—Anakin, ¿tienes algo que quieras hacer además de ser un mercenario?
Si no tuvieras ningún remordimiento en este mundo, ¿podrías seguirme? El viento levantó mis cabellos.
No, dejemos de pensar en eso. Decidí que me quedaría aquí. Mientras me mordía los labios, Anakin, que estaba mirando la bebida frente a él, levantó la mirada.
—No lo sé. No creo tener otras opciones, pero incluso si la tuviera, no creo que haya cambiado algo. —Anakin tomó un sorbo de la bebida.
—Ni siquiera tenía la necesidad de tener un nombre como el de todos, incluso pude dejar que Cynthia me pusiera uno.
¿No sentía la necesidad?
De alguna manera, Anakin se parecía mucho a la madre de Eris, a Quies Mizerian, que no deseaba nada y nada le interesaba.
Quizás es por esa razón que estas dos personas se pudieran acercar tanto en esta historia. Estaba escrito que Eris se sentía sola por la ausencia de su madre.
¿Están tan en blanco los papeles secundarios que no sean los de Eris? Si fuera de los actores secundarios de Helena, ¿el escritor habría establecido más detalles de lo que tienen ahora?
Mientras apretaba mi boca con pensamientos de eso y aquello, Anakin inmediatamente dejó el vaso y sonrió un poco.
Sus ojos claros me miraron directamente.
Deseaba besar esa comisura de sus labios que estaba ligeramente elevada. ¿Incluso si no estamos en el salón de baile, me aceptaría?
—…Creo que fue buena idea que no me dieran un nombre. Me gusta el nombre que me dio mi maestra.
Si no nos hubiéramos conocido aquí, al igual que mis otros amantes cuando estaba en Corean, si me viera en la escuela o con los demás siendo una persona normal y corriente, si nos hubiéramos conocido antes, ¿nos habríamos enamorado?
La respuesta salió más fácil de lo que pensaba. Seguía usando el collar que le di.
No importa cuánto en la vida haya sido una serie de arrepentimientos; todos vivíamos con la agonía de suponer las cosas que son o no son, pero parece que se ha vuelto más severo en mi caso después de que entré en la novela.
¿Era posible regresar a la posada después de estar en la tienda? ¿Qué es lo que habría cambiado si no hubiera pedido un deseo mientras caminaba en la noche por esas bonitas tiendas?
No, si lo pensaba ahora, el maldito factor que hizo que se llevara a cabo la acción no fui yo.
De lo contrario, no sabía que escucharía las noticias de Helena en una floristería en donde me detuve para bromear un poco con Anakin.
No, no. Todo esto no eran más que excusas. De hecho, la verdad es que sí deseaba regresar.
Una vez que salió el sol y las puertas de la frontera se abrieron, terminé por cambiar de opinión en el mismo lugar donde solo hacía falta que diera un paso para cruzar la línea.
No pude evitarlo.
No me podía engarñarme a mí misma.
Me enseñaron a que debía de esforzarme porque no había nadie que me pudiera reemplazar; incluso cuando de mi propia boca salieron las palabras de que no necesitaba tener sentimientos, la verdad es que me sentí un poco complacida porque ella estaba en una buena posición.
Era una posición llamada “Princesa Heredera” que tarde o temprano se convertiría en la emperatriz.
El casarse con un amigo de la infancia, con un apuesto príncipe salido de un cuento de hadas, no fue una oportunidad tan mala en esa vida de doncella que llevaba.
Se estaba haciendo realidad la novela que leí y concluí que yo solo la estaba ayudando un poco, pero la verdad es que nunca me pregunté: ¿está bien que ella se case con el príncipe? No, esa no era la verdadera pregunta: ¿ella deseaba casarse con el príncipe?
El hecho de que no pude escuchar la respuesta aquella vez, aún presionaba mi pecho; no, tal vez era la cara de llanto lo que presionaba a mi corazón.
No…no, antes ya la había visto llorar.
En la ceremonia de mayoría de edad de Eris, incluso fui yo la que le dijo a Helena que estaba bien si lloraba, porque había experimentado algo de lo cual ella no era culpable.
Si lo pensaba detenidamente, ella aún era joven. Estaba en la edad en la que uno apenas ingresa a la universidad. Si hubiera escuchado su historia cuando estaba en Corea de que debía de casarse, le habría dicho algo.
Sé que todo esto no es más que una locura y que es absurdo el aplicar las leyes coreanas a este mundo; si alguien me viera, es posible que me diga que estoy haciendo un lío inútil.
Pero si regreso con Helena para escuchar su respuesta y ella dice que no quiere casarse, ¿debo de romper el compromiso?
No puedo hacer que sea infeliz solo porque me agrade.
Mientras olía el aroma de las flores, bajé lentamente la mano y enterré el dorso de mi mano que no sostenía la flor en mi frente.
Me reí.
Después de levantar la cabeza, le pregunté a Anakin.
—¿Debemos de tratar de vivir felices?
Incluso ante mi pregunta repentina, Anakin no preguntó nada, simplemente me miró y asistió.
Una leve sonrisa estaba en su rostro.
Ahí está de nuevo. Esa mirada que me gusta. De hecho, no hay nada en él que no me guste.
—Sí, debí de haber sido feliz.
