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—¡PROGRAMADOR! —exclamó Yuan Xiao con los ojos brillando de admiración—. Qué genial. El semestre pasado tuvimos clase de VB[1], pero no pasé.
—¿Qué carrera piensas estudiar?
—No lo he decidido todavía —respondió Yuan Xiao—. Me gustaría historia… o filosofía, tal vez. —Luego añadió—: Viene al caso, ya que también practico la cultivación.
Ya estaban cerca del Palacio Shangqing. A lo lejos se alcanzaban a ver las luces encendidas y las siluetas de personas moviéndose en su interior. Justo cuando estaban por llegar, se toparon con varios jóvenes taoístas que bajaban apresurados de la montaña. Uno de ellos, al ver a Yuan Xiao, lo llamó:
—¡Shidi Yuan Xiao!
—Shixiong Yuan Qing —respondió este.
—¿Y él es…?
—Discípulo del Gran Sabio Qingshan de la Secta Wuji —dijo Yuan Xiao.
—Así que eres el shidi Lin Suan —saludó Yuan Qing.
Lin Xun lo saludó también con un «shixiong», pensando que si este hermano sabía que era Lin Suan, seguro también estaba en el grupo La Familia se Ama.
En ese momento, Yuan Qing preguntó, preocupado:
—Pequeño shidi Yuan Xiao, ¿no tuviste problemas al subir? El discípulo que cuida la entrada nos avisó que Qi Yun volvió a irrumpir con su gente. Estábamos por bajar a ayudar.
—Qi Yun ya se fue —respondió Yuan Xiao, parpadeando.
—¿Se fue? ¿Lo viste? —Yuan Qing frunció el ceño—. Siempre insiste en provocar y pelear. ¿Cómo es que esta vez se retiró?
Yuan Xiao le dio una palmada en el hombro a Lin Xun.
—¡Fue el shixiong Lin Suan quien lo hizo huir!
Yuan Qing lo miró con incredulidad.
—Yuan Xiao, sé honesto. Qi Yun está en el período de Establecimiento de la Base, así que el shifu mandó a varios discípulos de esa misma etapa, incluido yo, para encargarnos del asunto. El shidi Lin Suan, igual que tú, está en la etapa de Refinación de Qi. Ya es una suerte que Qi Yun no lo haya maltratado, ¿cómo es que…?
No terminó de hablar, porque Yuan Xiao lo interrumpió:
—Shixiong, Qi Yun se fue de verdad. El shixiong Lin tiene técnicas secretas de la Secta Wuji.
Yuan Qing seguía sin creerle, sacó su teléfono diciendo que iba a mandar un mensaje al discípulo que cuidaba la entrada para confirmar.
Yuan Xiao, sonriendo con picardía, jaló a Lin Xun para alejarse. Cuando ya estaban lo bastante lejos, le dijo:
—El shixiong Yuan Qing es el discípulo principal de mi shifu. Es el más estricto de todos.
—¿No era Qi Yun el discípulo principal? —preguntó Lin Xun.
—Qi Yun es el discípulo principal de otro sénior, el Maestro Yanyang. El Maestro Yanyang y mi shifu, el Maestro Xiaoyao, fueron discípulos del mismo maestro ancestral. Hace cinco años, el Maestro Yanyang se rebeló y abandonó Qingcheng junto a sus discípulos, rompiendo relaciones con la secta… hasta se salió del grupo.
Lin Xun se quedó sin palabras. Parecía estar viendo un drama de cultivación lleno de rencores y enredos, pero esa frase de Yuan Xiao «se salió del grupo» lo sacó de golpe de la atmósfera.
Yuan Xiao continuó:
—Vienen a provocarnos todos los días, diciendo que recuperarán el Monte Qingcheng. Qi Yun está en el período de Establecimiento de la Base, y si un superior del periodo del Núcleo Dorado interviniera para derrotarlo, sería una humillación para Qingcheng. Pero los espadachines son naturalmente más hábiles en combate… A menudo dejan a los shixiong del Establecimiento de la Base mordiendo el polvo.
Lin Xun le revolvió el cabello a Yuan Xiao.
—Shixiong, ¿quieres ir primero a mi habitación y presentarte ante el maestro mañana? ¿O prefieres hacerlo ahora? —preguntó el muchacho. Mientras hablaba, se rascó la cabeza—. Aunque el Gran Sabio Qingshan todavía no ha llegado, mejor ven conmigo primero, ¿sí?
