Capítulo 41

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Sheng Shaoyou no supo cuánto tiempo estuvo inconsciente. Cuando se despertó, todo estaba oscuro.

En la oscuridad, se sintió desorientado por un instante. El suave muslo sobre el que reposaba su cabeza se movió ligeramente, y una voz tierna sonó sobre él: —¿Te has despertado?

Sheng Shaoyou intentó incorporarse por instinto, pero una mano lo detuvo. —No te muevas todavía —dijo Hua Yong—. Te has herido la espalda, podrías tener algún hueso roto. Es mejor que no te muevas.

Fue entonces cuando Sheng Shaoyou se dio cuenta de que estaba en un espacio angosto y estrecho. Aunque se levantara, no podría enderezarse.

Recordó la escena antes de desmayarse… ¿Hua Yong había sostenido esa estantería que pesaba una tonelada? Al pensarlo, un zumbido resonó en su cabeza, y sus párpados comenzaron a temblar. ¿Es una broma?

La densa oscuridad lo sumió en una ligera confusión, pero el aroma a feromonas en su nariz lo devolvió a la realidad.

El diminuto espacio estaba impregnado de un intenso aroma floral. Eran feromonas tranquilizadoras de alto nivel. Pero esta fragancia, fría y potente, no provenía de un Omega, ¡sino de un Alfa de alto rango!

El corazón de Sheng Shaoyou dio un vuelco. La glándula de su nuca, mordida por ese desgraciado, ya no le dolía tanto, y apenas sentía dolor en la espalda. Este aroma a orquídea, tanto por su concentración como por su efecto, superaba todo lo que Sheng Shaoyou conocía. Lo que significaba que el nivel de feromonas de este joven delicado era, probablemente, muy superior al suyo.

Pero, ¡¿no era un Omega?!

—Creo que necesito una explicación —dijo Sheng Shaoyou, incorporándose a duras penas. En la oscuridad, no podía ver el rostro de Hua Yong, solo oía su voz, tranquila y suave. —Te la daré, pero no ahora. Señor Sheng, está herido. La casa se ha derrumbado a medias con las réplicas y estamos esperando a que nos rescaten. Así que, por favor, no se enfade. Guardemos fuerzas, ¿vale?

La voz de Hua Yong era tierna, pero su tono no era el habitual. Tenía un matiz de autoridad que a Sheng Shaoyou le resultó extraño. —No —dijo con frialdad.

Al saberse engañado, su mente explotó y se le erizó el vello de todo el cuerpo. Pero la calma y la razón volvieron rápidamente. En ese momento, su mente estaba más clara que nunca. El aroma a feromonas le resultaba muy familiar. Estaba seguro de que lo había olido antes, y le había dejado una profunda impresión.

—¿Eres tú el misterioso personaje de X Holdings que se esconde de todo el mundo? 

Hua Yong no respondió. Extendió la mano y cubrió el dorso de la de él. —No te enfades. 

Sheng Shaoyou soltó una risa fría y retiró la mano bruscamente.

La piel fina y sensible del dorso de su mano rozó la palma de Hua Yong. Sintió un escalofrío. De repente, notó algo extraño. La palma de Hua Yong debería ser muy suave y delicada, pero esta vez la notó algo áspera y pegajosa, como si hubiera sudado mucho. ¿Qué pasa? ¿El rey sin corona del País P también se pone nervioso cuando lo pillan mintiendo?

—Hice mal en engañarte —dijo Hua Yong con un tono indiferente, como si no albergara ninguna esperanza, pero al mismo tiempo, como si fuera imperativo preguntar, dijo con anhelo: —¿Puedes perdonarme?

Sheng Shaoyou sintió frío. Se apartó de él. —No.

—En toda mi vida, nunca me he disculpado con nadie que no fuera el señor Sheng —Hua Yong le tiró suavemente del brazo, como si quisiera desesperadamente que se acercara, que no se alejara tanto.

Su temperatura corporal era baja, y el frío que emanaba a través de la camisa impidió que Sheng Shaoyou fuera duro con él, que le pegara una paliza como dictaba su instinto. No tuvo más remedio que quedarse quieto y escucharlo decir con voz suave: —Te pido perdón. Perdóname, ¿vale?

