CAPÍTULO 70

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La Emperatriz se quedó callada por un rato en cuanto me vio.

—Has perdido peso.

Pero la Emperatriz que me había dicho eso también estaba mucho más delgada que antes. El Palacio de la Emperatriz era un lugar lleno de lujos y brillos, pero parecía estar más vacío.

Después de todo, no importa lo bien que uno vista, las cosas ricas que coma, todo eso se vuelve inútil si no es feliz. La Emperatriz estaba igual de vacía, pero aun así se rió.

No había venido hasta su palacio solo para hablar o compartir consejos. Saqué la taza de té que había estado bien escondida entre mis brazos y se la entregué a la Emperatriz.

Ella miró la taza, pero no la tomó.

—Hay veneno en la taza de té que tiene los cuatro pétalos dibujados cerca del mango.

—¿No dijiste que moriríamos juntos?

—¿No basta con que beba el té después de que lo beba el Emperador? ¿No hice ya suficiente?

La Emperatriz se rió y solo entonces comenzó a mirar la taza de té con interés.

—¿Sería una regla implícita hacer una taza de té como esta solo una vez para que no deje rastro?

—¿Es así? No lo sabía. De todos modos, hágalo usted misma. ¿Debería decirle cómo hacerlo?

Dije, imitando deliberadamente al marqués mientras inclinaba la cabeza. Ella hizo contacto visual conmigo. Le di la taza de té; pensé que, si me quedaba más tiempo con ella, sería capaz de hacerme revelar las cosas que no deseaba contar.

—Entonces, adiós.

—… Si te llegaran a atrapar por el asesinato, serás encerrada en la habitación donde te quedaste la última vez.

Gire la cabeza para ver a la Emperatriz; ella no me observaba, en cambio, estaba mirando la ventana antes de continuar hablando.

—En ese lugar hay un pasaje secreto debajo de la cama. Si bajas las escaleras de ese pasaje, te llevará al pasillo subterráneo en el que estuviste la última vez. Es una ruta de escape secreta que se ha transmitido solo a la familia imperial de generación a generación en caso de una rebelión.

—Ya no soy miembro de la familia imperial, así que fingiré que no lo sé.

Odiaba al marqués, deseaba morir, entonces, ¿por qué tan de repente me quiere salvar? ¿Es su propia redención? Si es así, será en vano. Es porque mi propósito no es sobrevivir después de vengarme.

Me reí y me alejé despacio en el pasillo frío.

—No es la Emperatriz la única que desea morir.

La Emperatriz que me miraba con los ojos abiertos. Después ella se rió como si estuviera llorando. Sus ojos estaban rojos como si estuviera a punto de llorar, pero las lágrimas no fueron derramadas y su voz no temblaba.

—Algunas personas llaman a esa apariencia rota “el ejemplo de la familia imperial” —Susurró en voz baja— ¿Cómo? ¿Cómo es posible que todas las personas que he intentado salvar no me escuchan?

Cuando escuché esas palabras, recordé la obra de teatro que vi.

A la Emperatriz, rogándole a su hijo para que escapara, ¿también le dijo del pasaje? ¿La Emperatriz moriría en ese lugar sin salir por ese pasillo, aunque lo deseara? ¿Cuántas historias que no he leído de este mundo quedan?

Cuando abrí la puerta y salí, vi al Príncipe Heredero que estaba allí esperando. Me sorprendió mucho, pero cuando recordé lo que pasaría, pensé que sería una reacción hiperactiva.

Era algo que él no era capaz de recordar. Solo era yo la que se aferraba a esa desesperación.

Está bien, lo maté para defenderme y todo terminó allí, pero el Príncipe Heredero sujetó mi muñeca y mi corazón, que se sacudió, se hundió.

Perdí la fuerza en mis piernas, por lo que me llevó arrastras sin que pusiera mucha resistencia, y a pesar de que mi mente estaba en blanco, solo se me ocurrió una cosa.

Debía de llamar a Anakin.

