Después de comer y beber hasta saciarse, Chi Cheng fue a ducharse.
Wu Suowei, que se quedó afuera, se sentía incómodo; no importaba dónde se sentara, no lograba estar tranquilo. Pasó un largo rato mirando fijamente la puerta, preguntándose si ya era hora de irse. Justo en ese momento, el teléfono de Chi Cheng sonó, justo al lado de la mano de Wu Suowei.
Lo extraño era que Chi Cheng no había guardado el número de Yue Yue en sus contactos. No tenía ningún nombre asignado, solo un número desnudo, pero Wu Suowei lo reconoció de inmediato.
Como movido por una fuerza sobrenatural, presionó el botón para contestar.
—Esposo…
Solo esa palabra pisoteó siete años de profundo cariño por parte de Wu Suowei.
En el pasado, él había sido dedicado, gentil y completamente entregado en su trato hacia Yue Yue, pero ella solo lo había llamado «Wu, el gordo». Ese era su único apodo. Ahora, esta persona autoritaria, dominante, de doble cara y que coqueteaba con cualquiera, era llamada «Esposo» con una voz dulce y afectuosa.
Mientras reflexionaba sobre esto, Chi Cheng salió completamente desnudo.
—¿Quién llamó?
Wu Suowei dirigió su mirada hacia él, con una expresión ligeramente paralizada. Chi Cheng, con su imponente figura plantada frente a él, ese perfecto torso en forma de V, músculos firmes y líneas tan virilmente esculpidas, se erguía como un dios que desprecia a los mortales. Su aura majestuosa hacía que Wu Suowei, a su lado, se sintiera irremediablemente envidioso.
Este hetero sin la más mínima conciencia de sí mismo, lo miro con envidia y no pudo evitar alargar la mano y tocar.
—¿Cómo lo entrenaste?
Y entonces, el “Dios Chi” lo tumbó en la cama, dispuesto a impartir personalmente el gran método para cultivar músculos.
Las manos de Chi Cheng acariciaron un par de veces la cintura de Wu Suowei, y al instante todos los poros de su cuerpo se dilataron.
—¿Tienes cosquillas aquí? —preguntó Chi Cheng.
Sobre este tema, Wu Suowei se sentía muy seguro.
—No. Desde pequeño nunca he tenido miedo a eso.
No estaba presumiendo. Desde niño había sido inmune a las cosquillas. Mientras otros niños rodaban por la cama entre risas, él permanecía firme como una estatua. ¡Inténtalo! ¡Vamos, hazlo! ¡Este señor ni siquiera pestañeará!
Así que Chi Cheng realmente lo intentó. Aunque fue solo un roce ligero, el cuerpo de Wu Suowei se estremeció como si le hubiera recorrido una corriente eléctrica, los hombros temblando de la picazón, incapaz de articular una sola palabra coherente.
¡Mierda! ¿Qué me pasa? Wu Suowei estaba completamente perdido.
Los lugares que Chi Cheng tocaba eran justo esos que Wu Suowei siempre había considerado insensibles: las orejas, el cuello, la clavícula, la nuez… En el pasado, ni siquiera sentía cuando le pasaban una pluma de pollo por ahí, pero ¡¿cómo era que bajo sus manos se volvían tan sensibles?!
—¡¿Me drogaste?! —preguntó con una mirada afilada.
Chi Cheng soltó una risa burlona. —No busques excusas para tu lujuria.
—Oye, ¿a quién llamas lujurioso? Mmh, espera un momento, nosotros…
Chi Cheng envolvió con sus labios la oreja erecta de Wu Suowei, ablandándola de un bocado, mientras su lengua delineaba meticulosamente cada contorno, para finalmente adentrarse sin obstáculos y revolverse como nubes y lluvia. Wu Suowei instantáneamente sintió un zumbido en los oídos, hasta el punto de solo poder escuchar su propia respiración entrecortada.
Esto era antinatural… ¿Cómo podía sentirse tan intenso?
Chi Cheng y Wu Suowei se besaron, mientras los dedos ásperos del primero le rozaban los pezones a través de la camiseta.
