NARRATIVA DESDE EL PUNTO DE VISTA DE JASON.
Trató de no pensar en Eris, es por eso que visitaba con frecuencia a Helena. Se sentía aliviado al ver esa hermosa sonrisa y a Helena que asentía mientras escuchaba sus historias sin ninguna señal de disgusto.
Como era de esperar, con Helena se sentía bien, con ella no pensó que tendría que volver a tener esas pesadillas. Pronto sucedería la ceremonia para el nombramiento de caballeros y Jason se dispuso a cumplir la promesa que se había hecho a sí mismo ese día. A ella, le haría el juramento que solo se puede hacer una vez en la vida.
—Deseo hacer un juramento de caballero.
El día de la ceremonia de ordenación, fue deliberado el que no se detuviera a pesar de que sabía que Eris estaba escuchando en el jardín.
Él sabía que cuando eran niños, Eris acosaba en secreto a Helena, en el pasado lo había tolerado, pero ahora que estaba decidido a proteger a Helena no lo soportaría más.
—¡Jason! ¡Solo puedes hacer el juramento una vez en tu vida! ¿Por qué me lo dices?
—Quiero hacerlo porque solo tengo una vez y quiero que seas tú, Helena.
Tal vez sería bueno que se casaran, la vida en el palacio imperial es muy dura. Sería mucho más cómodo y agradable vivir como una duquesa que vivir como una simple doncella y, mientras pensaba en los niños que se parecerían a Helena y corrían por el jardín, una sonrisa se dibujó en todo su rostro.
Helena lo necesitaría.
Jason se arrodillo, sacó la espada de su cintura y se la entregó a Helena diciendo con un susurro.
—Yo, Jason Kazar, prometo lealtad y obediencia hacia Helena Antlebloom frente a Dios, incluso si el camino es un sendero de dificultades y adversidades estoy dispuesto a seguirlo y no caeré ante ninguna tentación.
—…Jason.
—Helena, incluso si no puedo caminar por el mismo sendero que tú, quiero mantenerme a tu lado hasta el final, por favor permíteme hacer eso.
Sus delgadas manos eran vacilantes, poco a poco se acercaron a su cabeza y pudo escuchar que el número de espectadores aumentó a uno, pero eso no le importo.
Alec, que siempre estaba un paso atrás, huiría de nuevo gracias a su miedo. Todo salió tal y como lo esperaba Jason, excepto por una persona.
—Entonces apuñálame ahora.
—¿Qué?
—¿No estás sosteniendo una espada? Puedes apuñalarme con eso.
Eris Mizerian miró directamente a Jason, esos ojos verdes sin vida lo abrumaron y vacilante dio un paso atrás, pero Eris no se detuvo y avanzó hacia donde estaba.
Jason soltó instintivamente su espada y sujetó las muñecas de Eris para defenderse. No era porque tuviera una actitud temerosa; Eris acercó su rostro con una mirada feroz.
—Si vas a amenazar a alguien… Para la próxima vez, asegúrate de apuñalarlo.
—Tú… ¿Quién eres?
Eris Mizerian no era ese tipo de chica.
Eris Mizerian no podía llegar a tener ese tipo de pensamientos ni de acciones; sin embargo, ella se rió del incrédulo Jason y cambió su tono de voz.
—Sir Kazar nunca estuvo interesado en mí. Esa es una pregunta nueva.
Jason no pudo negarlo. Él casi se había olvidado de la existencia de Eris. En esos tiempos pasaban su tiempo juntos, pero su interacción se limitaba a los saludos cordiales y ni siquiera había tenido una charla adecuada.
Para él, Eris Mizerian era como un simple personaje de fondo. Uno que siempre estaba cuando iba a visitar a Alec y Helena.
Dentro de él, pudo sentir como una niña con el nombre de Eris Mizerian se rompía en mil pedazos. Jason intentaba juntar esas piezas, pero le era imposible.
No conocía a Eris Mizerian e incluso cuando trato de imaginarlo, todo se volvía borroso. La difuminación de su existencia asustó a Jason sobre todas las cosas.
Jason, que siempre estuvo resentido con el mundo que parecía estar bien a pesar de su ausencia, de alguna manera, se sentía triste y angustiado.
Jason apretó sus puños vacíos durante mucho tiempo, incluso cuando Eris ya se había marchado.
El maestro de la espada Jason, fue incapaz de soportar escuchar los chismes sobre Eris. Incluso las cosas más pequeñas en las que Jason jamás había pensado, fueron criticadas cuando ellas las hizo. Solo en ese momento Jason entendió por qué la pequeña Eris estaba obsesionada con la perfección. Hubo muchos que dijeron que ella era la culpable a pesar de que no tenía la culpa de nada y a pesar de todo eso; Eris nunca se quejó.
No, de hecho, él nunca vio que se quejara por algo.
Siempre mantuvo su cabeza erguida y puso una máscara de desprecio en lugar de tristeza. Solo hasta ahora supo, que su mecanismo de defensa era ser traviesa con alguien y que incluso su último mecanismo de defensa se volvía inútil cuando se trataba de Alec, porque incluso si era él quien la despreciaba, era su opinión la que más valoraba.