—¿Tú qué crees? —replicó Sheng Shaoyou con una risa fría. Ni hablar de perdonarlo. ¡Debería dar gracias de que no lo he matado en el acto, este pequeño cabrón digno de un Óscar! ¡Si no fuera porque el mentiroso que tenía delante era su preciado Hua Yong, lo habría estrangulado con sus propias manos!

Se zafó de su agarre con un movimiento brusco y, con las tripas revueltas por la ira, se apoyó en la pared y dijo con frialdad: —Largo, aléjate de mí.

La espalda, pegada a la pared, estaba pegajosa. Sospechó que se había raspado con la estantería y estaba sangrando.

Si hubiera sabido que este Omega, aparentemente frágil, era en realidad un Alfa formidable, no me habría lanzado a recibir el golpe. Este desgraciado, arrogante, tiránico y mentiroso, que se lo hubiera comido la estantería. Además, unos cientos de kilos no lo habrían matado.

Al recordar cómo Hua Yong había empotrado en la pared con una sola mano la estantería que a él lo estaba aplastando, a Sheng Shaoyou se le crispó la comisura de los labios. ¡Y yo protegiéndolo! ¡Mierda! ¡Este pequeño bastardo mentiroso y teatrero! ¡Pero quién iba a imaginar que la delicada orquídea blanca que tenía a su lado era en realidad una flor carnívora!

—Señor Sheng —Hua Yong volvió a acurrucarse a su lado, con el cuerpo frío como el hielo. Murmuró: —Qué frío.

—Aléjate —lo apartó de nuevo, sin piedad—. Tú y yo no estamos en una relación en la que podamos darnos calor. Si sigues tan pegajoso, ten cuidado que no te mate. 

Hua Yong, al oírlo, no dijo nada más ni intentó acercarse. El aroma a flores en el aire se hizo un poco más denso.

Silencio.

En la quietud, Sheng Shaoyou sacó su móvil y vio que acababan de pasar las siete de la tarde. Al levantar la vista, la luz de la pantalla iluminó el pequeño espacio, revelando el cuerpo de la persona frente a él, cubierto de sangre.

La sangre, espesa, le resbalaba por el hombro, manchando todo su cuerpo. Salpicaduras de sangre adornaban sus mejillas pálidas. Parecía un fantasma, de una belleza exquisita y frágil.

Hua Yong estaba apoyado en la pared, con el rostro pálido y los ojos, brillantes como si estuvieran bañados en luz, pero con la mirada algo perdida.

El corazón de Sheng Shaoyou dio un vuelco. Con manos temblorosas, encendió la linterna, iluminando mejor el triángulo de escombros. La luz, como una espada, atravesó la oscuridad. Bajo el haz blanco, Hua Yong apretaba los labios sin decir nada. Su rostro estaba lívido, cubierto de sudor frío, como una flor de papel, pálida y descolorida.

Sheng Shaoyou recordó de repente la sensación pegajosa en su espalda. Un presentimiento siniestro lo golpeó. Se giró y, efectivamente, vio que la pared detrás de él también estaba salpicada de sangre.

Semejante pérdida de sangre era mortal. Sheng Shaoyou se quedó sin palabras. Al recordar que, momentos antes, la piel de Hua Yong estaba fría como el hielo, su corazón se ablandó.

—Ven aquí.

Hua Yong se sobresaltó e intentó acercarse, pero no pudo. Sonrió con amargura. —Olvídalo, no puedo moverme. 

Su aspecto, débil y lánguido, era exasperante.

Sheng Shaoyou chasqueó la lengua con impaciencia y, rechinando los dientes, se acercó. —No te confundas, es solo que no quiero estar en el mismo espacio que un muerto. —Rodeó los hombros de Hua Yong con resentimiento—. Ya es bastante mala suerte que me hayan engañado.

Hua Yong no dijo nada. Cruzó los brazos sobre las rodillas y hundió el rostro en ellas. El cuerpo cálido del Alfa, como un horno, le devolvió algo de la temperatura que había perdido.

Sheng Shaoyou, con el rostro serio, le cogió el brazo y se lo colocó bruscamente sobre el hombro para que se apoyara. Hua Yong tembló y de repente levantó la cara. —Ya han empezado —dijo en voz baja. Sheng Shaoyou estaba a punto de preguntarle qué había empezado, cuando de repente se oyó un “clac” afuera, como si se hubiera activado un interruptor, seguido del sonido lejano de maquinaria.

