011. firewall – parte uno

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EL ANCIANO HUO LO miró primero con aire pensativo, luego, poco a poco, su expresión se iluminó con euforia.

—¡Exacto! ¡Exacto! ¡Ese es justo el problema! He absorbido energía espiritual durante años y con el tiempo, mis meridianos han ido acumulando impurezas. En cambio, ese viejo Maestro Xiaoyao pasa los días tocando el qin y jugando al Go, bebiendo bayas de goji, meditando y cultivando el espíritu. Por eso sus meridianos están más despejados que los míos.

Lin Xun no esperaba haber dado, sin querer, en el clavo del problema de su maestro.

Pensó: «Si accediera a la carpeta de almacenamiento de datos del anciano Huo a través del compilador y borrara directamente esos datos basura, ¿se solucionaría el problema de raíz?».

Decidió ponerlo en práctica y concentró su atención en el anciano Huo.

La interfaz azul comenzó a aparecer, pero Lin Xun descubrió que la barra de menú en la parte superior estaba en gris, lo que significaba que no tenía permisos de acceso. Es decir, no podía depurar[1] el programa del anciano Huo, ni modificarlo, ni acceder a nada más. Sin embargo, recordaba con claridad que en otras interfaces de compilador que vio —como las de Wang Anquan o Zhao Jiagou— la barra de menú sí estaba habilitada.

¿Por qué?

Mientras el anciano Huo reflexionaba sobre su condición, él también comenzó a pensar.

¿En qué se diferenciaban él, Wang Anquan y su maestro?

¡Cierto!

Wang Anquan no cultivaba. Era una persona común. Él, en cambio, estaba en el período de Refinación de Qi, un nivel por encima de los mortales.

Y el anciano Huo estaba en el período del Alma Naciente, ¡mucho más alto que él!

Así que todo tenía una explicación lógica: podía manipular los compiladores de quienes tuvieran un nivel igual o inferior al suyo, pero no los de los que estuvieran por encima. Si quería ayudar a su maestro, no le quedaba otra que esperar a alcanzar primero el Alma Naciente.

Estaba en medio de esas cavilaciones cuando oyó que el anciano Huo decía:

—¡Ahora que sé la raíz del problema, todo es más fácil!  Se acerca la Gran Reunión Taoísta, aprovecharé para encomendar a la Dama Inmortal Bihai que me refine una píldora para expulsar las impurezas. ¡Eso bastará!

Bueno, su maestro, como era de esperarse, tenía su propia manera de resolver las cosas.

—Enhorabuena, shifu —felicitó Lin Xun.

—¡Eres un discípulo con mucho potencial! —exclamó el anciano Huo—. Pero debes seguir trabajando duro en la percepción de la energía espiritual. ¡Si no, serás una vergüenza para la Secta Wuji y una burla para este maestro!

—Entendido.

Entonces el anciano Huo le explicó con detalle qué se sentía al percibir la «energía espiritual en el vacío» y le enseñó tres métodos de meditación. Le ordenó practicarlos día y noche hasta lograr sentirla.

Aunque Lin Xun dudaba de alguna vez lograrlo, por respeto a su maestro, asintió como un buen alumno.

Al final, el anciano Huo incluso le pidió su número de identificación. Dijo que la Gran Reunión Taoísta era dentro de nueve días, pero que ellos debían llegar un día antes. Que él se encargaría de comprar los pasajes.

Lin Xun pensó: «Somos cultivadores, ¿por qué no volar en espadas?». Ahora que su cosmovisión materialista se había derrumbado, soñar un poco con volar montado en una espada era normal, así que le preguntó.

—Es posible —respondió su maestro—. Podría llevarte volando miles de kilómetros sin problema. Pero podríamos ser vistos por los mortales… ¡Ah! Si se corre la voz de que existe algo tan maravilloso, vendrán en tropel a pedir que los acepte como discípulos. Y todos serían unos inútiles sin talento, ¿no sería un fastidio?

