Capítulo 11

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Hua Yong tenía muy poco equipaje. La empresa de mudanzas que Sheng Shaoyou había contratado apenas tuvo trabajo; cuatro hombres corpulentos para dos maletas. En diez minutos, lo habían trasladado todo.

La casera era una Omega de mediana edad. Al venir a abrir la puerta, sacudía las llaves con impaciencia. Examinó de arriba abajo a Sheng Shaoyou, que estaba de pie junto a Hua Yong, y miró a este último con una expresión que era una mezcla de desdén y envidia.

Ser guapo marca la diferencia. En solo tres meses, hasta el Alfa que le ayuda con la mudanza ha cambiado. Y no solo son de clase S, ¡sino que también parecen increíblemente ricos!

Si no fuera porque le habían pagado para que guardara silencio, le habría encantado desenmascararlo delante de este Alfa. ¡Este Omega era un veleta, un personaje muy extraño! Alquiló el piso, pero nunca vivió en él. Y, además, ¡el Alfa que le ayudó a subir las maletas hace tres meses era otro hombre, también alto y apuesto!

El “pequeño apartamento” de Sheng Shaoyou no era para nada pequeño. A ojo, superaba los trescientos metros cuadrados, era luminoso y espacioso, miles de veces mejor que la habitación que Hua Yong había alquilado.

Al entrar y ver el supuesto “pequeño apartamento” en su totalidad, Hua Yong pareció aún más indeciso. Varias veces estuvo a punto de decir algo, pero se contuvo, como si estuviera viviendo un sueño tan lujoso que hasta pensarlo era un exceso.

Sheng Shaoyou indicó a los de la mudanza que dejaran el equipaje en el trastero y se apoyó en la puerta para despedirse de la pequeña orquídea, que parecía sumida en la duda.

—Se hace tarde, me voy ya.

—Señor Sheng —lo llamó Hua Yong al instante. Dudó un momento y luego dijo—: Este sitio… ¿no es demasiado grande?

Sheng Shaoyou le sonrió con un aire un tanto arrogante. —Todo el mundo se queja de que las cosas son demasiado pequeñas, no demasiado grandes. ¿Por qué contigo es al revés?

Hua Yong bajó la cabeza, con aspecto preocupado. —Creo que este sitio vale más de treinta mil.

—Valga lo que valga, está vacío. Es mejor que vivas tú y le des un poco de vida.

Hua Yong levantó la vista. Su mirada era límpida, llena de confianza y gratitud. Pareció aceptar la razón y le dedicó una leve sonrisa a Sheng Shaoyou, que acentuó su aire de inocencia juvenil. —Gracias, señor Sheng.

—Venga, deja de dar las gracias. Me van a salir callos en los oídos —dijo Sheng Shaoyou, revolviéndole el pelo con una sonrisa. Hua Yong se encogió para esquivarlo, pero no pudo, así que se quedó quieto, dócil, mientras Sheng Shaoyou le alborotaba el pelo como si fuera un animalito.

Esa noche, Sheng Shaoyou durmió excepcionalmente bien. Se sentía tan feliz como si hubiera conseguido un tesoro único en el mundo y lo hubiera guardado en una caja fuerte cuya contraseña y llave solo él conocía.

Volvió a ver a Hua Yong unos días después, en una cena de negocios.

El presidente de la Cámara de Comercio de Jianghu estaba a punto de cambiar. El antiguo presidente había fallecido repentinamente a causa de una enfermedad, por lo que el nuevo, cuyo nombramiento era ya un hecho, organizó un evento social e invitó a los directivos de todas las empresas del consejo.

Esta cena, nominalmente familiar, era en realidad una forma de obligar a los empresarios más influyentes de la ciudad a posicionarse públicamente.

El difunto presidente y el nuevo llevaban mucho tiempo enemistados. Antes, poca gente de la Cámara de Comercio aceptaba las invitaciones del nuevo presidente. Pero ahora la situación era muy diferente. A rey muerto, rey puesto. La influencia del antiguo presidente se había desvanecido.

Ese día, la cena del nuevo presidente reunió a casi todas las figuras más destacadas del mundo empresarial de Jianghu. Entre ellos, por supuesto, estaban Sheng Shaoyou y Shen Wenlang.

Sheng Shaoyou entró del brazo de Shuxin y, de un vistazo, vio a Hua Yong sentado junto a Shen Wenlang. Su rostro se ensombreció, pero inmediatamente lo reemplazó con la falsa sonrisa de los eventos sociales y se dedicó a estrechar manos y a intercambiar cumplidos con todos los que se acercaban a saludar.

Quizás por ser del mismo sector y tener edades similares, los asientos de Sheng Shaoyou y Shen Wenlang estaban muy cerca. Cuando se sentaron, Hua Yong lo vio y lo saludó con los ojos brillantes. —Señor Sheng.

Sheng Shaoyou asintió y sonrió. —Tú también estás aquí.