Él debe de estar por aquí.

En el momento en que apenas abrí la boca, el príncipe me soltó violentamente la mano; apenas pude alejarme en el retroceso y golpear mi espalda con la pared.

Me dolía, pero miré al príncipe.

—¿Qué trucos estás haciendo?

—¿No aprendió los modales de cómo tratar a una dama?

—¿Es verdad que deseabas romper el compromiso de matrimonio?

¿Qué tonterías está diciendo? Esto era tan ridículo que levanté la cabeza y me reí.

Como me estaba riendo, el príncipe se acercó y sujetó mis hombros con fuerza.

—¡Pregunte si es verdad!

—¡Sí! ¡Tú también querías que eso pasara! ¿Acaso no querías eso de mí? ¿Cómo te atreves a gritarme en lugar de agradecerme?

El príncipe estaba bastante avergonzado cuando yo estaba tan molesta. Las cosas ya eran así, no tenía que preocuparme de nada; después de todo, “Lady Mizerian” estaba loca.

Ya no tenía la protección del marqués, no era la prometida del príncipe heredero; esto es todo lo que necesitaba para incluso poder matarlo, así que quité sus manos de mis hombros y le respondí.

—Te daré un consejo: arregla ese mal hábito de gritar. ¿Acaso estás sordo? Si solo gritas, vas a parecer un loco.

—¡Cómo te atreves? ¡Te atreves a insultarme!

Me estremecí cuando golpeó el suelo con su pie. Este lugar era un pasillo del Palacio Imperial en plena luz del día, por lo que había un montón de ojos y oídos. Puede pegarme, pero no podrá hacer nada que me preocupe, por lo que levanté la cabeza ligeramente y le contesté.

—Si te molesta, es tu problema; por lo menos deberías de intentar cortarme el cuello por insultar a la familia imperial. Se contará a lo largo de muchas generaciones sobre cómo el príncipe heredero mató a su exprometida con sus propias manos.

El príncipe heredero hizo una expresión extraña y bastante compleja; de alguna manera, la relación entre Eris y él había encontrado su fórmula establecida a pesar de que era invisible.

La Eris que estaba ciega y el príncipe que solo la rechazaba. El príncipe que la insulta y la Eris que era paciente.

Cuando esta fórmula se rompió, el príncipe no supo qué hacer.

—…Tú… has cambiado.

—¿Cambiar? ¿Yo?

—Sí.

Eso es todo lo que pudo escupir al final.

Yo solo estaba imitando a Eris y, a excepción del marqués, nadie se dio cuenta de que yo no era Eris.

No creo que haya sido demasiado buena imitando a Eris, es solo que no estaban interesados en conocerla.

Si te cortas el cabello, es porque sabes que lo tienes largo y puedes hacerlo, pero ¿el maquillaje, la actitud y la forma de hablar? Cuando esas pequeñas cosas cambian, se pueden notar y eso demuestra que aquellas personas que se dan cuenta de eso, es porque estaban prestando atención.

Probablemente fue por la misma razón por la que constantemente preguntas a tus seres queridos al respecto.

La gente dice que he cambiado, pero la razón por la que la gente ha cambiado es por un tema que no pueden reconocer.

Un lado de mi pecho se enfrió.

Cuanto más peleaba, más sentía que mi inteligencia desaparecía. Iba a darme la vuelta, si tan solo las palabras del príncipe heredero no hubieran comenzado un incendio.

—Me amas.

¿Cómo se atreve…?

—¿Puedes decir tal cosa?

Mis dientes rechinaron. ¿Amor? ¿Cómo se atreve a poner esas palabras en su boca?

Yo no soy Eris Mizerian, así que nunca podré imitarla a la perfección.

Hay muchas cosas que son diferentes entre ella y yo.

Desde la forma en que hablaba, sus hábitos, la personalidad… Entre las muchas diferencias que pudo haber reconocido, lo que reconoció fue la más insignificante de ellas, la “Eris que no ama al Príncipe Heredero”.