El sudor brotó de inmediato en la frente de Wu Suowei, los músculos de sus pantorrillas se tensaron, y sus cejas, normalmente firmes como espadas, se retorcieron como si estuvieran siendo torturadas. Hasta un maestro en la cama como Chi Cheng, al verlo en ese estado, detuvo sus acciones con preocupación y preguntó.
—¿Qué pasa?
—¡Joder, esto es demasiado bueno! —dijo Wu Suowei con la respiración entrecortada.
Chi Cheng soltó una risa ahogada.
—¿Sí? esto apenas comienza.
Mientras decía esto, levantó la camisa y con la lengua dibujó círculos en el pecho izquierdo de grandes a pequeños, concentrándose gradualmente hacia el centro, hasta posarse en el pezón, enrollándolo y frotándolo. El ritmo de sus caricias sincronizaba con los jadeos temblorosos de Wu Suowei. Tras cansarse de jugar con la lengua, usó los dientes para mordisquearlo suavemente, y finalmente lo cubrió con sus labios afilados como un cuchillo, succionando con fuerza hasta producir sonidos húmedos.
Las piernas de Wu Suowei se aferraron con fuerza a las caderas de Chi Cheng, mientras gemía ahogado de placer y dolor.
—No lo hagas así.
Pero Chi Cheng insistió en continuar, y después de terminar con un lado, pasó al otro.
No podía más… Wu Suowei estaba tan extasiado que había perdido el sentido de la orientación. Ante sus ojos solo veía nalgas de mujeres jóvenes, moviéndose tan grácilmente que casi parecían florecer.
—Toca ahí —pidió Wu Suowei.
Chi Cheng fingió no entender.
—¿Dónde?
—Allí.
—¿Dónde?
—Allí.
—¿Dónde?
Wu Suowei: —…!!
Las garras diabólicas de Chi Cheng se deslizaron dentro del jeans de Wu Suowei, rozando la zona más blanda y sensible del interior de sus muslos. Con una sonrisa burlona, interrogó de nuevo:
—¿Dónde?
Wu Suowei logró exprimir dos palabras entre sus dientes apretados:
—El pene.
Chi Cheng finalmente soltó a Wu Suowei. Su gran mano atravesó la zona boscosa, agarró ese pajarito hambriento, lo estiró y alisó hasta que se puso firme. Y al observarlo detenidamente vio que ¡no era tan pequeño! De color vibrante y forma generosa, era profundamente admirado por Chi Cheng. Así que bajó un poco más el calzoncillo, exponiendo por completo la zona íntima.
Wu Suowei, incómodo bajo la mirada de Chi Cheng, intentó bloquearlo con su mano y dijo con tono áspero:
—¿Qué miras tanto?
Chi Cheng quitó con firmeza la mano de Wu Suowei y la presionó contra las sábanas. Sus cinco dedos ejecutaban hábiles trucos en el pájaro macho de Wu Suowei, manejándolo con maestría. Las yemas ásperas de sus dedos giraban y rozaban la sensible cabeza blanda, mientras su caliente palma frotaba de arriba abajo generando electricidad, descendiendo hasta la base para concentrarse en esos grandes huevos que tanto admiraba, pasando de rasguños maliciosos a rápidas palmadas rítmicas que continuaban hasta el interior de los muslos, con una fuerza considerable.
El torso de Wu Suowei se estremecía como si le atravesara una corriente eléctrica. Nunca lo habían tocado así, nunca supo que la masturbación podía ser tan placentera.
En menos de cinco minutos, Wu Suowei ya estaba empujando el brazo de Chi Cheng, resistiendo con fuerza.
No quería venirse frente a Chi Cheng.
Pero Chi Cheng no cedió. Sus dedos presionaron a ambos lados del miembro, realizando una extracción de fuego frotando madera. (En pocas palabras lo masturbo más rápido).
Wu Suowei no pudo soportarlo más. Cruzó las piernas y giró, dándole la espalda a Chi Cheng, escondiendo su pene.
Chi Cheng giró con fuerza el cuerpo de Wu Suowei y, sin mediar palabra, le sacó el pajarito. Con una mano lo masturbó rápidamente, mientras con la otra empuñaba un puño contra su perineo. Para ayudar a Chi Cheng a ejercer más fuerza, Wu Suowei instintivamente separó más las piernas.