El futuro que debía de pasar y aquellas cosas que jamás pasarían. Yo, siendo una maestra y Anakin un cazador.
Un día para ganar dinero, él estaría tejiendo o trabajando en la posada mientras se escucha la melodía de un instrumento.
Donde se apreciaban las constelaciones y se vendía el nombre de Medea, que era una bruja.
Puede que llegue un día en el que me arrepienta de haber tomado esa decisión, pero de alguna manera, estaba convencida de que vendría un futuro aún más feliz de aquel que acabábamos de perder.
—Seremos felices.
Incluso si no huimos, seremos felices.
No había necesidad de huir, por lo que el camino de regreso a la capital fue obviamente más rápido que cuando salí corriendo. Aun así, faltaban dos días para la boda y porque el tiempo no era suficiente, cuando llegué por la calle, pude ver toda la capital que estaba llena de preparativos para el matrimonio.
No solo había flores y paños blancos en cada calle, sino que cada uno estaba felicitando y celebrando la boda del príncipe.
Así es, la boda de Helena y el Príncipe Heredero fue un evento importante que se describió en diez capítulos, por lo que valió la pena.
El problema era que no podía entrar al Palacio Imperial. Mi condición de prometida desapareció, por lo que estaba en una situación en la que no podía hablar a menos que la familia imperial me llamara.
Cuando entró a hurtadillas, la seguridad era más estricta que nunca. Incluso pensé en usar el pasaje subterráneo, pero ahora que el marqués fue liberado, fue un inconveniente.
En la novela original no sé cómo entró Eris en el palacio.
¿O fue el día de la boda? Pero no pudo esperar hasta entonces. No importa lo que pensara, no podía ir al salón de bodas diciendo: “No tenía la confianza para hablar, pero este matrimonio no es válido”.
Estaba pensando en morderme las uñas, pero al final, tuve que pensar en la cara de una persona.
—¿No estabas tratando de escapar?
—Bueno, sucedió de alguna manera.
Cuando llamé a la ahora familiar puerta de madera, Medea me miró torcidamente. Honestamente, fui yo quien la apuñalo, así que evité su mirada. Medea, que me miró, suspiró y luego se alejó.
—Siéntate y habla primero.
Me senté en el sofá y probé el té de mal gusto que Medea había hervido, y luego de vacilar y abrí la boca.
Primero expliqué la situación en el pasado. Es una historia de cómo se arruinó y, aunque llegé a la frontera, regresé.
—¿Y qué?
—Quería poder hablar con Helena.
—¿Piensas en mí como un vendedor ambulante? ¿O como alguien que soluciona los problemas?
Uff, parece que está molesta.
Bueno, cada vez que pensaba en hacer algo, buscaba la ayuda de Medea; no debería verse bien desde su punto de vista. De todos modos, fui yo la que estaba decepcionada, así que puse los ojos en blanco y hablé con el tono de voz de una hormiga.
—Yo haré lo que sea que me pidas.
—¿Qué es lo que puedes hacer?
—Lo que pidas.
—Deberías de ser valiente. ¿Que crees que te lo voy a pedir?
No, ¿por qué estás dando tantas vueltas?
¡Se me acaba el tiempo! Honestamente, sabía que era mi culpa y ella estaba molesta. Salte, la miré y apreté mis dientes.
—Voy a manejarlo. ¿Por qué estás tan parlanchina?
—¿Incluso si te digo que te quedes en este mundo?
—¡Ah!
La absurda pregunta me hizo reír automáticamente.
—Hay que pedir un precio que se ajuste a mi condición, ¿por qué más vendría a ti? Puedo correr al palacio imperial fingiendo estar loca y, si me quedo en este mundo, ¿eso estará bien?
Cynthia todavía me quería más; si ella tuviera que elegir, ¿me elegiría a mí?
—Definitivamente podría arruinar tu próximo plan, por lo que debes de tener cuidado —dije.
—¿Me estás amenazando?
—…Estoy pidiendo un favor.
Medea me miró por un momento y luego sonrió de una manera tan brillante.
Extendió su mano y agarró mi cuello, como si estuviera midiendo si era capaz de romperlo, pero pronto se levantó y se dirigió al espejo de cuerpo entero que estaba en la esquina.
—Está bien, vamos a que te encuentres con ella.
Me pidió que mirara directamente el espejo y que imaginara el rostro de la persona a la que deseaba ver.
Tenía que sentir que estaba haciendo contacto visual con ella. Eso fue fácil de decir, pero muy complicado de hacer para mí, ya que mi cuerpo no estaba familiarizado con la magia.
Sin embargo, como resultado de cerrar los ojos y de tratar de concentrarme, la pude ver, la apariencia de Helena que brillaba intensamente en el espejo cuando abrí mis ojos.
Ya fuera que estuviera preparándose para el matrimonio o no, no llevaba ropas de una doncella. Helena estaba sorprendida, pero de inmediato saque el tema principal de lo que deseaba decir.
—Si no quieres, di que no.
—¿Qué?
—Si deseas huir, dime que eso es lo que quieres hacer.
La miré a los ojos y dije exactamente.
No mencioné nada más que eso.
De todos modos, ella sabría de lo que estaba hablando incluso si no le mencionara el tema.
—Entonces te dejaré escapar sin importar lo que tenga que hacer.
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¡Gracias por la ayuda, Hikari~