CAPÍTULO 80

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Yo fui la única incapaz de hacer una práctica de disección de peces o ranas y mucho menos de personas. Ni siquiera podía decir qué tan fuerte tenía que apuñalarla.

Con cada segundo que pasaba, me dolía el estómago a causa de la tensión.

¿Y si entré en la habitación equivocada? Estaba pensando si lo mejor era que me levantara y buscara en otra habitación, pero la puerta se abrió.

Helena, con un hermoso vestido blanco, entró en la habitación y me miró a los ojos. Sin una señal de estar sorprendida, le dijo algo a su asistente detrás de la puerta y ella misma tomó la tetera y la taza de té.

Cuando la puerta se cerró, me preguntó en voz baja.

—¿Desea una taza de té? —Helena se rio y me tranquilizó mientras revisaba mi expresión.

Ella estaba tan tranquila y calmada que me sentí incómoda; todo esto era extraño. 

—Nadie va a venir por un rato.

Ahora que lo pienso, ¿por qué Helena no se sorprendió al verme?

*** ** ***

Helena creía que todas las personas son buenas por naturaleza, no podía sospechar de nadie; a pesar de que era aburrida por naturaleza, siempre tendía a darle vuelta a sus sentimientos, por lo que sospechar de los demás era algo malo. 

Incluso si una persona se puede perder una vez, si de manera constante le muestras confianza y afecto, eventualmente volverá a su buena naturaleza, por lo que cuando se dio cuenta de que Eris Mizerian era diferente, se mostró indiferente, como si no supiera nada… Pero la verdad es que ella estaba desilusionada de alguna forma.

Una vez, cuando la Emperatriz la mandó a llamar, vio a Eris y Alecto que estaban hablando lejos. Como estaba preocupada de que se estuvieran peleando, ella caminó más rápido y, en ese momento, Eris sujetó las dos mejillas de Alecto y acercó su rostro.

Helena, que estaba un poco avergonzada, se escondió rápidamente detrás de un pilar sin darse cuenta; sería aún más vergonzoso si hacía contacto visual con ellos, pero por más que esperó no escuchó el sonido de un beso.

Dudosa de hacerlo, Helena volvió a mirar un poco y en ese momento Eris comenzó a hablar en voz baja.

Cuando la voz de ella comenzó a elevarse, pensó que debía de salir para detenerlos, pero tuvo un sentimiento muy fuerte de que no debía de ser atrapada.

Como si la gravedad estuviera sujetando sus tobillos, hacía que se quedara en el mismo lugar sin poder dar un paso. Para Helena, que no pudo dar un paso, no tuvo más remedio que escuchar.

—“Oye, ¿puedes adivinar quién soy?”

Helena, que seguía escondida detrás de ese pilar, dejó de respirar. Podría sospechar que se trataba de una mentira, pero de alguna manera la campana en su cabeza sonó con fuerza, gritando que era verdad.

Su corazón se hundió, se mareó y no era capaz de creer que la persona con la que se había encontrado hasta ahora no era “Eris”.

Helena se atrevió a pensar que la conocía bien, pero en ese momento se dio cuenta de que eso era solo arrogancia por su parte.

—“Si no eres Eris, ¿dónde está esa niña?”

—“Ella está muerta, no… es mejor decir que se ha ido para siempre”.

—“Te odio, ojalá que las personas como tú se mueran”.

Esas fueron las palabras que escuchó un día en que la encontró llorando; al verla, un profundo dolor atravesó el corazón de Helena.

—“Sin ti, no hubiera sido tan odiada”.

Incluso cuando la mujer con la apariencia de Eris desapareció, Helena fue incapaz de moverse; estaba clavada en su sitio.

¿Por qué no se dio cuenta? ¿En qué forma cambió? ¿Cuándo inicio? Por más que estaba estrujando sus recuerdos, no podía saber la respuesta.

Helena era una persona que tenía mucho cariño. Algunos incluso expresaron que era demasiado, que ella solía dar su corazón fácilmente en tan poco tiempo, por lo que llegaría un día en que la lastimarían, pero al contrario de lo que los demás pensaban, ella no resultó herida por eso. Más bien fueron las personas a su alrededor las que estaban siendo lastimadas.

Era gracioso, ella nunca les pidió amor, pero la ilusión no tardó en romperse, porque ella se daba cuenta con solo mirar la forma en que los demás le hablaban y la miraban; ella pensó que era especial.

Por eso, cuando esa ilusión se rompió, la gente acusó a Helena de sacudir a los corazones; era algo que a ella le avergonzaba. Ella se sentía mal cuando malinterpretaba su amabilidad. Pensó que no debía de haberles dado una oportunidad.

La verdad es que Helena no estaba resentida ni molesta; después de todo, se volvió una discusión en la que no obtendría nada. Ni siquiera se arrepintió de que se preocupara por ellos. 

Lo único que Helena lamentaba es que no sintieran lo mismo. Las personas que criticaban a Helena solían sentirse menos, siempre fue de esa manera.