Hoy Hua Yong iba vestido de manera muy formal, con un traje gris plateado y un broche de piedras preciosas de algún diseñador desconocido. El broche tenía la forma de una flor extraña, probablemente una orquídea poco común. Solo con estar sentado en silencio, atraía las miradas de todos a su alrededor.

En comparación, Shen Wenlang, a su izquierda, vestido de negro, resultaba bastante molesto. Ese lobo despreciable, vestido tan oscuro y con esa cara larga, parecía que había venido al funeral del antiguo presidente.

Era la primera vez que Shuxin acompañaba a Sheng Shaoyou a un evento formal, y estaba muy emocionada. Al ver al hermoso Omega de rostro familiar sentado enfrente, su corazón dio un vuelco.

Hua Yong era aún más guapo en persona. A esa distancia, su piel era tan pálida que parecía traslúcida, sin un solo poro visible. A diferencia de las bellezas retocadas con maquillaje, la suya era natural, y su rostro desprendía una rara inocencia. Era una de esas bellezas extraordinarias que no son conscientes de serlo.

Shuxin suspiró para sus adentros, calculando en silencio qué posibilidades le quedaban frente a él.

Cuando llegó el momento de los brindis, Shen Wenlang se excusó diciendo que había tomado medicamentos para el resfriado y no podía beber, pidiéndole a Hua Yong que lo hiciera por él. Hua Yong se levantó, copa en mano, y dedicó una sonrisa tímida e inexperta a cada persona que se acercaba a brindar. Era evidente que esta orquídea no era muy sociable. Su voz era suave y, a menudo, antes de terminar de decir unas pocas palabras, ya se había bebido la copa entera.

Su torpeza era tan llamativa como su belleza, y ese día, la gente que se acercó a brindar fue excepcionalmente numerosa. Para cuando la cena terminó, el rostro de Sheng Shaoyou estaba más negro que el traje de Shen Wenlang.

Al ver que Shuxin, a su lado, lo miraba con aprensión, Sheng Shaoyou, con la mirada fija en Hua Yong, dijo con frialdad: —Tengo algo que hacer. Vuelve tú sola.

Hua Yong estaba sonrojado y aturdido por el alcohol. Sus ojos húmedos habían perdido el enfoque, y su extrema inocencia lo hacía aún más seductor. Las miradas que los Alfas del salón dirigían a Shen Wenlang estaban cargadas de envidia. La mayoría de ellos habían bebido y, envalentonados por el alcohol, sus miradas hacia Hua Yong se volvieron descaradas y lascivas.

Esto le provocó a Sheng Shaoyou una repugnancia peor que si se hubiera tragado una mosca.

Al final, Shen Wenlang se despidió de todos, llevándose a Hua Yong. Sheng Shaoyou se levantó y los siguió. No se fiaba ni un pelo de la integridad de Shen Wenlang, así que planeaba inventar cualquier excusa para llevar a Hua Yong a casa personalmente.

Pero, justo al llegar a la puerta, el nuevo presidente, bastante bebido, lo agarró del brazo y lo presentó a un Alfa joven y alto: —Secretario Chang, este es Sheng Shaoyou, el señor Sheng de Shengfang Bio. —El nuevo presidente era un viejo amigo de la familia Sheng. Al ver que Sheng Shaoyou miraba distraídamente hacia la puerta, le dio un toque de atención y lo presentó con solemnidad—: Shaoyou, este es Chang Yu, el secretario Chang de X Holdings.

¿X Holdings? ¿Chang Yu? Era la mano derecha del actual jefe de X Holdings.

Sheng Shaoyou volvió en sí y apartó la vista de la espalda tambaleante de Hua Yong. Le tendió la mano a Chang Yu con cortesía. —Encantado, secretario Chang.

Chang Yu tenía un rostro serio y maduro, de rasgos marcados y toscos. Miró a Sheng Shaoyou con frialdad, le estrechó la mano brevemente y dijo: —El placer es mío.

El intercambio de cumplidos y tarjetas de visita llevó un tiempo. Para cuando Sheng Shaoyou terminó de conocer al nuevo pez gordo y salió del salón, Hua Yong y Shen Wenlang ya habían desaparecido.

Sentado en el coche, Sheng Shaoyou parecía ansioso. El chófer no se atrevió a preguntarle qué le pasaba. —¿A dónde vamos, señor Sheng?

Sheng Shaoyou lo pensó un momento y le dio la dirección del apartamento de Hua Yong.

El coche arrancó lentamente. Sheng Shaoyou, conteniendo la impaciencia, marcó el número de Hua Yong. El teléfono sonó durante mucho tiempo, pero nadie contestó. Su corazón se encogió poco a poco con la música de espera. Sintió un pánico extraño, sin entender qué era lo que lo alarmaba tanto.

Hua Yong es el secretario de Shen Wenlang. Acompañar a su jefe en un evento es parte de su trabajo.