—¿Cómo sabes que iban a empezar?

—Por los pasos —dijo Hua Yong, apoyado en el pecho de Sheng Shaoyou. Su voz era baja y débil—. Hay mucha gente, debe de ser el equipo de rescate. Llevan aquí unos cuarenta minutos, seguro que ya han evaluado la situación y se preparan para excavar. —Tomó aire y, tras toser un par de veces, continuó—. El derrumbe es grave, necesitarán martillos hidráulicos y excavadoras para abrir una salida.

¿¿¿??? Sheng Shaoyou se quedó con la cara llena de interrogantes. ¿Distinguir la llegada de un equipo de construcción solo por los pasos, antes de que las máquinas siquiera se enciendan? ¿Qué clase de oído era ese? Vaya monstruito.

En teoría, cuanto mayor es el nivel de manifestación, mejores son las capacidades físicas. Además, algunos estudios sugerían que los Alfas y Omegas de alto rango también eran intelectualmente superiores. En toda su vida, Sheng Shaoyou había conocido a pocos Alfas de su mismo nivel, y mucho menos de un nivel superior. Pero la intensidad de las feromonas de Hua Yong superaba su imaginación. Le costaba mucho asociar a ese joven delgado con un aroma tan formidable.

Pero normalmente no huele así. Aunque la base era similar, el aroma habitual de Hua Yong era mucho más suave y tenía las características claras de un Omega. ¿Cómo se había convertido de repente en la misma peste que el pequeño emperador de X Holdings?

¡Espera! Sheng Shaoyou frunció el ceño. Ese mismo olor, estaba seguro de que lo había olido en otro sitio. Pero, ¿dónde? Se esforzó por recordar, pero no lo consiguió. El aroma floral se hizo más denso, la concentración de feromonas era absurdamente alta. Al pensar en toda esa sangre, a Sheng Shaoyou le dolieron las muelas.

Hua Yong, como si leyera su silencioso colapso, suspiró y explicó: —No soy un Omega. 

—Entonces, ¿qué pasó antes? 

—Modificador de feromonas —dijo Hua Yong—. Es el último invento del equipo de investigación de X Holdings, nunca se ha hecho público. Puede modificar mi aroma para que parezca el de un Omega. Pero su efecto es limitado. Hoy no me lo he reaplicado a tiempo y he liberado demasiadas feromonas, así que el modificador ha fallado.

No solo era un experto mentiroso, sino también un experto en disculparse. —Señor Sheng, lo siento. Te engañé a propósito, pero nunca quise hacerte daño. Lo siento, es que me gustas demasiado. 

Su forma de confesarse, con la cabeza gacha, era adorable. Pero a Sheng Shaoyou no le interesaban sus disculpas. El denso aroma floral era insoportable. Le espetó: —¡Retira tus feromonas tranquilizadoras! Si sigues así, antes de que abran un agujero en estos malditos ladrillos, ya estarás muerto.

—Ya te lo he dicho —dijo Sheng Shaoyou con frialdad—. No quiero estar con un muerto.

Pero, para su sorpresa, este pequeño mentiroso era muy narcisista y se aferró a ese atisbo de compasión para sacar conclusiones. —¿El señor Sheng está preocupado por mí? —Sonrió, y en su rostro pálido floreció una expresión de extraordinaria alegría—. No moriré tan fácilmente. Todavía tengo que vivir para conquistarte.

La idea de ser cortejado por un Alfa le erizó la piel. El culo, que ya le dolía un poco, le dolió de nuevo. Espera, este estafador… ¿no será el de la otra noche…? No puede ser. ¡No puede ser! ¡Mierda!

Sheng Shaoyou tenía un millón de preguntas que quería gritarle, pero le resultaba difícil articularlas. Pedirle a Hua Yong que confirmara si se había acostado con él y le había mordido la nuca… ni muerto podría. ¡Pero el aroma floral de aquella noche era claramente el mismo! Solo que entonces no parecía ni una feromona tranquilizadora ni una de opresión, por lo que le costó identificarla.

