× Capítulo 69: ¡Estrangúlalo! ×

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 No pasó mucho tiempo antes de que unos jadeos pesados resonaran desde la cama contigua.

Wu Suowei miró furtivamente, pero la escena frente a él le quemó los ojos. Chi Cheng recostado en la cabecera de la cama, con su perfil esculpido como a hachazos salpicado de gotas de sudor, el arco de sus cejas huesudas sobresaliendo con arrogancia, su mirada de águila clavada en un punto, rebosante de lujuria. El enorme miembro entre sus piernas se alzaba imponente, grueso y rígido. ¿Cuántos habían gemido como almas en pena bajo ese azote? ¿Cuántos lo habían anhelado hasta en sueños?…

Y sin embargo, había alguien que lo despreciaba como a un trapo viejo, y aún así seguía mirando fijamente con enormes ojos.

—¡Aparta la vista!

La última vez, Chi Cheng había obligado a Wu Suowei a mirar para estimularlo y avergonzarlo; ahora no quería que mirara, temiendo que su ardiente mirada quemara lo que quedaba de su fuerza de voluntad. Ya lo había follado mil ochocientas veces en su mente, solo faltaba ponerlo en práctica. El joven Chi siempre había sido alguien resuelto, que actuaba en cuanto se le ocurría algo, pero esta vez fue la única excepción.

No lograba comprenderlo, era solo un calvito estúpido, ¿qué habría de malo en follarlo? Hacer sangrar el culo, destriparlo, hacerlo llorar hasta quedar ronco… ¿Acaso no eran cosas ya habituales? ¿Por qué todo eso se volvía tan cruel cuando se trataba de él?

Chi Cheng retenía un aliento de furia en su pecho, sus movimientos eran violentos, hasta el punto de casi soltar chispas por la fricción.

Wu Suowei miraba fijamente la pared blanca, murmurando para sí mismo: ¿De verdad quiere… estar conmigo?

Su corazón no podía soportarlo, y volvió a girar la cabeza.

—Déjame ayudarte.

Pero recibió un grito furioso a cambio: 

—¡Quédate quieto!

Wu Suowei ya se había sentado en la cama.

—No te preocupes, lo hago voluntariamente. Masturbarse no implica problemas de amigos con beneficios.

Chi Cheng rechinó los dientes en secreto, ¡Benditos ancestros! ¡Deja de complicar las cosas! Con solo mirarme así ya quiero follarte. Si te acercas a mí, ¿no vienes buscando la muerte?

—Si te mueves otra vez, te follaré sin negociar.

Con un golpe seco, volvió a tirarse sobre la cama, dándole la espalda a Chi Cheng.

Esta es la característica esencial de un hombre heterosexual, siempre creen que su pene es lo más importante, así que le presentan su trasero hacia los demás.

—¡Acuéstate boca arriba! —advirtió Chi Cheng.

Wu Suowei alzó el dedo medio: 

—No caeré en tu trampa. Ni intentes engañarme para que me mueva. ¡No soy tonto!

Chi Cheng se contuvo hasta casi sangrar por dentro y acabó corriéndose por toda su mano. Incluso el pequeño Xiao Cu Bao se asombró: Padrino, ¿qué te pasa? ¡¿Me escupes tantos renacuajos para hacerme compañía?! Chi Cheng atrajo a Xiao Cu Bao hacia sí, le acarició la cabeza con ternura y luego echó un vistazo al enorme trasero frente a él. Sin duda, su bebé serpiente era el más obediente.

A medianoche, Wu Suowei se despertó para ir al baño, y caminando en la oscuridad terminó subiéndose a la cama de Chi Cheng.

No fue a propósito; iba aturdido y no encontró el lugar correcto.

Chi Cheng abrió los ojos al instante. ¿En serio vienes a mi cama a buscar problemas, justo cuando llevo media noche mirando tu enorme trasero y empezaba a tener sueño? Sin exagerar, el miembro de Chi Cheng, que apenas se había ablandado, se alzó de nuevo. A menos de tres centímetros de la entrada que tanto anhelaba con solo un poco de determinación, el éxtasis llegaría de inmediato.

Wu Suowei gimió un par de veces y, sin previo aviso, soltó un grito:

—¡Prepárate para lo que viene!

Siguió escuchando, los suaves ronquidos que flotaban en el aire. Al parecer alguien dormía profundamente.

Ni qué decir, este idiota seguro estaba soplando figuras de azúcar en sus sueños.

Wu Suowei no sabía que sus palabras inconscientes, escapadas entre sueños, habían ablandado por completo el corazón de Chi Cheng.

Esa noche fue una verdadera tortura para Chi Cheng.

¿Y si lo pateaba fuera de la cama? No, no podría soportar hacerlo. ¿Llevarlo en brazos? Seguro terminaría haciéndolo a mitad del camino. No podía tocarlo, ni mirarlo siquiera. Al final, depositó sus esperanzas en Xiao Cu Bao. Los dos se quedaron mirándose, ojos grandes contra ojos pequeños.

Chi Cheng: 

—¡Invadió tu territorio, debes contraatacar! ¿No eres el mejor en esto? ¡Estrangúlalo, estrangúlalo con fuerza, oblígalo a volver a su cama! ¡Ve!

Xiao Cu Bao retorció su cuerpo, arrastrándose perezosamente entre los dos. Movió la cola y bajo la mirada abrasadora de Chi Cheng, de repente se lanzó sobre él, enroscándose alrededor de su cuello una y otra vez.

Chi Cheng apretó los dientes: 

—¡Mierda, te dije que lo estrangularas a él! ¿Por qué me estrangulas a mí?

Traducido por 21Rb_BINGQIU
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