Contrariamente a lo que Sheng Shaoyou había imaginado, la delegación de X Holdings no continuó tomando represalias contra Shengfang Bio por el incidente con Chang Yu.
Al contrario, antes de que comenzara el verano, Shengfang Bio finalmente recibió la invitación que X Holdings había extendido a todos sus posibles socios: una entrada al Foro Mundial de Biotecnología y Desarrollo Industrial, organizado por X Holdings y copatrocinado por el gobierno del País P.
Aunque aún faltaban varios meses para el foro, la invitación a este evento público, con X Holdings como anfitrión, fue un potente estímulo para las acciones de Shengfang Bio, que llevaban tiempo de capa caída debido a la enorme inversión en investigación.
El día que se anunció la lista de participantes, las acciones de Shengfang Bio se dispararon y siguieron subiendo, llegando al límite máximo de subida durante seis días consecutivos¹.
Sheng Shaoyou llevaba una semana sin ir a la empresa. El lunes, en plena racha alcista de las acciones, regresó al país, fresco y radiante, desde una isla tropical.
Su período de celo esta vez había sido especialmente largo. El día que comenzó, preocupado por si perdía la cabeza y le hacía daño a la delicada orquídea que tenía en casa, se marchó en mitad de la noche sin despedirse, llevándose a Shuxin a la isla que solían frecuentar.
Cuando volvió a casa, no había nadie.
Ocupado con su celo, Sheng Shaoyou llevaba una semana sin contactar con Hua Yong. Echaba de menos a esa hermosa pequeña orquídea.
Era un día laborable. Pensando que Hua Yong debía de estar trabajando en la sede de HS, Sheng Shaoyou también fue a su propia empresa.
Chen Pinming, al verlo, se alegró y le informó de la invitación al foro y de las felicitaciones que habían recibido de todas partes.
Sheng Shaoyou estaba de un humor excelente. Antes de salir del trabajo, Li Baiqiao le preguntó si quería ir a jugar a un nuevo club deportivo en el que había invertido.
El club de Li Baiqiao se especializaba en karts y motocicletas, y poseía la pista profesional más larga de Jianghu.
Sheng Shaoyou montaba poco en moto, pero era un as con los karts. Cuando se ponía en serio, su tiempo por vuelta siempre bajaba de los treinta y seis segundos, una marca que superaba a muchos pilotos profesionales.
Li Baiqiao quería ir, así que intentó animarlo: —Joven amo Sheng, ¿cuánto tiempo hace que no sales a divertirte? ¿Qué pasa? ¿Vas a abandonar a todos tus amigos inútiles² solo porque has heredado el negocio familiar? ¿No serás tan cruel, verdad?
Sheng Shaoyou, que no paraba de recibir buenas noticias, estaba eufórico³. Aceptó la petición de su amigo y quedaron el sábado a las dos y media en el circuito.
Ese día todo había ido sobre ruedas, excepto por un pequeño detalle. Al llegar a casa y llamar al timbre, Sheng Shaoyou recordó que no se había duchado nada más volver del viaje.
Hua Yong abrió la puerta. Un rostro hermoso, fino y afilado asomó por el umbral y, al ver a Sheng Shaoyou, se iluminó de alegría. Sus ojos, como manantiales de agua fresca, brillaron con una luz preciosa.
—¡Señor Sheng!
Sheng Shaoyou no pudo evitar sonreír también. —¿Me has echado de menos?
—Sí —dijo Hua Yong, acercándose para abrazarlo. Pero en cuanto sus dedos tocaron su hombro, su rostro palideció.
Mierda.
Hoy en el avión, pensó Sheng Shaoyou, Shuxin se sentó demasiado cerca. Y al despedirse, se me pegó para pedirme un beso. Aunque me fastidiaba, se lo di un par de veces como recompensa por sus servicios. Y ahora, el olor a feromonas que ha hecho palidecer a mi pequeña orquídea debe de ser el que se me pegó entonces.
Pero Sheng Shaoyou fingió no saber nada. Rodeó los hombros de Hua Yong con el brazo, lo hizo entrar y, solo después de cerrar la puerta, se quitó la chaqueta impregnada del olor de otra Omega. Preguntó a la orquídea con indiferencia: —¿Qué has hecho estos días? A ver, ¿has adelgazado?
—No —el ánimo de Hua Yong decayó. Su entusiasmo ya no era el mismo que al principio. —He hecho horas extra varios días, estoy muy cansado.
