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DESPUÉS DE QUE JIANG LIAN tomara el control del código, Lin Xun por fin tuvo un poco de tiempo libre.
Su especialidad eran los algoritmos, que, explicado de manera sencilla, se trataba de la lógica detrás de un programa. En cualquier proyecto, primero se diseña el algoritmo y luego se implementa mediante código ejecutable. Por eso se decía que «el algoritmo es el alma del programa».
Y si era el alma, entonces requería inspiración.
Lin Xun, por el momento, no tenía ninguna.
Dejó la hoja de borrador, tachó con una cruz el diagrama que tenía a medio hacer y luego se encerró en su cuarto para «percibir la energía espiritual».
Tampoco logró percibir nada.
Justo cuando la frustración lo embargaba, Yuan Xiao le escribió por WeChat:
Yuan Xiao no come de noche:
Compañero taoísta, ¿cuándo vas a llegar a la Gran Reunión Taoísta?
Lin Suan:
Un día antes del inicio.
Yuan Xiao no come de noche:
Compañero taoísta, cuando nos enfrentemos, sé piadoso conmigo. Aún no soy mayor de edad.
Lin Xun fue sincero.
Lin Suan:
No sé cultivar.
Yuan Xiao no come de noche:
No te creo. Me estás mintiendo.
Lin Suan:
Cuando llegue el momento, lo verás.
Yuan Xiao no come de noche:
No te creo. Voy a pedirle a mi shifu que me dé un talismán de protección.[1]
Por cierto, compañero taoísta, ¿qué arma usas?
Lin Suan:
Un teclado.
Yuan Xiao no come de noche:
…
Lin Xun soltó una risa frente a la pantalla.
Molestar a los niños tenía su encanto.
Cambió a La Familia se Ama. Al ver que los séniores del grupo volvían a dejarse llevar por su naturaleza humana de repetidor[2] mientras elogiaban la nueva receta de píldoras inventada por la Dama Inmortal Bihai.
Lin Xun no pudo evitar suspirar.
No lograba escribir el algoritmo, tampoco podía cultivar… así que en un acto de desesperación, fue a la cuenta de Weibo de Dong Jun y comentó «¡Aaaaaaaaaaah!» bajo su última publicación. Luego sacó su tablet para leer un artículo de divulgación científica de de matemáticas.
A mitad de su lectura, llamaron a la puerta.
—Adelante —dijo Lin Xun.
Era Jiang Lian. Traía su computadora portátil en brazos y le dijo:
—Perdona la molestia. Hay una parte que no entiendo.
Lin Xun dejó la tablet.
—¿Cuál?
Jiang Lian se sentó frente a él, sin levantar la mirada, como si evitara el contacto visual. Eso también era típico en muchos programadores: no se les daba bien interactuar con la gente.
Señaló un módulo específico.
Lin Xun tomó unas hojas de borrador y empezó a explicarle:
—Esta es una mejora que hice sobre el algoritmo base… Se parece a uno genético, pero la clave está en el mecanismo de selección.
—Mmm —asintió Jiang Lian.
Lin Xun comenzó a dibujar un diagrama de bloques. Por lo general, con un esquema claro, la programación fluiría sin problemas. Alrededor de media hora después, había desglosado en detalle los principios y los pasos clave en papel.
Jiang Lian tomó las hojas.
—Déjame revisar.
—Claro.
Jiang Lian se concentró, bajó la cabeza, marcó algunas partes con bolígrafo. Estaba muy metido en el trabajo.
A Lin Xun le dio buena espina; parecía alguien confiable. Bajó la cabeza para seguir leyendo su artículo, pero de pronto se quedó inmóvil. En algún punto, al observar los movimientos de Jiang Lian, su atención se fijó en él… y la interfaz del compilador apareció ante sus ojos. Pero esta vez, ¡tenía contenido!
Lin Xun frunció el ceño. Lo inquietante era que… no lograba identificar qué tipo de programa era. Había que saber que, aunque él no había escrito una cantidad exorbitante de código, sí leyó cantidades industriales. C no era un lenguaje desconocido, ¿cómo podía ser que no reconociera esta estructura?
Bajó la mirada, fingiendo estar en la tablet, pero en realidad empezó a leer el código en secreto. Aún no lo entendía del todo, pero una función llamada breed le activó todas las alarmas.
Abrió WeChat y le escribió a Wang Anquan: «Anquan, revisa este código».
Rápido, tecleó las líneas que recordaba y las mandó. Apenas presionó enviar, Jiang Lian alzó la vista y deslizó los borradores hacia él, señalando una parte encerrada en un círculo.
—¿Y esto qué hace?
