NARRATIVA CENTRADA EN ALECTO (ALEC)
—¿Estás perdido?
Una niña se acercó a Alecto, quien había crecido sufriendo de afecto. Al inicio, él pensó que ella era un ángel, ya que era muy hermosa y el hecho de que ella fuera un poco torpe e ignorante también jugó un papel importante para eliminar las sospechas, pero como solo los ángeles viven en el cielo, el suelo debe de ser un lugar extraño para ellos.
Sin embargo, cuando la miró de cerca, pudo ver que ella estaba usando un uniforme de sirvienta aprendiz y no había alas en la parte trasera de su espalda y la temperatura de su mano era cálida.
La niña debió de pensar que él era un niño noble que había venido al Palacio Imperial y por eso amablemente lo estaba guiando por el camino. Si ella en verdad se tratara de un ángel, le habría pedido que lo llevaran al cielo.
El cielo era cálido y acogedor y dice que vivirán felizmente allí.
Pero a Alec le agradó la niña que lo guiaba a la salida del jardín imperial, así que Alec sujetó con fuerza su mano y no dijo ni una sola palabra; continuó fingiendo que se trataba de algún hijo de un noble.
Era la primera vez que no iba a una de sus clases y se alejaba del palacio imperial.
La niña dijo que se llamaba Helena y él dijo que se llamaba “Alec”. La niña era la hija de su niñera, y ciertamente le faltaba mucho para ser educada, pero eso era mejor.
Helena fue la única que vio a Alecto como Alecto y él la engañó diciendo que no se trataba del príncipe heredero, pero eso no era un gran problema. De cualquier modo, como ella era una sirvienta de bajo rango, no podría abordarlo a él del mismo modo, ya que era de un estatus mayor que el de ella.
Poco a poco, Alecto comenzó a depender de Helena de manera emocional. Pensaba en ella, confiaba en ella.
Le gustaba esa niña.
Su rostro siempre sonriente era bonito, era brillante, inocente y encantador; incluso si era torpe, siempre lo intentaba. Es por eso que deseaba estar con ella, se sentía cómodo a su lado.
Alecto no sabía el nombre de esa emoción.
—Yo…Su Alteza, el príncipe… he sido grosera… por-por favor, perdóneme.
Pero un día, cuando Helena lo vio y ella dudó en hablar con “Su Alteza el Príncipe Heredero”, mientras lo miraba de una forma como si la regañaran, él pensó que no quería tener esa distancia.
No deseaba que se conocieran como el príncipe heredero y una doncella.
—No me llames de esa… forma.
Había tantas personas que lo llamaban por ese nombre en ese Palacio Imperial, por eso esperaba que por lo menos la joven frente a él no lo hiciera. Solo deseaba seguir siendo Helena y Alec.
Alecto estaba aterrorizado por primera vez de perder esa calidez.
—No me llames así… por favor.
Por primera vez en su vida, Alecto suplicó.
Como ni siquiera sabía cómo arrodillarse, simplemente enterró su cabeza en el hombro de Helena y oró en voz baja. Mientras sus ojos miraban abajo, pudo ver cómo abría y cerraba su pequeño puño, como si estuviera entrando en pánico.
Estaba bien si lo reprendían porque era un tonto e inmaduro. Estaba bien si era criticado por no actuar como un príncipe, siempre y cuando se pudiera aferrar a esa niña.
Helena levantó con cuidado la cabeza de Alec con sus manos cálidas y le dijo con ternura, mientras le secaba las lágrimas que no sabía que estaban fluyendo.
—Entonces… ¿Somos amigos?
Amigos. Recordó que el mes pasado conoció a la facción del Duque Kazar y a su hijo; dijeron que deseaban que se acercaran para que fueran compañeros. Creo que debe de ser una relación similar y si eso pudiera atarla…
Alec asintió y, a partir de ese día, Alec y Helena se hicieron amigos.
Desde el principio a Alec no le gustó lady Mizerian. Helena y ella eran muy diferentes. Desde la ropa costosa, la risa educada, el tono de un adulto.
Odio su actitud que se esforzaba por ganarse su agrado desde el primer momento que se conocieron. Le dijeron que esa niña fue elegida para ser su prometida.
Él estaba harto de tener que casarse con una niña pequeña y de apariencia muy joven. Si tuviera que casarse con alguien, hubiera sido mucho mejor que su pareja fuera Helena, pero Alec se mordió la lengua.
Cuando Eris y el marqués se despidieron a regañadientes de tener que dejar el palacio imperial para regresar, la niñera le susurró de una manera diferente a la habitual.
Cuando le preguntaron el porqué, ella pronunció las palabras como si las estuviera esperando; en sus ojos se veía la locura.
La niñera que originalmente pertenecía a la familia noble de los Antlebloom, junto con el ex príncipe heredero y su facción, fueron ejecutados por traición; incluso la niñera que estaba embarazada de Helena apenas y pudo sobrevivir, todo gracias a que su madre y ella eran amigas, por lo que pidió fervientemente que la perdonaran.
—¡Es la familia más malvada del mundo, su alteza!
Cuando Ale supo la verdad, se sintió mareado. El trato frío de su madre y su niñera. El abandono de su padre y la gente del palacio que pasó por un momento difícil… Solo entonces pudo darse cuenta de todas esas razones; sin embargo, conocer y comprender son cosas muy diferentes.
Alecto no estaba del todo convencido.
—Padre, no…Su Majestad. ¿Por qué…?
La niñera no pudo decir nada y comenzó a llorar. Alecto se frotó la cara con sus manos y pensó en todo eso. Si no fuera por culpa del marqués, tal vez hubiera sido Helena quien se convertiría en su prometida.
