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EL TELÉFONO DE SUN Wenqu sonó varias veces, pero este no lo levantó para mirar quién llamaba ni una sola vez.
Ma Liang echó un vistazo desde la puerta, pero no entró.
A pesar de que técnicamente ese era su despacho, ahora le pertenecía a Sun Wenqu, quien llevaba allí toda la tarde y la mitad de la noche, sin siquiera haber comido un solo bocado.
Sun Wenqu era alguien que, la mayor parte del tiempo —incluidas las horas de sueño—, parecía despreocupado y desinteresado. Sin embargo, a pesar de su rechazo y frustración hacia las habilidades que lo habían acompañado desde su niñez, cuando se ponía a trabajar de verdad, daba la impresión de estar tan inmerso en ello que parecía hundirse hasta el fondo de un mar, incapaz de poder salir a flote.
Ma Liang pensaba que las palabras «fascinación» u «obsesión» no alcanzaban para describirlo; era incapaz de encontrar una descripción adecuada.
No fue hasta casi las diez que Sun Wenqu dejó su lápiz y salió del despacho.
—Come algo. —Hu Yuanyuan se levantó de inmediato—. Te lo calentaré.
—Quiero fideos, cuñada, ¿puedes prepararme un tazón? —Sun Wenqu miró su teléfono. Era un dispositivo nuevo y aún no se sentía cómodo con él. Tras varios intentos, logró desbloquearlo y vio unas cuantas llamadas perdidas, dos de ellas de Fang Chi—. También agrégale esas salchichas que te traje, solo un poco.
—Está bien. —Hu Yuanyuan entró en la cocina.
—No te has pe-perdido nada importante, ¿verdad? —preguntó Ma Liang—. Ese teléfono ha estado sonando to-toda la tarde.
—¿Y qué cosa importante podría perderme? —Sun Wenqu dejó su teléfono a un lado y se sentó junto a Ma Liang—. Más tarde conduciré de vuelta. Estoy muerto de sueño.
—Yo te llevo —dijo Ma Liang.
—No hace falta —respondió Sun Wenqu, bostezando—. Mañana tengo que salir, así que me llevo el auto.
—Bueno. —Ma Liang le dio una palmada en el hombro—. Siempre te digo que uses la co-computadora para hacer los diseños, es más rápido. ¿Por qué insistes en di-dibujar a mano?
—No sé usarla —dijo Sun Wenqu, cerrando los ojos. Justo cuando Ma Liang estaba por hablar, añadió—: No empieces con eso de que aprenda. No quiero aprender.
Ma Liang se echó a reír.
Si dejaba de lado las clases privadas a Fang Chi, Sun Wenqu en realidad no había hecho nada que pudiera considerarse «serio» en muchos años. Antes de comer, estaba bien, solo se sentía un poco somnoliento. Pero luego de comer el tazón de fideos que Hu Yuanyuan le había preparado, parecía como si el agotamiento dentro de él se hubiera activado de golpe.
Tal vez porque los fideos con salchicha eran demasiado buenos. Aunque si los hubiera cocinado Fang Chi, habrían sabido todavía mejor… No, en realidad, la habilidad de Hu Yuanyuan superaba con creces la de Fang Chi.
Sun Wenqu volvió a bostezar y la carretera frente a él se volvió un poco borrosa. Se frotó los ojos, encendió la música en el auto y subió el volumen al máximo.
Ese sonido atronador que haría que cualquier corazón saltara y se estremeciera lo despertó al instante.
—Hey-you! Wake up! —gritó con voz ronca, tamborileando en el volante con los dedos.
Hey-you! Wake up!
Open your swollen eyes,
Erosion invades your mind,
A cancer that grows over time…
Hey-you! Rise up! [1]
Sun Wenqu se sintió tan renovado al escuchar la canción que siguió tarareándola muy fuerte.