Había estado calculando las fechas del celo de Sheng Shaoyou y había vuelto a casa antes de tiempo casi todos los días, pero Sheng Shaoyou lo había dejado solo en la ciudad justo el día que empezó. Desapareció durante varios días, sin contestar llamadas ni mensajes. Solo de pensar que Sheng Shaoyou estaba revolcándose en la cama con otra Omega en algún lugar que él no podía ver, a Hua Yong casi se le rompían los dientes de rabia.
Cuando se enteró de que había vuelto, soportó el dolor y la ira y fue a casa a esperarlo. Pero, como era de esperar, la cabra siempre tira al monte⁴. Sheng Shaoyou ni siquiera se molestó en disimular y volvió a casa impregnado del fuerte aroma floral que otra Omega había liberado a propósito.
A Hua Yong le daban ganas de vomitar sangre de la rabia, pero su rostro permaneció impasible. Solo estaba pálido, y sus labios no tenían el color rojizo de siempre.
Sheng Shaoyou observó la expresión de la orquídea y se sintió como una serpiente atrapada por sus siete orificios. Por muy astuto que fuera, Hua Yong estaba pisando su punto débil, y no había nada que pudiera hacer. Solo pudo sonreír, nervioso. —Voy a darme una ducha.
Después de la ducha, el maldito olor a feromonas de Shuxin casi había desaparecido, y el semblante de Hua Yong se suavizó un poco. Volvió a sonreírle a Sheng Shaoyou.
Antes de dormir, le ofreció un vaso de leche. —¿El señor Sheng quiere leche?
Hua Yong bebía leche de una forma muy refinada y delicada. Cada vez que daba un sorbo, se le quedaba un bigote de espuma, y cada vez se lo lamía con la lengua. La escena hizo que Sheng Shaoyou sintiera un calor por todo el cuerpo, y sospechó que su período de celo no había terminado del todo.
Pero Hua Yong parecía tan inocente, y con la ropa de casa, desprendía un aire juvenil. Aunque su rostro era afilado, sus mejillas aún conservaban una pizca de grasa infantil. Su mirada era pura como el agua, pero al mismo tiempo, tenía un matiz sensual que podía poner duro a cualquiera.
Y Sheng Shaoyou era un simple mortal controlado por esa mirada. No le apetecía nada de leche, pero aun así, apoyado en la isla de la cocina, le tendió la mano a la orquídea. —Claro, tomaré un vaso.
Hua Yong le sonrió. —Entonces se la sirvo.
Beber leche juntos antes de dormir para conciliar el sueño, compartir las novedades de los últimos días… era un momento muy acogedor. Sheng Shaoyou rara vez había tenido momentos así en su vida. Para encontrar algo parecido, tendría que retroceder veinte años, a cuando todavía se acurrucaba en el regazo de su madre, un bebé sin preocupaciones.
Hua Yong era como un cofre lleno de sorpresas. Le enseñó un amor que empezaba con cogerse de la mano y besarse, le entregó un afecto que no dependía del sexo, hizo que Sheng Shaoyou, solo con mirarlo, sin ninguna connotación sexual, sintiera una compleja ternura y apego.
Hua Yong, pensó Sheng Shaoyou, es probablemente lo más cercano al amor que he tenido nunca. Es el Omega tierno, hermoso, inofensivo, de aroma elegante y testarudo que, aunque no pueda abrazarlo ni marcarlo, quiero tener a mi lado para siempre.
…
El circuito de Li Baiqiao estaba en las afueras de la ciudad, cerca de un famoso campo de golf. Su club estaba en la cima de una colina, y a través de los ventanales de la sala de descanso, se podía ver el extenso y verde green.
Justo enfrente del green se encontraba el circuito de motocicletas más profesional y mejor equipado de toda la ciudad. La pista de karts estaba al lado, en la parte más oriental de la montaña.
Parecía que el Grupo HS tenía mucho trabajo últimamente, porque Hua Yong también había trabajado el sábado por la mañana. Sheng Shaoyou comió con él antes de ir al circuito. Cuando llegaron, Li Baiqiao, Cheng Zhe y otro amigo ya los estaban esperando.
—Qué lentos —se quejó Li Baiqiao con una sonrisa pícara al ver entrar a Sheng Shaoyou—. He oído que en unos meses te vas al País P a ese foro tan increíble. Mi padre lleva días presumiendo de ti, el viejo está verde de envidia. Daría a diez hijos inútiles como yo por uno como tú.