—No puedo más…
Wu Suowei esquivaba y sufría. Cada vez que estaba a punto de alcanzar el clímax, retrocedía desesperadamente. Sin tiempo ni para recuperar el aliento, aquella mano malvada volvía a extenderse, ahora con más ferocidad. El placer acumulado en oleadas, estuvo a punto de dejar a Wu Suowei inconsciente.
Quería llorar, quería soltar maldiciones, quería golpear a alguien…
Chi Cheng, al ver que Wu Suowei estaba al borde de estallar, redujo deliberadamente el ritmo. Wu Suowei movía impaciente sus caderas, pero Chi Cheng lo sujetó. Quería que Wu Suowei se corriera lentamente, deseaba observar con detenimiento cada cambio en su expresión antes y después del orgasmo.
Finalmente, un chorro blanco y espeso brotó. Las venas del cuello de Wu Suowei se marcaron exageradamente, su rostro se distorsionó y un gemido ahogado escapó de su garganta descontroladamente.
Chi Cheng no soltó su agarre, continuó moviéndose con lentitud. Junto con un violento temblor de caderas, un segundo chorro salió disparado. Todo el trasero de Wu Suowei estaba cubierto de sudor, empapando incluso las sábanas.
Luego vino un tercer chorro, un cuarto… Durante más de medio minuto continuó viniéndose, hasta que el tono de sus gemidos cambió por completo.
Al final, Chi Cheng usó ambas manos simultáneamente, atacando por dos frentes, encendiendo la última chispa bajo la entrepierna de Wu Suowei. Lo quemó hasta dejarlo mentalmente confundido, sin voluntad alguna; lo quemó hasta hacer que su trasero se levantara de la sábana, sus caderas convulsionando a alta frecuencia; lo quemó hasta que sus pupilas perdieron el enfoque y su voz se volvió instantáneamente ronca…
Pasó un buen rato antes de que pudiera recuperarse.
—Te has venido mucho— dijo Chi Cheng, extendiendo deliberadamente su mano frente a Wu Suowei.
Wu Suowei lo miró con expresión ausente por un momento, hasta que su pajarito se estremeció dos veces y ¡se alzó de nuevo!
Esto sí que tomó a Chi Cheng por sorpresa. No pudo evitar soltar una risa mientras agarraba el cuello enrojecido de Wu Suowei, burlándose:
—Vaya, parece que es una buena pistola, capaz de disparar en ráfaga.
Cuando un hombre es dominado por el deseo animal, rasga su máscara de falsa virtud y revela su naturaleza salvaje. Wu Suowei nunca había experimentado un placer así. Ahora, cada recuerdo le provocaba visiones lascivas que le hacían hervir la sangre. Y justo frente a él tenía a un dios de los músculos con tono seductor, nalgas firmes y poderosas, y una mirada sensual y provocativa…
La mano de Wu Suowei se extendió hacia adelante.
Chi Cheng sonrió burlonamente:
—¿Quieres más?
Apenas terminó de preguntar, sus fornidas nalgas fueron agarradas con fuerza. Wu Suowei le lanzó una mirada provocativa, sin rastro de temor, mientras sus dedos amasaban firmemente las nalgas de Chi Cheng. Insatisfecho, pellizcó hacia los lados internos, hasta finalmente llegar al borde mismo de la raja del culo.
Era la primera vez que alguien se atrevía a hacer algo así en la cama de Chi Cheng.
—¿Jugar con el culo de este anciano? ¿Te cansaste de vivir?
—Déjame follarte una vez —Wu Suowei soltó de pronto.
Las pupilas de Chi Cheng se oscurecieron instantáneamente, sus aterradores ojos de tigre clavándose en Wu Suowei
—¿Qué dijiste?
Wu Suowei, con la voz ronca y áspera, gruñó:
—De todos modos ya te has follado a tantos, uno más no te hará diferencia. Yo nunca me he tirado a un hombre, déjame disfrutar esta vez.
—¿Usarme—para—tu—disfrute?
Estas cuatro palabras pronunciadas por Chi Cheng, cada una parecía capaz de hacer eco al golpear el suelo.
Wu Suowei no bromeaba en absoluto:
— Creo que tu trasero es bastante firme, no debería haber problema. Honestamente, eres el primer hombre que ha despertado mi deseo, no me decepciones.

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