En ese momento, el auto dobló una esquina y se encontró de frente con la escuela de Fang Chi. Sun Wenqu chasqueó la lengua al recordar la cara que había puesto el otro cuando lo vio aquel día y al chico que estaba de pie a su lado, que le prestó una atención excesiva, más de la que debería prestarse a un extraño en todo caso.
No.
No lo soy.
Sun Wenqu chasqueó la lengua un par de veces más
«Si no lo eres, que así sea».
Las clases nocturnas ya habían terminado y el camino estaba lleno de estudiantes llevando sus mochilas, así que Sun Wenqu echó un par de miradas, pensando que, si veía a Fang Chi, le daría un aventón.
Sin embargo, a pesar de que condujo hasta que la multitud de estudiantes se dispersó, no vio a nadie con unos grandes auriculares puestos corriendo por la acera.
Ese tramo de la carretera estaba hecho un asco, y aunque llevaba dos meses así, todavía no había sido reparado; el ritmo del auto rebotando por los baches era casi el mismo que el redoble de la música.
Sun Wenqu iba cantando a gritos y dando botes mientras conducía, así que para cuando vio el gran charco de agua por delante —que probablemente se había formado debido a una tubería rota—, ya era demasiado tarde para esquivarlo.
—They have tried to break you… —Sun Wenqu tampoco se molestó en esquivar, condujo directamente a través del charco.
Fue solo cuando el agua salpicó que vio que había alguien en la acera.
«Mierda».
Ya era demasiado tarde para frenar.
Mientras miraba por el retrovisor pidiendo perdón en silencio al desafortunado transeúnte, ese transeúnte levantó la mano de repente. Luego, Sun Wenqu escuchó un fuerte golpe en la parte trasera del auto, que pareció ir acompañado de un crujido.
«¡Maldito bastardo!».
Sun Wenqu detuvo el auto tan pronto como pasó el charco, abrió la puerta y se bajó de un salto.
Miró primero la parte trasera del auto y, al ver que el lado derecho de la carcasa de los faros estaba agrietada, se enojó un poco y se dio vuelta para mirar al transeúnte.
—¡Oye! —gritó—. Bastar… ¿Fang Chi?
Resultó ser el estudiante Fang Xiao-Chi, que llevaba puestos unos grandes auriculares pero que por alguna razón no estaba corriendo.
—Ah… —Fang Chi parecía sorprendido al verlo. Se quedó inmóvil, congelado en su sitio. El único movimiento que hizo fue quitarse los auriculares de la cabeza y colgárselos del cuello.
—¿Golpeaste mi auto? —Sun Wenqu lo miró con el ceño fruncido—. Hey-you! Rise up! ¡El siervo emancipado canta!
—Estoy harto de los idiotas que no frenan cuando hay agua… No sabía que eras tú… —respondió Fang Chi, recuperándose. Se limpió la cara y se dio unas palmaditas en la ropa—. Me han salpicado con agua sucia, ¿no es normal querer golpear a alguien?
—¿Qué usaste? —Sun Wenqu miró el faro roto y cambió rápidamente de tema—. Vaya fuerza que tienes.
—Esto. —Fang Chi alzó la mano.
Sun Wenqu lo miró, Fang Chi sostenía una cuerda. En un extremo había un aro que parecía parte de su equipo de escalada.
—¿Vas por ahí cargando eso? —Sun Wenqu lo miró, totalmente incrédulo.
—Es para defensa personal. —Fang Chi guardó la cuerda de nuevo en su mochila, caminó hacia el costado del auto y miró el faro—. Yo… te ayudaré a arreglarlo.
—¿Cómo? —Sun Wenqu se le quedó mirando.
—En un taller de reparaciones. —Fang Chi vaciló—. O dime cuánto cuesta y te daré el dinero.
—Déjalo. —Sun Wenqu le dio una patada a la llanta—. No es gran cosa, lo llevaré a que me lo arregle un amigo. Al final esto me lo busqué yo solo.
—Oh… ¿Y tu amigo no te cobra?
—No —respondió Sun Wenqu con un simple asentimiento.