Su mente era un caos, su lengua un nudo. Quería saberlo, pero no podía preguntar. Tras un gran esfuerzo, logró balbucear unas pocas palabras. —Ese día, en el Tiandi Hui, fuiste tú…

—Fui yo —respondió Hua Yong en voz baja. Se acercó más a Sheng Shaoyou, y sus feromonas tranquilizadoras se volvieron más intensas, como una ofrenda de paz. —Señor Sheng, me gustas mucho. No puedo soportar que estés con nadie que no sea yo. —Cuando salgamos de aquí, ¿me permitirás seguir cortejándote?

Su pregunta fue como echar leña al fuego. ¡Si Sheng Shaoyou hubiera tenido una mecha en la cabeza, habría explotado en el acto! ¿Cortejar? ¿¡A esto le llama cortejar!? ¡Esto es un engaño en toda regla!

Sheng Shaoyou, con el rostro serio, lo apartó un poco. Dijo con dureza: —No me interesan los Alfas a los que les gusta violar a la gente. —Y luego, le dio un codazo en el brazo delgado y le insistió: —Lárgate, retira tus feromonas, son muy molestas.

Hua Yong se tambaleó por el golpe, pero siguió pareciendo frágil como el viento. Dijo en voz baja: —Pero no quiero que te duela.

—No me duele —dijo Sheng Shaoyou, bajando la vista, intentando no mirar la sangre. Le hacía sentirse mal, se le encogía el corazón. Aunque sabía que Hua Yong era el famoso “el que no debe ser nombrado” del País P, no podía evitar preocuparse por él, sentir su dolor.

Se había convertido en una especie de instinto. Maldita sea. ¡Este maldito mentiroso!

Aunque lo maldecía en su interior, en el fondo, Sheng Shaoyou no quería que muriera. A ver… los estafadores también tienen derechos humanos. Y morir así, sin haber sido interrogado, sería demasiado fácil para él. ¡Como mínimo, merecía una buena paliza! Además, le debía un montón de explicaciones. ¡Tenía que aclararlo todo antes de morirse!

Mientras la mente de Sheng Shaoyou daba mil vueltas, afuera, Shen Wenlang y Chang Yu también estaban en un aprieto.

Las constantes réplicas habían dañado las torres de comunicación de la zona, y la señal se había cortado. Hacía media hora que habían perdido el contacto con Hua Yong. Ahora solo podían confiar en los detectores de vida y en el sistema de localización para determinar su posición. Por suerte, tras varias decenas de minutos, confirmaron que ambos estaban atrapados cerca de la entrada. Aunque el derrumbe era extenso, como el objetivo estaba cerca del exterior, el rescate no era muy difícil.

Tras media hora de trabajo, los dos atrapados fueron rescatados con éxito. Hua Yong le cedió la primera camilla a Sheng Shaoyou. Él se quedó a un lado, sujetándose el hombro, sin rastro de la debilidad que había mostrado momentos antes. Pero la cantidad de sangre que había perdido y la espantosa herida que le atravesaba el hombro asustaron al leal Chang Yu, que se puso pálido como la cera.

El equipo médico, que esperaba preparado, intentó subirlo a una camilla, pero Hua Yong los apartó y se agachó junto a la de Sheng Shaoyou. Apoyó la cara en su pecho cálido y lo abrazó. Ese gesto, tan dependiente y tierno, contrastaba tanto con su imagen habitual, fría y despiadada. Shen Wenlang, a su lado, aunque lo hubiera visto mil veces, no podía acostumbrarse. Fingió indiferencia, pero no pudo evitar sentir un dolor de muelas.

Chang Yu miró con infinita compasión a este hombre-herramienta y negó con la cabeza. Su jefe estaba realmente hechizado por este Alfa. Si esto fuera la antigüedad, Sheng Shaoyou sería un Daji masculino¹. Para él, la obsesión y el amor de Hua Yong eran más asombrosos que todo su dinero y su poder, inagotables.

El abrazo fue ligero, comedido. Antes de que Sheng Shaoyou pudiera apartarlo, Hua Yong se soltó y retrocedió un paso. Su rostro, manchado de sangre, era un desastre, pero de una belleza frágil.

Sheng Shaoyou, con la pierna y la espalda heridas, yacía en la camilla con el ceño fruncido. Vio a Hua Yong sonreírle levemente y despedirse con suavidad: —Señor Sheng, adiós. Como un gato inofensivo.

Sheng Shaoyou temió que, la próxima vez que lo viera, no pudiera evitar estamparle el puño en su hermoso rostro. Mejor no volver a vernos, pensó.

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