¿Acaso no llevo yo mismo a Chen Pinming a eventos sociales a menudo?

Esa pequeña orquídea tiene mucho carácter y principios. Sabe cómo rechazar a otros Alfas. Trabaja para Shen Wenlang por gratitud, pero ni siquiera le sonríe a menudo. Solo a mí, a Sheng Shaoyou, me muestra esa sonrisa sin defensas ni malicia.

Sí, no hay de qué preocuparse.

Pero Shen Wenlang es un cabrón que acosa a sus subordinados en la oficina. La primera vez que nos vimos, ya le estaba poniendo las manos encima a Hua Yong.

Cuando Hua Yong está sobrio, sabe decir “no” claramente. Pero ahora está borracho, con la mirada perdida, mirándome sin reparos.

Sí, durante toda la segunda parte de la cena, Hua Yong, borracho, no había dejado de mirarlo. Hasta Shen Wenlang se había dado cuenta y le había preguntado con frialdad: “Secretario Hua, ¿tiene algo que decirle al señor Sheng? Ya que no para de mirarlo, ¿por qué no va y brinda con él?”.

El rostro de Hua Yong pareció enrojecer, y se levantó de inmediato con la copa en la mano.

Sheng Shaoyou echó un vistazo a su copa llena y le dijo: “Mejor cámbialo por zumo, ya no me apetece beber”.

La expresión de Hua Yong se tornó agradecida, y su rostro pareció enrojecer aún más.

Shen Wenlang comentó con sarcasmo: “El señor Sheng sí que sabe cuidar a la gente. Qué suerte ser su Omega. Lástima que el secretario Hua nunca ha tenido mucha suerte, ¿verdad, Hua Yong?”.

Padres muertos prematuramente, hermana gravemente enferma. Ciertamente, no se podía decir que tuviera buena suerte.

Los ojos de la pequeña orquídea se apagaron al instante. Asintió y dijo: “Sí, señor Shen, mi suerte nunca ha sido muy buena”. Dicho esto, volvió a mirar a Sheng Shaoyou con sus ojos acuosos y añadió en voz baja: “Pero últimamente parece que todo está mejorando. Supongo que después de la tormenta viene la calma”.

Esta orquídea era realmente hermosa. Todos la miraban, pero ella solo quería mirar a Sheng Shaoyou. Parecía que no tenía ojos para nadie más.

Sheng Shaoyou, tras haber sido el objeto de su atención toda la noche y haber bebido un poco, llegó a tener la ilusión de que Hua Yong podría estar enamorado de él.

Claro que, quizás no era una ilusión. Si esa pequeña orquídea firmó un contrato a largo plazo con HS solo por la ayuda de Shen Wenlang, entonces era lógico que se enamorara de Sheng Shaoyou, quien había resuelto su problema más acuciante, salvado la vida de su hermana y, además, le había dado un lugar donde vivir.

Así que, aunque Shen Wenlang lo llevara a casa, seguro que no pasaría nada fuera de lugar.

Hua Yong lo rechazaría.

Esa orquídea le diría un “no” rotundo a cualquier Alfa o Beta que no fuera Sheng Shaoyou.

Pero, ¿qué Alfa con malas intenciones haría caso al “no” de un Omega? Probablemente lo interpretaría como que se está haciendo de rogar…

Al pensar en esto, Sheng Shaoyou sintió una urgencia imperiosa. Levantó la vista de golpe y apuró al chófer: —¿Hemos llegado ya?

El chófer lo miró, sorprendido por su rostro ansioso. —Señor Sheng, hay un poco de atasco. Quedan tres minutos.

Sheng Shaoyou miró el navegador. Sus dedos tamborileaban nerviosamente en el reposabrazos. Los tres minutos pasaron rápidamente, pero seguían atrapados en el tráfico, sin moverse.

—¿Hemos llegado?

—Lo siento, señor Sheng, parece que ha habido un accidente más adelante, nosotros… ¡Oiga, señor Sheng! ¡Señor Sheng!

Sheng Shaoyou abrió la puerta, abandonó el coche y al chófer, saltó la barandilla de la acera y se lanzó a correr por la acera a toda velocidad.

Faltaban trescientos metros para su destino.

El chófer observaba, atónito, cómo el joven empresario más exitoso de la ciudad se transformaba de repente en el protagonista de un manga de acción, arremangándose las mangas de su carísimo traje de diseño para echar un sprint de cien metros en plena calle.

Con tanta prisa, ¿acaso va a… salvar el mundo?

Pero eso era imposible.

Por lo que el chófer conocía a Sheng Shaoyou, su joven jefe era del tipo que, aunque el cielo se cayera, lo sostendría con un palo sin inmutarse.

¿Qué podía haberlo alarmado tanto? ¿Qué asunto de vida o muerte podía hacer que Sheng Shaoyou saliera corriendo del coche en pleno invierno, sin siquiera ponerse la chaqueta?

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