Fang Chi no dijo nada más ni se movió, solo se quedó allí de pie.
Sun Wenqu todavía quería preguntarle por qué le había llamado, pero cuando giró la cabeza y vio la incomodidad y vergüenza en cada centímetro de su rostro, las palabras se enredaron un momento en su lengua.
—Entonces yo… —dijo Fang Chi.
—Entonces tú… —Sun Wenqu habló al mismo tiempo, pero al quedarse esperando que el otro siguiera, Fang Chi se quedó callado. Sun Wenqu sintió que hasta él estaba empezando a sentirse incómodo—. ¿Me llamaste por algo?
—Ah, sí —asintió Fang Chi de inmediato—. Quería decirte que Fang Ying devolvió treinta mil, puedo darte ese dinero primero.
—No hay prisa. —Sun Wenqu hizo un gesto casual con la mano—. No es como si pudieras escapar.
—Oh. —Fang Chi asintió y volvió a quedarse en silencio.
Sun Wenqu lo miró cara a cara durante un rato, pero al final no pudo soportarlo más. Dio media vuelta y abrió la puerta del auto.
—Sube, te llevaré. —Antes de que Fang Chi pudiera decir algo, cambió de opinión, rodeó el auto y abrió la puerta del copiloto—. No, mejor llévame tú.
Fang Chi parecía indeciso. Avanzó un paso hacia el asiento del conductor, pero se quedó allí sin moverse.
—¿Qué pasa? ¿Muy audaz ahora que anulamos el contrato de servicio? —Sun Wenqu se subió al auto—. Estoy muerto de sueño, si sigo manejando seguro choco. Llévame a casa.
Fang Chi entró y arrojó su mochila en el asiento trasero. Tan pronto como arrancó el coche, la música comenzó a sonar a un volumen ensordecedor. Fang Chi dio un respingo y casi se le apaga el motor de nuevo.
—Santa mierda. —Bajó el volumen de inmediato—. Todavía no has llegado a los treinta y ya estás tan sordo…
—Now it’s time to take control / Of your life… —Sun Wenqu se rio, se echó hacia atrás y cerró los ojos—. Life… Life… Life... Si no te gusta, apágala.
—Cambiemos de canción. —Fang Chi pasó a la siguiente canción y sacó el auto.
La música comenzó de nuevo, esta vez mucho más suave y llevadera, aunque después de un par de versos también se volvió bastante intensa, pero todavía dentro del rango de aceptación de Fang Chi.
—Invisible Wounds —dijo Sun Wenqu sin abrir los ojos—. Me gusta esa, ¿a ti no?
—No está mal —respondió Fang Chi—. He escuchado esa, es de Resident Evil, ¿verdad?
—Dark bodies floating in darkness. —Sun Wenqu empezó a cantar—. No sign of light ever given…
Fang Chi no pudo evitar voltear a mirar a Sun Wenqu.
La pronunciación en inglés de Sun Wenqu era agradable de escuchar, pero todavía tenía La Pastora en su MP3 y la imagen de él tocando el erhu seguía fresca en su memoria. Era realmente difícil unir a ese Sun Wenqu con el que tenía al lado ahora mismo, quien cantaba a todo pulmón con los ojos cerrados.
—Imprisoned in a world without a memory… Da-da-da-da… —Sun Wenqu cantó otra línea.
—¿Por qué da otra vez? —Fang Chi se sorprendió.
—Se me olvidó la letra. —Sun Wenqu se rio.
Fang Chi no dijo nada más. Sun Wenqu también dejó de cantar y se quedó en silencio, con los ojos cerrados. Cuando llegaron a casa de Sun Wenqu, Fang Chi descubrió que en realidad se había quedado dormido.
—Ya llegamos. —Fang Chi le dio un pequeño empujón.
Tuvo que empujarlo varias veces antes de que despertara. Fang Chi incluso pudo ver los vasos sanguíneos estallando en sus ojos rojos.
—Oye, ¿qué hiciste para estar así de cansado?