Shifu tiene razón.

El anciano Huo volvió a insistirle en que debía cultivar con diligencia y recién entonces lo dejó ir.

Al salir y volver a la calle, Lin Xun vio pasar un auto, muy moderno, en marcado contraste con el mundo del patio.

No había desayunado, así que se compró una taza de leche de soya y la sostuvo en las manos, bebiendo de a sorbos.

Eran las ocho menos veinte de la mañana. La niebla matutina acababa de disiparse y el sol se alzaba rojo sobre los edificios a lo lejos. Hacía mucho que no salía a esta hora. Para su sorpresa, el aire fresco le pareció muy agradable. Se detuvo bajo un árbol junto a la calle, con la pajilla en los labios, bebiendo mientras observaba el flujo de autos.

Y eso también le resultó muy gratificante: cada vehículo se movía con velocidad constante o aceleración uniforme, todo perfectamente planificado, como un programa libre de bugs. Galaxia había creado este enorme y eficiente sistema de conducción autónoma, elevando el nivel de calidad de vida de todos de manera drástica. El algoritmo central era un secreto comercial y no se divulgaba al público, pero se rumoreaba que la parte más crucial del código fue escrita por Dong Jun.

La misión de un programador era cambiar el mundo… Así que sí: Dong Jun era, sin duda, el ídolo de todos.

Lin Xun estaba inmerso en ese pensamiento cuando un auto frenó con una desaceleración perfecta justo frente a él. Un Bentley negro, un modelo que le resultaba familiar.

—Buenos días —dijo Lin Xun, atónito.

La ventanilla se bajó sola.

—Buenos días —saludó Dong Jun—. ¿Esperas a alguien?

—No. —Lin Xun se lo pensó un poco antes de responder—: Salí a ver a un… anciano. Ahora estaba por volver.

—Si no te importa, puedes subir. Hoy tengo una reunión en el Centro Internacional de Convenciones.

—Ah… Está bien.

Así fue como Lin Xun terminó por segunda vez en el auto de su ídolo.

—Disculpe la molestias —dijo, algo avergonzado.

—No hay problema —respondió Dong Jun con calma, mientras arrancaba—. Así puedes volver antes a crear valor para Luo Shen.

Lin Xun sintió la garra fría del capitalismo.

—Lo haré…

Dong Jun pareció esbozar una leve sonrisa. Y luego dijo:

—Pensé que tenías una cita.

—¿Por qué pensó eso?

—Estabas con un vaso de leche de soja en la mano, mirando al otro lado de la calle… Parecías sonreír, como si pensaras en tu novia.

Lin Xun parpadeó confundido.

—No tengo novia. Soy un puntero salvaje sin objeto asignado.

En programación, un puntero es una variable especial con aplicaciones muy amplias. Apunta a una dirección en la memoria, donde se almacena información, como un número de puerta que corresponde a una habitación. Pero algunos punteros, después de ser creados, apuntan a direcciones no disponibles o simplemente no tienen asignada ninguna dirección. A estos se les llama punteros salvajes (wild pointers). Los programadores a menudo se comparan con «punteros salvajes sin objeto» para decir que no tienen pareja, es decir, que actualmente no tienen pareja.

Lin Xun soltó esa broma geek y, como esperaba, logró ver un destello de diversión en los ojos de Dong Jun. Antes de conocerlo en persona, siempre pensó que este ídolo suyo era frío como el hielo. Pero ahora veía que en realidad, era bastante accesible.

Pero entonces, de pronto, recordó algo y se quedó pasmado. Dong Jun había dicho que estaba mirando la calle, pareciendo sonreír… como si pensara en su novia. ¿Y qué estaba haciendo él en ese momento? Miraba los autos bajo el sistema de conducción autónoma, alabando a su ídolo en su corazón.

Lin Xun se quedó atónito.

Jamás permitiría que Dong Jun se enterara de eso. Nunca.