Sheng Shaoyou le respondió con una sonrisa: —Ya ha sufrido bastante con uno, ¿y quieres darle diez? ¿Es que quieres matar a tu padre de un disgusto? ¿No puedes desearle algo bueno a tus mayores?
Era raro ver a Sheng Shaoyou de tan buen humor. En cuanto abrió la boca, todos los presentes se echaron a reír.
Hua Yong entró después de atender una llamada de trabajo. Cuando entró en la sala, Sheng Shaoyou y Li Baiqiao estaban eligiendo los karts que iban a usar.
De los amigos de Sheng Shaoyou, solo Cheng Zhe era un fanático de las motos. Estaba solo, apoyado en un sofá, leyendo una revista con su propio casco en el regazo. Al oír que alguien entraba, levantó la vista por instinto y se quedó de piedra.
Hua Yong, al verlo, también se quedó perplejo por un momento. Le resultaba familiar, pero no recordaba de qué. Como era amigo de Sheng Shaoyou, no quería ser descortés, así que le sonrió levemente y asintió a modo de saludo.
Al ver que Hua Yong le sonreía, la mente de Cheng Zhe se quedó en blanco por un instante. La impresión que le había causado este hermoso Omega era tan profunda que, después de aquella cena, había soñado con él varias veces.
Cheng Zhe nunca había visto a un acompañante Omega que fuera a una cena de gala con un jersey descolorido. Pero Hua Yong era tan guapo que, sentado en silencio junto a Sheng Shaoyou, incluso con esa ropa modesta, realzaba el increíble poder de su Alfa. Un Alfa capaz de llevar a un Omega tan hermoso a una cena así debía de ser un noble de la alta sociedad, con una suerte y un capital que todos envidiaban.
Después de aquella fiesta, Cheng Zhe intentó enviarle un mensaje a Sheng Shaoyou, preguntando medio en broma por ese Omega, e incluso se arriesgó a enfadarlo sondeando si se lo “pasaría” cuando se cansara de él.
Pero Sheng Shaoyou nunca respondió, así que tuvo que desistir. En los últimos meses, no había vuelto a ver a Sheng Shaoyou con ese Omega, aunque sí varias veces con la tal Shuxin.
Volver a verlo de repente le pareció irreal. Se quedó atónito un buen rato antes de saludar al Omega, que ya se había sentado en un sillón enfrente.
—Hola, me llamo Cheng Zhe. Nos vimos la otra vez en las torres gemelas, ¿te acuerdas?
Era evidente que el hermoso Omega no lo recordaba. Lo miró con aire de disculpa y una sonrisa amable apareció en su rostro, tan pálido que era casi transparente. —Lo siento, ese día había mucha gente. Me llamo Hua Yong. Encantado, señor Cheng. —Le tendió la mano, sus diez dedos largos y delgados como brotes de cebolleta.
Cheng Zhe se sintió extrañamente halagado. Se frotó la palma de la mano en el pantalón antes de estrechar suavemente la mano que le ofrecían. —Encantado.
—¿De qué hablan? —Sheng Shaoyou, que ya había elegido su coche, se deshizo de la mano de Li Baiqiao de su hombro y se acercó al ver que Hua Yong había entrado.
—Presentándome al señor Cheng —dijo Hua Yong—. ¿Ya ha elegido, señor Sheng? ¿Va a montar en moto o a conducir un kart?
Li Baiqiao, al ver a Hua Yong, se le iluminaron los ojos y se acercó con una sonrisa. —¡Eh, belleza, tú también has venido!
—Hola.
Al ver que Hua Yong tampoco parecía reconocer a Li Baiqiao, Cheng Zhe se sintió un poco mejor.
A Sheng Shaoyou no le gustaba que Hua Yong hablara demasiado con Li Baiqiao, que solo pensaba con la entrepierna. Lo apartó y los presentó: —Este es el señor Li Baiqiao, lo conociste en la última fiesta. No es una buena pieza, así que si te lo encuentras por ahí, evítalo. Y sin mi permiso, no hables mucho con él.
—Oye, Sheng Shaoyou, ¿qué te he hecho para que me pongas así?
—¿Me equivoco? —Sheng Shaoyou miró de reojo a Li Baiqiao y luego se giró para pellizcar suavemente la mejilla de Hua Yong—. Sé bueno, o te comerán y no te darás ni cuenta. ¿Me has oído?
Hua Yong asintió dócilmente, con una leve sonrisa en los ojos que hizo que tanto Li Baiqiao como Cheng Zhe sintieran un cosquilleo.