No es que no supiera que en el ser humano las emociones fueran tan variantes, es solo que no podía creer que Eris ya no lo amaba.

Empezaba a creer que Eris no era la misma, solo porque ya no lo amaba.

¿La existencia de Eris se reduce a amar al príncipe heredero?

No pude soportarlo, ni siquiera era capaz de definir exactamente qué tipo de sentimiento tenía. Todo esto era una locura. Sí, estaba atrapado en un mundo loco, por lo que no pude evitar reírme; luego, con voz baja, le dije al príncipe.

—¿Quiere escuchar una historia?

Me acerqué y acaricié la mejilla del príncipe. Su cuerpo estaba frío y congelado.

—Había una vez una chica. Ella era una niña que creía que se convertiría en la princesa heredera. No sé por qué soñaba con eso, pero desde el momento en que podía recordar, ella creció escuchando que se convertiría en la princesa heredera, ¿o solo tenía un pequeño y tonto deseo donde se enamoraba del príncipe y se casaba con él?…

—Eris Mizerian.

—¡Cállate y escucha! Por cierto… la niña que había estado tratando de convertirse en la princesa heredera durante toda su vida, de repente se dio cuenta de que todo su esfuerzo era inútil. No podía soñar con el amor y no recibiría ni una sola recompensa a pesar de que se esforzaba tanto.

Deseaba poder destrozar esa cara. ¿Por qué vine a este mundo? ¿Por qué tuve que sufrir al llegar a este mundo desconocido? Estaba molesta, por lo que mis ojos se pusieron brillosos.

—Es por eso que esa niña pidió un deseo. Quería desaparecer de este mundo. Se supone que desaparecería con el viento, pero Dios … ¿Qué puede hacer? Bueno, ya sea porque tuvo mucha suerte o era una desgracia, un dragón que pasaba escuchó su deseo y lo hizo realidad sacrificando su corazón.

—Tú…

—¿Lo sabes? ¿Puedes adivinar quién soy?

Fue una pregunta lanzada en un tono trivial, pero pronto el hombre frente a mí se convirtió en un desastre.

Ese hombre me observó con una cara llena de terror que nunca antes había visto; era como si por fin hubiera visto a una desconocida.

*** ** **

NARRATIVA CENTRADA EN ALECTO (ALEC)

Alecto nació como el príncipe heredero; fue criado para ser el príncipe heredero. Eso significaba que, tan pronto como aprendió a caminar, tuvo que aprender defensa personal y, tan pronto como comenzó a hablar, se le enseñó toda la educación especial por ser el príncipe heredero.

Alecto tuvo que aprender a levantarse solo; aunque se cayera y aunque se esperara que eso fuera lo natural para el príncipe heredero, la verdad es que era duro para un niño.

Tenía el nombre de Alecto, pero nadie lo llamaba de esa forma; para todos, Alecto solo era el “Príncipe Heredero” o “Su Alteza”.

Su padre, el Emperador, no estaba interesado en él desde un inicio y su madre, la Emperatriz, lo trataba con frialdad conforme crecía.

Su niñera también era amigable con él, pero eso solo era un acto al estar bajo la mirada de las demás personas; cuando otros no estaban observando, ella solo lo trataba por obligación.

No hubo un toque afectuoso.

Si le preguntaran si la niñera lo regañó, él respondería que no y era la verdad, pero en el vasto Palacio Imperial, Alecto no tenía un lugar a donde acudir y la indiferencia a veces era mucho más cruel que la violencia.

Al principio lo intentó; solo tenía que dar lo mejor de sí. Creía que si hacía las cosas bien, entonces las personas lo alabarían y lo amarían. Sin embargo, la esperanza se fue desgastando a causa del constante desprecio.

Y de esa manera Alecto se convirtió en un chico frío que era digno del Palacio Imperial.

♦♦◊♦♦ ♦♦◊♦♦

¡Gracias por la ayuda, Hikari~

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