Finalmente, cuando Jason vio como Eris caía desde ese precipicio, Jason se dio cuenta de que su curiosidad no debería limitarse a ser solo “curiosidad”
Su esbelto cuerpo caía sin ni siquiera detenerse a pensar; Jason cayó junto con ella. Sin embargo, en lugar de estar agradecida por haberla salvado, Eris estaba ocupada empujándolo para alejarlo.
Eris, que nunca se había preocupado por sí misma. Eris dijo que no le importaba si tenía más enemigos. Eris dijo que estaba bien morir, porque no sentía ni pena o aprecio por su vida.
¿Qué es lo que pasó con ella mientras él no estaba aquí?
La chica que no se autodestruía pero que era capaz de herir a otros ya no se arrepentía de nada. Hablaba descuidadamente, actuaba sin medir el riesgo y vivía para morir.
Jason, que siempre había anhelado la vida, no podía entender a Eris. No podía entenderla y ni siquiera era capaz de saber qué hacer.
Cometió errores que era incapaz de deshacer y cuanto más intentaba arreglarlo las cosas terminaban peor y Jason por primera vez escapó.
—Las acusaciones y castigos para lady Mizerian se darán una vez que regrese a la capital, pero serán indulgentes, así que no te enojes mucho.
Después de dejar ir a una lady Mizerian enojada, Jason recurrió a algo más fácil, alguien con quien no necesitaba ser cuidadoso o tratar con delicadeza.
Si los mataba, todo se acababa.
Entre los cadáveres, Jason estaba solo y pensó que sería bueno intentarlo; siempre ha confiado en su propio esfuerzo y en su perseverancia. Pensaba seguir hablando con Eris Mizerian, si lo intentaba y le enseñaba, puede que ella algún día piense que morir es una verdadera pena y no solo ella, sino los demás también.
Hubo un tiempo en que pensaba de esa manera.
Si Jason Kazar era amable con Eris Mizerian, todo el mundo diría que esa afirmación era cierta.
Pero las relaciones humanas son diferentes de cualquier tipo de ecuación o máquina. La bondad no produce favores de manera incondicional; además, algunas de las relaciones no son capaces de restaurarse solo con un pequeño esfuerzo individual.
Desafortunadamente, Jason se dio cuenta de eso demasiado tarde.
Eris fue a la mansión para el baile de debutante de su hermana menor, estaba vestida de manera muy distinta a lo habitual. Aparentaba su edad, solo después de verla, Jason se dio cuenta de que Eris era más joven que él.
La Eris que él recordaba siempre había sido madura, incluso más que él. Ella era brillante, ingeniosa pero también despiadada y viciosa… Es por eso que él asumió que era verdad lo que todos decían; por lo general los hechos son de esa manera.
Quizás lo que todos veían no era más que su caparazón llamado Eris Mizerian y en su interior seguía siendo una niña delicada que continuaba luchando.
Ahora frente a sus ojos, el duro caparazón de Eris Mizerian, se estaba desprendiendo poco a poco.
Jason no fue el que hizo que eso pasara. Estaba hablando con Alec, que fue la única persona que pudo derribarla.
—Me di cuenta que la bondad no puede ser llamada amor.
Jason trató de ser amable.
—Érase una vez, que pensé que si seguía amándolo, su alteza me amaría. Esa fue la razón por la que estaba tan obsesionada con la posición de ser la princesa heredera. Necesitaba una posición donde pudiera ser vista cuando su alteza se girará; ese era el único lugar donde podía esperar con confianza a su alteza.
Jason necesitaba un lugar para descansar.
—He crecido… Y me di cuenta que su Alteza nunca me amaría en su vida. ¿No está bien que descanse un poco ahora?
Jason no pudo crecer.
—El objetivo de mi vida era convertirme en la princesa heredera y ser amada. Puede que para otros sea divertido, pero para mí fue tan importante como la profecía de Sir Kazar. Después de renunciar a esas cosas, ¿por qué debería de arrepentirme?
Eris había estado actuando como si el ser amado fuera el valor de su existencia.
Ella que amaba a Alec y le hubiera encantado casarse con él, que creía que convertirse en Emperatriz era el final de su vida
¿Por qué amabas tanto a Alec? Es lo que Jason quería preguntarle.
Solo después de que Jason vio a Eris, pudo ver a través de su pasado. El que creía que matar a un dragón era todo lo que tenía que hacer. La forma en que había estado viviendo hasta ahora no era vida. Fue solo después de una cierta cantidad de tiempo, que de mala gana contuvo su respiración debido a su responsabilidad.
¿Eris no sabía cómo lidiar con eso? Si supiera como hacerlo, no estaría pensando en morir.
Tanto Eris como él se estaban distanciando, y no porque no pudieran encontrar su propósito, sino que cada uno compensaba las deficiencias del otro.
Tal vez se necesitaban el uno al otro.
La idea casi se confirmó cuando Alec dijo que llevaría a Helena como su acompañante en el baile de debut de su hermana.
—…Voy a llevar a Helena al baile de debut de tu hermana.
Alec miró la reacción de Jason tras decirle esas palabras, pero Jason estaba centrado en otros pensamientos.
No había forma de que Eris se rindiera en el baile de debutantes de la familia Kazar y si no podía convertirse en princesa heredera, su siguiente mejor opción sería él. Incluso en su ceremonia de mayoría de edad, ella le tendió la mano.
—¿Estás bien?
Jason no se dio cuenta de la pregunta que Alec le había formulado.
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