Lin Xun tomó el bolígrafo que le ofrecía, pero antes de que pudiera responder, la pantalla de su teléfono se iluminó. De reojo, leyó el mensaje de Wang Anquan: «Es un virus. ¿De dónde lo sacaste?».
¿Un virus?
Las pupilas de Lin Xun se dilataron de golpe. El corazón le dio un vuelco y alzó la vista hacia Jiang Lian. En el segundo siguiente, este le sujetó la muñeca con un revés.
Por reflejo, Lin Xun intentó soltarse, pero los dedos del otro eran como tenazas de hierro. No podía zafarse de ninguna forma.
¡Esa no era la fuerza de un humano normal!
De pronto, una voz mecánica y estridente resonó en sus oídos:
[Misión de emergencia activada.]
[Nombre de la misión: Primera prueba de fuego.]
[Objetivo de la misión: Neutralizar a Jiang Lian, quien alberga intenciones ocultas.]
[Recompensa de la misión: Cofre del Caos x1, Energía Espiritual +10, Arma Mágica Nivel Principiante x1.]
«¿Qué?», pensó Lin Xun. Sin embargo, Pero no tuvo tiempo de procesarlo. En el siguiente segundo, Jiang Lian se levantó de un salto, lo arrastró con fuerza de la muñeca y, con la otra mano, lanzó un ataque directo hacia su hombro.
¡El aire silbó al ser cortado por el movimiento!
El corazón de Lin Xun latía a toda velocidad, pero su cuerpo reaccionó antes que su mente, se desvió hacia un lado y esquivó el golpe. Fue entonces que se dio cuenta: se estaba moviendo con una rapidez inhumana.
Sin pensarlo dos veces, levantó la pierna y pateó justo debajo de la rodilla de Jiang Lian. El cuerpo de este se tambaleó. Su rodilla se dobló, perdió un poco el equilibrio y, en un acto instintivo, aflojó la mano con la que lo sujetaba.
Eso era justo lo que Lin Xun esperaba. Se soltó de golpe y le propinó otra patada directa a la parte lateral de la rodilla derecha. No iba a tumbarlo con eso, pero dolería y quizá hasta lo fracturaría.
Acto seguido, retrocedió, su cuerpo pareció flotar mientras se lanzaba hacia el otro extremo de la habitación.
Después de todo, tenía la técnica Cuerpo Ligero.
Entonces vio que Jiang Lian se acercaba con pasos grandes, con la mirada perdida y una expresión aterradora.
Lin Xun estaba contra la pared. Si lo acorralaban en la esquina, estaría acabado.
En esos dos segundos antes de que Jiang Lian lo alcanzara, echó un vistazo rápido a su alrededor y agarró lo primero que encontró en la mesita de noche: un teclado Cherry. Era lo único con algo de poder ofensivo que tenía a la mano
Una ráfaga violenta cortó el aire y, en un parpadeo, ¡Jiang Lian ya estaba frente a él!
Lin Xun se deslizó a la izquierda con la técnica Cuerpo Ligero, pero a mitad del movimiento sintió de pronto cómo sus acciones se volvían torpes y pesadas. Reaccionó enseguida: debía ser el virus atacándolo, interfiriendo con el funcionamiento de la técnica.
Pero todavía tenía un teclado en mano.
Al instante siguiente, abandonó la maniobra de intentar esquivar hacia la izquierda y, apretando los dientes, saltó hacia arriba con todas sus fuerzas, forzando su cuerpo a pesar del entorpecimiento. Su visión se elevó. En el momento en que pudo ver la parte superior de la cabeza de Jiang Lian, le estampó con fuerza el borde del teclado justo en la coronilla.
¡Clac-clac-clac! Varias teclas salieron volando: una prueba clara de que el golpe había sido brutal. Hasta la base de la palma le había quedado adormecida. Apretó los labios… ¡y le dio otro golpe!
Esta vez, Jiang Lian se desplomó.
El efecto de la técnica Cuerpo Ligero desapareció y Lin Xun volvió al piso, jadeando. Seguía aferrado al teclado, con los dedos adoloridos de tanto apretar.
Lin Xun no tenía muchos pasatiempos, pero coleccionar teclados era uno de ellos. Además, tenía una manía particular: detestaba los de carcasa de plástico, los sentía demasiado endebles. Por eso este teclado tenía base de metal. Era pesado y muy resistente, lo suficiente como para noquear a alguien.
De pronto, la puerta tembló bajo unos golpes frenéticos.
—¡¿Qué diablos pasa ahí dentro?! —gritó Zhao Jiagou desde fuera.
Al momento, él y Wang Anquan forzaron la puerta y entraron.
—Me cago en… —Wang Anquan aspiró aire con fuerza—. ¿Qué carajos hiciste, Suanfa?
