verduras silvestres olía muy bien. Sun Wenqu tenía el ojo puesto en el gran plato de brotes de bambú frito, que se veían tiernos y frescos; y en un plato de pequeños peces, que según le contaron, habían pescado en el arroyo.
—No nos dio tiempo de hacer nada elaborado —comentó el abuelo mientras le acercaba un plato—. Esto es lo que comemos normalmente, pruébalo y dime si te gusta.
—Me gusta, mucho —Sun Wenqu se apresuró a probar un bocado—. Justo quería comer comida casera, así es como sabe mejor.
—Es natural, sin pesticidas, todo lo cultivamos nosotros —dijo la abuela—. En la ciudad no pueden comer estas cosas, ustedes comen lo que aquí ni nos molestaríamos en tocar.
—¡Abuela! —Fang Chi se rio mientras comía—. ¿Qué estás diciendo?
—Estoy diciendo la verdad. —La abuela le dio un codazo a Sun Wenqu—. Shuiqu, come más.[2]
Sun Wenqu se quedó atónito un momento. Fang Chi, que justo estaba bebiendo sopa, al escuchar eso, no pudo contenerse y bajó la cabeza de golpe, escupiendo todo al suelo.
—¡Tu memoria es terrible! —dijo el abuelo—. No es Sun Shuiqu, es Sun… Sun… ¿qué «qu»?
—Me llamo Sun Wenqu —explicó Sun Wenqu, conteniendo la risa—. Wenqu, como en Wenqu na de qing ru xu (¿preguntas cómo el agua puede ser tan clara?). [3]
—Ah… —asintió el abuelo y lo miró—. ¿A quién pregunta?
—… A nadie —Sun Wenqu se atragantó un poco.
—¡Ay, Dios! —Fang Chi tragó la comida que tenía en la boca, se recostó en la silla y se rio tanto que casi no podía respirar—. Mejor deja de explicar, lo enredaste más.
Sun Wenqu lo observó reírse un buen rato antes de susurrar:
—Vaya, ahí están los hoyuelos.
Fang Chi se quedó inmóvil por un segundo. Quiso poner cara seria, pero no lo logró. Tras un par de segundos de esfuerzo, siguió riéndose sin poder parar.
—Ay, ¿no te da vergüenza? —La abuela alargó el brazo y le dio un par de golpecitos en la cabeza con los palillos—. ¿De qué te ríes tanto? Vas a hacer que el pobre Shuiqu… no, ¿cómo era? Vas a hacerlo sentir incómodo.
—Wen —le recordó el abuelo a la abuela—. Como en «preguntas».[4]
—¡¿Preguntar qué?! —La abuela le lanzó una mirada de reojo.
—Da igual, Shuiqu será. —Sun Wenqu ya no pudo contenerse—. Abuela, me llamo Sun Shuiqu.
—Shuiqu. —La abuela le dio unas palmaditas—. Ven a visitarnos cuando quieras. Este pequeño revoltoso nunca ha traído amigos a casa. La verdad es que aquí el aire es bueno, y la comida y el agua son mejores que en la ciudad. Mira qué bien estoy, ¡viviré cien años!
—Hum —asintió Sun Wenqu.
—El abuelo y yo no tenemos mucha educación y no sabemos hablar bonito, pero si vienes, te aseguramos que vas a comer bien —le dijo la abuela dándole otra palmada—. Te cocino lo que quieras.
—No, solo la comida del abuelo es comestible —intervino el abuelo desde un lado.
—Hum. —Sun Wenqu sonrió—. Los dos cocinan delicioso.
—Oh, ven más seguido entonces —le dijo el abuelo.
—Sí. —Sun Wenqu sonrió y miró a Fang Chi—. Me sobra el tiempo, podría venir todos los días.
Notas:
[1] En chino, bigu (辟谷) es una práctica tradicional taoísta que consiste en abstenerse de comer alimentos sólidos para alcanzar estados de purificación y espiritualidad, suena muy similar a pìgu (屁股), que significa “trasero”.
[2] En el texto, SWQ se presenta como “问渠” (Wenqu), que significa literalmente “preguntar al canal” o “preguntar al cauce”., que viene de un verso clásico (问渠那得清如许) usado para referirse a la búsqueda de claridad o conocimiento. Sin embargo, la abuela, que probablemente no está familiarizada con nombres tan literarios o poéticos, lo escucha mal o lo asocia con algo que sí conoce. Una palabra más común, por así decirlo: “水渠” (Shuiqu), que significa “canal de agua” o “acequia”.
[3] El verso “问渠那得清如许” proviene del poema《观书有感》 Reflexiones al leer un libro, escrito por (朱熹) Zhu Xi, un filósofo y erudito confuciano de la dinastía Song. El poema usa una metáfora para expresar la importancia de la renovación y el aprendizaje continuo.El poema completo es:
半亩方塘一鉴开,天光云影共徘徊。
问渠那得清如许?为有源头活水来。
Traducción aproximada: “Un estanque de media hectárea se abre como un espejo, donde la luz del cielo y las sombras de las nubes deambulan juntas. ¿Preguntas cómo el agua del cauce puede ser tan clara? Porque siempre recibe agua fresca del manantial.”
[4] Recap, Wen significa literalmente «preguntar».