Li Baiqiao estaba acostumbrado al jaleo. Esta vez, para no molestar a su hermano, se había conformado con un lugar tranquilo, pero al fin y al cabo era su cumpleaños y no estaba dispuesto a que todo se quedara en una simple cena.
Tras unas cuantas rondas, los camareros retiraron los platos, encendieron el proyector, atenuaron las luces, cambiaron la banda de música por un DJ y los bármanes reemplazaron la carta de vinos por una de cócteles. El último piso del restaurante se transformó en un abrir y cerrar de ojos en un bar con terraza.
La decoración era lujosa, predominando la piedra y los metales brillantes. Las baldosas de mármol relucían y las espectaculares lámparas de araña de cristal bajaron de intensidad, sus tenues haces de luz atravesando los cristales y bañando los rostros jóvenes y hermosos de la sala.
Los Alfas y Omegas presentes eran la flor y nata de la sociedad. Bajo ese juego de luces y con el toque del alcohol, todos parecían especialmente atractivos.
Luces, música, alcohol, feromonas…
Con el ambiente caldeado, varias parejas de Alfas y Omegas que apenas se conocían ya estaban abrazados, besándose apasionadamente. El sonido de sus besos húmedos se fundía con la música, y el aroma de las feromonas incontrolables endulzaba el aire.
Sheng Shaoyou se ausentó un momento para atender una llamada de trabajo en la terraza, indicándole a Hua Yong que lo esperara en su asiento.
Hua Yong asintió y bebió a sorbos el mojito, que no era muy fuerte. Siempre le había gustado el sabor del ron con toques cítricos. Sin darse cuenta, ya iba por la tercera copa.
Li Baiqiao, que estaba tonteando con la presentadora, al ver que Sheng Shaoyou no estaba, se acercó.
—Cuñadita.
Hua Yong, que apoyaba la cara en su mano delgada y pálida, le lanzó una mirada.
Esa mirada indiferente despertó el interés de Li Baiqiao, que decidió sentarse frente a él para sacarle conversación. —Shaoyou no está, te aburrirás, ¿no? Te hago compañía.
—No es necesario —dijo Hua Yong—. No me aburro.
¿Cómo es que esta pequeña orquídea tiene dos caras? Con Sheng Shaoyou es todo dulzura, pero conmigo es un hueso duro de roer.
Li Baiqiao recordó la primera vez que vio a Hua Yong. Se acercó a saludarlo y casi acaba con la nariz sangrando, pero no pudo echarle la culpa, solo a su propio comportamiento impertinente.
Como dice el dicho, nada es más sabroso que los dumplings, ni más divertido que la cuñada¹.
Así son los Alfas. Cuanto más inalcanzable es la flor, más se despierta su instinto de conquista. Y además, este Omega…
Li Baiqiao observó la muñeca delgada y frágil de Hua Yong, su rostro pálido y su cuello largo, e imaginó que había estado oculto por Shen Wenlang durante casi un mes. El fuego perverso en su interior ardió con más fuerza, y su sonrisa se tornó lasciva. —¿Cuñadita, he oído que estuviste desaparecido un tiempo? —Abrió una tónica y, al ver que Hua Yong seguía sin hacerle caso, continuó—. ¡Tu desaparición casi mata de un susto a Shaoyou!
Al mencionar a Sheng Shaoyou, la delicada orquídea mostró algo de interés. Ladeó el rostro y, con una expresión inocente, preguntó en voz baja: —¿Se preocupó mucho el señor Sheng?
—¿Preocuparse? ¡Casi se muere! —Aunque Li Baiqiao era un desastre en su vida personal, nunca era de los que vendían la privacidad de sus amigos para tener tema de conversación.
Pero frente a Hua Yong, por un impulso inexplicable, prefirió traicionar a Sheng Shaoyou con tal de intercambiar unas palabras más con esa belleza gélida.
—Creo que Shaoyou nunca ha querido a ningún Omega como te quiere a ti.
Hua Yong sonrió al oírlo, pero no pareció tan feliz como Li Baiqiao esperaba. Su mirada se posó en la terraza, localizando entre la multitud a Sheng Shaoyou, que estaba de espaldas, hablando por teléfono.