—Está bien —dijo Lin Xun.
No conocía las reglas y la etiqueta de estas personas, así que decidió seguir al pequeño Yuan Xiao. Este lo tomó del brazo, rodeó el salón principal del Palacio Shangqing y llegaron a una serie de edificios traseros. Bajo los aleros del templo colgaban faroles blancos que iluminaban el lugar. Era una hilera de construcciones sencillas, sin los vibrantes colores ni la madera lacada del edificio principal. Según Yuan Xiao, tenían varios siglos de antigüedad.
El muchacho encendió la luz, cerró la puerta y dijo:
—Shixiong, te voy a preparar té.
Lin Xun se sentó frente a la pequeña mesa de madera y observó al joven taoísta de túnica azul saltar por toda la habitación, buscando la tetera, las hojas de té, calentando agua. La escena le resultaba fascinante.
La tetera hervía sobre una pequeña estufa de carbón, y se sentaron uno frente al otro.
—Mi mamá quería que trajera una olla eléctrica —contó Yuan Xiao—. Mi shifu lo aprobó, pero… tenía demasiada potencia y la línea eléctrica del Monte Qingcheng es muy vieja. Esa misma noche «¡pum!», explotó.
—Ten cuidado con el monóxido de carbono.
—No pasa nada. Mi shifu dice que ya he canalizado la energía espiritual en mi cuerpo, así que soy inmune al envenenamiento por humo.
Lin Xun se rio.
—¿Qué harás esta noche, shixiong? —preguntó Yuan Xiao—. Yo tengo que memorizar el Clásico de Nanhua.[2]
—Veré una transmisión en vivo —respondió Lin Xun. Miró la hora: siete y cuarenta. Faltaban veinte minutos para las ocho.
Esa noche a las ocho, Galaxia haría una presentación de su nuevo producto. Y Dong Jun iba a aparecer en escena.
Yuan Xiao resopló con celos, sacó un libro antiguo del armario y se quedó mirando sus páginas con desesperación.
Lin Xun lo observaba, fascinado, mientras la florecita de la patria del nuevo milenio se esforzaba por memorizar antiguos textos taoístas difíciles de entender. Y de pronto, se acordó de otra persona.
Desde que aprendió a leer, Lin Xun había estado trasteando con computadoras. Cuando entró a la universidad, eligió sin dudar la carrera de informática. Pero su campo era el de los algoritmos, que exigen una base matemática muy sólida. Por eso, siempre que podía, se colaba en clases de otras facultades. Una vez le interesó un curso de matemáticas ofrecido por el departamento de física teórica. Se sentó en la última fila.
Y allí conoció a una persona. También se sentaba en la última fila y tenía su mismo apellido, se llamaba Lin Shu. Ya el nombre tenía un aire celestial, pero lo más impresionante era su rostro sereno y hermoso. Aunque Lin Xun nunca lo oyó hablar.
Una vez, espiando de reojo cómo hacía sus tareas, vio que su caligrafía fluía como el agua y escribía con una velocidad asombrosa; resolviendo complejos ejercicios de física y matemáticas con la facilidad de quien escribe que uno más uno es dos. Aunque eso ya era impresionante, lo que más lo marcó fue que, en los recesos, este compañero sacaba libros antiguos amarillentos, los leía con atención y tomaba notas con total seriedad.
Esos libros se parecían mucho al que Yuan Xiao memorizaba ahora.
Lin Xun simpatizaba mucho con ese compañero. En esos días, aparte de estudiar, no hacía mucho más. Cuando supo que sus compañeros de dormitorio lo acosaban, incluso llevó a Wang Anquan para amedrentarlos.
Pero luego…
Luego, esa persona desapareció.
La noche en que desapareció, era justo el día de esa clase de matemáticas. Lin Xun aún recordaba mirar el asiento vacío y pensar que, como nunca faltaba, tal vez estaba enfermo.
Ese día hubo una tormenta eléctrica. Según sus compañeros de dormitorio, en ese momento, Lin Shu estaba de pie en la azotea de un edificio alto y, de pronto, desapareció bajo un rayo púrpura muy extraño. No quedó ningún rastro, solo una espada negra, que luego fue llevada a un museo.
Y así, como si se hubiera evaporado del mundo, esa persona nunca volvió a aparecer.
—Dime, Yuan Xiao, ¿los cultivadores pueden desaparecer sin dejar rastro? —preguntó Lin Xun.