—Una batalla de veinticuatro horas en la cama. —Sun Wenqu bostezó, abrió la puerta y bajó del coche.
Fang Chi frunció el ceño, bajó detrás de él y cerró la puerta antes de pasarle las llaves.
—Mañana… —Sun Wenqu tomó las llaves y comenzó a decir algo, pero se detuvo y sonrió—. Ah, cierto, anulado. Bueno, está bien, gracias.
—Te devolveré el dinero lo antes posible —dijo Fang Chi.
—No hay problema. —Sun Wenqu abrió la puerta del patio y entró—. Ni siquiera contaba con que pudieras pagarlo.
De vuelta en casa, Sun Wenqu ni siquiera se bañó. Se dejó caer en la cama y se quedó dormido de inmediato.
Así estaba bien, se ahorraba mucho tiempo de dar vueltas y vueltas pensando en tonterías.
Sin embargo, había pasado mucho tiempo desde que hizo ese tipo de trabajo, y era un poco agotador entrar de lleno con un encargo así sin siquiera desempolvar sus habilidades.
Tardó pocos días en dibujar el juego de té para Ma Liang, pero el nuevo rico de pueblo que estudió en el extranjero y que usaba gafas de sol en interiores no quedó satisfecho, Con un lenguaje vago y pretencioso, respondió: «Muy creativo, impresionante a primera vista, pero siento que le falta un pequeño toque, ese “algo”».
—La puta madre. —Sun Wenqu se quedó tumbado en la cama sin ganas de moverse—. He hecho tantas cosas en mi vida y esta es la primera vez que un profano de mierda se atreve a decirme algo así. Le falta un pequeño toque.
—Bueno, por algo es un pro-profano. —Ma Liang se rio, apoyado en el marco de la puerta del dormitorio con un cigarrillo en la boca—. ¿Có-cómo lo manejamos?
—Dibujaré otro juego. —Sun Wenqu miró el techo—. Yo también siento que le falta algo, pero seguro que no es lo mismo que él dice. Aunque sí, definitivamente le falta algo…
—Wenqu… —Ma Liang dio una calada—. Me gusta ve-verte así.
—¿Así cómo? ¿Acostado en la cama y sin ropa? —Sun Wenqu chasqueó la lengua—. Siempre supe que tú y Hu Yuanyuan tenían un matrimonio de conveniencia.
—Que te jodan. —Ma Liang se rio—. A ver, si dibujas o-otro y él si-sigue diciendo que le falta «algo», ¿qué hacemos?
—Entonces pasamos de él —respondió Sun Wenqu—. Que se busque a otro que no le falte ese algo. ¿Quién se cree que es? Si me saliera con otra cosa, tal vez lo dejaría pasar, pero tratándose de cerámica… Que se vaya a la mierda.
Ma Liang no dijo nada, solo sonrió con el cigarrillo en la boca mientras lo miraba.
—Ay, qué pesado eres. —Sun Wenqu se sentó en la cama y pensó un momento—. En realidad, ni siquiera tiene sentido escuchar lo que dice. Haré directamente la versión que a mí me parezca mejor…
Ma Liang alzó la cabeza de golpe y casi se le cae el cigarrillo.
—Ah, no, espera. Hazlo tú… o mándalo a hacer. —Sun Wenqu bajó de la cama y empezó a vestirse mientras hablaba—. Seguro el tipo no sabe leer planos. Si lo ve terminado, ya no le va a faltar ese algo.
—Ajá —respondió Ma Liang.
—Vamos, que empiece la juerga. —Sun Wenqu fue a lavarse la cara, agarró un yogur y salió bebiéndolo.
Hoy era la fiesta de cumpleaños de Zhang Lin, así que tenía que ir.
Ma Liang manejó hasta el bar de Li Bowen, pero cuando llegaron, no bajó del auto. Se quedó mirándolo.
—¿Algo que decir? —Sun Wenqu también miró a Ma Liang.
