Capítulo 26

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Hua Yong pasó tres días en el hospital, durmiendo la mayor parte del tiempo. Sheng Shaoyou se desvivió, yendo y viniendo del hospital a la empresa sin parar. Por las noches volvía solo a casa, rechazando todas las invitaciones a fiestas, y al tumbarse en la cama, no podía evitar recordar el rostro apesadumbrado de su orquídea.

El día que le dieron el alta a Hua Yong, Sheng Shaoyou canceló toda su agenda para ir a recogerlo personalmente, pero aun así no recibió una buena cara.

Al volver a casa, Hua Yong se mudó a la habitación de invitados. Sheng Shaoyou, que también guardaba su propio rencor, pensó que, con los detectores de concentración de feromonas ya instalados en toda la casa, no había mucho riesgo en que Hua Yong durmiera solo, y no insistió en que se quedara.

En los días siguientes, Hua Yong se mostró sombrío, melancólico y pasivo. Si Sheng Shaoyou no tomaba la iniciativa, la convivencia era extremadamente fría y distante. Mientras tanto, Shuxin, una Omega alegre y coqueta, no dejaba de contactar con Sheng Shaoyou, intentando salvar la relación.

Sheng Shaoyou odiaba a las Omegas pesadas, pero sentía una debilidad por las de aroma floral y no se atrevía a ser demasiado duro con ella, así que la dejaba enviarle de vez en cuando alguna selfie o saludo sin importancia.

Además, había un montón de Omegas deseables haciendo cola para recibir el favor de Sheng Shaoyou. En comparación, la actitud distante de Hua Yong le resultaba especialmente detestable.

Sheng Shaoyou, que nunca había sido ignorado, se sintió resentido y empezó a competir.

Solo es un Omega. ¿Acaso voy a ahogarme en un mar de amor y a morirme por él?

Cuanto más lo pensaba, más se empecinaba en demostrar que Hua Yong no era irremplazable. En ese momento solo sentía lástima por él, por eso era blando, pero eso no significaba que fuera a quedarse colgado de una sola persona, jurándole amor eterno.

Convencido de su propia lógica, Sheng Shaoyou volvió a la vida de fiestas y placer.

Hacía mucho que no se le veía. Li Baiqiao, al ver que no traía a Hua Yong, no mencionó el tema, dando por sentado que Sheng Shaoyou ya había superado su “mal de amores” y había olvidado por completo al Omega con aroma a orquídea.

No fue hasta que, por casualidad, salió el tema en una conversación que se enteró de que Hua Yong, de hecho, había sido encontrado.

—¡Joder! ¿Así que te peleaste con Shen Wenlang por ese Omega? —La pelea entre Sheng Shaoyou y Shen Wenlang ya no era noticia; el círculo social llevaba meses comentándola.

Sheng Shaoyou bebió en silencio, pensando en que, esa mañana antes de salir, Hua Yong había aparecido en la entrada y le había entregado, sin decir una palabra, un pastel que había horneado él mismo.

—Shaoyou, ¿te estoy hablando?

—¿Qué?

—Esa orquídea… es imposible que Shen Wenlang no la haya tocado, ¿verdad? —Li Baiqiao esbozó una sonrisa lasciva—. ¿No me digas que te lo devolvió intacto¹? ¿No decías que no te gustaban los “sucios”? ¿Por qué no me lo das a mí?

—¿Tú? —Sheng Shaoyou levantó la vista, lo examinó de arriba abajo con un desprecio absoluto y dijo con sorna—: Me gasté más de cien millones en encontrarlo, ¿y quieres que te lo regale así sin más?

—¡Pues véndemelo!

—¿Tú? ¿Gastar cien millones? ¡Ten cuidado, que tu hermano te mata!

—¿Y por qué iba a matarme? —protestó Li Baiqiao—. Solo es para acostarme con un Omega de segunda mano, ¡no es para llevarla al altar en carroza! Si tú ya no lo quieres, ¿no puedo recogerlo yo para divertirme un rato? —Hizo una pausa y, lamiéndose los labios, añadió con una sonrisa—: Además, quién sabe de cuántas manos es…

A su lado, Cheng Zhe, al ver la mala cara de Sheng Shaoyou, le hizo señas a Li Baiqiao, pero este, inmerso en sus fantasías, continuó: —Pero bueno, mientras la cara sea bonita, no me importa. Así te hago un favor y lo reciclo.

Sheng Shaoyou dejó el vaso sobre la mesa con un golpe seco. —¿A quién llamas desecho? —preguntó con el rostro sombrío.

Li Baiqiao se asustó y balbuceó, sin poder responder.

Cheng Zhe intervino rápidamente para calmar las aguas: —Se refiere a sí mismo. Ayer intentó ligarse a una Omega guapísima y, después de invitarla a tres rondas, ¡ni siquiera consiguió su número! ¿A que sí, Baiqiao?