—¿Hablas de técnicas de teletransportación? —respondió Yuan Xiao—. Hace mucho que se perdieron.
Con un dejo de tristeza, Lin Xun insistió:
—¿Y si desaparece bajo un rayo? Uno púrpura.
—¿Rayo púrpura? —Yuan Xiao frunció el ceño—. Si es durante la tribulación celestial para ascender, entonces sí es posible. —Entonces explicó—: En la cultivación hay varios grandes niveles: Refinación de Qi, Establecimiento de la Base, Núcleo Dorado, Alma Naciente, Transformación Divina y pasar por una tribulación celestial; esta es la fase final. Mi shifu dijo que, al llegar allí, cae del cielo un rayo de color púrpura y dorado. Si se supera, uno asciende al reino celestial. Así que sí, el cultivo te permite ascender, volverte inmortal. Vale la pena.
—¿Y el sentido de todo eso? —preguntó Lin Xun, mirando a Yuan Xiao. Era una pregunta que no se atrevía a hacerle al anciano Huo, por miedo a ser golpeado.
—¿El sentido? —repitió Yuan Xiao.
—Cultivar durante décadas leyendo… estos textos. ¿No te parece asfixiante? —preguntó Lin Xun con sinceridad.
—Claro que no —respondió Yuan Xiao, como si fuera obvio—. Aunque son difíciles, ¿el shixiong no cree que dicen cosas muy razonables?
«Este shixiong no puede entenderlo —pensó—. Debe de ser lo que hace feliz a los estudiantes de humanidades».
—Estos libros explican las reglas que rigen el cielo y la tierra desde su propia filosofía. ¿No te parece fascinante, shixiong?
Al escucharlo, Lin Xun se quedó pensativo.
—Ustedes usan su propia filosofía para explicar el mundo, para cultivar —frunció el ceño—. Yo también puedo usar la mía. No necesito seguir sus normas.
Por ejemplo, el lenguaje C.
—¡Exacto! El Gran Camino tiene tres mil senderos, cada quien el suyo.[3] —Yuan Xiao asintió con mucha seriedad—. Shixiong, has alcanzado la iluminación.
Lin Xun sonrió y estaba por seguir hablando con él cuando, de pronto, una voz potente como una campana resonó desde fuera del salón.
—¡Viejo Xiaoyao! ¡Huo Qingshan de la Secta Wuji está de visita!
Su maestro, que había ido a la Cueva del Maestro Celestial a visitar a un viejo amigo, estaba de regreso.
Lin Xun y Yuan Xiao fueron al salón principal para reunirse con el anciano Huo. Aún no llegaban, cuando vieron a su maestro —con varias espadas en las manos— conversando con un taoísta de unos cincuenta o sesenta años, cuyo porte emanaba la elegancia de un inmortal y la vitalidad de un sabio ancestral.
—Me crucé en el camino con unos mocosos del linaje de Yanyang —decía el anciano Huo—. Todos poseídos por el qi descontrolado, actuando como locos y blandiendo sus espadas sin saber ni dónde estaban parados. ¡Así que confisqué sus armas! ¿No saben acaso que estamos en plena campaña contra la delincuencia y los malhechores? ¡Dan mala imagen a los cultivadores!
Lin Xun guardó silencio. Miró la espada de Qi Yun que llevaba en la mano, luego al anciano Huo. Su maestro, que cargaba otras cuantas espadas, también lo miró. Por un instante, ninguno de los dos dijo nada.
Listo.
La enemistad entre la Secta Wuji y los espadachines quedaba oficialmente sellada.
Notas:
[1] Visual Basic (VB) es un entorno de programación de tercera generación de Microsoft. El sistema funciona al permitir que un programador utilice una interfaz gráfica de usuario (GUI) para elegir y modificar secciones de código que han sido preseleccionadas de un lenguaje de programación básico.
[2] El 《南华经》 (Nánhuá Jīng, “Clásico de Nanhua”) es el nombre alternativo del 《庄子》 (Zhuāngzǐ), uno de los textos fundamentales del taoísmo filosófico, atribuido al sabio Zhuang Zhou (siglo IV a.C.).
[3] La expresión original en chino es “大道三千,人人不同” (Dàdào sānqiān, rénrén bùtóng), un proverbio clásico del taoísmo que significa: El Gran Camino (Dao) tiene tres mil (innumerables) senderos, y cada persona sigue el suyo”. No existe una única vía para alcanzar la iluminación o la verdad.