Alecto y Jason eran personas especiales para ella, eran “amigos” y al menos no la culpaban por esas cosas, por eso Helena deseaba mantener esa relación de amistad el mayor tiempo posible.

Solo hubo una persona a la que no le gustó.

—“¿De verdad crees que te has convertido en un noble porque su Alteza te trata con amabilidad? ¿O te atreves a querer elevar tu estatus de la casa traidora?”

Las personas pueden odiar a alguien de esa forma.

Helena, que estaba lejos por naturaleza del odio, se dio cuenta de que ese sentimiento podía enfermar a la gente más de lo que pensaba, lo sabía con solo ver a Eris, pero de alguna manera Helena no odiaba a Eris.

Más bien pensaba que Eris era mejor como persona, de esas que pueden cambiar de opinión; incluso tenía la extraña confianza de que si todos los traicionaban, no sería Eris.

De pie frente a Eris, al menos Helena no tenía que preocuparse por esa “ilusión”.

Ella no cambiaría tanto… Ella siempre…

Nunca pensó que Alecto pudiera sentir algo por ella; en primer lugar, estaba la gran diferencia en sus estatus y habían estado juntos desde la infancia.

Los demás podían pensar que Alecto trataba a Helena de una forma especial, pero solo se debía a que ese trato se debía a que eran “amigos cercanos”, porque era una de las pocas personas a las que podían compartir su corazón.

La noche en que Alecto se confesó, la luna era más grande que nunca y el jardín trasero estaba tan iluminado como si fuera de día.

Pudo recordar la voz temblorosa de Alecto, su rostro que preguntaba cuidadosamente por su intención, un rostro que estaba ligeramente rojo a causa de la emoción.

Fue en ese momento en que Helena se dio cuenta de que en verdad le gustaba Alecto; fue su rostro con el cual estaba tan familiarizada, la misma forma en la que Eris miraba a Alecto.

Helena quería a Alecto; sin embargo, no podría responder si le preguntaba si tenía la confianza para quererlo como amante.

Dado que había pasado mucho tiempo, Alecto formaba parte de su vida; era difícil de imaginar incluso si llegara el día en que se casara y dejara el palacio y ya nunca más podrían reunirse.

Un ser que siempre ha estado en su vida, ¿puede ser ese tipo de sentimiento? ¿Puede amar a Alecto? Helena estaba confundida al respecto.

Eris le dijo que intentara querer a Alecto si en su corazón no había nadie, a pesar de que ella amaba a Alecto más que nadie y después de haber pisoteado su infancia diciendo que estaba saliendo. Eris dijo con toda la calma que estaba cansada de Alecto e incluso la ayudó activamente para ponerla a un lado de él, tal vez pensando que no fue suficiente para declararlo.

Eris sostuvo la mano de Helena, le enseñó de manera cuidadosa. Si le dijeron eso a todas las personas que conocían a Eris, no le creerían.

—“Puedes cambiar de opinión. Tienes el derecho y el poder para hacerlo.”

Helena Antlebloom siempre ha vivido de forma sumisa, porque no había forma para ella. Se limitaba a sonreír sin importar a lo que se enfrentara; no dijo nada y fingía no saber.

La chica que la hizo sentir las cosas más difíciles que nadie, ahora está tratando de mostrarle un nuevo camino.

—“Si te arrepientes, puedes aprender. Aumenta tu estatus y también aumentará tu poder”

Si aprendo tal como dijo Eris, ¿qué sería diferente si ganaba algo de fuerza?

—“Tenga en cuenta que, una vez que tengas el poder, puedes hacer tanto: ya sea para vengarte de mí como para rechazar tu situación”.

¿Finalmente puedo odiar o amar algo sin el permiso de alguien?

Aprender algo fue difícil, pero lo disfrutó. También fue interesante aprender letras, etiqueta y baile de Eris.

Estaba de buen humor.

Hasta ahora, el mundo de Helena se ha centrado en el palacio y de vez en cuando escuchaba la situación fuera de la capital gracias a Heebris, un sacerdote al que se acercó, o a Jason en sus aventuras, pero fueron eventos en fragmentos, por lo que no podía entender las cosas que sucedían.

Estaba casi ciega, por lo que no podía leer incluso si un libro o periódico llegaba a su mano. En resumen, no había conocimientos previos.

Escuchó por Heebris que hay muchos huérfanos en la capital, pero no sabía por qué. 

Escuchó la historia de Jason como mercenario en el gremio, pero no sabía por qué el Imperio desarrolló un negocio de mercenarios.

Debido a la Guerra Mágica antes de que ella naciera, promovió el negocio de mercenarios para eliminar a los monstruos en el país y el negocio de mercenarios creció rápidamente con base en los huérfanos que surgieron de la guerra de los hechiceros, ya que fue fácil incluso para los asistentes que no tenían un negocio familiar.

Sin embargo, el negocio de los mercenarios es una luz para los huérfanos; también fue una sombra, porque la tasa de supervivencia de los mercenarios era solo del 60 por ciento.

♦♦◊♦♦ ♦♦◊♦♦

¡Gracias por la ayuda, Hikari~

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x