El hora pico matutina aún no comenzaba, así que había pocos vehículos en la carretera; en poco tiempo, ya habían recorrido casi la mitad del trayecto.

—¿Luo Shen ha encontrado un programador adecuado? —preguntó Dong Jun.

—Todavía no —respondió Lin Xun—, pero tenemos algunos candidatos.

—Sean cuidadosos.

—Está bien.

Lin Xun comprendió lo que quería decirle con eso. Él, Wang Anquan y Zhao Jiagou habían trabajado juntos desde la universidad. Se conocían bien y confiaban unos en otros. Pero un programador contratado externamente no ofrecía las mismas garantías, sobre todo en un proyecto en desarrollo como Luo Shen. Si alguien malintencionado lograba descifrar su idea central, la plagiaba y lanzaba con otro nombre, sería un golpe devastador.

—Si necesitan plantillas de contratos o acuerdos de confidencialidad, pueden contactarme —dijo Dong Jun

—Gracias —respondió Lin Xun, sintiéndose halagado de que su ídolo no solo le advirtiera en persona, sino que también se ofreciera a ayudar.

«Pero, pensándolo bien… Dong Jun también tiene acciones en Luo Shen. ¿No somos, técnicamente, socios?». Fue un pensamiento extraño.

Esta vez, Lin Xun no esperó a que Dong Jun lo dejara frente a su edificio. Se bajó por su cuenta en la entrada de la urbanización.

Cuando llegó a su departamento, Wang Anquan ya se había despertado y empezaba el día con una partida de videojuegos. Lin Xun estaba a punto de presumirle que volvió a ver a su ídolo, cuando lo escuchó decir:

—Oye, Suanfa… sobre Dong Jun, creo que caímos en su trampa.

¿Ah? Lin Xun lo miró, confundido

—Cuanto más lo pensaba anoche, más raro me sabía —continuó Wang Anquan—. Él nos dio servidores gratis, pero en realidad son servidores que Galaxia ya no usa. Y aparte de eso, tampoco te ofreció más dinero… ¡Es el típico patrón explotador!

Lin Xun estaba a punto de rebatir que Dong Jun era una buena persona, que incluso lo había traído a casa hoy, pero Wang Anquan no le dio oportunidad ni de abrir la boca:

 —Yo creo que es porque te vio fácil de engañar. «No hay empresario que no sea astuto; y sin astucia no hay negocio». Si le pides dinero, ¡te hablará de sueños! Te mareará con palabrería, te invitará a comer, te llevará en auto unas cuantas veces… ¡y para cuando te des cuenta, ya estarás lamiendo la suela de sus zapatos! Cuando Luo Shen despegue, para él va a ser el negocio de su vida, con la mínima inversión.

Lin Xun casi había perdido todas sus palabras.

—… No quiero hablar contigo.

—No puedes escapar de la realidad —replicó Wang Anquan.

—¿Encontraste ya a alguien para el código? —Lin Xun cambió de tema.

—Sí. Hay uno muy bueno —dijo Wang Anquan—. Es un excompañero de nuestra universidad, con seis años de experiencia. Trabajó en Galaxia, saltó entre varias grandes empresas y por último pasó medio año en Eagle. Acaba de renunciar.

—¿Y vendría a un equipo tan pequeño como el nuestro?

—Dice que quiere dejar el rubro. Que esta industria lo exprime demasiado y que los programadores no tienen mucho margen de crecimiento. Su idea es trabajar un mes más y luego regresar a su ciudad natal para buscar pareja, casarse y tener hijos.

Lin Xun lo pensó un momento.

—Está bien. Tal vez podamos convencerlo de quedarse apelando a la vocación.

—Estás saboteando el futuro matrimonial de una persona.

—Los programadores no necesitan un objeto —dijo Lin Xun, sin cambiar de expresión.

—¡Puntero salvaje! —exclamó Wang Anquan—. Ah, sí… ¿Qué quería el anciano Huo contigo?