Lin Xun apenas acababa de recuperar el aliento. Su voz sonaba algo ronca:
—¿Dónde están tus cuerdas para saltar? Tráelas.
Dos meses atrás, Wang Anquan había empezado una dieta y compró un montón de equipos. El vendedor le había regalado dos cuerdas para saltar.
Lin Xun las tomó, quitó la delgada sábana de la cama, envolvió a Jiang Lian por completo y lo ató como un tamal con las cuerdas, rematando con varios nudos muertos. Solo entonces respiró aliviado.
—Esto… ¿es homicidio, robo, o secuestro? —preguntó Wang Anquan, mirándolo de reojo—. ¿Qué carajos ocurrió?
—Es difícil de explicar. —Lin Xun miró el cuerpo inmóvil en el suelo y, de pronto, entró en pánico—. Que no esté muerto, por favor.
Estaban en una sociedad bajo el estado de derecho.
Zhao Jiagou le palpó el cuello.
—Está caliente.
Wang Anquan le comprobó la respiración.
—Sigue vivo.
—Pero le sangra la cabeza —dijo Zhao Jiagou—. ¿Con qué lo golpeaste?
—Con un teclado —respondió Lin Xun.
Zhao Jiagou se quedó sin palabras.
—Intentó atacarme sin motivo —explicó Lin Xun—. No sé por qué.
—¿Y tú contraatacaste? —preguntó Wang Anquan.
Lin Xun asintió.
—¿Y ahora? ¿Llamamos una ambulancia?
Tampoco entendía cómo había logrado golpearlo con tanta fuerza. Fue como si tuviera ayuda divina. ¿Era esto el resultado de cultivar?
Wang Anquan suspiró.
—Felicitaciones, jefe Lin. Nuestra compañía está a punto de quebrar por culpa de una demanda por violencia laboral.
Lin Xun se frotó las sienes.
—No, no podemos llamar una ambulancia.
Agarró su teléfono y revisó la lista de contactos. Su mirada se detuvo dos segundos en el número de Dong Jun, pero al final siguió bajando y llamó al anciano Huo. Jiang Lian tenía código dentro de él. Y su instinto le decía que eso no era algo simple. Según su limitada experiencia: código = cultivo.
La llamada se conectó y la voz del anciano Huo llegó desde el otro lado:
—Discípulo mío, ¿me estás buscando? ¿Has logrado percibir al fin la energía espiritual del cielo y la tierra?
—Shifu, ¿puede venir un momento? —La voz de Lin Xun seguía algo débil.
—¿Qué ocurre?
—Yo… dejé inconsciente a alguien. Él me atacó primero. Me parece que no es alguien común. Creo que es… uno de los nuestros.
—¡Envíame su imagen!
Lin Xun respondió con un «sí» y le grabó un video del inconsciente.
—No lo conozco. No es de nuestro secta —dijo el anciano Huo—. Buen discípulo, no te muevas. Shifu va para allá.
—Está bien, gracias, shifu.
Al colgar, Lin Xun enfrentó las miradas escrutadoras de Wang Anquan y Zhao Jiagou.
—Xun’er, dile a tu gege[3][4] —la mirada de Wang Anquan estaba llena de preocupación y gravedad—: ¿en qué clase de culto raro te ha metido ese abuelo Huo? Sabes que no podemos permitirnos infringir la ley.
Lin Xun se quedó sin palabras.
Notas:
[1] Talismán (符 fú): a veces traducido como sello, amuleto. Una tira de papel con diagramas místicos y caligrafía dibujada. En estas novelas, son esencialmente hechizos consumibles.
[2] Referencia irónica al meme chino 三大人类本质 (Las tres grandes esencias humanas) que satiriza tendencias universales del comportamiento en línea. Donde la primera 复读机 (repetidor) hace burla a la tendencia a copiar, imitar lo que otros dicen/hacen sin pensar (como un loro o una grabadora).
Los otros son:
真香 (zhēn xiāng): ¡Qué rico! (negar algo al principio y luego aceptarlo hipócritamente).
鸽子精 (gēzi jīng): El espíritu de paloma (incumplir promesas o desaparecer sin avisar).
[3] En los nombres chinos, este sufijo puede usarse de manera afectuosa o para mostrar cercanía, especialmente en contextos familiares o informales. Se suele añadir al final de un nombre o apodo como un diminutivo cariñoso, similar al uso de «ito» o «ita» en español.
[4] Es una palabra en chino que significa literalmente «hermano mayor». Se utiliza para referirse de manera cariñosa y respetuosa a un hermano que es mayor que la persona que habla. Además de su uso literal, también puede emplearse en un contexto más amplio, como un término de afecto o camaradería entre amigos, especialmente entre jóvenes.