Li Baiqiao se moría de envidia de Sheng Shaoyou.
Se le habían agotado los trucos y no se le ocurría nada más para hacer hablar a la orquídea. Tras un momento de silencio, dijo: —En el mundo hay más Alfas aparte de Shaoyou.
Hua Yong, como si no entendiera la indirecta, respondió con un suave “Mmm”, afirmando el hecho objetivo.
Li Baiqiao, un veterano de la vida nocturna, nunca le había quitado la pareja a un amigo. Pero este Hua Yong era exactamente su tipo. Y aunque fuera la “cuñadita” preferida de Sheng Shaoyou, este no la había marcado. Y si no la había marcado, significaba que no le gustaba tanto. Así que a Li Baiqiao ya no le importó nada.
Sacó su móvil y se lo mostró a Hua Yong. —Añádeme a WeChat. Cuando Shaoyou se canse de ti, puedes venir a buscarme.
Hua Yong giró lentamente la cabeza, lo miró de arriba abajo y, abriendo los labios con extrañeza, preguntó: —¿Buscarte a ti?
¿Qué pasa? ¿No puedo permitirme mantener a una orquídea como tú?
La mirada confusa de Hua Yong despertó su competitividad. —Sí. Si vienes conmigo, todo lo que te da Shaoyou, te lo puedo dar yo también.
Hua Yong apretó los labios y sonrió suavemente. —No puedes.
¡Mierda! Aunque el vividor de Li Baiqiao no se comparaba con el heredero Sheng Shaoyou, ¡la familia Li era un clan noble con cien años de historia en la ciudad! Aunque no llegaran al nivel de un capital extranjero como X Holdings, ¡su influencia era mayor que la de la familia Sheng, recién llegada a la élite!
¡Y no parece que esta orquídea coma o gaste tanto! ¿Qué es lo que quiere? ¿¡Qué puede darle Sheng Shaoyou que él no!?
—¿Qué quieres? Dímelo. ¿Cómo sabes que no puedo dártelo si ni siquiera lo has dicho?
Hua Yong volvió a sonreírle, con sus largas pestañas caídas. —Solo me gusta el señor Sheng.
Li Baiqiao se quedó helado. ¿Q-qué? ¿Gustar? No se esperaba que esta orquídea fuera tan romántica.
Se había llevado un chasco, pero no se desanimó. Sonrió y dijo: —Pero el gusto cambia. ¿Cuánto tiempo hace que lo conoces? Ni un año, ¿verdad? Yong… —lo llamó con familiaridad, bajando la voz deliberadamente y susurrándole al oído—. La vida es larga. Hoy te gusta él, mañana podría gustarte yo. Y aunque no sea tan rápido, ¿qué me dices de tres, cinco, ocho o diez años?
Li Baiqiao pensó que se estaba pasando de romántico. Decirle a un Omega “ocho o diez años” solo para llevárselo a la cama era cursi, pero ya que había empezado, tenía que terminar. Continuó con una sonrisa: —Eres tan excepcional y hermoso, seguro que tienes muchos pretendientes. Con el tiempo, es normal cambiar de opinión. No tienes que responderme ahora, pero cuando cambies de opinión, acuérdate de considerarme a mí primero.
Hua Yong mordisqueó la pajita, mirando de nuevo la espalda de Sheng Shaoyou. Entre sus labios rojos asomaron sus dientes blancos y un trocito de su lengua húmeda. Li Baiqiao se sintió un fracasado por envidiar la pajita que el otro sostenía en la boca.
—No cambiaré de opinión. ¿Qué son ocho o diez años? En un abrir y cerrar de ojos, han pasado quince, y cada vez me gusta más.
La inocencia del Omega hizo reír a Li Baiqiao. —No sabía que la cuñadita era una romántica empedernida. Ese chico, Shaoyou, sí que tiene suerte. —Dicho esto, se levantó, le dio una palmada en el hombro a Hua Yong y se fue a la barra a pedir una copa con una Omega que le resultaba familiar.
…
El olor a feromonas en el interior se hizo cada vez más denso.