—Tengo la sen… sensación de que hoy vas a causar problemas.
—¿Ah, sí? —Sun Wenqu se rio.
—Te conozco de-demasiado bien. —Ma Liang lo señaló con el dedo—. Vienes por Li Bowen.
—¿Y qué piensas hacer? —Sun Wenqu sonrió de lado—. ¿No dejarme entrar?
—Claro que no. —Ma Liang asintió—. Pero hoy es el cu… cumpleaños de Zhang Lin. No le a-arruines la noche.
—Tranquilo, primero tengo que comer y divertirme. —Sun Wenqu se rio—. Y después…
—Después nada. —Ma Liang abrió la puerta—. Además, tengo que cu-cubrirte. No sea que te agarre desprevenido y te dé una pa-paliza.
—¿Por qué crees que te amo tanto? —Sun Wenqu le dio unas palmaditas en el hombro y salió del auto.
En realidad, el cumpleaños de Zhang Lin no era tan especial; solo una excusa para que el grupo se reuniera. Apenas se sentaron, Zhang Lin ya estaba advirtiendo:
—No quiero felicitaciones de cumpleaños, no quiero, no quiero…
—Feliz cumpleaños —dijo Sun Wenqu recostándose en la silla.
—¡Sun Wenqu, un día de estos te voy a dar una paliza! —Zhang Lin lo señaló—. ¿No te cansas de molestar?
—Treinta años y sigues tan hermosa. Deberías sentirte orgullosa.
—¡Dios mío! —Zhang Lin se tapó la cara con las manos, riéndose—. Menos mal que este desgraciado no es hetero.
El grupo pasó un rato haciendo alboroto en la sala privada antes de que se sentaran a beber, cantar y bromear sin sentido.
Luo Peng trajo licor. Sun Wenqu bebió un poco y se sintió bien. Mientras unos conversaban y otros cantaban, él evitaba a toda costa cruzar la mirada con Li Bowen.
Li Bowen, en cambio, no dejaba de mirarlo e incluso se metía en sus conversaciones de vez en cuando. Sun Wenqu decidió ignorarlo. Temía que, si le prestaba atención demasiado pronto, no lograría pasar la noche sin terminar dándole una paliza.
Pero Li Bowen fue muy persistente. Al final, se acercó con una copa en la mano y se sentó junto a él.
—Wenqu, ¿tú y tu papá… todo bien?
De inmediato, Sun Wenqu sintió un ardor de fastidio. No quería hablar de eso delante de todos sus amigos, y para colmo, Li Bowen lo dijo en voz alta. Los que estaban cerca se giraron.
—Wenqu, ¿volviste a pelar con el Maestro?
Sun Wenqu no contestó. Se limitó a tomar otro trago.
—No es una pelea —dijo Li Bowen—. El Maestro solo quiere que Wenqu vuelva a ayudar en el negocio familiar, pero él no quiere.
—Wenqu, tal vez deberías dejar de llevarle la contraria a tu padre… —aconsejó alguien.
—No es tan simple. —Sun Wenqu reprimió el fuego en su corazón. La relación con su padre era un desastre. No solo era difícil de explicar, sino que él mismo nunca había logrado entenderla del todo. Por eso evitaba hablar del tema y los demás también sabían no preguntarle.
Ahora, gracias a la forma en que Li Bowen lo resumió, todo había tomado un mal sabor.
—En fin, el Maestro le cortó el dinero a Wenqu y nos prohibió prestarle. Quiere forzarlo a ceder —suspiró Li Bowen.
—¿Cuándo le pedí prestado a alguien? —Sun Wenqu no quería pelearse con Li Bowen todavía, pero ya casi no podía contener su enojo.
—Con el bloqueo económico, cuando te quedes sin dinero, tarde o temprano tendrás que pedir prestado. Tu papá lo tiene todo calculado —dijo Li Bowen con el ceño fruncido.
—Si lo pide prestado en secreto, no tendría forma de saberlo ¿verdad? —comentó alguien.