Lin Xun esbozó una sonrisa creciente.

—Enseñarme a volar con una espada.

—¿Qué?

Lin Xun le dio una palmada en el hombro.

—Atesora tus últimos días como materialista.

Wang Anquan se rascó la cabeza.

—Oye, habla claro. No te habrás metido a una red de estafa piramidal, ¿no?

Lin Xun lo ignoró. Aún no era el momento. Debía planear cómo sorprender a Wang Anquan y Zhao Jiagou de la manera más impactante posible.

* * *

El día pasó volando.

El programador que quería retirarse se llamaba Jiang Lian. Tenía experiencia en proyectos importantes y, tras una charla preliminar, aceptó unirse.

Tenía treinta y tres años. Según la descripción de Wang Anquan, era el típico programador: callado, poco apto para puestos gerenciales, siempre en roles técnicos bajo el despiadado ritmo 996[2]. Y como en las grandes empresas las horas extras eran intensas, con la edad el cuerpo ya no daba más.

Por suerte, los salarios en este rubro eran altos. Si uno se esforzaba una década mientras era joven, podía volver a casa con dignidad, encontrar pareja y formar familia.

A la mañana siguiente, alguien llamó a la puerta.

—¿Señor Jiang? —preguntó Lin Xun.

El hombre asintió. Vestía una chaqueta negra, era alto y delgado, con el cabello algo ralo y una mirada cansada.

—Adelante. —Lin Xun lo invitó a pasar y le sirvió agua. Una vez entrados en el tema, siguió su costumbre y empezó por presentar su empresa—: Trabajamos en un motor de IA, pero el principio es distinto al de los modelos convencionales. La programación será compleja, no usamos frameworks prearmados. Permítame explicarle la arquitectura general…

—No hace falta —lo interrumpió Jiang Lian, sin alzar la cabeza, ocultando su expresión—. Denme los requerimientos. Si puedo hacerlo, lo haré. Si no entiendo algo, preguntaré.

—Uh… está bien.

El resultado de prescindir del marco general fue que Jiang Lian empezó a avanzar con rapidez y para la tarde ya había resuelto un bug que llevaban tiempo arrastrando.

Lin Xun seguía un poco inquieto, así que escribió en el grupo privado que tenían los tres:

Lin Suanfa:

¿De verdad está bien así?

 

Zhao Jiagou:

Técnicamente, sí. Siempre que dejemos claras las especificaciones.

Lin Suanfa:

Tiene buen nivel, seguro que entendería la arquitectura general, ¿por qué no me dejó explicarle?

 

Wang Anquan:

Un programador sin sueños no quiere saber en qué andas. Él pone sus habilidades, tú el salario. Y perfecto.

(En realidad, yo tampoco tengo sueños.)

Lin Suanfa:

No puedes vivir sin sueños.

Wang Anquan:

Los programadores con sueños terminan como punteros salvajes, ya lo tengo claro.

 

A Wang Anquan le encantaba atacarlo desde todos los frentes, con un entusiasmo incansable. Pero Lin Xun no consideraba que ser un puntero salvaje fuera algo malo. Así que, en lugar de discutir, decidió encararlo con acciones: cambió su nombre en WeChat de «…Un feliz espíritu de limón» a «Un puntero salvaje feliz».


 

Notas:

[1] Depuración; es el proceso de identificar y corregir errores de programación. En inglés se conoce como debugging, porque se asemeja a la eliminación de bichos (bugs), manera en que se conoce informalmente a los errores de programación. También; Eliminación de la suciedad, impurezas o sustancias nocivas de una cosa.

[2] El sistema de 996 horas de trabajo (chino: 996 工作 制) es un horario de trabajo comúnmente practicado por algunas empresas en la República Popular de China. Deriva su nombre de su requisito de que los empleados trabajen de 9:00 am a 9:00 pm, 6 días a la semana; es decir, 72 horas a la semana.

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