Al ver el evidente disgusto de Sheng Shaoyou, Li Baiqiao asintió, firmando una rendición humillante. —Sí, sí, lo decía por mí.

Bueno, da igual, pensó. El objetivo de mi vida es vivir del cuento. Ya era famoso en su círculo por ser un inútil, el mejor de los vividores, el príncipe de los herederos. Mientras no se llevara una paliza de Sheng Shaoyou, ser un inútil no estaba tan mal.

¡Más vale ser un inútil de una pieza que un miembro de la élite con la cara hinchada!

Al fin y al cabo, ¡últimamente Sheng Shaoyou parecía tener la pólvora muy cerca! ¡Cuando se volvía loco, ni Shen Wenlang se libraba!

Al final de la noche, Li Baiqiao, bastante bebido, agarró a Sheng Shaoyou para tener una charla íntima. —¿Shaoyou, entre nosotros, la próxima vez que veamos a Hua Yong, tendremos que empezar a llamarlo “cuñadita”?

Sheng Shaoyou no dijo ni que sí ni que no, pero su expresión pareció empeorar.

Cheng Zhe, resignado, sujetó a Li Baiqiao. —Estás borracho —le dijo. Luego, se giró hacia Sheng Shaoyou—. Shaoyou, no le hagas caso a un borracho.

A pesar de todo, Sheng Shaoyou sentía una extraña incomodidad.

Porque ni él mismo tenía claro qué era Hua Yong para él. ¿Casarse con él? Definitivamente, no había llegado a ese punto. Pero la idea de tratar a Hua Yong como un juguete y pasárselo a gente como Li Baiqiao le hacía hervir la sangre.

Ni regalarlo, ni casarse con él. Y en casa, lo trataba como a un rey, pero aun así le ponía mala cara.

Y lo peor es que no creía haber hecho nada malo para que Hua Yong estuviera tan enfadado.

La vida así era insostenible.

Aunque pensaba eso, para hacer callar a Li Baiqiao y a los demás babosos, la próxima vez que quedaron, Sheng Shaoyou se llevó a Hua Yong.

¡Esa orquídea lleva demasiado tiempo encerrada en casa, se va a enmohecer! Ya es hora de que le dé un poco el sol.

Al oír que Sheng Shaoyou quería llevarlo a una reunión de amigos, Hua Yong se quedó perplejo. —¿Ahora?

—Sí, es el cumpleaños de Li Baiqiao. Ponte algo decente, arréglate un poco.

Hua Yong asintió en silencio y fue al vestidor.

Quince minutos después, salió impecablemente vestido. Sheng Shaoyou estaba sentado en el sofá, leyendo el último informe financiero trimestral. Al oír sus pasos, preguntó sin levantar la vista: —¿Ya estás?

Hua Yong dijo “Mmm”, se sentó frente a él, se sirvió una taza de té y, sin decir nada más, esperó en silencio.

Cuando Sheng Shaoyou finalmente terminó de trabajar, miró la hora, consideró que ya era el momento, se levantó y, al alzar la vista hacia Hua Yong, se quedó de piedra.

Frunció el ceño al instante. —¿No te he dicho que te arreglaras un poco?

Hua Yong, sorprendido por su tono, se tocó suavemente el broche de orquídea de color azul pálido que llevaba en el pecho y balbuceó: —Señor Sheng, me he arreglado.

—¡Ve a cambiarte! —dijo Sheng Shaoyou, extrañamente enfadado—. ¿No entiendes la palabra “poco”? Te he dicho que te arreglaras un poco, no que te vistieras como un ángel.

La ropa la había cogido al azar del vestidor. Sheng Shaoyou le había dicho que se arreglara, y él se había puesto su broche de orquídea. Aparte de eso, ni siquiera se había lavado la cara. ¿Qué más “poco” podía ser?

—¿Entonces qué me pongo? —preguntó Hua Yong con inocencia, abriendo los ojos de par en par.

Sheng Shaoyou lo arrastró al vestidor y, después de rebuscar un buen rato sin encontrar un traje más sencillo que el que llevaba puesto, se enfadó aún más.

¡Socorro! ¿¡Qué se hace cuando tu esposa es demasiado guapa!?

Era como un loto que emerge del agua clara, una belleza natural sin adornos². Con esa cara, aunque se pusiera un saco de patatas, seguiría pareciendo increíblemente elegante y deslumbrante.

Sheng Shaoyou, al no encontrar nada más adecuado, se puso de peor humor y su tono se agrió. —Bueno, da igual. Cuando lleguemos, no hables con nadie sin mi permiso. ¿Me has oído?

—Señor Sheng —dijo Hua Yong, incómodo al ver el mal humor del otro—. ¿Puedo no ir?

—¿No quieres venir conmigo a un evento social? —La mirada de Sheng Shaoyou se volvió peligrosa.

—No es eso —dijo Hua Yong, bajando la cabeza para evitar su mirada asesina—. ¿No… no estará mal?

—¿Qué tiene de malo?