—¿Quién sabe? Mejor no lo hagan. Si el Maestro se entera, va a enojarse todavía más —respondió Li Bowen.
—Qué carajo. —Ma Liang, que había estado callado todo este tiempo, sacó su billetera, sacó una tarjeta y se la puso en la mano a Sun Wenqu—. La clave es tu cu-cumpleaños. —Luego miró a Li Bowen—. Se lo estoy dando en tu maldita ca-cara, quiero ver cómo se e-entera el Maestro.
—Liang-zi, ¿por qué haces esto? —suspiró Li Bowen.
—Si él llega a sa-saberlo, será por lo que tú se lo di-dijiste. —Ma Liang lo señaló—. Eres el hi… hijo de puta por excelencia en hacer esa mierda.
—Ey, ey, ey. —Luo Peng se metió rápido para calmar los ánimos—. ¿Qué está pasando aquí?
—Bowen, afuera. —Sun Wenqu sentía que no podía quedarse sentado más tiempo y se levantó para salir de la sala.
—No, Wenqu. Si Liang-zi y tú tienen algo contra mí, díganlo delante de todos. —Li Bowen también se puso de pie—. Hemos crecido juntos, todos son testigos de cómo te trato, ¿verdad?
—Sí, sí, sí. —Alguien más se levantó y tomó a Wenqu del brazo—. ¿Qué les pasa? Todos sabemos lo cercanos que son. Bowen siempre ha estado ahí para ti. Liang-zi, tú también, deja de decir tonterías.
—Solo dije la verdad. —Ma Liang ni siquiera se movió de su asiento.
—Wenqu… —suspiró Li Bowen con frustración—. ¿Hay algún malentendido entre nosotros? Dímelo, si hice algo mal, yo…
Antes de que Li Bowen terminara de hablar, Sun Wenqu ya le había dado un puñetazo en la nariz.
Todos en la sala se quedaron paralizados. Li Bowen se cubrió la nariz y se tambaleó. Cuando apartó la mano, tenía la palma cubierta de sangre.
—¡Ay, Dios mío! ¡Wenqu, ¿qué estás haciendo?! —gritó Zhang Lin.
Sin decir una palabra, Sun Wenqu le propinó un segundo puñetazo en la cara a Li Bowen, quien se trastabilló y cayó sobre el sofá detrás suyo. Lo miró con los ojos muy abiertos, todavía aturdido.
—¡Wenqu, ¿qué te pasa?! —dijo con cierta dificultad.
—¡Tú lo sabes muy bien! —Sun Wenqu lo señaló con el dedo y quiso lanzarse otra vez, pero varias personas lo sujetaron.
Tras recuperarse de la sorpresa, todos se apresuraron a contenerlo mientras él forcejeaba por soltarse. Sun Wenqu tenía mal genio. Ya antes había volcado mesas, insultado a la gente o abandonado conversaciones a mitad, pero nunca antes había llegado a los golpes.
Esta vez, no solo había golpeado a alguien, sino que ese alguien había sido Li Bowen, su amigo de toda la vida, quien todos consideraban le era leal sin reservas.
—¡¿Pero qué haces, Wenqu?! ¡No seas tan impulsivo! —Todos lo sujetaban mientras intentaban calmarlo. Mientras tanto, las chicas corrieron a buscar pañuelos para limpiar la sangre de Li Bowen.
—¡Suéltenme! —rugió Sun Wenqu.
Pero nadie aflojó.
Ma Liang, que hasta entonces no se había movido del sofá, se puso de pie. Tomó una botella de cerveza con cada mano y las estrelló contra la mesa de té con un golpe seco. Luego, con los cuellos rotos de ambas botellas en las manos, se acercó.
—Suéltenlo.
Esta pose dejó a todos boquiabiertos y, por reflejo, soltaron los brazos de Sun Wenqu.
Li Bowen apartó a Zhang Lin, que intentaba limpiarle la sangre, y se inclinó bruscamente hacia un lado, tratando de esquivar la patada de Sun Wenqu dirigida a su abdomen.