Se podría ver siendo capaz de caminar a su lado por el resto de su vida sin tener que mentirle al respecto de que solo la considera una amiga.
Un rincón de su corazón se enfrió y de esa manera su odio nació.
Eris Mizerian vivía entre los lujos. Gastaba miles de monedas de oro tan solo en lo que vestía y comía y su personalidad era tan molesta, ya que notaba hasta los defectos más pequeños; además, tenía la personalidad de un matón.
Ella era la “prometida del príncipe heredero” y por eso tenía todo tipo de prestigio.
Rumores, rumores y más rumores. Alec estaba harto de todo tipo de chismes que llegaban hasta sus oídos.
Escuchó sobre su apariencia en el baile de debut de la señorita Morgan, que ella llevaba el mismo vestido, por lo que ignoraron a lady Morgan y cuando escuchó que ella incluso le quitó a su pareja, estaba sorprendido.
Alec sabía que ese era uno de sus trucos para llamar su atención. Eso es porque ella misma lo dijo de manera descarada en una reunión después del baile de debut.
—¿Qué tiene que ver eso conmigo?
No quería darle el gusto a Eris de verlo enojado y celoso, por lo que fingió deliberadamente que no le interesaba en lo mínimo. Pensó que incluso ver su cara llena de decepción sería abominable.
Sobre todo, lo que no podía soportar es el hecho de que Eris había acosado en secreto a Helena.
No fue hasta que vio sus uñas marcadas en el cuerpo de Helena por accidente, pero ella no pudo decirle a nadie si se sentía mal. Helena era de naturaleza buena y amable.
Dejando atrás a Helena, levantó la voz tan pronto como Eris entró en el palacio. Al principio fingió ser inocente, pero después se puso ansiosa.
—Es una persona humilde que limpia el palacio, su Alteza. ¿Cómo puede hacerme esto?
—¿Cómo te atreves a llamar humilde al hermano de leche de su alteza? ¿Quién te crees que eres?
—¿Me pone al mismo nivel que eso?
—¿Qué quieres decir? Ni siquiera sería justo para ella.
Tan pronto como la esperanza pasó de largo, por el rostro de Eris apareció un atisbo de ira. Ella era muy joven, pero era tan malvada como su padre, por lo que no existía el afecto.
—La gente como tú ni siquiera puede alcanzar los dedos de los pies de Helena.
Ah, por fin.
Ver su cara contorsionada fue tan refrescante; siempre deseo poder ver esa expresión. Ese oscuro y feo rostro al descubierto sin tener que usar esa máscara de sonrisa fingida.
Cuanto más se esforzaba Eris, Alecto se preocupaba más por Helena, ella que siempre lo había hecho sentir cómodo.
Familia, amigos, amante…Helena fue la persona que llenó todos los vacíos que faltaban. No había nada más que pudiera desear con Helena… o eso es lo que pensaba.
En un día soleado a principios de verano, en el que pensó que sería bueno sentarse en el jardín y disfrutar de la compañía de Helena, un asistente le llamó.
El asistente se acercó y le dijo que la emperatriz lo llamaba.
Su cuerpo se puso rígido, era inevitable; después de todo, había pasado mucho tiempo desde que su madre lo había llamado.
Después de que se limpió el sudor de sus manos, Alec llamó a la puerta y entró a la habitación.
Sin embargo, a pesar de que entró en la habitación, su madre no lo miró y le dijo que fuera con el asistente a despedir a Lady Mizerian.
Como no puede odiar a su madre, la tristeza y la ira se concentraron sin cesar en “objetos que se pueden odiar”.
En la distancia, pudo ver a Eris acurrucada en un rincón del jardín. A pesar de que trató de no hacer ruido al acercarse, ella era la hija de una serpiente, por lo que rápidamente levantó su cuerpo y miró hacia su dirección.
Al reconocer el rostro de la persona, su semblante se iluminó. Se eliminaron las lágrimas, pero la nariz roja y los ojos brillosos no pudieron ser ocultados, pero Alec fingió que no tenían por qué ser reales; además, no tenía nada que ver con él.
—¿Está aquí para despedirme?
—Date prisa y vete del Palacio.
—Lo veré de nuevo tan pronto como sea posible. Algún día, su Alteza se encariñará conmigo.
Cuando Alec escuchó eso, sin querer habló con honestidad. Dijo una de las verdades más frías y agudas que cualquier otro tipo de insulto.
Lo que dijo ese día fue:
—Ojalá no hubieras nacido.
Las pupilas de la niña se agrandaron. Como si hubiera escuchado algo que no debería de haber oído, ella parpadeó sin comprender. Alec sabía que cometió un error, pero no sabía cómo disculparse. No, no quería disculparse y, por fin, las lágrimas cayeron de los ojos de esa niña una vez más.
—Lo lamento…Debería irme ahora…
Eris abandonó apresuradamente el lugar.
Alecto volvió con la Emperatriz en silencio y le informo del progreso. Mintió por primera vez cuando ella le preguntó si Eris había llorado. De alguna manera sintió que debía de hacerlo.
Eris pronto volvió a tener una cara sonriente. Alec pensó que ya estaba cansado de eso, pero por otro lado se sintió aliviado. A partir de esa tarde, Alec se volvió cada vez más insensible hacia el maltrato que le daba a Eris; después de todo pensaba que estaba bien.
Hasta un día que le informaron que no podía asistir al Palacio Imperial debido a un accidente.
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¡Gracias por la ayuda, Hikari~