El Omega frente a él no dijo nada más. Mantuvo la barbilla gacha, mirando la punta de sus pies, como si estuviera castigado.

Sheng Shaoyou sintió una oleada de irritación, hasta el punto de que casi le echó la culpa al cumpleañero, Li Baiqiao, por haber nacido ese día.

—… —Hua Yong guardó silencio durante un largo rato y de repente, como si exprimiera las palabras una a una, dijo: —Que nos vean juntos… no está bien.

Toda la ira de Sheng Shaoyou se disipó al instante. Su corazón se heló poco a poco. Entendió a qué se refería con “no está bien”.

Ambos lo sabían.

Porque había pasado muy poco tiempo, y ese recuerdo, tan terrible, todavía no lo habían podido olvidar.

Los brazos de Hua Yong estaban pegados a su cuerpo, sus dedos colgando, frotando nerviosamente el bajo de su ropa.

Sheng Shaoyou le agarró la mano y la envolvió en la suya. La mano de Hua Yong era una talla más pequeña que la suya, mucho más blanca, y suave al tacto, tan suave que parecía que nadie se atrevería a hacerle daño.

—A mí no me parece que tenga nada de malo —dijo Sheng Shaoyou. Su firmeza y su calma parecieron darle a Hua Yong un gran valor.

Levantó el rostro y lo miró con sus ojos húmedos y tiernos. —¿En serio?

—En serio —Sheng Shaoyou lo sacó del vestidor, de la mano. Su tono era de resignación—. Vete así. Si ya eres un ángel, no te voy a hacer que te afees.

Sus palabras hicieron reír a Hua Yong, y las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente.

Esa rara sonrisa disipó parte del mal humor acumulado de Sheng Shaoyou. Su tono se suavizó. —Cuando lleguemos, no le hagas mucho caso a Li Baiqiao. De su boca no puede salir nada bueno, solo dice cosas para molestar.

Hua Yong asintió. Sheng Shaoyou volvió a alborotarle el pelo, pero al ver que no afectaba en lo más mínimo a su deslumbrante belleza, se rindió, le soltó el pelo y volvió a cogerle de la mano. —Vámonos.

El hermano mayor de Li Baiqiao, el que llevaba las riendas, había vuelto de Zúrich, así que últimamente tenía que andarse con cuidado. Su cumpleaños no se atrevió a celebrarlo con una gran bacanal, como otros años. Solo reservó un piso en un restaurante habitual e invitó a unos veinte o treinta amigos.

Sheng Shaoyou fue el último en llegar. Cuando entró, los demás ya estaban charlando animadamente.

Li Baiqiao iba hecho un pincel, con traje y un peinado bastante decente. Al ver a Sheng Shaoyou, sonrió mostrando todos los dientes. —¡Shaoyou, has venido! —Su mirada se posó en la persona que venía detrás de él, y su sonrisa se hizo aún más grande—. ¡Y la cuñadita también! ¡Hola!

Al principio, Hua Yong no reaccionó. Cuando se dio cuenta, su rostro se sonrojó, un rubor tímido que se extendía por su piel casi transparente, como una hermosa gamba peonía.

Dijo en voz baja: —Hola. —Al ver el pastel de cumpleaños a un lado, añadió: —Feliz cumpleaños.

Li Baiqiao se rio aún más fuerte. —¡Gracias, cuñadita!

A Sheng Shaoyou no le gustaba que Hua Yong hablara con Li Baiqiao, y menos aún el tono irreverente de este. “Cuñada” estaba bien, pero añadirle el “ita” no sonaba tan bien. ¿Cuñadita? Sheng Shaoyou lo paladeó y le gustó cada vez menos. Hacía que Hua Yong no pareciera la esposa principal, sino una amante.

La presentadora de la fiesta era una Omega famosa en su campo. Había tenido algo con Li Baiqiao en el pasado. De pie en el escenario, le lanzó un beso a su ex y miró con coquetería a la multitud de Alfas ricos y poderosos.

Mirando a un Hua Yong silencioso pero no cohibido, Sheng Shaoyou no pudo evitar recordar la primera vez que lo llevó a una fiesta.

Aquella vez, Hua Yong llevaba un jersey viejo y fuera de lugar, y se sentó en silencio a su lado de la misma manera, pero aun así, convirtió a Sheng Shaoyou en el Alfa más observado y envidiado del lugar.

Aquella parecía ser la primera vez que Hua Yong asistía a una fiesta de la alta sociedad. A pesar de llevar la ropa más modesta, se mostró muy tranquilo y relajado, observando con curiosidad a cada persona que se acercaba a hablar con Sheng Shaoyou, pero siempre manteniendo una compostura digna de alguien que ha visto mundo.

Ya en aquel entonces, Sheng Shaoyou sintió que este Omega, sereno y reservado en los eventos sociales, encajaba mucho mejor con él que todas las Omegas que se morían por sacar mil fotos de una cena o un bolso para publicarlas en las redes sociales.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x