Falló, pero enseguida lo agarró del brazo, lo jaló hacia él y le asestó un puñetazo en la boca de estómago.
—¡No te hagas el inocente ahora! ¿Acaso no te cansas de actuar? ¡Yo ya me harté de verte fingir!
Después de varios golpes, Li Bowen finalmente dejó de esquivar. Sobre todo porque Ma Liang seguía plantado ahí, impidiendo que los demás intervinieran.
Se incorporó con esfuerzo y empujó a Sun Wenqu. Luego le devolvió la patada.
—¡Y yo debo estar ciego! ¡Si así es como me trata mi mejor amigo!
Sun Wenqu podía no ser un gran luchador, pero al menos iba al gimnasio todos los días. Antes de irse a las montañas, también solía ir diario a rodearse de caballeros musculosos en cueros. En cambio, Li Bowen, que no hacía ejercicio, no era rival para él.
Bastaron unos golpes para que Sun Wenqu lo agarrara por el cuello de la camisa y lo tirara al suelo.
—Yo no soy tu mejor amigo —dijo, y le pegó otro puñetazo en la cara—. ¡Tu mejor amigo eres tú mismo!
La puerta de la sala se abrió de golpe. Entraron varios guardias de seguridad y empleados. Apartaron a Sun Wenqu y lo sujetaron, pero como era de conocimiento común que él era el «mejor amigo del jefe», incluso después de ver la sangre en el rostro de Li Bowen, nadie se atrevió a tocarlo. Solo se apresuraron a ayudar a este último.
—Jefe Li, esto… —dudó uno de los empleados.
—¿Ya estamos a mano? ¿Ya te desahogaste? —Li Bowen se limpió la sangre de la cara y miró a Sun Wenqu.
—No estamos a mano ni me desahogué. —Sun Wenqu le sostuvo la mirada—. Lo que hiciste, lo que dijiste, lo sabes muy bien. Los demás pueden pensar lo contrario, ¡pero tú y yo sabemos que no hay ningún malentendido entre nosotros!
—Wenqu, Wenqu. —Luo Peng se acercó y lo rodeó con un brazo—. ¡Le pegaste muy fuerte! ¿Cómo llegó a esto?
—He crecido odiando las explicaciones y detestando tener que darlas. —Sun Wenqu miró a todos en la sala privada—. Y tampoco me importa cómo me vean o qué piensen de mí, así que hagan lo que quieran.
La sala estaba en completo silencio, incluso la música había desaparecido en algún momento.
Sun Wenqu señaló a Li Bowen.
—Solo quiero que sepas que me he mezclado contigo, que he reído contigo, por respeto al tío Li. Pero ya he tenido suficiente.
Ma Liang tiró los cuellos de botella rotos al suelo y salió de la sala tras Sun Wenqu.
—¿No te cortaste? —preguntó Sun Wenqu mientras se sentaba en el auto.
—No. —Ma Liang le dio una mirada—. ¿Así que has desechado a to-todos estos amigos?
—A la basura, no eran mis amigos si se van por esto. —Sun Wenqu inclinó la cabeza.
—Devuélveme la tarjeta —dijo Ma Liang.
—Mierda… —Sun Wenqu se rio y se la devolvió—. ¿La clave sí es mi cumpleaños?
—En tus su-sueños. —Ma Liang chasqueó la lengua—. Es el de mi e-esposa.
—Qué buen actor saliste. —Sun Wenqu no podía parar de reír. Luego se llevó una mano a la frente y la presionó—. ¿Bebiste mucho?
—Ba-bastante. —Ma Liang le tendió las llaves del auto—. ¿Manejas tú?
—Yo también tomé lo mío. El alcohol hace audaz al héroe, ¿no? —Sun Wenqu se reclinó en el asiento y suspiró—. Llama a mi hijo para que venga a conducir.
Notas:
[1] La canción es Self Bias Resistor, de Fear Factory