Hua Yong, con la cabeza gacha, envió un mensaje y esperó la respuesta: “Deja de meter prisa, acabo de terminar de comer”.
Solo entonces, sacó tranquilamente de su bolsillo un pequeño frasco de cristal marrón, lo desenroscó y se bebió todo el contenido de un trago. El amargor del modificador de feromonas se extendió por su boca. Se levantó y se dirigió hacia las escaleras que llevaban al baño del piso inferior.
…
Cinco minutos después, los Alfas y Omegas inmersos en la fiesta comenzaron a notar que algo no iba bien. Solo unos pocos Betas, poco sensibles a los olores, seguían bailando alegremente.
—¿Lo hueles? —preguntó una Omega a su compañera en voz baja, arrugando la nariz—. Es un olor a flores muy intenso, ¿será que alguna Omega está en celo?
—Sí, pero no lo parece del todo.
Mientras hablaban, vieron a un Alfa alto y corpulento entrar corriendo desde la terraza con el rostro serio.
—¿Ese no es el heredero de los Sheng? ¿Por qué tiene tanta prisa?
—¡Ah, ya me acuerdo, su acompañante de hoy era un Omega con olor a orquídea!
…
La llamada de Sheng Shaoyou se había alargado mucho. En los últimos días, había usado todas sus artimañas para robarle varios contratos a HS, pero esto no solo había aumentado la presión financiera sobre sus propios proyectos y reducido los beneficios de Shengfang, sino que también había bajado el precio medio de proyectos similares en el sector, provocando una reacción en cadena que había enfurecido a todos.
Varios de sus directores de negocio estaban bajo una presión enorme, y algunos miembros del consejo empezaban a impacientarse.
Su proyecto de la tijera genética, que llevaba casi un año en marcha, aunque empezaba a dar frutos, seguía sin generar ingresos y era un pozo sin fondo.
Sheng Shaoyou colgó el teléfono, todavía pensando en las quejas de sus subordinados. Ya estaba bastante agobiado, pero lo peor estaba por llegar. Levantó la vista, irritado, y no vio a Hua Yong en su sitio. Desconcertado, un denso aroma floral llegó a su nariz.
El corazón se le encogió de repente.
Entró rápidamente desde la terraza, llamando a Hua Yong por teléfono mientras lo buscaba por todas partes.
—¡Parece que hay un Omega en celo en el baño! —se oyó un grito de alarma desde la escalera.
Sheng Shaoyou frunció el ceño al oírlo y bajó corriendo. Cuanto más bajaba, más intenso era el olor a orquídea. Su inquietud crecía, y su rostro se ensombrecía por momentos.
Frente al baño de los Omegas había dos de ellos, desconcertados, y varios Alfas curiosos. Li Baiqiao, para mostrarse discreto ante su hermano, solo había reservado un piso; la planta de abajo era de acceso público.
Sheng Shaoyou, con el rostro serio, gritó con urgencia: —¡Hua Yong!
Los otros clientes no lo conocían, pero se sintieron intimidados por su aura y le abrieron paso. —Dentro solo hay un Omega. ¿Eres su Alfa? Entonces puedes entrar a ver cómo está.
Sheng Shaoyou entró de un empujón. El olor a orquídea en el espacio cerrado era aún más abrumador. Conteniendo la respiración, fue golpeando una a una las puertas de los cubículos. Finalmente, en el penúltimo de la derecha, encontró a un Hua Yong tembloroso.
El joven, debilitado, estaba acurrucado contra la pared. Al oír que la puerta cerrada se abría de una patada, levantó la vista bruscamente. Sus ojos límpidos lo miraron, confusos y húmedos.
—¿Señor Sheng?
La respiración de Hua Yong era pesada y congestionada. Su rostro pálido tenía un ligero rubor. Al ver a Sheng Shaoyou, intentó levantarse, pero no lo consiguió. Sus piernas, sin fuerza, no le respondían.
—Me encuentro muy mal —dijo Hua Yong.
La mente de Sheng Shaoyou se quedó en blanco durante unos segundos. Cuando reaccionó, ya lo había cogido en brazos.